lunes, julio 27

Existen pocos jugadores que respete más que Juan Antonio Corbalán. Base adelantado a su tiempo, símbolo de la selección española, admirado icono del Real Madrid, el doctor es una de las cabezas mejor amuebladas que han pasado por nuestras canchas. En su excelente biografía, El baloncesto y la vida, solamente hay unos pasajes que siempre me han hecho torcer ligeramente el gesto: "Otra vez que no nos pillan". Una especie de cábala que los veteranos del Real Madrid de basket tenían en finales de los 70 y comienzos de los 80 para afirmar que, pese a que fastidiase a muchos, su mítico club seguía en el candelero. No me incomoda su orgullo, pero si el subtexto que, astutamente, el sabio Corbalán quiere dar a entender con aquello. 



Para comprender la revolución que aconteció con la ACB, hay que hablar de los primeros años del deporte que tanto nos gusta. Y, en España, eso exige hablar del Madrid. Sin duda, el equipo más potente de aquellos primeros compases, únicamente inquietado por el emergente Joventut o sus incómodos y carismáticos rivales del Estudiantes. Con Saporta manejando el organigrama y Pedro Ferrándiz, zorro de los banquillos hispanos y miembro del Hall of Fame, los merengues se atiborraron de Ligas y Copas de Europa, cimentado maravillosas rivalidades continentales contra el Varese italiano o el futuro CSK de Moscú. 



Una serie de éxitos que dieron un aura a la sección que todavía hoy conserva, cimentada con un fuerte carácter ganador, trasmitido a las nuevas generaciones, de Cabrera a Corbalán y del doctor a Iturriaga. Cómo no, tantos éxitos, llevaban aparejada asimismo una dosis de cierta soberbia, ejemplificada en la única Liga que perdió Ferrándiz en los bancos, por culpa del Estudiantes, quien mandó la Liga a la Penya con su éxito. En vez de pensar que era una mancha minúscula en su brillante hoja de servicios y sonreír, Ferrándiz quiso convencer a Saporta de echar a toda la plantilla. El Madrid de basket ganaba casi siempre, pero, cuando no lo hacía, reaccionaba con una mezcla de sana autoestima y otra de una nada disimulada conciencia de superioridad sobre el resto de competidores. 



Hasta ese momento, el Barcelona había contado bastante poco. Descenso y desaparición de la disciplina en el club, no fue hasta mucho después que los blaugrana se pusieron al día. Eso sí, lo realizaron contratando a las personas idóneas. Ranko Zeravica fue una pieza angular de la modernización que necesitaban las canastas culés (ver Ver El Barça de Epi se gradúa en Europa), necesitadas de orden y métodos nuevos. Aunque hubo decepciones constantes como la maldición en la Copa de Europa (agravadas por el brillante CV de su Némesis blanca en esa parcela), el Palau se convertiría en el aspirante que termina abrochándose el cinturón de campeón. En demasiadas ocasiones para que al resto le gustase. 


Se trataba del inicio de lo que fue llamado el Barcelona de Epi, unos años donde una sabia combinación de jugadores nacionales (Solozábal, Flores, Jiménez, etc.) y agudos fichajes (especialmente, Audie Norris) dieron un vuelco al panorama de antaño. Pero, igual que el Madrid había tenido sus fantasmas, no pocas voces, incluso algunas muy cuerdas, señalaban con el dedo el traslado federativo y a figuras como Eduardo Portela, gran cabeza visible de la naciente ACB, acusado de dejarse llevar por sus orígenes y ser pro-Barça. Antaño, se decía lo mismo del franquismo y el Real... 



Las crónicas y los pocos vídeos que quedan nos hacen sospechar que Brabender o Luyk eran mucho más relevantes para dominar Europa que el régimen dictatorial de Francisco Franco, quien no era precisamente una figura admirada en el Viejo Continente. Muchos rivales, entre ellos el Barcelona, crearon una sensación de competir contra todo un sistema que quería que los blancos ganasen a cualquier coste. Eso ha ofendido mucho a sus protagonistas y es una decepción muy lógica. Además, acomoda a los oponentes en un victimismo complaciente que justifica las derrotas y no invita a mejorar. 



