lunes, febrero 1

Fue un pase entre las piernas de los esforzados defensores. La asistencia la había dibujado un artista otomano de barba desgarbada. Recibió el balón al hueco un rosarino con el dorsal 10, quien logró driblar a Andrés Fernández, cancerbero del Granada. Gol de Lionel Messi a servicio de Arda Turan. Para una generación de espectadores, independientemente de sus colores, era algo más que un tanto en las porterías del Camp Nou. Se trataba de la confirmación de que dos jugadores especiales se habían encontrado. El turco y el argentino. El segundo no necesita presentación en el planeta fútbol, aunque el primero tampoco es un plato desconocido en los paladares más exquisitos de lo que ocurre sobre el césped. 



Hay personas que se van ganando nuestro aprecio día a día. No las valoramos con justicia hasta que caemos rendidos a la evidencia de su trabajo. Sospecho que Anna Cruz fue haciéndose imprescindible en Minnesota minuto a minuto, entrenamiento tras entrenamiento, defiendo a la mejor jugadora del equipo rival. El propio Messi o Andrés Iniesta fueron muchachos de perfil tímido y discreto en sus comienzos en La Masia, hasta que revelaron al resto de compañeros y entrenadores que eran de otro planeta. Sin embargo, ni mejores ni peores que los anteriores, hay quienes parece que cuando entran en un vestuario lo hacen con licencia para ser protagonistas, no hace falta verlos en acción para saber que pertenecen a la casta de los denominados jugones, Andrés Montes dixit.



Cinta en el pelo, tatuaje de dioses egipcios en el brazo y barba de guardia de élite de Saladino, Rasheed Wallace no necesitó ni cinco segundos para que la grada del Palace le vitorease antes de meter siquiera su primer tiro con los Pistons. Fernando Martín dejó claro en su primer viaje al aeropuerto con el primer equipo del Madrid del baloncesto que él no era un novato al uso en esa plantilla. No hacía falta que dijera más, su expresión lo decía a todo. Puede que no tengamos ni idea de fútbol pero Arda Turan hubiera sido el vecino al que hubiéramos elegido primero en el equipo del barrio nada más verlo llegar sonriendo y regateando por las calles de Bayrampasa.  



Un futbolista distinto, de pellizco y de arte. Capaces de lo mejor y de lo peor. De los que tardan poco en meterse a la afición en el bolsillo y ganarse la buena onda con sus compañeros. Lo exhibió con Neymar el pasado sábado, cuando la plantilla dirigida por Luis Enrique celebró el cumpleaños número 29 de Arda. Lo dijo su antiguo entrenador, Diego Pablo Simeone, se alegraba mucho por él, haber llegado hasta la Ciudad Condal para jugar con su ídolo (Iniesta) y al que Turan considera el mejor de todos, Messi, habla de lo bien que lo ha hecho. Cavafis advertía que lo importante era que el retorno a Ítaca estuviera repleto de aventuras, así lo ha sido en el caso de nuestro personaje de hoy.  



Juan E. Rodríguez Garrido lo tradujo al castellano en una deliciosa biografía. Existe el ardaturanismo, un fenómeno que ya se daba en sus intervenciones con la selección de Turquía (aquella mítica Eurocopa de locura), el Galatasaray y, por supuesto, el Atlético de Madrid. Su visita en la Europa League como rival no hacía presagiar la bonita historia que la afición del Manzanares y su nuevo dorsal 10. Fueron años donde los colchoneros se acostumbraron pronto a un tipo sencillo en sus maneras y especial en su estilo, alguien que justificaba su mutismo en lengua castellana porque el traductor que había contratado la institución merecía continuar haciendo muy bien su empleo. 



Parafraseando a Garrido, aquellos fueron años de magia y pasión. Tras Gregorio Manzano (quien siempre habló maravillas del turco), llegó el Cholo. Cuesta pensar un perfil que encajase peor, sobre el papel, en los esquema de Simeone que un artista con tendencia a ser intermitente, anárquico y genial. "Me voy a dejar el corazón", le dijo en una ocasión el interesado a su nuevo jefe. Y lo cumplió. Desde entonces, aquello fue una alianza casi perfecta. Alfredo Relaño afirmaba que Turan cumplió con honor la función de ser el toque de distinción en una escuadra acostumbrada a correr con orden y pelear cada posesión. 



