lunes, julio 28


Siempre es una grata nota noticia. Un nuevo libro de Phil Jackson es una garantía de entretenimiento y anécdotas de uno de nuestros deportes favoritos. Canastas sagradas, More than a game, The last season...Nuevamente, la fórmula se repite. El mítico ex entrenador (hoy en día gerente de los New York Knicks, escuadra a la que dedicó sus mejores años como jugador) se apoya en Hugh Delehanty, quien fue su apoyo en la ya citada Sacred Hoops. 



Además, disponemos de una bonita edición realizada para lengua castellana. Retirado desde los Playoffs de 2011 (y es que, a pesar de ser uno de los estrategas más victoriosos de la NBA, resulta ironía de los dioses que la última batalla del general Zen fuera aquella masacre en Dallas frente a Nowitzki, Jason Terry y sus compinches texanos), Phil recuerda cosas de su pasado, poniendo el acento en sus exitosos años al frente de dos de las dinastías en las que fue pieza básica: los Chicago Bulls y, posteriormente, los Ángeles Lakers de principios del nuevo milenio. 



Bien estructurado en capítulos breves y repletos de secretos en los mentideros del vestuario (las guerras privadas de Kobe y Shaq, la evolución de Michael Jordan y Pippen como líderes, el papel en las sombras de veteranos como Brian Shaw, Rick Fox o Ron Harper, etc.), Never Shall me down quiero realizar una reseña un poco menos convencional a lo usual, algo que no parece incorrecto, pues, ¿quién puede ser más heterodoxo que el filósofo oriental de las canchas? Pocos entrenadores se caracterizan por mandar libros personalizados a sus jugadores, a la par que de utilizar el séptimo arte en sus charlas motivaciones (en ocasiones, con más desvergüenza que gusto, en el caso de Rick Adelman y American Story X, playoffs de 2000). 


Este repaso del coach trae varias historias que ya había desarrollado previamente, aunque hay alguna novedad interesante respecto a las conversaciones que mantuvo con Dennis Rodman antes de ficharlo para Chicago, tras haber sido la Némesis de Jordan y Pippen en Detroit. También acerca de su rivalidad con Pat Riley, cabeza visible de los rocosos New York Knicks de la década de los 90, o sus primeros y casi desconocidos años en Puerto Rico, donde comprendió la otra cara del lujoso mundo de los banquillos que viviría en California. De cualquier modo, los lectores quizás se mostrarán más interesados por sus últimos años por la información novedosa, por ejemplo, su relación con Ron Artest o su reconstrucción de los Lakers desde verano de 2005, reinventando su relación con Kobe Bryant, genial y polémico talento de los de púrpura y oro. De "No tomaría ni un café con Jackson", Black Mamba pasó a cantar las alabanzas del triángulo de Tex Winter y los asistentes de su querido maestro. 



Divertidos son sus "piques" y estilo para intentar pinchar a los mejores jugadores y técnicos adversarios (sus comentarios sobre Kevin Durant, su "el mejor equipo que el dinero podía comprar" a los talentosos Portland "Jail" Blazers, etc.), así como algunos aspectos relativos a sus técnicas de motivación (aunque la estructura parece empeñada en algunos trucos publicitarios que también se han hecho con Mourinho o Guardiola, en plan de "Lea estos cinco sencillos pasos en voz alta y será mejor que Popovich y Red Holzman juntos"). Son de agradecer algunas de las citas que encabezan cada epígrafe, pues es grato y extraño ver una referencia a Gabriel García Márquez en un libro de basket, bienvenido sea siempre Macondo.   



Asimismo, hay cierto reflejo de que la edad hace que viejas rencillas nunca mueren. Poco generoso anda con su Némesis, el mítico y legendario Red Auerbach, alejándose del tono conciliador y emotiva dedicatoria que hizo en el anillo de 2009, cuando mostró muchísima clase en Orlando. No obstante, no deja de ser un honor para Red que todo un ganador como el discípulo aventajado de Red Holzman tenga que seguir comparándose y buscando ventaja de un entrenador que reinventó el significado de franquicia en los 60. Tampoco salen mucho mejor parados los San Antonio Spurs, tal vez el equipo que más le ha fastidiado en toda su avasalladora carrera por su tenacidad y resistencia a caer ante presupuestos mayores y rivales más jóvenes.  



