lunes, agosto 31

"Ningún dolor más grande

que acordarse del tiempo dichoso 

en la desgracia; y tu guía lo sabe."

-Dante Alighieri. (La Divina Comedia. Canto V, versos 121 al 123).


Agosto suele ser un mes intenso para las selecciones de baloncesto. Mientras otros descansan, es el momento en que los combinados internacionales se miden en apasionantes duelos. Volvemos a estar en ello, ansiosos por el comienzo de este Eurobasket. Sin embargo, el epílogo estival trae también a los aficionados el sabor de viejas batallas, esos duelos que vieron al alba o de madrugada, por internet o en la comodidad de la televisión junto al sofá de su casa. Con todo, pocos agostos me resultan más agridulces que el producido en los Juegos Olímpicos de 2004, donde Atenas presenció el auge y la caída de nuevos dioses. 



La cita en la capital helena vivió no pocas ironías. La España comandada por Mario Pesquera hizo una primera fase brillante, justo para recibir la "recompensa" de medirse a Estados Unidos en cuartos de final y quedar apeados por el iluminado día de Stephon Marbury desde la línea de tres puntos. El conjunto norteamericano, comandado por Larry Brown, vivió una pesadilla en un torneo irregular. Si bien contaban con nombres como Tim Duncan o Allen Iverson, no supieron funcionar como equipo salvo con intermitencias, siendo batidos hasta en tres ocasiones en dicha Olimpiada, afrenta casi nacional para un país tan orgulloso de su rendimiento bajo los aros. Pero es que, si bien nos fascinaban sus nombres, muchos pensábamos que el verdadero Dream Team de aquella competición se llamaba Lietuva. 



Lituania había ido creciendo ante los ojos de público y medios como un proyecto cada vez más sólido. Las nuevas generaciones tras aquel genio llamado Arvydas Sabonis recogieron el testigo con una brillante participación en Sydney 2000, con un bronce que supo a gloria, puesto que se obtuvo dicho objetivo perdiendo de apenas dos puntos contra USA en semifinales, teniendo la última posesión, además de obtener el metal ante la mismísima anfitriona, Australia. Ya en el europeo de 2003, comandados por un Sarunas Jasikevicius en la plenitud de su juego ofensivo, los bálticos obtuvieron el oro en un torneo inmaculado, logrando vencer en la final a una España que ya contaba con talentos como Pau Gasol o Juan Carlos Navarro.



El conjunto báltico presentaba jugadores que habían captado la atención de la mismísima NBA. Arvydas Macigauskas era un escolta en plenitud de sus facultades, el cual había hecho méritos para resultar indispensable en las peticiones del ambicioso Tau Cerámica de José Antonio Querejeta. Por su lado, Saulius Stombergas era una máquina de anotación y jugar con eficacia, en 2004 se hallaba en el pico más alto de su trayectoria. Sin querer alargar más la nómina, decir que Ramûnas Siskauskas era comparado con los expertos como una especie de Scottie Pippen europeo. Una orquesta con todos los instrumentos y los mejores músicos posibles. 



Los lituanos tardaron poco en mostrar su candidatura al oro. Abatieron a los mismísimos Estados Unidos, en una jornada donde Jasikevicius vivió unos momentos mágicos que se inmortalizaron en el 3+1 que logró frente a Lamar Odom. Incluso la anfitriona Grecia, comandada por Papaloukas, pudo hacer poco ante semejante torbellino de anotación. La defensa zonal de Antanas Sireika no era la de los Bad Boys de Detroit, pero la fluidez en ataque de su pizarra garantizaba exhibiciones. Por momentos, los verdes volaban en pista, siendo un muy mal negocio mandarlos a la línea de tiros libres por sus espléndidos porcentajes en tales lides. 



Yao Ming, colosal pívot de China, no pudo evitar quedar apeado en los cuartos de final ante los campeones de Europa, quienes se medirían a Italia en las semifinales. Los transalpinos habían tenido una andadura incierta. Habían logrado machadas como apabullar a USA en un partido amistoso, pero su fase de grupos resultó accidentada y con derrotas. Habían logrado dejar en la cuneta a la sorprendente Puerto Rico de un gran Carlos Arroyo, pero no pocos dudaban de que Lituania era el gran candidato para medirse a Argentina en la final. De todos los supervivientes del torneo, se trataba de la única selección invicta. 



