lunes, junio 30

Han sido dos instantes que lo cambiaron todo. El maestro Woody Allen ya lo había advertido en Match Point, al final, buena parte del guión se resuelve porque una pelotita entre a tu lado o en el contrario. Huertas y Lampe lo saben. Pamesa y Madrid también. El Barcelona ha logrado una de sus ligas más accidentadas, un equipo que ha sabido reconstruirse de una dolorosa derrota en la F4 de Milán. Una lucha de supervivencia y guerras extrañas. 



El Barça recordó a los escépticos (uno que escribe incluido) que no se llega a ocho finales ACB de forma gratuita. Han sido años guerreando en canchas duras como las canarias, batallando con Unicaja, el poderoso Tau/Caja Laboral, el renovado Real Madrid de los últimos años, etc. Con todos ha ganado y perdido, pero ya nadie puede dudar de la hegemonía culé de casi una década en el campeonato doméstico. Este año descendieron a una tercera plaza que le garantizaba tener muchos problemas para disfrutar de opciones de ventaja de campo en semifinal y última ronda. 



No obstante, lo han superado, no sin apuros. Igual que el año anterior, el conjunto azulgrana empezó a coger carrendilla cuando comenzó la Copa del Rey. Un triplazo de Sergio Llull le alejó del título, pero la imagen fue buena. Confirmó su excelente defensa en Euroliga, justo hasta aquel viernes donde los merengues destaparon sus vergüenzas ante todo un continente. La recuperación psicológica ha sido increíble, junto con el valiente Unicaja de Joan Plaza, pocos se han atrevido a hincar el diente a los súper-líderes con el descaro que hemos visto en estos cuatro encuentros. 



De cualquier modo, el discurso pudo variar mucho si Lampe no hubiera decidido anotar sus únicos tres puntos en el momento oportuno. Estaba abierto y esquinado. La defensa madridista vigilaba a Navarro y el posible rebote ofensivo. Aunque no ha sido el de Baskonia, el polaco tuvo la confianza y el descaro que se presupone a estos niveles, mas no siempre se tienen. El esférico entró y acaba un último cuarto donde los visitantes rozaron volver a su feudo en la capital para voltear una serie tensa y que empezó con mal pie...


El líder de la temporada regular nos había deslumbrado a todos. Tanteos altos, velocidad, mates, espectáculo, un Felipe Reyes rejuvenecido, Mirotic a niveles NBA... Ha sido un año con meses extraordinarios para un proyecto que pareció confirmarse cuando sobrevivió a su test más duro del año, el poderoso Olympiacos de Spanoulis. Se colaron los guerreros de Tel Aviv con todo merecimiento para privar a los campeones del torneo del KO español de su segunda corona en el mismo año. Quedaba la Liga, pero el Madrid no era ya el mismo conjunto que aterraba a sus adversarios y provocaba el murmullo de asombro de los aficionados rivales. 



Anto Tomic lo entendió mejor que nadie. Era el único que no tenía campeonato habiendo militado en ambas escuadras. Muchos le señalaban de talento indolente, que Florentino Pérez y cía lo dejaron escapar porque no rendía en los minutos de la verdad. Tomó una dulce revancha en aquella noche donde superó a rocas como Bourousis. El Barcelona se tiró a la yugular de los locales para robar el factor campo y, apagones incluidos, no le pudo salir mejor. La sangre fría en los tiros libres les permitió sobrevivir a las acometidas de Rudy Fernández, la sapiencia de Sergio Rodríguez en la dirección y una afición que ha creído siempre en un equipo que los ha malacostumbrado durante casi un año. 




Un golpe en la mesa que sacó los peor de Pablo Laso. Las críticas al arbitraje desconcertaron por tempraneras y marcaban una diferencia con la anterior final. En ella, los culés empezaron a desquiciarse por la famosa jugada de Sada, la cual tenía una muy difícil señalización para los jueces. Ahora, fueron sus rivales quienes empezaron a cuestionarlo todo y era una vía en la que el Barcelona podía hacerse fuerte. Comenzaron a pensar en los partidos del Palau como una ventaja única. 



