lunes, septiembre 26

Apenas había sonado la bocina en el pabellón de La Coruña. Todo el mundo tenía claro en aquella jornada de domingo de febrero una realidad dual: el Real Madrid de Pablo Laso hacía historia con su tercer entorchado consecutivo y el Gran Canaria, su rival aquel día, no tenía nada que reprocharse. En un torneo repleto de sorpresas, los canarios fueron quienes más hicieron llevarse las manos a la cabeza al público con su excelente participación. Muchos parabienes a la entrega del grupo capitaneado por Albert Oliver. Sin embargo, entre tanto elogio a su magnífico juego, uno de sus vencedores, Sergio el Chacho Rodríguez, hizo un aviso a navegantes surgido de la admiración: "Lo que tienen que hacer es volver el año que viene y ganarla"



No es popular decirlo, pero se trata de un club donde nadie invita a nuevos miembros. Hay que tirar la puerta abajo para ser atendido. El Unicaja y el Baskonia pueden escribir sendos libros sobre lo duro que es colarse en el coto particular que Madrid y Barça han hecho en la Liga Endesa. Por ello, lo logrado hace apenas dos días por los isleños no puede ser subestimado bajo ningún concepto. Este equipo disputó en 2015 una final de la Eurocup. Nos hemos acostumbrado a verles en Playoffs. El Granca funcionaba bajo la magistral batuta de Aíto García Reneses. Ahora, siguiendo la guía de un entusiasta técnico como Luis Casimiro, el Herbalife ha llegado a la tierra prometida. 



La Supercopa es la tarjeta de presentación del campeonato nacional. Es donde empiezan a intuirse por dónde andarán los tiros. Eso y, por supuesto, una historia única, la oportunidad de volver a prendarnos de este deporte. Kyle Kuric protagonizó un cuento de hadas de principio a fin, sin importar el factor cancha y lo que aprieta una grada tan exquisita como la del Baskonia. Tenía que rematar durante la final y así lo hizo, no impresionándose por un Barcelona que venía de apear al Madrid con un estelar Rice (verdugo en 2015 del conjunto español en la citada final. Tras sus graves problemas de salud, Kuric nos recordó a todos que nunca se deben bajar los brazos, que por 40 maravillosos minutos podemos creer en los cuentos de hadas.  


Desde el pitido inicial estuvo claro. Víctor Claver, quizás el mejor de los blaugranas aquel día, lo reconoció con gallardía. El Barcelona no subestimó al Granca, no se vio vencedor por ganar a su Némesis y verdugo la pasada edición. La realidad fue mucho más simple. Los pupilos de Luis Casimiro ganaron porque durante cuarenta minutos dieron un repaso sonrojante a su adversario, una lección de bloque y equipo.



El plan fue simple y perfectamente bien ejecutado. Seguir apostando por Kuric como líder anotador, el apoyo indispensable de McCalebb, y una defensa asfixiante sobre un Rice menos inspirado que de costumbre. Puede parecer una estrategia sencilla, pero su puesta en práctica resultó mayúscula. Una ejecución que obligó a Bartzokas a admitir que su escuadra había desaparecido del pabellón vitoriano, el Barcelona solamente tuvo un atisbo de reacción en el segundo cuarto. La experiencia de pasadas finales hizo que el Gran Canaria cerrase con contundencia cualquier rendija de esperanza. Era su gran día. Nadie lo iba a estropear.



Eulis Báez escenificó como nadie ese grado de gobierno de los partidos. No estuvo en los focos y las portadas, pero sí en todos los fregados bajo tableros donde sacaba petróleo para su equipo. Tanto frente al Labotal Kutxa como contra el Barça resultó un apoyo indispensable para que lucieran otros. Este tipo de presencias son imprescindibles para poder ganar y Báez cumplió el guión trazado por su staff técnico como los ángeles. Con todo, nunca hay una copa fácil, hubo un instante para pensar que a la tercera no iría la vencida...