Pero, como la maravillosa canarinha de 1982 podía atestiguar, la azzurra la peor pareja de baile en estas lides, especialmente si vienen tocados. Carlo Recalcati era un técnico muy astuto que supo poner piel de cordero a sus lobos. Lituania comenzó como siempre, apabullante y con una gran flexibilidad de su juego exterior. Por dentro, hombres como Lavrinovic ponían corazón y alma. Pero los transalpinos no iban a bajar los brazos, hicieron la goma y esperaron la oportunidad que tardó poco en llegarles. Concretamente, en el segundo cuarto. 



Individuo por individuo, aquella Italia no estaba nada exenta de talento. Gianluca Basile era uno de los tiradores de más perfecta mecánica en aquel torneo. Más allá de su cara aniñada, Massimo Bulleri era un jugador harto de ser actor protagonista en partidos importantes de Euroliga. Otro tanto podía decirse de un Marconato que se sabía todas las artimañas existentes en la lucha por el rebote. Y, ante todo, eran un equipo. Nadie ejemplificaba mejor aquello que Gianmarco Pozzecco, quien gozaba de la confianza de Recalcati y ponía toda la carne en el asador en una cancha. 



Con la sapiencia del boxeador inteligente, los italianos fueron dando estocadas a la autoconfianza de Lituania. Stombergas se puso en problemas de faltas, se cerraba cualquier rebote ofensivo fácil, se imponía un ritmo físico al partido, etc. Pequeños disparos que iban abriendo la armadura báltica. Un triple de Pozzecco igualaba la contienda y los suyos terminaron yéndose arriba por escaso margen antes del descanso. Justo lo que Recalcati quería. Los lituanos eran los favoritos y ahora tenían toda la presión del mundo sobre sus hombros. 


Giacomo Galanda y su festival de tiro exterior, acompañado de su emotivo puño apretado en cada celebración ejemplificaron la revolución que estaba aconteciendo ante la perplejidad del pabellón. Al final del tercer cuarto, los lituanos estaban groggy y sin encontrar respuesta de sus figuras, 10 abajo. Como si nada, la maquinaria de Sireika remontó en pocos minutos lo que sus oponentes habían trazado minuciosamente en el resto del encuentro. Una canasta milagrosa de Stombergas disparaba a Lietuva, mientras la azzurra hacía lo que siempre debe recomendarse a un equipo al que están remontando: no perder los nervios y seguir haciendo aquellas cosas que te habían funcionado ese día. 



El hermoso intercambio de golpes duró hasta que quedaban menos de tres minutos, con todo igualado, el talento de Basile empezó a decantar la balanza. Agazapado en la posesión y esperando,  la pelota traviesa dudando entre un lado y otro, mas sería Gianluca quien fusiló buena parte de los sueños del Dream Team báltico. A los lituanos les quedaba su mago, el hombre que siempre estaba allí cuando hacía falta, pero ese último cuarto sería infernal para Saras, quien no supo adaptarse al juego de contacto de sus marcadores, expertos en el arte de entorpecer pases y desviarlos. Reclamando constantemente faltas (algunas más que evidentes, todo sea dicho) no pitadas, Recalcati suspiraba tranquilo. Jasikevicius enfrentándose a los colegiados era mucho menos aterrador que dirigiendo a los Songalia y compañía frente a su defensa. 



Con corazón, Lietuva siguió remando para ver lo inevitable, que Italia había hecho su mejor encuentro en el momento más decisivo. La dolorosa derrota se agravaba porque en una versión muy reducida de lo que sabían hacer, habían estado a punto de pasar a la final contra unos italianos infalibles. Ninguna de las selecciones conocería de nuevo el triunfo en aquella Olimpiada. Argentina superó a Basile y compañía por el oro, mientras que los Estados Unidos ganaban con mucho trabajo un disputado bronce. 



Años después, en la segunda fase de grupos del Eurobasket 2007 de España, Sarunas Jasikevicius daba pequeños botes a mitad de pista, justo hasta escuchar el silbato que marcaba el final del encuentro y la pírrica victoria de una Lituania que seguía su camino al medallero (alcanzarían un meritorio bronce con graves problemas de lesionados). ¿El rival que les había complicado tanto aquel día? Italia, por supuesto. Saras hizo rebotar el balón con violencia en mitad de pista hasta hacerlo volar. Era algo más que una celebración, se trataba de un exorcismo. A buen seguro, recordaba aquella jornada de Atenas, ese sueño de llevar el primer oro olímpico a un país que respira basket. 



Como no podía ser menos, ambos combinados terminaron abrazados. Habían vuelto a bailar juntos al borde del abismo. 



