lunes, octubre 20

No es su momento aún y lo sabe. Hubo destellos en la Supercopa, algún puño apretado, ofrecerse en la esquina para clavar dagas de tres. Sin embargo, Andrés Nocioni es el primero en comprender que su partitura es muy diferente en el Real Madrid a la de sus otros equipos. A pesar de ello, si bien pasará un período de adaptación, el ala-pívot argentino es un falso novato en la entidad blanca, se puede tratar de uno de los factores decisivos de muchos sueños para los de Pablo Laso, entrenador aplaudido por su juego y bajo la sombra de la sospecha por las dos últimas finales perdidas ante Maccabi y Barcelona. 




Su fichaje llegó cuando muchos pensábamos que en España únicamente jugaría para el Baskonia. Allí lo ha sido todo. Junto con la camada albiceleste comprada buena, bonita y barata (Luis Scola, Fabricio Oberto y Pablo Prigioni), un soldado que aprendió disciplina para controlar su emotividad a las órdenes del entrenador más lacedemonio que conoció la ACB, Dusko Ivanovic, Andrés fue uno de los culpables de que los vitorianos tuteasen a los grandes de Europa. Ahora, "El Chapu" (apodado así por una de las creaciones más entrañables del genio Roberto Bolaños, alias Chespirito) debe hacer de hermano mayor, la parroquia merengue confía en que sea el guía de Campazzo, otro de los grandes fichajes del verano para el campeonato español. 




Muchos culés arqueamos la ceja. No es buena noticia que un tipo así ande en el vestuario de uno de los rivales por excelencia de los blaugrana. Ya nos hizo correr un sudor frío por la frente los rumores de Pete Mickeal volviendo de sus problemas de salud para ayudar a los Rudy y compañía por su asalto a la F4. Es allí donde se necesita a los viejos guerreros, esa línea de infantería que espera en calma en los momentos más infernales. Precisamente Pete Mickeal es uno de los pocos que cuestiona a Nocioni el título del extranjero más competitivo que nunca piso la península. Cuando supo de sus problemas de salud, Andrés no dudó en desearle una pronta recuperación a uno de los oponentes con los que más trompadas se había dado bajo tableros: "Qué lindas batallas". Los postes bajos catalanes y baskonistas pueden dar fe de ese choque de trenes, arañazos, codos y miradas rabiosas a los árbitros. Todos por ganar. 


La espalda pidió reposo en el primer compás de Euroliga. Los médicos respiran tranquilos porque no parece grave, de hecho, el Madrid acabó imponiéndose a uno de los clásicos del campeonato, el Zalgiris de Kaunas. No obstante, son cosas a las que no se acostumbra a un tipo que se fue de la NBA tras brillar en Chicago por el desmantelamiento de un proyecto deportivo muy interesante, y el traspaso a unos Sacramento Kings de capa caída. "Si Chicago acabó siendo una banda, Sacramento era dos bandas"




Tampoco cuajó la cosa en los Sixers, pero el legado ya estaba hecho. Por supuesto, por lo mostrado en la Ciudad del Viento, pero, aún más, por aquellos Juegos Olímpicos de 2004 en Atenas. "Creo que Andrés Nocioni es el jugador más duro de este torneo". La frase es del legendario Doug Collins durante las semifinales en las que que nuestro protagonista y la generación dorada hicieron tambalearse al mundo tras derrotar al Dream Team de Duncan e Iverson. No el más alto, fuerte o rápido. El más duro. Algo de eso hay en uno de los buques insignias de uno de los conjuntos más honorables que recuerda el Viejo Continente: el Tau Cerámica. 