El segundo día en la Caja Mágica trajo la mejor versión del conjunto de los récords. Estuvieron los de siempre (Rudy, Felipe, etc.), mas la sorpresa fue Salah Meri, convertido en un bastión, líder espiritual y termómetro de los suyos. Un rico caudal defensivo que igualó la serie, aunque los blaugrana no cometieron el error de dejarse llevar. Cayeron dignamente, no podía repetirse aquella jornada en Italia. Unos y otros tenían motivos para ser optimistas en una campaña que había sido muy larga. 



El tercer duelo tuvo un mensaje de advertencia. Lo intuyó Iturriaga, madridista, comentarista y veterano de olfato fino, Juan Carlos Navarro dejó dos o tres detalles para la galería. El legendario escolta ha tenido un año de muchas molestias físicas y perdida de importancia (es decir, antes era dios en la cancha y ahora es un excelente jugador, pues hablamos de un deportista con una calidad pocas veces vista). Nada de eso se notó ante un Madrid distraído, con Laso recientemente operado, muchas quejas ajenas a la cancha y sin intuir la vendetta que sus anfitriones estaban gestando. 



Fue una avalancha de triples. Un castigo que Darden y compañía están acostumbrados a infligir, no a recibir. La Bomba fue la punta de lanza, pero todos brillaron. El juego coral arrasó al vigente campeón y desnudó carencias que no sabíamos que los blancos tenían. O, quizás, únicamente los del Regal supieron aprovechar el cansancio físico y psicológico mostrado por una escuadra que nos hizo soñar muchas veces este año a los amantes del basket. En especial, tras su estancia en la Lombardía, Mirotic no ha sido el que era. Tiempo y juventud tiene para aprender de este extraño año, donde ha dado lo mejor y lo peor.  




Tenían un match-point y Oleson y cía quisieron aprovecharlo. Laso expulsado por airadas protestas y algún palmeo de Tomic que hacía levantarse a una banca local sobre-excitada. Como fuere, los visitantes sacaron su orgullo, el rápido baloncesto de contras que les hizo los ogros de todos los campeonatos que disputaron. El Chacho, Fernández y toda la caballería blanca se lanzaron a remontar el encuentro. El Barcelona se encomendó, como tantas otras veces, a Navarro. Por una vez, el genio no encontró el camino, vallado por una defensa inteligente y la amenaza de las rápidas respuestas de las alas blancas. Y así sí salieron, de justicia es reconocerlo, las primeras polémicas arbitrales de un partido tenso. 



Las anti-deportivas de los vigentes campeones fueron rigurosas como poco. El juego interior visitante fue muy castigado, justo cuando los culés también apretaron los dientes. Simples faltas personales hubieran bastado y en lado y en otro, en un encuentro apretado y donde los dos archi-rivales necesitaban cada punto que pudieran obtener legítimamente. Hubo un criterio casero que deslució la remontada merengue; curiosamente, sin Laso, quien había recurrido a ellos como uno de los pocos argumentos en una atípica final donde estuvo sin ideas, al fin surgía el espectro de las decisiones. 




También hubo errores propios. Dos triples que normalmente hubieran entrado y permitieron a los futuros campeones encontrar a un Lampe que hizo enloquecer a una escuadra orgullosa, pero que no debe engañarse a sí misma. Xavi Pascual afirmó que habían perdido un título en el último segundo; otro, por una mala noche y que habían mejorado mucho en la Liga. Un diagnóstico acertado, salvo por la Euroliga. No fue una derrota. Se trató de un correctivo inesperado (con el Madrid se puede perder siempre porque es un gran oponente, pero nunca regalarle el billete) y que mostró el abismo de sensaciones entre unos y otros. 