FOTOGRAFÍA EXTRAÍDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://pippenyjordan.files.wordpress.com/2014/09/8.jpg



http://www.gettyimages.es/detail/fotograf%C3%ADa-de-noticias/emanuel-david-ginobili-and-ruben-wolkowyski-of-fotograf%C3%ADa-de-noticias/51227639



http://www.gettyimages.lu/detail/news-photo/italys-denis-marconato-and-team-mate-massimo-bulleri-try-to-news-photo/51228206



http://www.tifosibianconeri.com/forum/topic/131112-basket-gianluca-basile/



VÍDEOS DE INTERÉS:



LITUANIA-ITALIA (EUROBASKET 2007)



ITALIA-LITUANIA (SEMIFINALES ATENAS 2004)



POZZECCO RACCONTA

lunes, agosto 24


A veces, Dios no juega a los dados con el universo. Estaban destinadas a toparse la una con la otra. ¿Qué ocurre cuando un objeto inamovible recibe el impacto de un misil imparable? Durante años, habían tenido vidas paralelas. Unos presumíamos de Pau Gasol y su salto al Olimpo de la NBA. Los otros habían hallado a su Maradona de las canastas en la figura de Manu Ginóbili. En los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 se habían enfrentado. La espléndida victoria de los Garbajosa y compañía se empañó en el recuerdo, porque España cayó en cuartos de final ante el show de triples de S. Marbury. Argentina, en cambio, olvidó su derrota en fase de grupos con el oro olímpico más celebrado, aquella camada de pibes robó el fuego de los dioses, arrasando a Italia en la finalísima. 



De cualquier modo, Japón 2006 resultó ser un punto de inflexión vital. Aquel Mundobasket en tierras niponas resultó uno de los más especiales, porque pareció existir la sensación de justicia poética. Los cuatro combinados que llegaron a semifinales estaban invictos. Habían sido lo mejores y no se podía discutir que merecían pelear cada una de las tres medallas disponibles. La Grecia de Papaloukas, el primer y aún inacabado proyecto de Jerry Colangelo de Estados Unidos, la España comandada por Pepu Hernández y la albiceleste. Por juego, los hispanos parecían tener un peldaño de favoritismo sobre el resto, al haber arrasado a todos sus oponentes, que incluían a luminarias como la Alemania de Dirk Nowitzki. 



Con todo, incluso en la oleada de entusiasmo que se había generado sobre el combinado español (al estilo alegre y desenfadado de su ataque había que sumar el clima creado en las retransmisiones por el añorado Andrés Montes, Juan Manuel López Iturriaga y "Lagarto" de la Cruz), aquel duelo en Saitama fue diferente a todo lo visto en el torneo. Antes, aquella mañana había amanecido con Papaloukas y sus guerreros logrando el milagro de vencer a USA en un partido para el recuerdo. Nadie en su sano juicio quería vérselas con los estadounidenses enrabietados por el bronce. Se presentaba una oportunidad única para disputarse el oro contra los helenos del dragón Yannakis. 



Sergio "La Oveja" Hernández era un entrenador atípico para climas tensos. Sorprendía verlo preguntando educadamente a sus jugadores si habían quedado claros los conceptos tras un tiempo muerto. Bajo su escasa barba y tono plácido, se escondía un competidor al estilo potrero. Los sudamericanos habían visto al conjunto de Pepu Hernández arrasar a casi todos sus rivales aquel 2006: triples de Navarro, rebotes de Felipe, mates de Rudy... Nada de eso iba a ocurrir en Saitama. Argentina salió a comerse la pista e impuso un feroz estilo, agresivo e inteligente. Luis Scola y Fabricio Oberto debían ser la sombra de Pau Gasol y cumplieron su rol a la perfección. Cada canasta era celebrada con emotividad, especialmente por Andrés "El Chapu" Nocioni, alguien que ya se había hecho célebre en un torneo internacional por encararse con el mismísimo Kevin Garnett.



El aro se iba haciendo cada vez más pequeño a muchos de aquellos supervivientes del recordado triunfo en Lisboa. Únicamente un guerrero curtido en mil batallas como Andrés Jiménez parecía entender el ritmo pausado y venenoso que querían sus oponentes, especialmente bajo la batuta de un maestro en esa clase de lides, Pepe Sánchez. Pepu Hernández, en su primer año como seleccionador de la absoluta, buscó en su fondo de armario y encontró a un, por entonces, jovencísimo Sergio "El Chacho" Rodríguez, formado en la cantera inagotable de Estudiantes. Con su descaro y creatividad, el canario puso unas revoluciones que se salían del guión establecido. Los 6 puntos de ventaja sabían a muy poco para los campeones olímpicos, mientras que España estaba convencida de que en ningún cuarto le podría haber salido la cosa peor. Ir perdiendo de tan escaso margen era un auténtico síntoma de resurrección. 