Fue un instante extraño. De repente, lo que había estado fluido se volvió farragoso, complicado de leer. Oliver no perdía de vista detalle desde el banquillo, apenas hacía unos minutos todo parecía finiquitado. Juan Carlos Navarro oteó el horizonte e intentó una última acometida. La distancia bajó de esa temible veintena de puntos y los canarios no encontraron el camino del aro. De cualquier modo, se sobrepusieron a ello. El partido finalizó con ventaja de dobles dígitos, sin más sobresaltos tras esos angustiosos compases de sequía. 



Quedaba lo mejor, el manteo a Kuric, flamante MVP de la ocasión, alzar el trofeo en Vitoria y, obviamente, pensar en el más feliz vuelo de regreso a casa. La isla esperaba a sus héroes para festejarlo por todo lo alto, no podía ser menos. El Gran Canaria no pudo agradecer en persona a Sergio Rodríguez el consejo (el mago canario ha vuelto a la NBA) pero sí agradecerle la enseñanza de la mejor manera posible. 



Eso y que Darko Planinic ha venido a revelarse como un magnífico fichaje. El croata es la guinda del pastel de un juego de pintura esforzado, honesto y nada exento de talento. La Supercopa 2016 ya tiene dueño y nadie podía dudar que no había sido el mejor aquel fin de semana. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://deportes.elpais.com/deportes/2016/09/24/actualidad/1474731882_960194.html



-http://www.sport.es/es/noticias/baloncesto/gran-canaria-echa-baskonia-supercopa-5411757



-http://www.elmundo.es/deportes/2016/09/25/57e78ae222601dff728b4656.html
lunes, septiembre 19

Milagro (sin premio) en Milán



Todos tenemos nuestras debilidades inconfesables. Aunque nuestros colores digan una cosa y, por supuesto, deseamos que ese oponente pierda hasta los entrenamientos, incluso el aficionado más forofo termina admitiendo para sus adentros el talento ajeno. Así, somos muchos los culés que ahogamos un suspiro de admiración cuando Modric da un pase inesperado y brillante entre líneas. De igual forma, más allá de campañas, no pocos madridistas habrán pagado gustosos una entrada para ver, aunque fuera a escondidas, a Lionel Messi hacer magia sobre el césped. Dentro de los encontronazos competitivos tenidos contra los pupilos de Diego Pablo Simeone (ligas resueltas en la última jornada, eliminatorias coperas, el Calderón rugiendo en Champions...), siempre he tenido claro que, de haber tenido la varita mágica, existía un jugador al que habría teñido de blaugrana sin dudarlo: Gabi. 



En cierto sentido, el capitán colchonero podría pasar desapercibido ante otros compañeros de equipo, más mediáticos y goleadores. No obstante, subestimar su influencia sería un grave error. Y es que si los vestuarios necesitan líderes, este centrocampista nacido en Madrid hace 33 años es uno de los referentes, el tipo fuerte y callado que, cuando habla, el resto está pendiente de cada frase que sale de su boca. "¿Vieron lo que fue Gabi esta noche?", lo dijo el Cholo más noqueado, justo el día en que en capital lombarda, la fe sin límites del Real Madrid le había quitado, por segunda vez en tres años, el trofeo más hermoso en los campos del Viejo Continente. En la fatídica tanda de los 11 metros. Gabi marcó el suyo con sutileza y clase. Pero hizo más aquel día. 



En el partido decisivo, el portador de brazalete de capitán indio logró 11 recuperaciones, firmó cerca de un 85% de precisión en sus pases, ganó  más de la mitad de sus duelos individuales, recorrió más de 14 kilómetros con la colocación de un veterano y las piernas de un joven. Y es que él, más que estrellas como Griezmann o caciques de la talla de Godín, fue quien más entendió el pulso de esfuerzo que Sergio Ramos, Pepe y Casemiro presentaron a los rojiblancos. Doc Rivers tenía una frase sobre Dennis Rodman: "Quizás no te dará la asistencia a canasta, pero te hará un pase maravilloso que generará los futuros puntos". Sin saberlo, el bueno de Rivers estaba hablando de la maravillosa apertura que Gabi brindó para que Juanfran encontrase a Carrasco. 