Lo que nunca será admitido a nivel popular pero sí expuesto con mucha gracia y tino en voces tan interesantes como Guillermo Ortiz, en su espléndido libro Historia de una rivalidad, si bien esos bulos eran infundados por teorías judeo-masónicas, era evidente que el Real Madrid fue enseñoreado como una bandera y propaganda de un país. El motivo resulta muy lógico. Franco y su sistema podían presumir de muy poquitas cosas. Sin embargo, aquella escuadra de basket tenía excelentes jugadores y significaba mucho para los emigrados de otros lugares, independientemente de su ideología política. Fueron el único club con programa propio en televisión. Santiago Bernabéu supo verlo mejor que nadie cuando viajaba con esos muchachos a los que trataba con una mezcla de paternalismo y atávica autoridad: "Solamente os pido que recordéis que hoy jugáis para gente que solamente tiene al Real Madrid. Haced que se sientan orgullosos"



Y esa conciencia de ser grandes les ha acompañado siempre. Por eso creo que, incluso a gente tan culta como Corbalán, les cueste ver que Epi y sus compañeros de generación lograron cumplir un cambio de hegemonía. Hasta 4 ligas consecutivas que hicieron al Palau acostumbrarse a celebrar y a descubrir que aquella bestia blanca que pasaba por encima de ellos era humana. La llegada de un madrileño como Aíto García Reneses supuso encontrar a un entrenador que era un estudioso del juego. No solamente él, pero el maestro Reneses fue el primer en introducir conceptos como las rotaciones largas, muy criticadas en su día, absolutamente copiadas hoy por cualquier aspirante a hacer grandes cosas. Quizás no se les pillase siempre, pero el Barcelona aprendió a competir, solamente la legendaria Jugoplastika impidió que la felicidad en la Ciudad Condal fuese completa. 



Indiscutiblemente, el cambio de sede benefició en los despachos al Barça, como Saporta bien había demostrado en los años de poder federativo en la capital, eso podía dar muchas ventajas logísticas. Hubo momentos para el amargo recuerdo, tal como la muy evitable selección del colegiado Juan José Neyro para el quinto encuentro entre Barcelona y Madrid en el Palaul, la liga de 1989 en juego. Neyro tenía muchos años de servicio y calibre internacional como colegiado, pero era una malísima elección porque Drazen Petrovic, estrella del Madrid de Lolo Sainz, le había escupido e insultado gravemente en un encuentro que le dirigió entre selecciones. Casualmente, el Real perdió a su quintento inicial por faltas, mientras que Aíto se frotaba las manos. Años atrás, Corbalán rescataba para su libro un vergonzoso intento de agresión que sufrió en el Palau, todo añadido por las amenazas de un delegado con sueños de poder que le acusó por haber exagerado y usarlo en su beneficio (naturalmente, una exhibición de señorío y preocupación por un deportista agredido injustamente por parte de este simpático personaje). 



Tampoco fueron mancos los incidentes de 1984, en este caso en la capital española, donde un codazo intencionado de Iturriaga calentó a Mike Davis, iniciándose una vergonzosa tangana en un partido de alto voltaje, donde el Barça se negó a acudir al duelo de desempate como señal de indignación. Miserias que uno y otro bando podían emplear para esa camino de autodestrucción, sin embargo, la década de los 80, más que un juego del corre que te pillo, fue también la de un cambio generacional justo y necesario. Lenta pero paulatinamente, los chicos del Real, encabezados por un tal Fernando Martín que se haría un único, pidieron la independencia de sus tutores y limpiaron las telarañas de los viejos muebles. 



De repente, aquellos baloncestistas en el puente aéreo destacaron por tener de madrugada a todo un país por la plata de los Ángeles, mientras que sorprendían a los periodistas por no contestar con monosílabos, tener las cabezas bien acolchadas y valorizar sus estudios, desmontando la imagen de deportistas cabeza-huecas. Iturriaga podía picarse un día con Largato de la Cruz o Chico Sibilio, pero en verano corrían a juntarse para una merecida juerga. Esa extraña comunión sin asperezas explica el sueño de aquella noche estival en California, donde los españolitos con maleta al estilo Paco Martínez Soria (Fernando Romay dixit) se cambiaron en un vestuario cuyas taquillas ponían nombres como Magic Johnson o Kareem Abdul Jabbar. 



Una buena onda que lleva a sospechar que, en fondo, son más parecidos de lo que quieren decir. Por eso, aunque el Madrid quiera ningunear su vecino Estudiantes, en el fondo sabe que lo necesita y que debe tomar lecciones de cómo mima a su cantera, la cuida y la forma. De igual manera, más allá de ese afán de ser más que un club y querer imbuirse de aspectos alejados al deporte, el Barcelona debe admitir que la Penya de Villacampa (ver artículo Aquel tercero en discordia) y los Jofresa logró esa F4 que se le resistió mucho más a los culés (hasta 2003).  