La inercia había cambiado y hasta los duendes de los aros mudaban de bando. Un agónico gancho de Pau Gasol terminaba entrando tras bailar por la canasta, mientras el marcador señalaba un apretado 22-24. El trepidante ritmo defensivo de los argentinos provocaba que sus hombres clave se fueran  cargando de faltas personales. Pablo Prigioni y Carlos Delfino salieron a aportar lectura de juego y calidad, pero la sangre inyectada en los ojos había pasado a un Gasol que logró repetir un tiro casi idéntico, incluyendo fortuna en los botecitos, para poner a los suyos 31-30. Tirando ambas escuadras de casta, se fueron a los vestuarios con un 38-38 que lo decía todo. S. Rodríguez había cogido el disfraz de Magic, aunque quedaba un mundo de 20 minutos donde nadie se atrevía a pronosticar nada.


El tercer tiempo fue absolutamente de España. La inyección de juventud de Rodríguez y Rudy se unía a la ferocidad de un Pau multiplicado a ambos lados de la cancha. Garbajosa comenzaba a conectar sus tiros, aunque Argentina tenía el haber de tener muy controlado a un Juan Carlos Navarro en uno de los mejores momentos de su fecunda trayectoria deportiva. De cualquier modo, el último cuarto sería el Apocalipsis. Cada rebote fue un sufrimiento para defensores y atacantes, así como unos colegiados obligados a multiplicarse. Justo cuando parecían enterrados, triples de Sánchez y Ginóbili sumados a una feroz entrada a canasta de "El Chapu" colocaron un 69-67 que hizo a Walter Herrmann apretar el puño desde el banquillo. Competidores indomables, la Generación Dorada quería seguir reinando a falta de poco más de tres minutos. Quedaba dilucidar si la prometedora España de los últimos tiempos (plata en el Eurobasket de Suecia 2003) podía dar el salto de calidad.



Pero el destino sonrió a los héroes de Atenas. Luis Scola sacó una falta en ataque al infalible Carlos Jiménez (un titán capaz de llevar apenas dos faltas personales sin haberse dejado de emplear a fondo bajo tableros ante fieras como Oberto). Sin embargo, la penetración de Manudona no entró y sí un tiro imposible de Juan Carlos Navarro a apenas 120 segundos del final, llorando el aro y de alegría contenida los de Pepu Hernández, aquellos 4 puntos de colchón eran un mundo. Todo podía cambiar en un instante. Y volvió a hacerlo. La afición de todo un país paralizada cuando Pau Gasol caía y no podía sostenerse en el poste bajo.



Conteniendo las lágrimas, el ala-pívot de Sant Boi tuvo la entereza de anotar sus dos tiros libres antes de cojear hasta el banquillo con su hermano Marc. Menos de un minuto para que sus compañeros luchasen el pase a una final que él no podría jugar. Pero ese margen era molto longo ante una irreductible albiceleste, un triple de Sánchez de inmediato colocó el cartel de suspense (73-70). Deidades mortales acostumbradas a hacer milagros para los suyos, una penetración suicida de Ginóbili y dos tiros libres de Luis Scola colocaron el empate tras un tiro libre convertido por el base extremeño José Manuel Calderón.



Símbolo del mejor Tau Cerámica de Ivanovic y acostumbrado a competir con aquellos porteños hasta en los entrenamientos en Baskonia, nuevamente fue Calderón a la solitaria línea de tiros libres. El aro escupió uno y aceptó el otro. Con todos los ojos puestos en el terror que inspiraba Ginóbili, el estelar jugador de los Spurs rectificó (quizás con pasos) para pasarla a Andrés Nocioni en la esquina. Un lanzamiento mil veces hecho por el admirador del héroe creado por Roberto Gómez Bolaños. El disparo salió errado y la fotografía acompañaría la taquilla, por aquel entonces en los Chicago Bulls, del hoy jugador del Real Madrid. Rudy se quedaba con una bola que valía por la primera final en un campeonato del mundo de la selección masculina absoluta de basket.