Ya lo ha advertido a navegantes, siente que el club que deja le debe muchísimo, y que él asimismo tiene una deuda impagable con la institución. Allí dio el salto de calidad definitivo y creció en todos los sentidos. Mucho ha cambiado y hay tiros para ello (semifinales de Saitama, aquel TOP 16 en Moscú, pero "El Chapu" no es de los que se esconden, sino que pone la fotografía en la taquilla para recordar lo que pudo ser y terminará llegando); después de aquellas dolorosas derrotas, vino ese bronce en China, donde jugó con un hombro hecho trizas y tirándose a por el esférico cómo si fuera un alevín. 



Una vida de soldado como Alatriste, ambos alistados desde los trece años. Los nombres de los rivales con los que ha intercambiado caricias lo dicen todo: Kobe Bryant, Pete Mickeal, Dejan Bodiroga, Khryapa, Antonio Mc Dyess y un distinguido etcétera de compañeros de fatigas. Un mate sobre Kevin Garnett y otras postales inolvidables para uno de los individuos más carismáticos que han pasado por una liga que siempre pagaría por tener a un hombre como Nocioni en activo. 



1´5 millones y dos años en el candidato favorito de las casas de apuestas para la F4 que se celebrará en la capital de España. Aunque él se venda como un obrero, ya desearíamos que los esforzados trabajadores pudieran ser remunerados de esa manera por su sudor. Sin embargo, hay también dudas en este caballo ganador (la edad, fatiga y riesgo de lesiones en el momento más importante del año). 



No obstante, si el argentino sigue en pie cuando la Euroliga (la única gran copa que falta en su brillante CV) esté en el último baile del año, el proyecto de Laso y los suyos estarán mucho más cerca de conseguir sus ambiciones. 



lunes, octubre 13

El tiempo suele poner las cosas en su lugar. La reciente decepción del mundial masculino de 2014, celebrado en España, hacía ser muy cautos a los analistas y aficionados, cara a la sección femenina que competiría en Turquía. Las tierras otomanas era un reto, a pesar de los buenos resultados de este combinado en el pasado más reciente. Muchos hablaban de la anfitriona y había otras candidatas a competir el podio a las todopoderosas estadounidenses, quienes volvían a llevar el equipo más competitivo de cuantos desembarcaron.  




Sancho Lyttle, Anna Cruz y la ilustre compañía eran los argumentos de Lucas Mondelo, quien ha sabido exprimir con su cuerpo técnico las posibilidades de un bloque que ha sido eso, una escuadra sin fisuras y que ha peleado cada posesión de las que ha dispuesto. Hubo también momentos de individualidades excelsas, como la de Alba Torrens, hacedora de 28 puntos el día D y la hora H, es decir, en el tenso pulso vivido con las turcas, una de las grandes candidatas a la final, invictas hasta toparse con las españolas en semis. 




En definitiva, un torneo muy serio, como se notó en el segundo partido de la fase de grupos. El quinteto clásico (Palau, Xargay, Torrens, Nicholls y Lyttle) no dio ninguna concesión a una Brasil herida y peligrosa, la cual contaba con varias miembros de la prestigioso WNBA. A pesar de un primer cuarto con muchos vaivenes, el triunfo acabó cayendo del esfuerzo colectivo una victoria que permitió ir sin excesivos apuros a la República Checa. 


Lo mejor de la evolución y la andadura fue la falta de presión y savoir faire de unas mujeres sabias, como hubiera dicho Molière, quienes siempre fueron de menos a más. El acceso directo a cuartos de final se cotizaba caro, muchos señalaban a Checoslovaquia como el gallito del grupo, pero, nuevamente, quizá el partido más brutal de Sancho Lyttle, quien marcó el rumbo de un segundo cuarto decisivo, donde las españolas pusieran tierra de por medio ante uno de los mejores oponentes que se encontraron en su andadura del torneo. 



Una recompensa que se ha visto en el quinteto ideal que se terminó eligiendo, donde Alba Torrens y Sancho Lyttle compartieron honor con dos de sus rivales por el oro (las espléndidas Maya Moore, quien fue elegida MVP en Turquía, y Brittney Griner), además de la jugadora más eficaz de la siempre candidata Australia, Penny Taylor. Un sabor de boca inmejorable, si bien, hemos vuelto, igual que ocurrió en el basket masculino, a volver a sufrir el surgimiento de la bestia negra del basket: Estados Unidos. 