Y es que un pecado que comparten ambas instituciones es uno muy similar al que tienen Lakers y Celtics. Quieren monopolizar finales porque son muy buenos y dan audiencias. No en vano, estos cuatro últimos años han sido Madrid-Barça en tetralogía, 2-2 de balance. Sin embargo, no se puede hacer otra cosa que aplaudir a Unicaja, Valencia, Baskonia, Gran Canaria, Cajasol, Bilbao... Ellos son los que provocan que todo tenga interés. La peor amnesia de Barça y Madrid, incluso entre ellos mismos, es olvidar la necesidad de venerar al adversario para darle significado al éxito o al fracaso. 



Los culés nos vemos ahora tentados del botón de la auto-destrucción en pleno auge del Madrid de Laso. Se detectan comportamiento y soluciones forzadas que el Madrid tuvo en aquellos años donde hubo tiranía en las canchas. Bastante más que lo que pudiera hacer Portela para sus detractores, Jasikevicius, Rodríguez, Bodiroga, Fucka, Karnisovas, Djordjevic, Dueñas, Fran Vázquez y le ilustre cía fueron la causa de un conjunto asiduo a finales. Un sector del madridismo odiaba al Barça como el niño mimado de la ACB, pero ni lo comprendían ni disfrutaban de su juego. Ahora, una parte del auditorio blaugrana quiere sublimar fracasos y hacer de menos a uno de los equipos que mejor han jugado nunca en la Liga Endesa. 




También admito que me enervan mis colegas de Can Barça que quieren que los dos Sergios (Rodríguez y Llull) se vayan a la NBA. ¿Habrá algo más bonito que ser capaces de darle revancha al Madrid de Laso con esos dos monstruos en pista? También, sé de buena tinta que habrá sectores merengues que moverán la cabeza con reverencia cuando Juan Carlos Navarro cuelgue las botas. La Bomba ha sido una pesadilla para la capital, pero, además de un símbolo de la selección, un maestro para los de Pablo Laso, junto con Spanoulis y Rice, han sido los mentores de la bestia competitiva que son hoy. 



Y es que el éxito de uno no debería propiciar al otro a la autodestrucción, sino servirle de estímulo. 
















  

lunes, julio 20

Fue una mirada perdida y con un punto de nostalgia. Juan Carlos Navarro no está acostumbrado al banquillo. Mucho menos, vestido de civil. Para un símbolo del Barça, pocas cosas podía haber peores que aquello. El Real Madrid de Pablo Laso estaba arrasando en las Finales de la Liga Endesa, con la Bomba lesionado. Pero la magia del Palau permitió soñar con la remontada hasta el último cuarto, donde, nuevamente, los blancos certificaron que en la actualidad son la mejor escuadra de Europa. Entonces, el capitán tuvo que ir a recoger el premio de subcampeón, lo hizo con decoro y sin adornos.  



Todo comenzó con un chaval que se inventó un tiro para que no le taponasen los grandotes que jugaban contra él. Un pillo de lanzamiento heterodoxo a quien los entrenadores (a Dios gracias) no pudieron corregir la mecánica. La criatura prometía, porque estuvo años sin perder en categorías inferiores azulgranas. Lo decía con cariño y admiración Joan Plaza hace algún tiempo: "No me sorprende. A mí Navarro me lleva jodiendo mucho tiempo". Bozidar Maljkovic también lo resumía así: "Es un chico muy educado. Me saluda siempre antes de los partidos. Luego me mete más de 20 puntos"



Ahora, los que ganaban eran otros. Antes, eran él, Sasha, Saras, Pau y Pete, entre otros. Hoy, se habla del Chacho, Rudy, Felipe o Llull. ¿Pensó Juan Carlos en algo que había pasado hacía apenas 365 días? Fue una fotografía para el recuerdo, celebrando con sus niñas una nueva Liga. Pablo Laso, enemigo íntimo por quien parece sentir una mutua admiración-rivalidad acrecentada, expulsado mientras él, ya no capaz de anotarle más de 30 puntos a los vigentes campeones de Europa, siguió dejando un recital de pases y toques de caviar. Tal vez, debió ser su último tango como blaugrana. Epi, otro símbolo, pudo despedirse con un nuevo trofeo, Juanqui se lo hubiera merecido asimismo. Él quiere seguir, pero este proyecto y esta década, más que prodigiosa, parece haber tenido el más cruel de los finales. 



 Más de 500 partidos con el Barcelona. 3 títulos de 4 posibles en 2010. Ninguna temporada en blanco hasta este año. Lo que ha hecho Xavi Pascual con el Barcelona no puede ser olvidado con facilidad. Ha sido un entrenador poco amigo de protagonismos, pero cumplidor al máximo, gran táctico y de modales exquisitos con el contrario (el propio Olympiacos le agradeció en su web que fuera a felicitarles al vestuario tras privarle a él y sus pupilos de otra F4). 