Gasol ya no pudo contener las lágrimas aquel día de septiembre. Sus amigos y el habían superado la asignatura pendiente más importante de todas y ante el mejor profesor posible.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://ucienf.blogspot.com.es/2006_09_01_archive.html



https://www.youtube.com/watch?v=5K8XbLVXQ_g



http://www.gettyimages.es/detail/fotograf%C3%ADa-de-noticias/pau-gasol-of-spain-in-action-against-argentina-fotograf%C3%ADa-de-noticias/71766602



PARTIDO COMPLETO:



https://www.youtube.com/watch?v=Fe1u4sv9mZ8
lunes, agosto 17

"Gracias por una asombrosa carrera. Habéis dejado por el camino a los Heat de Flash Wade, los Magic de Superman Howard y los Cavaliers del Rey Lebron. Y casi a los Lakers de Kobe y Pau". Así se resumía, con brevedad pero contundencia el rendimiento de la temporada 2009/10 de los orgullosos Celtics. El texto está traducido de una placa conmemorativa que algunos artistas de la ciudad de Boston dedicaron a su equipo, protagonista de una de las postemporadas más increíbles de los últimos años. "Este ha sido el grupo más unido y loco en el que he estado nunca", afirmó Doc Rivers en su última rueda de prensa en Los Ángeles aquel curso, quizá tras haber firmado su mejor trabajo como técnico.



Tras el anillo de 2008, Danny Ainge era un gerente satisfecho. El Big Three que había formado (Ray Allen, Paul Pierce y Kevin Garnett) funcionaba en un conjunto veterano y sumamente aguerrido en defensa, acompañado de jóvenes talentos como el base Rajon Rondo o rocosos pívots como Kendrick Perkins. Todo iba sobre ruedas y con un porcentaje de victorias-derrotas que asustaba... hasta una fatídica jornada de febrero en Utah. Allí, un alley-hoop acabó con el tobillo derecho de Garnett diciendo basta. Aunque no parecía tan serio al principio, fue el germen de un malestar físico que privó a los defensores del título de su líder en las barricadas. Boston pudo con Chicago en una épica serie a 7 encuentros, mas no repitió hazaña ante los Orlando Magic de H. Turkoglu y D. Howard, cayendo con honor a muerte súbita y con Kevin mirándolo todo de paisano. 



"Doc Rivers me ha preguntando cuándo me van a llegar las alas. Le he dicho que están de camino". El training camp de 2009 trajo a un Big Ticket reluciente, Garnett volvía con hambre de gloria, según había afirmado al legendario Bill Russell, icono de los todopoderosos Celtics de Red Auerbach. A pesar de quedarse en semifinales del Este, jóvenes como Rondo o "Big Baby" Davis habían dado un paso al frente y con las tres mega-estrellas sanas, el cielo parecía el límite. Pierce, Allen, Rivers y Garnett viajaron a Detroit para reclutar a Rasheed Wallace, astro de los Pistons y uno de los mejores defensas interiores de la NBA. Los siete primeros partidos de aquel curso mostraron una escuadra sólida y que logró asaltar la mismísima fortaleza de The Q, guarida de un Lebron James que ganaría uno de sus premios MVPS aquel mismo año.



En un ataque de osadía, algunos llegaron a hablar del inolvidable récord de 72 victorias de los Chicago Bulls. Por supuesto, eso fue antes de que comenzasen las pesadillas. Garnett volvió a resentirse del tobillo, apareció aparatosamente vendado en algunos encuentros. Tras un inicio muy prometedor, Rasheed fue olvidándose de la defensa y a obsesionarse por los triples, sirviendo de escaso rendimiento durante el nudo de la fase regular, con apenas chispazos de clase. Para colmo de males, los despachos traspasaron al carismático Eddie House, gran tirador y pieza clave en el anillo de 2008, por el talentoso y errático Nate Robinson. Muchos culparon a Ainge de haber dinamitado la química del "ubuntu" (grito de guerra ideado por Doc Rivers, con raíces en África). Tras el All Star, el equipo céltico fue de mal en peor, rondando el 50% de balance triunfos-derrotas en lo que quedaba de curso.


El sueño de los 17 anillos parecía un mal chiste, una broma cruel de un equipo descompuesto. Rivales como los Ángeles Lakers de Kobe Bryant estaban en plena eclosión, a la par que otros candidatos como unos poderosos Orlando Magic. Tras una pírrica victoria en el Staples, Doc Rivers pidió 100 dólares a cada integrante de la plantilla. Convenció a un empleado de los vestuarios californianos de esconder el dinero en un falso techo. El mensaje fue claro: Si queréis recuperarlo, tendréis que estar jugando aquí en junio por un campeonato.



A medida que acababa la Liga, todo parecía un juego entre unos veteranos extrañamente seguros y unos medios de comunicación que los situaban eliminados tras la primera ronda. El primer rival fue Miami. A pesar de ganar en el Garden, una estupidez de Garnett le costó la expulsión para el siguiente día. Era la hora de Glenn Davis, un individuo con aspecto de todo menos de jugador de basket, excedido de peso y más conocido aquel año por haberse perdido el comienzo de la temporada por una pelea a puñetazo limpio con uno de sus mejores amigos, dentro de una amigable reunión de parejas. Era sabido que una bronca de Garnett el anterior año había terminado con "Big Baby" llorando ante las cámaras de todo el país. Lo que todo el mundo tendía a olvidar era que aquel "gordito" jugaba muy bien al basket cuando estaba centrado.