   
La deuda eterna



Lo describió mejor que nadie un seguidor del Atlético con la cabeza bien amueblada, Rubén Uría. El deporte no entiende de deudas. Ni siquiera con un genio rosarino al que la pelota hizo la trampa de Roberto Baggio en la Copa América. Tampoco con un Gabi que tiene el doloroso honor de haber sido el MVP sin corona de Lisboa y la ciudad lombarda. En la capital portuguesa, volvió a ser la pieza clave hasta que Sergio Ramos decidió jugar en el club del Manzanares el mismo rol que Robert Horry tiene para los Sacramento Kings. La del peor verdugo posible. Dos finales escapadas en el último suspiro. Qué manera de sufrir, dejó dicho el genial Sabina, pero la incansable parroquia que ahora se traslada de campo el próximo año debería andarse con ojo. Europa tampoco entiende de pagos con intereses. 



No one gives to you, you have to take it. Lo decía Jack Nicholson con aire de viejo y sabio diablo al comienzo de Infiltrados, bajo acordes de los Rolling Stones, no podía ser menos, puro Scorsese. Hay una nostalgia peligrosa en tales dagas ante las que conviene tener memoria, para evitar desarrollar síndrome de Estocolmo con la herida. Los rojiblancos bien pudieron tener más suerte en el poste de Juanfran, buen tipo que no merecía ese revés. Pero también merecieron irse de la primera parte de Múnich con tres o cuatro goles en el saco. El árbitro debió expulsar a Suárez el primer día, pero también ver la mano del propio Gabi en la vuelta de cuartos. Ramos no pidió que se invalidara la acción por fuera de juego, sino que remató con todo su carácter y fuerza. Por ello, si los caprichosos bombos volvieran a chocar al Barcelona con el cholismo, tengo claro que pieza les seguiría quitando, por encima de gente con más cartel: Gabriel Luis Fernández Arenas.



Más allá de lo que cualquiera puede apreciar en el campo, el personaje empezó a inspirarme simpatía por su entrevista en la prestigiosa revista Panenka. En sensatas respuestas, Gabi parecía un deportista hecho a sí mismo, quizás sin ese punto de Fortuna que ha permitido a otros compañeros de generación consolidarse antes. De cualquier modo, como el maestro mexicano Roberto Gómez Bolaños bien decía, a veces, en la vida, existe la adversidad positiva. Un aparatoso accidente de coche le alejó del Atlético en 2006, pero quizás fue en Zaragoza donde era idóneo que terminase su formación, esa que ya había iniciado en Getafe, lejos de lujos, pero aprendiendo a forjarse entre señales de humo. En la capital maña, además, se destapó como un preciso y elegante lanzador de penaltis.


Las últimas batallas del Gran Capitán



Nunca es tarde si la dicha es buena. Si estaba escrito que iba a terminar allí, no importaba el cuándo, más bien el cómo. Y entonces llegó la capitanía en 2012 y, por encima del resto de cosas, el Cholo Simeone. El director de orquesta ideal para llevar a un conjunto de personalidades exuberantes (Falcao, Costa, Arda, Courtois...) a escribir el mejor regreso posible para un histórico club en horas bajas. Gracias a ellos y un brillante staff técnico, los fans rojiblancos pasaron de mirar los puntos para la permanencia o caer en primeras rondas coperas a quedarse con mal sabor de boca por la tercera plaza y no alzar La Orejona. Media un abismo, Gabi ha sido uno de los pilares para ello.