La grada rojiblanca tardó muy poco en convertir al fichaje en uno de los suyos, un goodfella de la camada del barrio de infancia de Martin Scorsese. En la capital española fue feliz y dejó detalles maravillosos. Su tanto en el Bernabéu tras dejada de Raúl García, la exhibición en Stamford Bridge, el tanto a la Juventus cuando se complicaba la clasificación del Atlético para la segunda ronda de Champions. Su sociedad con Diego Costa, en aquellos años ayudó a que empezase a ser el ojito derecho incluso de los aficionados rivales. No pocos en el Nou Camp escondimos un murmullo de admiración cuando dio un pase de tacón entre las piernas de Piqué cuando era imposible sacar el balón. 



También hubo momentos triste, obviamente, aunque, como él mismo dice, si algo bueno tiene el deporte es que no se acaba el mundo tras un partido. Pero la Champions es algo especial y parece que le debe una al genio de  Bayrampasa. Vio Lisboa de paisano, aquel intenso duelo donde un impresionante vuelo de Sergio Ramos cortó el sueño de alzar aquella Orejona que no veían tan cerca desde que el gran Luis Aragonés lanzaba los golpes francos. La mejor Copa de Europa firmada por Arda y los suyos tuvo el final más agridulce. Aunque hay otro recuerdo peor, su absurda (y justa) tarjeta roja recibida en cuartos de final del pasado año. 



Él mismo pareció darse cuenta y también el lateral madridista Contrao, quien, con un gesto de clase, le pasó la mano cariñosamente por la cabeza. Turan inmoló al Atlético ante su Némesis en la ciudad de ambos, abandonó el campo con semblante abatido mientras le esperaba uno de sus compinches de aquellos días gloriosos, el Mono Burgos, la mano derecha de Simeone (la izquierda es el profe Ortega), le dio un sentido abrazo. Ahora, tendrá otra oportunidad y con Messi en sus filas. ¿Habrá revancha? El tiempo lo dirá. Lo que estaba claro es que no seguiría donde había todo un referente. A veces, el matrimonio más feliz llega a un clímax del que solo queda el declive. Arda no podía estar más agradecido al cholismo y una afición única pero, no podía seguir defendiendo a muerte en un estilo en el que él había sido un delicioso rara avis. Se fue con todos los honores y, junto con Aleix Vidal, fue el fichaje más celebrado por los culés este verano. 


Una parroquia azulgrana donde hemos agradecido que Vidal y Arda se la jugasen al estar tantos meses sin poder salir en partido oficial. Comenzó con la maratón de derbis contra el Espanyol y tanto el chileno como el turco fueron presentándose en sociedad. En el caso de Arda, destacó un pase de pillo en el nuevo San Mamés para Rakitic que sería el germen del gol de Munir para abrir la lata de los cuartos de final. La mejor noticia para Turan es que su peor día (ante un corajudo Málaga) se saldó con triunfo. Pero, si había un día especial era este pasado fin de semana, su cumpleaños y la visita de su antiguos camaradas. Dios no juega a los dados con el universo. 



Al Barça no le puede caer mal el Atlético del Cholo Simeone, más bien al contrario. Tras la decepción de perder la Liga en casa ante ellos, el Camp Nou aplaudió al conjunto que rompió la bipolaridad a la que estaba abocado el campeonato doméstico. Además, para una generación que empezamos con esto en la década de los 90 (Guardiola, Kiko, Caminero, Ronaldo, Molina...), estos duelos solían ser sinónimo de goles y espectáculo. Además, comparten competitividad extrema contra un gran oponente histórico, el Real Madrid, ese es otro lazo que une, compartir a un poderosos adversario. También lograron eliminar a Messi y Neymar de los cuartos de final de hace dos ediciones pero, de alguna forma, tras darnos de todo en el campo, suele haber respeto entre ambos púgiles. 