Ante la satisfacción del sancionado, quien parecía un maestro exigente satisfecho porque el alumno superaba la prueba, el atípico ala-pívot se impuso a los Haslem y compañía. El tercer día, una canasta sobre la bocina de Paul Pierce fue la piedra angular para colocar un 3-0 casi inapelable. Solamente las genialidades de D. Wade prolongaron la serie, pero el quinto día se acabó todo en el feudo de los pupilos de Red Aerbach. Aquella contundencia ante unos Heat jóvenes y prometedores, no cambió ninguna quiniela. Automáticamente, todo el mundo predijo que los Cleveland Cavaliers iban a despedazar a los Celtics, contando Lebron con la colosal presencia de un envejecido (pero aún imponente) Shaquille O´Neal.



El primer día en The Q confirmó esos vaticinios. Pareció que el rey de la NBA y los suyos podían jugar con sus oponentes y dejarlos KO cuando quisieran. En las duchas, un enfurecido Kevin Garnett habló largo y tendido con Rasheed Wallace. Amigos y rivales durante años en el Far West de principios del nuevo milenio, la agresividad de Big Ticket accionó algo en el interruptor de un Sheed que había sido un espectro de sí mismo los últimos meses. Hasta ese momento, foros de internet de los orgullosos verdes bromeaban con si era Wallace el peor fichaje que nunca había hecho la franquicia. La siguiente noche, tras recibir L. James su segundo premio MVP, el antiguo genio de Portland y Detroit salió con cinta en el pelo y rictus serio. Anotó todos sus lanzamientos menos uno, estuvo en dobles-figuras y marcó la senda para robar la ventaja de campo. Los internatuas no volvieron a cuestionar la importancia que podía tener aquel guerrero forjado en Philly para luchar por el anillo.


   
La resurrección anímica de Wallace era un factor que desestabilizó los esquemas de Mike Brown, especialmente con Anderson Varejao. El corajudo interior brasileño hacía muy buenos números y agarraba muchos rebotes en sus duelos contra Boston. Si bien lo siguió haciendo, ahora cada canasta costaba un mundo. Los hábiles sistemas defensivos de Tom Thibodeau iban aislando más y más a Lebron, quien, aún así, se bastó para pulverizar a los Celtics en el Garden el tercer día. Fue su último triunfo aquel año. El cuarto día, Rajon Rondo cogió las manijas del juego y confirmó lo que muchos habían pensado desde fuera: él debía ser el jugador franquicia. "Anteriormente, Rajon jugaba para Kevin, Ray y para mí. Ahora debemos comprender que debe ser al revés", se sinceraba un Pierce irregular aquellos Playoffs, pero decisivo en el quinto duelo y capitán modélico para los suyos y arrogante verde para los rivales. "Nos vemos el año que viene", dijo maliciosamente a los encargados de The Q tras robar el factor cancha en un clinic de trabajo coral. 



Lebron se dejó el alma para evitar la eliminación, pero sus heroicidades fueron inútiles. La prensa empezó a airear rumores de un romance entre su compañero Delonte West con la madre del astro, Gloria James. También se sacaron otros trapos sucios, casi todos con el mismo rigor, es decir, cero. Boston parecía complacido con que muchos focos no prestasen atención al nivel de confianza que habían cogido. Jugadores como Tony Allen eran muy infra-valorados, pese a sus dotes de marcador de la estrella adversaria. A la hora de hacer pronósticos, las casas de apuestas colocaron un rotundo 4-0 para unos Magic que llegaban imbatidos a las Finales del Este.  



De regreso a su tierra natal, Orlando, Doc Rivers y su staff se percataron de que Stan Van Gundy había aprovechado muy bien en las dos primeras rondas la atención que generaba Howard para usar a sus excelentes triplistas (R. Lewis, J. Williams, etc.). El truco, nada fácil, era no necesitar excesivas ayudas contra Superman. Perkins y Wallace dieron sendas lecciones de pundonor, cada uno a su estilo, convirtiendo el camino de Dwight en un infierno. Ray Allen y Paul Pierce se combinaron y hasta turnaron para mantener el ritmo de anotación de una rotación escasa (sobre todo porque el fichaje de última hora de Michael Finley, tremendo jugador y excelente en sus años con los Mavericks, no había salido bien) pero muy segura. 