Como fuere, estamos ante una obra muy recomendable y que hará las delicias de los aficionados, no solamente de los seguidores de Chicago y LA, sino de cualquier gourmet de la NBA en general. Por ejemplo, el público hispano podrá disfrutar de los detallados párrafos que dedica a una figura como Pau Gasol, quien sale más que bien parado bajo el ojo clínico de uno de los más ácidos y agudos observadores de la pista. También son honrados algunos viejos enemigos que le dieron quebraderos de cabeza (Chris Webber, Stockton, Karl Malone, Sheed, Ray Allen, Pierce, Garnett, etc.). 



No pueden jactarse de lo mismo en el estamento arbitral. La famosa (más que nada es célebre porque ni siquiera le tocó) falta de Pippen a Hubert Davis en el quinto encuentro de la primera temporada post-Jordan en el Madison Square Garden tiene su lugar, así como sus quejas a la dureza permitida a los temibles Bad Boys de Detroit o las facilidades arbitrales a Nowitzki en las semifinales del Oeste de 2011 (en este caso, sin que sirva de precedente, facilidades que debió ver en un universo paralelo, pues por más que se revisen los vídeos, aquello fue un paseo triunfal de ala-pívot alemán en ataque). Nulas menciones a expulsiones de Sabonis, arrollamiento a Steve Smith o gore arbitral con Sacramento en el sexto partido de 2002... Son cosas del Zen y es que, incluso en la rendida prensa de la Gran Manzana, la cual le adora con merecimiento, se granjeó el mote de El Quejica cuando las series no iban al ritmo que él marcaba (en su descargo, afirmar que en la mayoría de las ocasiones, las series iban al estilo que él había dictaminado).    



Y es que uno no puede comulgar con todo, ni siquiera con uno de de los grandes sacerdotes paganos bajo tableros, un tipo genial e irrepetible. Aquel jugador de hogar conservador en Montana, con aquellas gafotas de Clark Kent, supo hacer un viaje interior, alucinógeno y deportivo que lo llevó a la imponente figura que es reconocible por cualquier persona que sea buena aficionada a esta droga adictiva que se llama baloncesto. Conocen la silueta, barba blanca, gafas elegantes y discretas, vestido con mucho gusto y con esos anillos de confianza y soberbia. Su silbido hace que algunos de los astros más importantes del basket se giren con expresión obediente: ¿Su nombre? Jackson, Phil Jackson. El Maestro Zen. 





lunes, junio 30

Han sido dos instantes que lo cambiaron todo. El maestro Woody Allen ya lo había advertido en Match Point, al final, buena parte del guión se resuelve porque una pelotita entre a tu lado o en el contrario. Huertas y Lampe lo saben. Pamesa y Madrid también. El Barcelona ha logrado una de sus ligas más accidentadas, un equipo que ha sabido reconstruirse de una dolorosa derrota en la F4 de Milán. Una lucha de supervivencia y guerras extrañas. 



El Barça recordó a los escépticos (uno que escribe incluido) que no se llega a ocho finales ACB de forma gratuita. Han sido años guerreando en canchas duras como las canarias, batallando con Unicaja, el poderoso Tau/Caja Laboral, el renovado Real Madrid de los últimos años, etc. Con todos ha ganado y perdido, pero ya nadie puede dudar de la hegemonía culé de casi una década en el campeonato doméstico. Este año descendieron a una tercera plaza que le garantizaba tener muchos problemas para disfrutar de opciones de ventaja de campo en semifinal y última ronda. 



No obstante, lo han superado, no sin apuros. Igual que el año anterior, el conjunto azulgrana empezó a coger carrendilla cuando comenzó la Copa del Rey. Un triplazo de Sergio Llull le alejó del título, pero la imagen fue buena. Confirmó su excelente defensa en Euroliga, justo hasta aquel viernes donde los merengues destaparon sus vergüenzas ante todo un continente. La recuperación psicológica ha sido increíble, junto con el valiente Unicaja de Joan Plaza, pocos se han atrevido a hincar el diente a los súper-líderes con el descaro que hemos visto en estos cuatro encuentros. 