Eso se refleja en la actitud de Simeone ante Luis Suárez, el uruguayo que ha roto sus sistemas. Fue hace un año ante el Atleti en el mismo escenario, el día en que el tridente empezó a adquirir su mejor forma. Frente a la mejor defensa posible, Suárez-Neymar y Messi acallaron todos los rumores del entorno y lideraron al Barcelona a un triunfo 3-1. Santiago Segurola afirmó que fue el momento donde empezó a despertar la bestia de lo que luego fue un triplete. A pesar de haberle fastidiado sus tácticas defensivas, el Cholo habla maravillas de ese Big Three, lógico, Diego Pablo siempre supo mucho de eso. Tras alabar en rueda de prensa, el estratega indio sacó toda su artillería para sorprender al vigente campeón en unos 25 minutos iniciales portentosos, mientras Turan sentiría un déjà vu. 


El gol de Coke fue el justo premio a los esfuerzos visitantes. Precisamente cuando más tocado podía parecer, el Barça volvió a encontrar a su genio de la lámpara en un Messi que la puso en el único lugar donde no podía llegar Oblak (bajita, fuertemente rasa y a un extremo). Con la espadas por todo lo alto, el equipo de toque apreció la grandeza de la verticalidad para que Luis Suárez volviera a dar un clinic de lo que es ser un delantero puro (desde los días del gran Samuel Eto´o no disfrutábamos de un killer de este nivel). Entonces llegó la absurda entrada a la rodilla de Messi por parte de Filipe Luis, innecesaria desde todo punto de vista, a pocos segundos de acabar la primera parte, dejando a su escuadra con diez y poniendo en riesgo innecesario al argentino. 



Hubo un asomo de tangana, afortunadamente rápidamente silenciado. Todos los blaugranas nos sentíamos cómodos al ver que Lionel seguía en el campo sano y que el co-líder perdía un jugador. Sin embargo, el cholismo no aprecia la palabra rendición y se permitió llevar contra las cuerdas a los de Luis Enrique, pese a la desventaja numérica. Carrasco parecía un puñal y dos buenos amigos formados en la Real Sociedad, Giezmann y Claudio Bravo, congelaron el tiempo. Por una décima, parecía el empate a la heroica de unos indomables apaches. Pero el meta chileno encontró una manera milagrosa de parar con su pierna en algo que podía valer más que tres puntos, aunque todavía queda mucho campeonato. 



Después vino el error del que no se equivoca nunca. Godín entró con todo a Suárez cuando ya tenía amarilla, mientras su compatriota se alejaba de los dominios de Oblak. Game over pensamos mucho. Arda salía para conservar la posesión de pelota y aprovechar espacios. Privilegiado técnicamente, el otomano pudo marcar el tercero (salió desviado por poco) y dejó otro pase de espaldas de los suyos, pero se lo vio forzado a más errores de la cuenta por culpa de la tenacidad de una escuadra que es el bloque más duro de la Liga, quizás de Europa. Pasaron los minutos y el fuerte ante Oblak tenía la esperanza de arañar una jugada a balón parado. Lo lograron en el 44, el propio meta esloveno subió a rematar. Pasó el susto, pero pocos equipos pueden presumir de mantenerse vivos con 9 ante el campeón de Europa y jugar con sus nervios así. 



Turan se abrazó con sus antiguos compañeros y se preparó para su fiesta. Se lo ve feliz en su nuevo hogar y agradecido al antiguo, sus mejores tardes están por venir. La Liga continuaba, Messi y Suárez marcaban, el Atleti demostraba las virtudes que lo hacen un competidor nato y el turco cumplía 29 años. Felicidades, Arda, bravo Barça y, por supuesto, gracias Atleti. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.iha.com.tr/haber-arda-turan-messinin-soyledigi-bende-kalsin-525762/



http://www.goal.com/es-co/news/4582/espa%C3%B1a/2015/01/12/7917542/arda-turan-diego-simeone-es-el-mejor-entrenador-del-mundo



http://indianexpress.com/article/sports/football/atletico-madrid-bathe-in-glory-as-real-madrid-await-in-final/



http://futbol.as.com/futbol/2016/01/30/primera/1454173497_416712.html



http://www.bbc.com/sport/football/35439356



BIBLIOGRAFÍA:



RODRÍGUEZ GARRIDO, J. E., Arda Turan: Magia y pasión, Ediciones Al Poste, Madrid, 2015.
lunes, enero 25