Un nuevo oro para un todoterreno que se mostró intratable desde el principio al final. Mondelo y su pizarra hicieron lo que pudieron para mimizar a Taurasi y sus compinches, pero USA combinó disciplina, calidad técnica y fuerza. Es la gran diferencia. Hay jugadoras que pueden igualarlas en mecánica de tiro, talento o conocimiento táctico. También hay otras que tienen envergadura y físico para sostenerse con ellas en defensas. Pero las primeras no son tan fuertes y la segundas no tienen la explosividad de movimiento de las norteamericanas. 



España intentó dar la cara en todo momento, incluso en algún pique y face to face que no fue más allá, pero es imposible, de momento, negar la superioridad que están exhibiendo las dos factorías de la NBA. Quedará la dignidad mostrada en el tercer cuarto, ya que el combinado hispano no pecó de falta de esfuerzo, si bien, los malos porcentajes de tiro nos condenaron ante un equipo que es el que mejor castigado los errores de los adversarios. 




Una plata que cae como agua de mayo en la Federación Española, en unos meses donde se está cuestionando buena parte del organigrama y los modelos de gestión deportiva. 2014 puede expirar con una gran serie de dudas baloncestísticas, no solamente en España. Buena parte de los combinados europeos deberían analizar la situación, tras el esfuerzo increíble que permitió toser a la potencia del otro lado del Atlántico, los Dream Teams masculinos y femeninos han vuelto a ser la apisonadora que solían. 



Por fortuna, con jugadoras como Silvia Domínguez, Rodríguez o Xargay, tenemos la agradable sensación de estar en la línea correcta. 





lunes, octubre 6
Aquel tipo fuerte y callado




Los Boston Celtics, presididos por Walter Brown, eran una de las primigenias franquicias de la liga que sería reconocida como la hacedora del mejor basket del mundo. Sin embargo, a pesar de contar con nombres como Ed "Easy" Macauley, pívot de mano prodigiosa, y un prestidigitador de las canchas de la talla de Bob Cousy (cuyo fichaje había sido milagroso y fruto del más puro azar, como bien analizaron Juan Francisco Escudero y Antonio Rodríguez en su estudio sobre los orgullosos verdes), el equipo del estado de Massachusetts seguía sin tener fortuna en las rondas por el título, estando un escalón por debajo de los primeros campeones NBA.  




Corría el año de 1956. Los ojeadores y las comunicaciones no brindan aún detallada información sobre los proyectos de jugadores. Arnold "Red" Auerbach leía artículos de New York, donde se hablaba de un pívot atlético, quien alternaba su carrera deportiva con el sueño de ser arquitecto, sacando libros en las bibliotecas públicas acerca de sus artistas más admirados. Se rumoreaba de que los Globetrotters le habían llegado a ofrecer 50000 dólares por conseguir sus servicios, aunque el muchacho se había mostrado reacio, pues no satisfacía su competitividad el tipo de baloncesto que exhibían. 



Su nombre era Bill Russell, un reboteador nato y que había cogido gran cantidad de rechaces en la universidad de San Francisco. De cualquier modo, era una trayectoria extraña. Apenas 1 año jugando en el instituto, así como un cuasi nulo olfato para el ataque. La Gran Manzana no se dejó impresionar por el muchacho, quien solamente ganó fama como taponador. Sin embargo, Auerbach mantuvo interesantes conversaciones con un viejo mentor, Bill Reinhardt. Amigos personajes desde su época en Washington, Reinhardt animaba a Red a investigar sobre el novato, el cual, según su instinto, iba a cambiar las reglas del juego. 