De cualquier modo, el discurso pudo variar mucho si Lampe no hubiera decidido anotar sus únicos tres puntos en el momento oportuno. Estaba abierto y esquinado. La defensa madridista vigilaba a Navarro y el posible rebote ofensivo. Aunque no ha sido el de Baskonia, el polaco tuvo la confianza y el descaro que se presupone a estos niveles, mas no siempre se tienen. El esférico entró y acaba un último cuarto donde los visitantes rozaron volver a su feudo en la capital para voltear una serie tensa y que empezó con mal pie...


El líder de la temporada regular nos había deslumbrado a todos. Tanteos altos, velocidad, mates, espectáculo, un Felipe Reyes rejuvenecido, Mirotic a niveles NBA... Ha sido un año con meses extraordinarios para un proyecto que pareció confirmarse cuando sobrevivió a su test más duro del año, el poderoso Olympiacos de Spanoulis. Se colaron los guerreros de Tel Aviv con todo merecimiento para privar a los campeones del torneo del KO español de su segunda corona en el mismo año. Quedaba la Liga, pero el Madrid no era ya el mismo conjunto que aterraba a sus adversarios y provocaba el murmullo de asombro de los aficionados rivales. 



Anto Tomic lo entendió mejor que nadie. Era el único que no tenía campeonato habiendo militado en ambas escuadras. Muchos le señalaban de talento indolente, que Florentino Pérez y cía lo dejaron escapar porque no rendía en los minutos de la verdad. Tomó una dulce revancha en aquella noche donde superó a rocas como Bourousis. El Barcelona se tiró a la yugular de los locales para robar el factor campo y, apagones incluidos, no le pudo salir mejor. La sangre fría en los tiros libres les permitió sobrevivir a las acometidas de Rudy Fernández, la sapiencia de Sergio Rodríguez en la dirección y una afición que ha creído siempre en un equipo que los ha malacostumbrado durante casi un año. 




Un golpe en la mesa que sacó los peor de Pablo Laso. Las críticas al arbitraje desconcertaron por tempraneras y marcaban una diferencia con la anterior final. En ella, los culés empezaron a desquiciarse por la famosa jugada de Sada, la cual tenía una muy difícil señalización para los jueces. Ahora, fueron sus rivales quienes empezaron a cuestionarlo todo y era una vía en la que el Barcelona podía hacerse fuerte. Comenzaron a pensar en los partidos del Palau como una ventaja única. 



El segundo día en la Caja Mágica trajo la mejor versión del conjunto de los récords. Estuvieron los de siempre (Rudy, Felipe, etc.), mas la sorpresa fue Salah Meri, convertido en un bastión, líder espiritual y termómetro de los suyos. Un rico caudal defensivo que igualó la serie, aunque los blaugrana no cometieron el error de dejarse llevar. Cayeron dignamente, no podía repetirse aquella jornada en Italia. Unos y otros tenían motivos para ser optimistas en una campaña que había sido muy larga. 



El tercer duelo tuvo un mensaje de advertencia. Lo intuyó Iturriaga, madridista, comentarista y veterano de olfato fino, Juan Carlos Navarro dejó dos o tres detalles para la galería. El legendario escolta ha tenido un año de muchas molestias físicas y perdida de importancia (es decir, antes era dios en la cancha y ahora es un excelente jugador, pues hablamos de un deportista con una calidad pocas veces vista). Nada de eso se notó ante un Madrid distraído, con Laso recientemente operado, muchas quejas ajenas a la cancha y sin intuir la vendetta que sus anfitriones estaban gestando. 



Fue una avalancha de triples. Un castigo que Darden y compañía están acostumbrados a infligir, no a recibir. La Bomba fue la punta de lanza, pero todos brillaron. El juego coral arrasó al vigente campeón y desnudó carencias que no sabíamos que los blancos tenían. O, quizás, únicamente los del Regal supieron aprovechar el cansancio físico y psicológico mostrado por una escuadra que nos hizo soñar muchas veces este año a los amantes del basket. En especial, tras su estancia en la Lombardía, Mirotic no ha sido el que era. Tiempo y juventud tiene para aprender de este extraño año, donde ha dado lo mejor y lo peor.  