Golden State es una bendición para el baloncesto. Han recuperado el basket de ataque con la belleza plástica que nos regalaron los Suns de Steve Nash o aquel Sacramento de Rick Adelman. Lo normal estos dos últimos años es que sean favoritos en cualquier partido que se dispute, ya sea en su cancha o fuera. Sin embargo, un duendecillo travieso del Palace susurró a los viejos seguidores de los Pistons que aquel era el día en Detroit de recordar tiempos mejores. A pesar de los 38 puntos de ese genio llamado Stephen Curry, los Bad Boys lograron un trabajado triunfo, una victoria balsámica para una grada obrera que siempre ha valorado el esfuerzo de sus chicos; pero más aquella jornada de enero. 



La semana pasada, toda una ciudad rendía tributo a uno de sus héroes, una súper-estrella atípica para el molde NBA. Big Ben Wallace, quien revindicó el pelo-afro en la cancha, un jugador que parecía necesitar más años en las ligas de desarrollo para mejorar sus fundamentos técnicos cuando aterrizó. No obstante, desde su desembarco en la Ciudad del Motor en 2000, tras pasar por Washington y Orlando, casi desde el primer día, su nueva afición se proyectó en aquel pívot de 2´06 metros que compensaba todo con corazón y se mataba en la caza del rebote como un poseso. "Ben era una mega-estrella en las cosas que hacía", defendía el maestro Larry Brown, con quien alcanzó la gloria del anillo de 2004 ante los todopoderosos Lakers de Kobe Bryant, Shaquille O´Neal y Phil Jackson. 



Fue una ceremonia sin oropeles pero sentida, como gustan las cosas por estos lares. No faltó nadie de su gran familia. Con sonrisa pícara, se podía ver sentado a Rasheed Wallace, con quien repitió aquel saludo de brazos cruzados que les caracterizó. Una pareja en la pintura que apenas duró 3 años, pero se hizo inolvidable para los amantes de la defensa. Big Ben, el maestro bajo tableros y de lograr tapones, Sheed, un genio en el uno contra uno y el vocal más inteligente para comunicar a los suyos lo que ocurría en la pista. Puro granito para que se hablase de que los Chicos Malos había vuelto, durante aquella época, el Palace se acostumbró a tutear a San Antonio, Miami, Boston y otros transatlánticos.


Las palabras de Sheed y Brown le emocionaron visiblemente, en compañía de su familia. Incluso los guerreros más curtidos tienen su sensibilidad y fue emotiva la manera en la que Big Ben se señalaba el corazón ante las palabras de su tocayo de apellido. Parco en palabras ante los micrófonos, al estilo del añoradísimo Moses Malone, el protagonista de la noche sorprendió con un sentido discurso en el que habló, además de los anteriormente aludidos, de la ilusión de Tayshaun Prince, el generoso sacrificio de RIP Hamilton y el liderazgo de Chauncey Billups. Pero faltaba algo más para hacer un equipo campeón que aquel mágico quinteto titular.   



Y allí había tres héroes discretos. Lindsey Hunter, Mike James y Mehmet Okur no quisieron perderse la fiesta. A ellos, como a otros camaradas, les correspondía un trocito de aquellos 4 premios a mejor defensor del año que se llevó el icono de un público que sabe como pocos cuál es el esfuerzo que se esconde tras cada día laboral. Un ambicioso conjunto que duró menos de lo que esperaba. "Me sabe mal por ellos porque tienen un grupo tan bueno como el nuestro", decía G. Popovich en 2005, tras batir San Antonio a la segunda generación de Bad Boys en 7 partidos finales por el anillo, dejando a apenas unos minutos del back to back a aquella escuadra. 



Nadie podía pensar que era el penúltimo año de Ben en la Motown. Fue su curso más extraño, los Pistons levitaron hasta las Finales de Conferencia para quedarse sin gasolina ante los Miami Heat de Shaq y Wade. Más que un fracaso fue una frustración para todos los involucrados. Se sentaba en el banquillo del Palace el querido Flip Saunders; quedaba mucho futuro, aunque, en la decisión que quizás más lamentaría este coloso en la esfera deportiva, el ídolo indiscutible de la afición del collar azul se decidió a fichar por los jóvenes e ilusionantes Bulls.  Fue malo para todos los involucrados. Chicago cayó ante los más experimentados Pistons, mientras que Detroit no lograba encontrar un sustituto adecuado para cerrar el camino al aro del exuberante Lebron James y sus pujantes Cavaliers, codiciosos ante el paulatino debilitamiento del bloque campeón de 2004. Una sinfonía de dinastía inconclusa. 