La maquinaria desplegada para hacerse con sus servicios no fue fácil, confabulaciones y tratos para hacerse con la segunda ronda del draft que les garantizase sus derechos. En aquellos días, Macauley, uno de los mejores jugadores de Boston, estaba más próximo a St. Louis, debido a la enfermedad de su hijo, por lo que su posible salida podía significar un traspaso que permitiera obtener aquellos derechos. Finalmente, pactando con Rochester, Russell acabaría en el lugar donde se convertiría en una leyenda universal del deporte.


Su debut fue frente a Atlanta, uno de los gallitos de la Liga. Allí jugaba Bob Pettit, uno de los mejores físicos de aquel juego incipiente. Russell lideró a sus compañeros a su manera. Más que un anotador, se dedicó a pegarse a Pettit, logrando taponar hasta en tres ocasiones al monstruoso adversario. Bill Sharman selló aquel apretado encuentro con un disparo. A Russell no le importaba que otros se llevarán la gloria, él era un caudillo de las trincheras. Troya había tenido a Héctor, el Barcelona tendría a Carles Puyol, a partir de entonces, Boston tuvo a Bill. 




"Si intento taponar todos los tiros, estaría muerto. Sin embargo, debo conseguir que el rival piense que puedo bloquear cada uno de sus lanzamientos". El código de batalla de un general feroz, un hombre que hablaría, décadas después, del dragón que formaba con sus compañeros cuando los agrupaba para ir al banquillo, mientras celebraban una jugada. Igual que quien vea los vídeos del Cholo Simeone con Argentina o el Atlético de Madrid en su etapa de jugador. ¿El interlocutor de aquella conversación? Un tal Kevin Garnett. De casta le viene al galgo. 




Un titán que empezó a convertir a los verdes en el rival aparte. El Garden se convirtió en una jungla, donde tramposos duendes usaban sus maderas para sacar ilícita ventaja de sus rivales, pues ellos no sabían dónde se desviaba el bote. El único problema es que Cousy la pasaba tan bien que podía romper las narices de sus propios compañeros, quienes no contaban con qué apareciese el balón entre un mar de brazos. 




Solamente hacía falta una guinda del pastel. Se necesitaba un rival, y el destino conspiró para que fuera nada menos que Wilt Chamberlain, el hombre de los récords, Shaquille O´Neal antes de tiempo, capaz de anotar 100 puntos. Red Auerbach, quien no regalaba caramelos cuando hablaba de los rivales, no dudaba en describir a su pívot más temido (tanto en Philly como Los Ángeles) como: "El espécimen físico más increíble que conocí". De cualquier modo, el legendario Wilt encontró la horma de su zapato en Russell y sus legionarios irlandeses, una maquinaria experta en mimizar a los mejores. 


Todo valía en la lucha de la pintura. Russell empleaba todas las artimañas de las que era capaz para enfrentarse a su amigo-Némesis, pequeños toquecitos que iban provocando que Chamberlain se moviese en guarismos menos impresionantes que los acostumbrados. Anotadores como Sam Jones eran expertos en sacar de sus casillas al gran Wilt, buscando desconcentrar al astro con su trash talking. "A todos los que me dicen perdedor por haber perdido contra ellos, me gustaría recordarles que, entonces, toda la NBA éramos unos perdedores. Porque nadie podía vencerles"




En realidad, Chamberlain consiguió batir a sus antagonistas en variadas ocasiones, aunque es cierto y, esa sinceridad le enaltece, sorprende la cantidad de victorias alcanzadas por los muchachos de Boston, quienes hicieron encender muchos puros de la victoria a Red Auerbach, provocador nato, capaz de ensarzarse a tortazo limpio con el presidente de Atlante por discutir la altura de las canastas. No obstante, el otro aludido restaba fuego al asunto cuando le preguntaron años después: "Lo único que importaba de Red es que podía iluminar una cancha con su sola presencia"



Un gran entrenador, una afición entregada, misticismo, trabajo en equipo, jóvenes talentos como Don Nelson, corredores incombustibles como John Havlicek y, por supuesto, aquella figura barbada y con el dorsal 6. Bill comandaba una defensa que se hizo la dueña del don del ejército de Atila, ser capaz de amedrentar al adversario antes de empezar la batalla, creando una atmósfera de inquietud. No es tan recordado el hecho de que hubo una época en que el mito no era tan querido. 