La plantilla de la Ciudad Condal precisa de remodelaciones. Dorsey es un defensor excelente, pero como le pasaba en Grecia, quiere un protagonismo anotador que, de momento, no le corresponde. Lorbek ha sido un excelente fichaje, aunque sus dos últimas campañas han sido decepcionantes para las expectativas depositadas. Solamente Abrines sale realmente reforzado, junto con un Tomic que pudo y hubiera merecido ser MVP. Navarro siempre estará allí, tan grande como Epi, Messi o el icono culé que quieran colocarle,  aunque, pese a que quizás el genio no quiere verlo (¿cómo culparle?), el reloj empieza a correr en su contra y sería sano que empezase a limitar sus minutos en la cancha para los partidos y minutos decisivos. 




Xavi Pascual y su eficaz y profesional cuerpo técnico también deberían hacerse interrogantes. Su Barcelona ha sido un modelo de competitividad, mas no siempre de buen juego (sobre todo, teniendo en cuenta la calidad de las plantillas ofertadas). Han sido apuestas como la del Madrid la que ha congregado más gente al televisor. Son muchos años disfrutando de un entrenador excelso como pocos en sus sistemas, si bien se detectan agotamientos de unos y otros. El Barça lleva en préstamo mucho tiempo de su orgullo de campeón, pero otro verano sin amarse con seriedad y oficio se antoja una auténtica prueba de debilitamiento de un bloque orgulloso y algo caduco. 




El Madrid es asimismo un subcampeón extraño. Pocos equipos acabarían enfadados tras competir en todos los frentes. Las expectativas por su primer cuatrimestre eran altas hasta límites de vértigo y ahí su desgracia. Laso se desmontó de su impropio discurso y acudió, pese a la molesta y provisional silla de ruedas, a felicitar a su colega en el vestuario. Fue un bonito gesto de dos estrategas. A sus discípulos solamente les ha faltado un poco más de físico, suerte y frescura en la hora de la verdad. Costará mucho en la parroquia blanca, pero su mejor aliado sería la paciencia. Está la promesa y amenaza de Madrid 2015; la obsesión puede matar deportivamente a uno de los proyectos más atractivos de la naciente década; la ilusión, puede llevarlos a coronar tres años de basket de quilates. 



Fue el año donde el Madrid hizo un curso deslumbrante en fase regular, cuando dos equipos españoles llegaron a la F4, donde el Pamesa de Perasovic llamó a la élite de Europa, la 18 Liga culé, el MVP de Navarro, la venganza deportiva de Tomic, los highlights de Rudy y Sergio... y, obviamente, ese triple de Lampe. 
lunes, junio 23

Juan Carlos Valerón lo sabía. Había estado en muchas guerras. El extraordinario veterano, internacional con España y símbolo de un Depor eterno, pedía calma al sector más encendido por su afición. El conjunto canario se disputaba un año de trabajo bien hecho, la eliminatoria contra el Sporting y una intensa disputa por la ansiada última plaza que daba a la primera división española. "Hasta que no pasa el último cura, la procesión no acaba", palabra del añorado Manolo Preciado, pocas veces tuvo más fundamento que ayer. 



Entonces ocurrió. Un gol de Dávila para poner carpetazo a 42 años de espera. El Córdoba había evolucionado desde el conjunto que se encontró con un Valladolid superior la pasada edición de playoffs. Saber competir sería el resumen. Ha sido un año raro en el Arcángel, séptima plaza, metiéndose a última hora, pero en una clara línea ascendente. Hasta el último segundo, la antigua capital del califato creyó que era posible. 



Desde la época en que el elegante y poco acelerado Del Bosque regalaba su clase antes de volver al Madrid, no se veía la ciudad en una de estas. "El Chapi" Ferrer sonrió y se tiró al césped. Lo había vivido en Barcelona y Chelsea, aunque nunca ha parecido tan complacido, probablemente por la dificultad de la empresa. Posteriormente, en rueda de prensa, felicitó a la isla de las Palmas, fácil comprender su dolor teniéndolo tan cerca. "Hoy nos ha tocado a nosotros". El antiguo compañero de batallas en el lateral con Sergi, deseó que su adversario volviera a Primera el año siguiente. Un señor. 