Tenían un match-point y Oleson y cía quisieron aprovecharlo. Laso expulsado por airadas protestas y algún palmeo de Tomic que hacía levantarse a una banca local sobre-excitada. Como fuere, los visitantes sacaron su orgullo, el rápido baloncesto de contras que les hizo los ogros de todos los campeonatos que disputaron. El Chacho, Fernández y toda la caballería blanca se lanzaron a remontar el encuentro. El Barcelona se encomendó, como tantas otras veces, a Navarro. Por una vez, el genio no encontró el camino, vallado por una defensa inteligente y la amenaza de las rápidas respuestas de las alas blancas. Y así sí salieron, de justicia es reconocerlo, las primeras polémicas arbitrales de un partido tenso. 



Las anti-deportivas de los vigentes campeones fueron rigurosas como poco. El juego interior visitante fue muy castigado, justo cuando los culés también apretaron los dientes. Simples faltas personales hubieran bastado y en lado y en otro, en un encuentro apretado y donde los dos archi-rivales necesitaban cada punto que pudieran obtener legítimamente. Hubo un criterio casero que deslució la remontada merengue; curiosamente, sin Laso, quien había recurrido a ellos como uno de los pocos argumentos en una atípica final donde estuvo sin ideas, al fin surgía el espectro de las decisiones. 




También hubo errores propios. Dos triples que normalmente hubieran entrado y permitieron a los futuros campeones encontrar a un Lampe que hizo enloquecer a una escuadra orgullosa, pero que no debe engañarse a sí misma. Xavi Pascual afirmó que habían perdido un título en el último segundo; otro, por una mala noche y que habían mejorado mucho en la Liga. Un diagnóstico acertado, salvo por la Euroliga. No fue una derrota. Se trató de un correctivo inesperado (con el Madrid se puede perder siempre porque es un gran oponente, pero nunca regalarle el billete) y que mostró el abismo de sensaciones entre unos y otros. 




La plantilla de la Ciudad Condal precisa de remodelaciones. Dorsey es un defensor excelente, pero como le pasaba en Grecia, quiere un protagonismo anotador que, de momento, no le corresponde. Lorbek ha sido un excelente fichaje, aunque sus dos últimas campañas han sido decepcionantes para las expectativas depositadas. Solamente Abrines sale realmente reforzado, junto con un Tomic que pudo y hubiera merecido ser MVP. Navarro siempre estará allí, tan grande como Epi, Messi o el icono culé que quieran colocarle,  aunque, pese a que quizás el genio no quiere verlo (¿cómo culparle?), el reloj empieza a correr en su contra y sería sano que empezase a limitar sus minutos en la cancha para los partidos y minutos decisivos. 




Xavi Pascual y su eficaz y profesional cuerpo técnico también deberían hacerse interrogantes. Su Barcelona ha sido un modelo de competitividad, mas no siempre de buen juego (sobre todo, teniendo en cuenta la calidad de las plantillas ofertadas). Han sido apuestas como la del Madrid la que ha congregado más gente al televisor. Son muchos años disfrutando de un entrenador excelso como pocos en sus sistemas, si bien se detectan agotamientos de unos y otros. El Barça lleva en préstamo mucho tiempo de su orgullo de campeón, pero otro verano sin amarse con seriedad y oficio se antoja una auténtica prueba de debilitamiento de un bloque orgulloso y algo caduco. 




El Madrid es asimismo un subcampeón extraño. Pocos equipos acabarían enfadados tras competir en todos los frentes. Las expectativas por su primer cuatrimestre eran altas hasta límites de vértigo y ahí su desgracia. Laso se desmontó de su impropio discurso y acudió, pese a la molesta y provisional silla de ruedas, a felicitar a su colega en el vestuario. Fue un bonito gesto de dos estrategas. A sus discípulos solamente les ha faltado un poco más de físico, suerte y frescura en la hora de la verdad. Costará mucho en la parroquia blanca, pero su mejor aliado sería la paciencia. Está la promesa y amenaza de Madrid 2015; la obsesión puede matar deportivamente a uno de los proyectos más atractivos de la naciente década; la ilusión, puede llevarlos a coronar tres años de basket de quilates. 