Desde su Monroe natal, Russell sabía lo que era el racismo. Se trataba de una época distinta, un tiempo de ciudadanos de primera y segunda clase. El color de una piel podía determinar el asiento de un autobús o el tratamiento de usted. Era un período donde aquellos gladiadores que recibían aplausos del público debían de dormir en moteles diferentes al de sus compañeros blancos. Una lección que todo un país debía aprender. Aunque hoy tenga el estatus de leyenda y embajador de los aros, el gran Bill era uno más en compartir uno de los criterios de discriminación más vergonzosos que recordamos. 



Sin embargo, Boston y él fueron forjando un idilio que se consolidó tras una gran derrota. El posible segundo título de los orgullosos verdes se truncó en seis partidos, merced a la competitividad de Atlanta y un Pettit en estado de gracia. Russell jugó el último encuentro con graves molestias en el tobillo. Un fracaso duro ante un rival superior. La piedra angular que llevó a los Celtics a prometerse que no volverían a pasar por ese trago en un buen tiempo. John Kundla, entrenador de los Lakers, recordaría a aquel pívot número 6 que desarmó psicológicamente a sus muchachos en un contundente 4-0. Los compinches del capitán (KCJones, Tom Heinsohn y un distinguido y victorioso etc.) iniciaban una racha de 8 títulos ininterrumpidos. 




Una sucesión de anillos aterradora, más que suficiente para satisfacer el apetito más insaciable de triunfos. Con Red ya en los despachos, Russell recibió otro encargo pionero, entrenar a sus antiguos amigos, un reto nada fácil. Menos aún siendo negro, ¿un entrenador de la NBA con ese color de piel? Ni en sueños, decían los más atávicos y cavernarios. El viejo guerrero avisaba a navegantes: "Red no me ha dado el puesto por ser negro. Él sabe que puedo hacerlo"




Y así fue, Una honorable derrota en las finales del Este ante Chamberlain no fue su canto de cisne. Se tragó su orgullo para felicitar a su admirado enemigo, mientras se prometía que volvería a llevar a los suyos a la gloria, ya sin el gurú Auerbach fumando en la banda. Con 35 años, Russell diseñó una temporada difícil y sin ventaja de campo, administrando las piernas de sus viejos pretorianos. Sabía que se podían perder batallas, pero la guerra era en junio. La transformación céltica pasó a los anales, sorprendiendo a equipos teóricamente superiores como Knicks y Sixers. El primer partido de postemporada fue liderado por el 6 en los tapones. Desde entonces, nadie miró atrás. 




Todo llevó a aquel desenlace milagroso. El año en que Jerry West fue el primer MVP de unas Finales del equipo perdedor. De aquel séptimo donde uno de los mejores conjuntos angelinos que se recuerdan (con gente como Elgin Baylor o Chamberlain en sus filas) vio cómo un equipo endemoniado lograba la machada de robar un séptimo en cancha contraria. Russell, el estudioso del juego, no podía haber pedido mejor epílogo en su trayectoria, tampoco de aquella afición y, sobre todo, sus compañeros y amigos. Lo habían vuelto a hacer. El tiro de don Nelson tocando en la paleta se coló en los anales de la cultura verde. 




"Desde entonces, sé que no puedo ir al cielo. Cualquier sitio tras compartir ese vestuario sería un paso atrás".  





Actualmente, Mr. Russell sigue siendo uno de los grandes embajadores de la canasta.





PRÓXIMA ENTRADA: Repaso del extraardinario campeonato efectuado por la selección femenina de baloncesto.