Y Rondo hizo el resto para colocar un 3-0 que enloqueció al grande. Estrella atípica y poco hábil con los medios, confesor de no haber visto muchos partidos de mitos como Michael Jordan o Wilt Chamberlain, el heterodoxo base sin tiro (hablando, por supuesto, a nivel de súper-élite) dio lecciones constantes, logrando varios triples-dobles de mucho mérito. Con todo, Orlando robó el cuarto con un fallo inesperado del infalible Pierce. El quinto día, hartos de su etiqueta de blancos, los Magic devolvieron cada golpe multiplicado por cinco. Marquis Daniels y Big Baby recibieron codazos en la cabeza y otras lindezas de un enrabietado Superman. La NBA, siempre amiga de la épica, empezó a sondear qué bonito podría ser que Orlando forzase un séptimo y remontase un 3-0, hazaña nunca antes hecha (los Porland Trail Blazers de 2003 la rozaron la yema de los dedos). 


Sin embargo, la magia del nuevo TD Banknorth Garden no consintió aquella posibilidad. Triples como dagas de Paul Pierce y, cuando nadie lo esperaba, sacar fuerza de una flaqueza. Las molestias en la espalda de Rajon Rondo dieron entrada a un Nate Robinson que apenas jugaba aquella postemporada. Pero Doc Rivers ya se había percatado del buen rendimiento que podía dar llegado el caso, puesto que exprimió sus escasas oportunidades en Orlando. Triples y una lectura de juego muy hábil del pick and roll, unido todo a su temperamento explosivo, sirvieron para cimentar un colchón que permitió el pase a las Finales, justo cuando los pupilos de Van Gundy podían haber aprovechado la ausencia del multi-usos Rondo. 



Aquellos milagros del Leprechaun no sirvieron tampoco para ablandar opiniones. Muchos daban varios cuerpos de ventaja a los Ángeles Lakers de Kobe Bryant y Pau Gasol, un auténtico equipazo donde el único problema eran los perennes problemas de Andrew Bynum, un pívot colosal que siempre estaba a menos de un 50% de su potencial por sus problemas físicos. El primer día en el Staples confirmó aquello, gracias a un Pau Gasol sediento de quitarse la injusta etiqueta de blando que muchos le adjudicaron en las Finales de 2008. En su mejor momento mental y físico, el ala-pívot español superó ampliamente a Garnett. Con mucha malicia, la prensa sensacionalista adulteró las educadas y respetuosas respuestas de Gasol sobre el juego de su Némesis, haciendo parecer lo contrario de su intención. Sin embargo, aquella confusión animaba mucho a Rondo: "No puedo esperar a ver a Kevin en el siguiente partido"



Pero quien apareció fue primero un Ray Allen que alternaba exhibiciones (en Cleveland y Orlando, fundamentalmente) con problemas de salud de su familia que le exigían el máximo de su profesionalidad. Cuando los de Doc Rivers más le necesitaban, con Kobe y Pau amenazando con poner un peliagudo 2-0, X Ray se disparó a los 9 triples (récord en unas Finales) y, junto con un Rondo que hacía todo lo demás, pusieron un empate a uno que convertía el eterno duelo céltico-angelino en una verdadera batalla de igual a igual. Paul Pierce osó pronosticar que la serie no volvería a LA. 



No debió hacerlo. Su colega de brazalete, Derek Fisher, fue la pieza clave, por encima del mismísimo Bryant, para lograr la primera victoria en el Garden en postemporada contra el Big Three de Rivers por parte de los laguneros. El show y valentía de Fisher incluyó entradas a canasta imposibles ante junglas de brazos y un uso ejemplar del tablero. Emocionado y con lágrimas, el capitán de púrpura y oro no bajó el pistón y se negó ante los micrófonos a excusar la arrogancia de The Truth. Ahora, se rumoreaba que las Finales se acabarían en Massachusetts porque LA iba a dominar los dos siguientes duelos. Tampoco debieron hacer eso. 


El cuarto día, justo cuando los visitantes podían dar un golpe de estado y ponerse 1-3, se produjo un hecho atípico en un combate por el título. Con un 90% de los suplentes iniciando el último cuarto (Robinson, los dos Allen, Davis y  Rasheed), el quinteto de Phil Jackson fue incapaz de dominarles. Davis hizo uno de los mejores partidos de su carrera, a ambos lados de la cancha e incluyendo movimientos al poste para el recuerdo. Tony Allen no se separaba de Bryant y Wallace hacía lo propio con Gasol. En un acto de valentía, los propios Garnett y Pierce pidieron a Rivers que mantuviera aquella formación que rompió todos los esquemas del Maestro Zen. Finalmente, con poco más de dos minutos, Pierce surgió para cerrar el partido definitivamente. 2-2 y las televisiones norteamericanas frotándose las manos con el futurible share. 