Y es que a nadie le hubiera extrañado que le hubiera salido cruz al conjunto de negro. Un viejo rockero como Raúl Bravo había salvado un casi imparable segundo gol que hubiera sido la estocada definitiva. Salió Xisco buscando ese oportunismo que siempre tiene. Los jugadores arriesgaban amarillas, mientras el reloj corría a favor de los amarillos, quienes empezaron a acariciarlo. Pero quedaba ese minuto y media, los visitantes salieron a por todas y ese pequeño sector minoritario de la afición canaria (ejemplar en su mayoría) privó de una concentración muy valiosa a sus jugadores y colegas de abono. 




Entonces llegó y Córdoba enloqueció, las Tendillas se convirtieron en el centro de algo que puede ser un soplo de aire fresco para una crisis, la cual no era solamente deportiva. Hostelería, hoteles, oferta turística... Es el momento, tener un equipo en la liga BBVA puede ser una inyección económica y moral que no puede desperdiciarse. Las caras fueron lo opuesto a lo vivido en la elección a la capitalidad cultural del año 2016. Ya tocaba, no podía haber sido mejor, un tanto sobre la bocina, como quien dice... 



Hoy las calles reciben al autobús, incluso en Barcelona y Madrid (donde ya no solamente está el Real, sino los indios del Cholo) se han enterado de la que se va a formar. Con cabeza y discernimiento, es momento de dejarse arrastrar por cierta locura, es una oportunidad entre un millón, una licencia para soñar. Basta recordar lo que significó la visita del Barcelona en la Copa del Rey para que muchos se froten las manos pensando en lo que va a ser ese estadio para la campaña 2014/15. 


Lo celebraron en el vestuario, pensando en la fiesta que los esperaba. Ferrer sonreía. Son un grupo. Los cogió a mitad de temporada y vio que había pocas cabezas salientes, que todos iban a uno. Imaginar era gratis y, tras una dificilísima serie con Murcia, resuelta tan bien a cara o cruz, el bloque lo había logrado. Lograrlo en campo contrario agrandaba la hazaña. 



Hoy han logrado los focos en prensa, telediarios y radios, han puesto a su tierra en el mapa y, seamos más futboleros o no, únicamente se pueden dar las gracias. 



Paco Jémez y los ilustres predecesores del Chapi pueden sonreír tranquilos... logró completado. 42 años no son nada, hubiera dicho Gardel.
lunes, junio 16

La picadura de la serpiente



Lo sabían. No les pilló por sorpresa. El fabuloso primer cuarto de Lebron James entraba dentro de los sistemas de Popovich. Duncan descansando tras los primeros minutos, ninguna señal de alarma. San Antonio volvía a oler su quinto anillo, pero no vendieron la piel del oso antes de cazarlo. Miami llevaba cuatro Finales consecutivas y eso no se regala. Simplemente, esperaban su momento. También a su héroe. Fue Kawhi Leonard, nada que objetar en el vestuario. Otras veces, Parker, ora, Ginóbili. Casi siempre, Timmy. No importa un nombre individual, son un bloque compacto. 




Cada uno sabía cómo cerrar su quinto partido. Tiago Splitter cerraba el camino al aro de "Flash" Wade, el jugador más querido por la grada de Florida (Lebron es el mejor, pero D-Wade estuvo en aquel primigenio anillo de 2006), mientras Manudona hacía un mate a costa de Ray Allen, el excelso triplista, el hombre que fue el principal culpable de perder las pasadas Finales con su milagroso triple. Lección aprendida. Dureza mental. Laforce siempre vuelve, ya se lo decíamos... 



Pasaban los minutos y el rey de la NBA no se lo creía. Spolestra tampoco. No le ha pasado nada a los Heat. Han hecho una temporada regular notable y unos grandes playoffs en el Este, quizás a costa de la inmadurez emocional de unos Indiana Pacers que distan abismos de la capacidad mental de estos Spurs. San Antonio ha arrasado, pero porque habrían podido con cualquiera en este estado de forma. Cabe quitarse el sombrero ante Dallas, los únicos capaces de llevarles a siete; hoy, lo vemos como la puesta a punto de un engranaje maravilloso. 