También había hablar de lo malo, aunque fuera brevemente. Después, se hace cómputo y lo logrado es algo muy cercano a la grandeza. Luchas feroces contra los Indiana Pacers (qué épicas series, lástima del escándalo en aquella tangana tristemente histórica, con Ben y su hermano involucrados), su pulso con Ron Artest y Bruce Bowen por el reconocimiento como mejor defensor del mundo. "La diferencia ha sido Ben Wallace. Ha hecho cosas fenomenales para su equipo", decía un tal Tim Duncan cuando los de Michigan levantaban un 2-0 contra los Spurs en las Finales. 



Ahora, George Blaha y su voz de fiel seguidor de la Motor City le aguardaban. Iban a subir el dorsal número 3 donde merecía estar. Big Ben parecía un poco tenso, como cuando lanzaba tiros libres, confirmación, como decía Maharbal a Aníbal Barca, que los dioses no conceden todos sus dones a una única persona. Pero todo eso daba igual, nadie lo entendió mejor que el conjunto de los Pistons, capaces de brindar un triunfo al estilo Míster Wallace, lucha y sacrificio para batir a un talento teóricamente superior. 



Quedaba una guinda delicioso a aquella cena de cinco tenedores. Draymond Green, ese jugadorazo que, a veces, tiene la cabecita extraviada en provocaciones, sacó la clase a pasear y brindó una emotiva carta a su héroe, un tipo que sin ser tan alto como los demás enseñaba a los jóvenes que podían jugar en la élite NBA a base de agallas. Su héroe se llamaba Ben Wallace, ahora, el astro de los Warriors le daba las gracias. Antaño, Big Ben hablaba de Karl Malone como "El último de la Vieja Escuela. Siempre lo respetaré como hombre y como jugador". Ahora, era él quien recibía el tributo. Tres tipos duros... con su corazoncito... Only in Detroit, baby. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






http://www.freep.com/story/sports/nba/pistons/2016/01/17/detroit-pistons-larry-brown-billups-wisdom/78936774/



http://www.gettyimages.fr/detail/photo-d'actualit%C3%A9/jermaine-oneal-of-the-indiana-pacers-trades-a-pair-photo-dactualit%C3%A9/2885753
lunes, enero 18


No me apetecía hablar de esto, la verdad sea dicha. Resultaría mucho más placentero hacerlo del ansiado debut de Arda Turan y Aleix Vidal con la elástica blaugrana o de los renovados bríos que ha supuesto para el vestuario del Espanyol la presencia de Constantin Galca. Sin embargo, la rabiosa actualidad manda y, a veces, los problemas no desaparecen por arte de magia al dejar de hablar de ellos. Mientras se vivían tres intensos derbis locales entre el Fútbol Club Barcelona y el Reial Club Deportiu Espanyol, hemos sufrido guerras soterradas paralelas, golpes bajos en el césped y ante los micrófonos, piques y recados de unos a otros en las redes sociales. Un trasfondo, irónicamente, de lo que viene siendo la situación política actual. 



Todo comenzó un fin de semana cualquiera en el estadio de Cornellà-El Prat. Allí, una delantera digna del mejor realismo mágico de Gabo, la formada por Neymar-Suárez y Messi, se quedaba sin mandar el balón a las redes por primera vez en mucho tiempo. El empate fue saludado como un trabajado triunfo de los periquitos, los cuales no hicieron ninguna concesión en las líneas, mostrándose sólidos atrás e incapaces de dejar ningún espacio. Todavía así, los visitantes tuvieron dos maderas que habrían podido cambiar la suerte del duelo, a la par que, en algunos mentideros, se criticaba al colegiado por permitir una excesiva dureza local. Aquello no le sentó muy bien a un Barcelona acostumbrado a arrasar la mayor parte de las ocasiones que pone en liza a sus mejores hombres, Tras el 0-0 final, el run run mediático no se hizo esperar. 