Un escenario demasiado bonito para que no aparecería Kobe Bryant. El genio de los Lakers sostuvo a su equipo, por momentos, pareciendo un ejército de un solo hombre. Con un Garnett absolutamente rejuvenecido en todos los encuentros en casa, Pierce decidió dejar los chispazos y atacó el aro desde el pitido inicial. Su duelo con un enemigo íntimo como Ron Artest fue uno de los más bonitos que se recuerdan a estas alturas del campeonato. Agarrones, suspensiones, golpes, fintas, ferocidad y trash talking entre dos guerreros dispuestos a todo por llevar a los suyos a la tierra prometida del anillo. No fear for snakes fue el titular al día siguiente, el trabajo en bloque pudo con la temible Black Mamba. Ya nadie se atrevía a decir en voz alta que Boston era un rival más fácil que Orlando o Cleveland aquel curso.  



Doc Rivers, recordando sus años en New York y la lucha por el anillo con Houston, advirtió que el viaje a Los Ángeles iba a ser muy largo. Y vaya sí lo fue. Todo empezó mal para los orgullosos verdes con la gravísima lesión de Perkins. A riesgo de una técnica para ser sancionado, el tosco pívot había dado una lección de pundonor y auto-control, sin entrar en ningún pique y centrándose en brindar rebotes e intimidación a ambos lados de la cancha. Mientras, en la cancha, los dueños del Staples hicieron un partido impresionante ante unos Celtics que solamente podían ver pasar a aviones como S. Brown, mientras que Kobe Bryant encadenaba preciosas suspensiones. Pau, muy acorralado en el Garden, dio a Garnett y Wallace de su propia medicina de dominio. Todo pendiente de un séptimo que, para todos aquellos que no exigen 100 puntos para que un partido sea bueno, merece entrar en los Annales de la leyenda. 



"Te lo voy a dar todo mañana. Siento que ya está todo hecho". La frase en el pasillo del hotel californiano convenció a Rivers para que Sheed entrase por Perkins. Jugador genial y sospechoso habitual de la NBA por sus formas, Wallace dio equilibrio, puntos, tapones y problemas a Pau hasta que su espalda dijo basta. Rondo y Garnett recuperaron su conexión, mientras un inspiradísimo Ron Artest tocaba la guitarra con un Pierce que defendía a su franquicia, aunque había empezado siendo un mucho en Inglewood que emulaba el Showtime de Magic. Decenas de historias en apenas 48 minutos, un triple de Fisher que llevó al éxtasis a la grada más Hollywoodiense, mientras los orgullosos verdes lograron tres triples consecutivos para poner en pleito el desenlace hasta el final. 



Un espectacular cierre para dos equipazos que terminó con el anillo para LA. Sin embargo, como los célebres comentaristas italianos, Falvio Tranquillo y Federico Buffa comentaron en pleno y fratricida último cuarto: "Honor para vencedor y vencido hoy. Si Boston Celtics no gana esta Final, por organización, preparación técnica y pizarra, en mi corazón serán también campeones". No importaban algunas decisiones caseras propias del factor cancha (falta en una entrada a Garnett, pasos de Pau en un impresionante lanzamiento, dobles de Artest...), también hubo polémicas de uno y otro lado en encuentros anteriores. "No hay un ojo seco en este vestuario hoy. Hay que darle mérito a los Lakers, han jugado de una forma terrorífica", cerró Doc Rivers, junto con Garnett, uno de los más emotivos en una rueda de prensa sin tapujos y formalismos. 



Los célticos habrán de esperar para levantar el anillo 17, pero, como bien apuntó Miguel Ángel Paniagua, hicieron algo aún más memorable, honrar una camiseta de baloncesto cuando salían a la pista. Celtic Pride. 




FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.marca.com/2011/07/28/baloncesto/nba/1311866102.html



http://niketalk.com/t/208323/john-hollingers-2009-10-nba-forecast-the-complete-list



http://www.zimbio.com/Rasheed+Wallace+Kevin+Garnett/pictures/pro



http://clipperblog.com/2015/03/07/clippers-sign-nate-robinson-to-10-day-contract/



http://www.nba.com/celtics/news/sidebar/053110-rivalry-features-matchup.html



ENLACES A VÍDEOS:



Kevin Garnett, 7 partido contra los Lakers 2010



JUGADAS DESTACADAS BOSTON PLAYOFFS 2010



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