Sin embargo, como decía Carlito Brigante, con los años no cambias, solamente pierdes impulso. Es muy fácil criticar al técnico renovado hasta 2017, también cuestionar a Creus, porque han fallado mucho los últimos tres años. No obstante, olvidar lo que han hecho sería peor, ingrato y ventajista. Años donde el Barcelona impuso su hegemonía, una que Guillermo Ortiz, maravilloso cronista y fan del Estudiantes, resumía con un mítico: "Hay que ver la guerra que el Barcelona nos ha dado a todos estos últimos quince años". Pero los generales se cansan, especialmente los que han ganado muchas batallas. Creus y Pascual deberían recordar que una retirada a tiempo puede ser un gran éxito. 



A veces, era el incipiente Unicaja. Otras, el aguerrido Bilbao. En muchas, el bravo Baskonia, todo un modelo de competitividad. Pero los que nunca cambiaban eran los culés. Parada obligatoria para conquistar Europa: el Palau. Copas del Rey, Supercopas y Liga, la Ciudad Condal imponiendo una hegemonía sobre un Madrid que contaba con Messina, Garbajosa, Felipe y otros grandes jugadores. Un Barça que no enamoró como ahora lo hacen los de Laso, pero que hacían a puristas como Manel Comas afirmar que eran las escuadra más trabajada del Viejo Continente. Un tal Dirk Nowitzki le daba la razón por twitter, viendo el recital de Ricky Rubio y los suyos en una final de la Liga Endesa. En este presente de decadencia, los que ganan son otros. 



Ha sido el chiste fácil. Piqué dio una bala con Kevin Roldán y la afición rival ha respondido a la primera. Ante Tomic, contigo empezó todo. Creo que no hay que tomarlo más allá de lo que es, una broma, nada hay que responder a una coña. De hecho, el croata ha sido de lo más potable de los azulgranas, especialmente el último día. Pero da igual su renovación en vísperas del duelo, el fino pívot no tiene el carácter de Pete Mickeal ni del Chapu, eso es imposible. Cuando se ficha a Ante, sabes con qué piezas cuentas. El gran pecado de los despachos no es ficharlo, es haber sido incapaces de darle un acompañante en ataque y en defensa que sea su complemento, alguien con garra y que pueda infundirle vergüenza torera a un talento que parece de vuelta de todo. 



Esta plantilla, si bien con cosas positivas, ha quedado huérfana de esas referencias. No se olvida a un Rubio o a un Jasikevicius con facilidad, tampoco la honesta defensa de Sada, pero el bajón de Marcelinho en todos los sentidos se ha visto acrecentado con las intermitentes aportaciones de Satoransky. Si no tienes quien te marque el juego, se complica todo. Doellman y Hezonja tuvieron sus momentos en postemporada, pero parecían intrépidos y estimables guerrilleros independientes (y con el corazón en la NBA) en un conjunto que no lo parece. Da la impresión que hubo que poner un monumento al equipo del año pasado por ganar con mérito la Liga 2014 y, acto seguido, remodelarla casi al completo por el ridículo hecho en Milán. Se puede perder de 100, pero no dando la imagen de esas semifinales. Todo el aura conseguida con las buenas participaciones previas en Europa se difuminaron ante el eterno rival y el Barça debe alcanzar una redención que merece, pero no se va a lograr si en las altas esferas del club se afirma que no pasa nada. Sí pasa, el Madrid lleva varias temporadas compitiendo mejor, el Olympiacos igual y varios otros más. El escalafón en la élite de los de la Ciudad Condal ha bajado varios peldaños. 



Las glorias pasadas son tentadoras y serán recordadas. Pese a ello, hay más que suficientes retos para encararlos con humildad y hambre. El Barça debe dejar de mostrar cara de póker y admirar (sí, admirar) el modelo que han hecho los de Pablo Laso. También las lecciones de pundonor de los del Pireo, o la nobleza de espíritu de un Valencia que, diezmado, dio mucha mejor imagen que él ante los blancos. Da igual un nuevo año con el casillero de trofeos a cero si te dan pasos para avanzar. Calma puede haber para encauzar la nave, lo que molesta es que se insista en que no hay tormenta cuando suenan los truenos. 



El Palau quiere revancha (nos gusta ver a los mejores en junio), pero, para lograrla, hay que admitir que estos últimos meses nos han hecho mucho daño. 