Acabó cómo deben hacerlo las Finales. Con una leyenda como Bill Russell entregando el trofeo a un chico humilde, pero que es un regalo cuando juega al baloncesto. Lebron abrazándose a Duncan y Parker. Habrá culebrón en los dominios de Pat Riley, mientras Texas sonríe ante sus muchachos. El Maestro Zen, loado sea su triángulo, puede seguir poniendo los asteriscos que quiera, pero han ganado una guerra extenuante. Los Lakers de Kobe y Shaq, luego de Bryant y Pau, los Pistons de los dos Wallace, los Nets de Kidd, los Celtics del Big Three, Dallas y su Nowitzki, aquellos Suns maravillosos de Nash... Han combatido a todos esos grandes y honorables ejércitos, ganando y perdiendo. Pero han resistido siempre, la cerrara de fondo de dos décadas tiene un único amo y señor...


Felicidades, Timmy


Habla poco. Cuando lo hace, dice cosas con mucho sentido. Un amigo mío me lo describía mejor que nadie: "Es la estrella más atípica de la NBA". Duncan no mete voces y tampoco grita para que no le griten, como decía Daimiel. Tiene cero celos del merecido MVP de Leonard, tampoco le importó el de Tony Parker en 2007 o que Ginóbili se lo hubiera llevado en 2005. Karl Malone, aquel ala-pívot legendario, no duda en adjetivar como "maravilloso" al genio atípico de las Islas Vírgenes. 




Poco sabemos de su divorcio. También se habló de rumores de alcoba y tendencia sexual en biografías de ex compañeros. No podría importarnos menos. Tim no ha comercializado con su vida privada, ha jugado acorde con las reglas, ha sido un caballero y las personas amantes del basket respetan eso por encima de todas las cosas. Con permiso de Robinson, es el estandarte en El Álamo, como Stockton lo fue de Utah o Reggie de Indiana. Lo único que es verdadero 100% del 21 es su juego, ahí es donde no se admiten discusiones posibles. 



Han sido batallas y batallas por la hegemonía en su puesto. Malone se lo puso muy complicado siempre, pero Popovich y él no tuvieron problemas en entrevistarse con él en verano de 2004 para reclutarle. Garnett y él, la noche y el día, regalaron enfrentamientos donde el talento y los nervios se pusieron a prueba. Antiguos Spurs hablan de Big Ticket, pero Timmy, las pocas veces que lo ha hecho, solamente ha mostrado respeto por el power forward más explosivo que se recuerda. Pau y Marc le admiran, Sheed siempre le sacaba una discreta sonrisa a media pista. Cuando en 2005 y 2006 le decían al rey de las técnicas que era de los pocos que le frenaba, Rasheed, chulesco por definición y etiqueta negra por devoción, se bajaba por una vez de su papel macarra: "Lo único que sé es que el mejor jugador del mundo sigue saliendo cada noche a hacer su trabajo". Shaq, físicamente el más temible, admite que es de los pocos a los que pondría a su altura como líder. 




Ahora ha bailado con C.Bosh, otro de sus delfines. Seguro que también tiene respeto por el honesto esfuerzo de jugadores como Haslem. Aquella bandeja el séptimo día está olvidada. Esta vez no estaba Horry para acudir al rescate, pero San Antonio se encargó de tener colchón de puntos para no pasar nervios. El Siglo XXI respiraba tranquilo, que los demás sigan hablando... Ahora, como fiel de los Mavs y los Pistons, solamente puedo decir: "Timmy, leche, tómate unos días de vacaciones a ver si nos dejas volver a tocar algún anillo, mamón"


Teniente alcalde de tacañón

Fue discípulo aventajado de Larry Brown, quien casi tuvo que perdonarle cuando Popovich se excusaba por ganarle un séptimo a su maestro. El inefable Andrés Montes se burlaba del teniente-alcalde de tacañón con sentido del humor. O´Neal le acusaba de mandarle a la línea de tiro libre. Popovich es un ejemplo del refinamiento de la edad, de la inteligencia natural y la capacidad de aprendizaje. El rígido sargento de hierro dio paso a un alcalde ilustrado, un cortesano refinado y un general del Renacimiento. 