Hay ha vivido días de vino y rosas que, naturalmente, también han ido acompañados de malos momentos. Pero el peor ha sido fuera de las canchas. El tristemente célebre asunto que involucró a Zaragoza y Levante un 21 de mayo de 2011. Gabi, que había logrado el brazalete en el equipo aragonés, ha vivido, años después, la parte menos agradable de atraer la responsabilidad de la entidad. Un asunto que no desentona en las cosas extrañas que suceden en las jornadas finales de liga, aunque, se ponga más el dedo acusador en unos que en otros. Desde este blog no se le exime de la presunta responsabilidad que tuviera, simplemente que, aquellos agoreros que pronosticaron que era su final como profesional de élite deberán esperar un poco más.



Como fuere, el paso inexorable del tiempo hace que la luz al final del túnel de la élite se vaya haciendo cada vez más visible. Por ello, una de las tareas de Simeone y los suyos, si quieren mantener el notable rendimiento de estas temporadas, es conseguir que este centrocampista siga siendo el espíritu de un bloque sin fisuras.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






lunes, septiembre 12

El villano al que te encanta odiar



Será raro no torcer el gesto cuando lo ves encararse con el jugador favorito de tu equipo. Tampoco volver a sentir un sudor frío cuando reciba para tirar un triple mortal que silencie al Palau. En los torneos internacionales, los rivales de Grecia pensarán que se han ensanchado la pista, como si de repente hubiera más espacios liberados. En honor a la verdad, siempre odié a Dimitris Diamantidis. La explicación es sencilla: cada vez que se cruzaba con el Barça o la selección española tenía el pésimo hábito de jugar extraordinariamente bien, contagiando su legendaria competitividad a sus compañeros, un líder espiritual que encontró en el Panathinaikos su hogar. 



Defensa incomodo hasta el extremo, auténticos maestros de armar tiros de la nada como Juan Carlos Navarro han sufrido en sus carnes a este carterista que no temía ensuciarse las manos, un tipo imprescindible en cualquier barricada de las ligas del Peloponeso. Ya fuera en las semifinales del Eurobasket de Madrid o en una encarnizada eliminatoria de Euroliga, los duelos de la Bomba con el heleno eran un espectáculo digno de verse. El escolta catalán elogió hace muy poco a la figura de aquel incordio que lo seguía en la pista como si fuera un detective privado, afirmando que era un honor estar invitado con su club al torneo que la histórica entidad griega creaba para homenajear a algo más que un deportista de élite. 



Los aros de la Hélade, su país, donde ha reservado algunas de sus mejores actuaciones. Hay una estampa que permanece imborrable. Hasta el momento, la última vez que perdieron los invencibles. Semifinales del Mundial de Japón, 2006, mes de septiembre, Grecia-Estados Unidos. Chris Paul, uno de los bases más talentosos de la NBA, entra a canasta para firmar dos puntos fáciles en las semifinales. De la nada, Diamantidis logra interceptarle con un tapón desde el otro carril que, más allá de toda su espectacularidad, sobre todo sirve para que la bola caiga perfecta a las manos del general Papaloukas, quien arma de inmediato la contra. Una definición perfecta de su rol a las órdenes del dragón Giannakis, el lacedemonio infalible detrás de las sombras, la estrella que bajaba el trasero a defender como un debutante. 


El orgullo del OAKA



Probablemente, seguirá siendo uno de sus momentos deportivos más felices. El Palacio de la Paz y la Amistad del Olympiacos no hizo honor a su nombre en una noche de final liguera donde el encuentro hubo de ser suspendido en varias ocasiones por el lanzamiento de petardos y bengalas. Los anfitriones se medían a su eterno rival, el Panathinaikos, en un partido caldeado posteriormente por las declaraciones de los hermanos Aggelopoulos, quienes acusaron a los verdes de favoritismo por parte de la Federación en la ajustada victoria. El siguiente encuentro fue el último, Diamantidis brilló en una contundente victoria celebrada con furia en el OAKA, quedando inmortalizado todo en una fotografía con Alvertis, quien fuera el alma de dicha escuadra hasta que él le tomó el relevo. Corría el año de 2014, el noveno título en una década para una generación brutal. 