PRÓXIMA SEMANA: ¿CONDENADOS A LA AUTODESTRUCCIÓN? VERDADES Y MENTIRAS SOBRE EL BIPOLIO 


http://www.abc.es/deportes/baloncesto/20130620/abci-juan-carlos-navarro-eurobasket-201306201837.html



http://www.marca.com/2014/12/17/baloncesto/acb/1418833700.html



https://www.google.es/search?q=ante+tomic+contigo+empez%C3%B3+todo&espv=2&biw=1242&bih=566&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ei=wIGOVdW5HYfrUqTpm8gO&ved=0CAYQ_AUoAQ&dpr=1.1#imgrc=sQWCuGJ9WsEKAM%3A


lunes, julio 13


Ha sido el sendero correcto. Da la sensación de que estas chicas han aprendido a competir. Siempre dan la cara. El bronce que la selección femenina de baloncesto se fabricó en una épica lucha contra Bielorrusia empezó a fraguarse en su derrota ante los Estados Unidos en el Mundial. Están empezando a dejar de ser noticia. Que se metan en el podio es normal, también que lleguen lejos. Garantizan la competitividad, triunfen o no lo logren, el espectador sabe que está ante 40 minutos de honestidad en la cancha. Eso no tiene precio. 



Las pupilas de Mondelo demostraron estar sedientas, solamente así se explica su exhibición en la segunda mitad que marcaba el epílogo de un torneo largo y exigente, como suelen ser los Eurobaskets. Se otean Olimpiadas en el horizonte y, sin querer poner ninguna presión añadida a un equipo al que no se puede pedir más, parece que se puede seguir subiendo el listón. La generación de Alba Torrens ha dado una alegría más, lo cual no debe hacernos caer en el error de pensar que esto ha dejado de ser excepcional o motivo de alegría. 



Lo que no debemos olvidar en este nuevo hito es la ausencia de Sancho Lyttle, la jugadora clave en pasados campeonatos, una mujer que marca distancias en los tableros con su mera presencia, una inyección de moral para sus compañeras. Repetir medalla sin alguien así en nómina habla de carácter de bloque y orgullo infinito de una plantilla que no busca excusas, porque encuentran soluciones. 


"Ahora podemos seguir soñando". Palabra de Torrens, tras unos fatídicos cuartos de final, resultó el momento de alegría que permitió aspirar a la fase final de la competición. Marta Xargay se consagró ese día como una de las anotadoras clave en los momentos donde las manos tiemblan, permitiendo un 75-74 que supo a gloria. Torrens, 28 tantos, fue reconocida en el Quinto Ideal, acompañada por la francesa Gruda, Dumerc (Francia también), Petrovic (Servia) y, MVP de este Eurobasket celebrado en tierras húngaras y rumanas, Ana Dabovic. 



Solamente las francesas pudieron cortar un ritmo de victorias que empezó muy bien en la preparación y se confirmó en la Europa oriental. En un partido cerrado y a pocos puntos (63-58), la escuadra blue logró el billete a la disputa del oro, aunque la Serbia comandada en el banquillo por la hija del mismísimo Boza Maljkovic, uno de los grandes zorros de las canastas. En definitiva, un Eurobasket que ha reforzado su importancia y ha dejado partidos para el recuerdo. 



A fin de cuentas, fue un duelo intenso con cuentas pendientes, ni unas ni otras olvidaron la eliminatoria de 2013, aunque, en esta ocasión, fueron las galas quienes se llevaron el gato al agua. Luchas como la mantenida por Silvia Domínguez con Cata-Chitiga escenificaron una guerra de guerrillas con la gloria en juego. Ambas selecciones pusieron argumentos de su acreditada capacidad de sufrir y explotar las rentas. 


Aunque para explosión, las exhibiciones de una Anna Cruz que ha sido un referente increíble para su staff técnico. Ha dado ese salto de calidad que solamente tienen algunas personas con daimon para el basket, de hacerse más grandes cuando la situación se hace más brava. "Espero que nadie nos baje del podio", afirmó la escolta barcelonesa, mostrando ese carácter inconformista que caracterizan a los de su clase. 



Tal vez, el mejor momento de Cruz vino en cuartos de final. Su 2+1 a segundos del final fue una bocanada de oxígeno cuando más asfixiaban las rivales. Bien estaba lo que bien comenzaba, no en vano, la defensa del título de 2013 comenzó con una contundente victoria ante un país de la tradición y riqueza baloncestística de Lituania (72-58). Astou Ndour presentó en aquel brillante inicio su tarjeta de presentación como digna heredera de Lyttle. Y así podíamos hablar 40 párrafos de un roster solidario y sin egos.  



Como dijimos ayer, estas mujeres sabias saben muy bien a dónde van... y nosotros encantados de disfrutarla en una cancha.  



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