Ha ido aprendiendo cada año. El Pops que ha manejado a la perfección a Belinelli no es el mismo que no encajaba con Parker y Ginóbili. Su viaje a Argentina para conocer de dónde venía Manu fue una declaración de intenciones. El mejor símbolo de la mística Generación Dorada y su míster han pasado por vaivenes en su matrimonio (suplencia, discrepancias estratégicas, visión del juego...), pero han salido reforzados. Ver a Manudona pensar tan bien y templar cuando hace falta hace añorar poco al explosivo y alocado talento de antaño. Ver a Popovich apostando por el juego de pase al estilo Sacramento Kings y exculpando a Manu de la eliminación ante los Grizzlies de Marc (el momento más bajo, el terremoto en primera ronda que hubiera acabado con todos, menos ellos) hace rememorar ese cuadro de Goya: Todavía aprendo. 



Parker por su lado es otra metamorfosis lógica, una demostración de que los buenos vinos deben guardarse en bodega para las ocasiones especiales. Se cuidó mucho para no tener las molestias físicas de 2013. El chico talentoso pero del que abusaban Jason Kidd y Chauncey Billups se ha ido, ahora queda el MVP del Eurobasket y de Finales, un revolucionario francés que lleva corona cuando decide dar una marcha mayor o menor al partido. Tony, si te quieres venir al Palau algún año, siempre hay hueco, ¿vale? 



Ha sido la que les faltaba. La última heroicidad de unos obreros talentosos y honestos. Tras años haciendo la mejor prosa, los ensayos más sesudos, Popovich y su cuerpo técnico han liquidado el fantasma de su única rémora: Ganan, pero no enamoran. Ese oprobio ha sido desterrado. Desde los Celtics de Bird o Magic no veíamos circular el balón así en unas Finales, desde los Bulls de Jordan nadie ha transmitido esa senación de victoria... San Antonio tiene la única victoria que le restaba, la de embobar a propios y extraños son su juego. 


Saben de lo que hablan

Siempre le aplaudían. T-Mac estaba en lo más profundo de la rotación de aquellos Spurs. Sin embargo, la afición sabía que estaba ante un grande de los de verdad, maltratado por las lesiones. Una muestra de respeto, de la Vieja Escuela. El mismo que muestra la franquicia cuando un jugador no tan conocido para el gran público como Patty Mills se convierte en imprescindible en el esquema de juego. Si trabajas, siempre tienes un hueco, todo el mundo es recuperable para la causa... 



Boris Diaw pertenecía a una vieja Némesis, aquellos estéticos Phoenix Suns, pero algún kilo de más y viejas batallas no han pesado en su incorporación a sus antiguos oponentes. Diaw volvió a su mejor versión, a lucir por su versatilidad y encandilar por sus pases. Ya rejuvenecieron a Antonio McDyess, saben lo que hacen en ese viejo taller. Matt Bonner sería cortado por varios equipos de Euroliga por sus condiciones físicas, en San Antonio, enchufa triples como si fuera lo más fácil del mundo y le da igual jugar dos minutos que veinte. 



Algunos como Green tuvieron más minutos. Otros, como Joseph, menos tiempo en pista. Daba igual, estos muchachos juegan por el nombre que hay delante de su elástica, no por el de la espalda. Daye tuvo asimismo sus seis minutos de gloria. Duncan afirmaba que todo volvía a estar en su sitio, Popovich halagaba a la organización de Miami y calificaba el triunfo como el más hermoso de su trayectoria, aquel extraño y hermoso viaje que comenzaron hace tanto tiempo... 




"We like our players to play for fun and to be happy rather than afraid. It's like that in any business. If you have employees who work through fear, you're not going to get any ingenuity out of them. You're not going to get any employees who will take a gamble or come up with ideas. All you'll have are robots that are going to do their jobs, have a low-key approach, stay out of trouble. They'll put in their hours and go home. But I'd rather have it the other way"- Red Auerbach. 


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