Y es que exige algo muy especial en ese dorsal 13 de casi dos metros de altura que ha vivido de sus manos rápidas, mentalidad ganadora y excelente sentido de la colocación. Incluso, dentro de su apartado más censurable, las faltas, ha sido un maestro a la hora de hacerlas sin ser detectado por los árbitros. Pequeña maldad que se nos debe permitir decir de él, admitiendo en todo momento que el único jugador que ha sido MVP de la Euroliga y de la Final Four en la misma temporada debe tener algo más que un buen físico y táctica. Diamantidis es, y eso es fácil que pase desapercibido por su espíritu de equipo, uno de los mejores talentos que nunca ha dado El Viejo Continente. 



"Para mí, siguen siendo el equipo de Diamantidis", la frase fue pronunciada por otro gran maestro, alguien a quien muy pronto nuestro protagonista va a acompañar en la categoría leyenda de la Euroliga: Sarunas Jasikevicius. Por aquel entonces, el genial base lituano era ya asistente técnico en su país, preparando las vísperas de un duelo contra el PAO. A pesar de las nuevas caras traídas por la directiva, Saras recordaba que él mismo había sido uno de los fichajes estrellas y millonarios del OAKA para conseguir llevarse la F4 (cosa que hicieron, temporada 2008/09). Un equipazo donde también estaban apellidos como Spanoulis o Batiste, con Obradovic dando instrucciones desde la banca, casi nada al aparato. Sin embargo, como bien decía el mago de las asistencias, el PAO será el equipo de Diamantidis hasta que sea sustituido por última vez en su homenaje para recibir una atronadora ovación.   


Un legado para otros




Hablábamos antes de Papaloukas como el socio imprescindible para entender a Diamantidis en la selección. Ambos fueron miembros del quinteto ideal del Eurobasket de 2005. Fue el día D y la hora H para un basket griego necesitado de nuevos referentes. Nikos Galis y Giannakis habían escrito una página gloriosa, pero era la hora de sangre nueva que pudiera reenganchar al combinado heleno. En los amplios hombros de Theodoros Papaloukas y Dimitris, se cimentó una nueva camada que fue un aval de competitividad. 



Aquel europeo fue muy especial. Diamantidis dejó varios instantes para el recuerdo. Su defensa a Dirk Nowitzki en la final, en un torneo donde el dorsal 41 estaba cuestionando esa máxima de los campeonatos de élite que dicen que un solo jugador no puede ganarlos. Y, previamente, un triple de dibujos animados para romper el corazón de la Francia de un imperial Tony Parker, en un triunfo agónico que todavía hoy sigue siendo una de las remontadas más inverosímiles en unas semifinales. 



Instantes únicos que este diamante en bruto ha ido regalando por los diferentes pabellones. Podríamos haber rellenado veinte entradas más con los que nos hemos dejado en el tintero. Ha llegado la hora de disfrutar de este merecido homenaje, de aplaudir, sin importar los colores de la escuadra de la que uno sea, a toda una leyenda del basket. El gran Dimitris Diamantidis. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.eurohoops.net/es/featured-es/307128/juan-carlos-navarro-elogia-diamantidis



-http://www.solobasket.com/fotos/dimitris-diamantidis-y-theo-papaloukas-propiciaron-el-estiron-griego-fiba-europe-castoria



-http://www.ebasket.gr/2014/05/%CF%84%CE%BF-5%CE%BF-%CF%80%CF%81%CE%AC%CF%83%CE%B9%CE%BD%CE%BF-%CE%B1%CF%83%CF%84%CE%AD%CF%81%CE%B9