Fue el año donde el Madrid hizo un curso deslumbrante en fase regular, cuando dos equipos españoles llegaron a la F4, donde el Pamesa de Perasovic llamó a la élite de Europa, la 18 Liga culé, el MVP de Navarro, la venganza deportiva de Tomic, los highlights de Rudy y Sergio... y, obviamente, ese triple de Lampe. 
lunes, junio 23

Juan Carlos Valerón lo sabía. Había estado en muchas guerras. El extraordinario veterano, internacional con España y símbolo de un Depor eterno, pedía calma al sector más encendido por su afición. El conjunto canario se disputaba un año de trabajo bien hecho, la eliminatoria contra el Sporting y una intensa disputa por la ansiada última plaza que daba a la primera división española. "Hasta que no pasa el último cura, la procesión no acaba", palabra del añorado Manolo Preciado, pocas veces tuvo más fundamento que ayer. 



Entonces ocurrió. Un gol de Dávila para poner carpetazo a 42 años de espera. El Córdoba había evolucionado desde el conjunto que se encontró con un Valladolid superior la pasada edición de playoffs. Saber competir sería el resumen. Ha sido un año raro en el Arcángel, séptima plaza, metiéndose a última hora, pero en una clara línea ascendente. Hasta el último segundo, la antigua capital del califato creyó que era posible. 



Desde la época en que el elegante y poco acelerado Del Bosque regalaba su clase antes de volver al Madrid, no se veía la ciudad en una de estas. "El Chapi" Ferrer sonrió y se tiró al césped. Lo había vivido en Barcelona y Chelsea, aunque nunca ha parecido tan complacido, probablemente por la dificultad de la empresa. Posteriormente, en rueda de prensa, felicitó a la isla de las Palmas, fácil comprender su dolor teniéndolo tan cerca. "Hoy nos ha tocado a nosotros". El antiguo compañero de batallas en el lateral con Sergi, deseó que su adversario volviera a Primera el año siguiente. Un señor. 


Y es que a nadie le hubiera extrañado que le hubiera salido cruz al conjunto de negro. Un viejo rockero como Raúl Bravo había salvado un casi imparable segundo gol que hubiera sido la estocada definitiva. Salió Xisco buscando ese oportunismo que siempre tiene. Los jugadores arriesgaban amarillas, mientras el reloj corría a favor de los amarillos, quienes empezaron a acariciarlo. Pero quedaba ese minuto y media, los visitantes salieron a por todas y ese pequeño sector minoritario de la afición canaria (ejemplar en su mayoría) privó de una concentración muy valiosa a sus jugadores y colegas de abono. 




Entonces llegó y Córdoba enloqueció, las Tendillas se convirtieron en el centro de algo que puede ser un soplo de aire fresco para una crisis, la cual no era solamente deportiva. Hostelería, hoteles, oferta turística... Es el momento, tener un equipo en la liga BBVA puede ser una inyección económica y moral que no puede desperdiciarse. Las caras fueron lo opuesto a lo vivido en la elección a la capitalidad cultural del año 2016. Ya tocaba, no podía haber sido mejor, un tanto sobre la bocina, como quien dice... 



Hoy las calles reciben al autobús, incluso en Barcelona y Madrid (donde ya no solamente está el Real, sino los indios del Cholo) se han enterado de la que se va a formar. Con cabeza y discernimiento, es momento de dejarse arrastrar por cierta locura, es una oportunidad entre un millón, una licencia para soñar. Basta recordar lo que significó la visita del Barcelona en la Copa del Rey para que muchos se froten las manos pensando en lo que va a ser ese estadio para la campaña 2014/15. 


Lo celebraron en el vestuario, pensando en la fiesta que los esperaba. Ferrer sonreía. Son un grupo. Los cogió a mitad de temporada y vio que había pocas cabezas salientes, que todos iban a uno. Imaginar era gratis y, tras una dificilísima serie con Murcia, resuelta tan bien a cara o cruz, el bloque lo había logrado. Lograrlo en campo contrario agrandaba la hazaña. 



Hoy han logrado los focos en prensa, telediarios y radios, han puesto a su tierra en el mapa y, seamos más futboleros o no, únicamente se pueden dar las gracias. 



Paco Jémez y los ilustres predecesores del Chapi pueden sonreír tranquilos... logró completado. 42 años no son nada, hubiera dicho Gardel.

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