A pesar de que como culé la pérdida de dos puntos era algo irritante, más si es contra el club vecino, nada había que reprochar a los blanquiazules. Habían hecho su partido con inteligencia táctica e interpretado muy bien el contacto directo que permitió el cuerpo arbitral, De hecho, el único debe lo expuso con inteligencia el técnico rumano: "Debemos ser capaces de jugar con la misma intensidad que ante el Barça contra todos los rivales". Como bien advertía su entrenador, muchos percibían que, de haber jugado la mitad de fuerte la primera vuelta, el Espanyol estaría mucho más arriba en la tabla.   


Otro de los feos asuntos que surgió a la palestra fue el de los insultos racistas que una facción minoritaria del estadio gritó contra Neymar. Quizás el más avispado fue el propio brasileño, quien afirmó que él se limitaba a jugar y no valoró la cuestión. En cambio, las dos entidades empezaron a arrojarse trapos sucios. Descerebrados se cuelan en todos lados (Camp Nou, Calderón, Bernabéu, Pizjuán...) y nunca representan el sentir general de las aficiones. Aquello encendió definitivamente a Joan Collet, presidente de los pericos, en vísperas del casi inmediato encuentro de Copa del Rey. 



En parte, el enfado es comprensible desde un punto de vista de altavoces. El Barça tiene una repercusión y titulares mucho más amplia que sus rivales; eso tiene su lado negativo (el famoso entorno del que hablaba Cruyff) y positivo, más capacidad de hacer campañas y defender su punto de vista, que el Espanyol había sobrepasado el reglamento. Venía aquello, paradojas de la vida, cuando Collet y su colega Bartomeu son alabados y criticados en diferentes sectores de sus instituciones por haber afrontado de una u otra forma la cuestión nacionalista. 



Y este es un tema tabú pero que es inevitable en la coyuntura actual. Posiciones soberanistas, gente a favor y en contra del Pacto por el Derecho a Decidir, la sonrisa del gato de Cheshire de Artur Mas en el palco del Nou Camp, las pintadas en Cornellá "catalanes sí, españoles también"... Son tiempos de demandas sociales, más tras las pasadas elecciones. El deporte no puede permanecer ajeno a ello como un autómata. No obstante, parece que ahora no puede hacerse con tranquilidad. Que no interesa tanto escuchar a la otra parte, solamente exponer el de uno, negociable es un adjetivo desaparecido y determinados términos más propios de la esfera bélica sobrevuelan incluso el Parlamento (así se expresó el señor Tardá, confundiendo el Congreso con las barricadas [extraña situación de opresión cuando él, afortunadamente, puede decir lo que quiera y cómo se siente], mientras que hay algunos "iluminados" que defenderían sacar los tanques porque en una comunidad autónoma quieren hacer un referéndum [obviamente, cuando quieres que alguien se quede contigo, la mejor vía de hacerlo es imponerse de forma taxativa]).



Dos instituciones deportivas de las trayectorias de ambas escuadras de la Ciudad Condal tienen una masa social muy amplia. Albergan a gente de una u otra corriente política, asimismo, sobre esta cuestión existen socis blaugranas que sean pro-independencia y estén encantados de cantar por ella en su estadio y llevar esteladas. A mí eso me parece muy bien mientras no sea condición sine qua non para ser considerado culé. Tampoco debería molestar la realidad de que haya aficionados blaugranas que alberguen la esperanza de que en esa consulta saliera no porque sientan que ambas realidades son compatibles. Todavía producen rubor los rumores (espero que fueran simplemente eso) de "asesoramientos" del entorno a un delantero de la calidad del Guaje Villa de que "eliminase" la bandera española que el asturiano lucía en sus botas.



Respetándolas, nunca he llevado banderas a un estadio. Personalmente, me parece confundir churras con merinas, pero entiendo que para otra gente pueda significar mucho y, cuando no se trata de hacer apología de una ideología que discrimine a otros, deberían ser muy libres de llevar lo que les dé la gana. El Espanyol se ha movido con sensibilidad por esas aguas y ha tratado de mantenerse neutro, aunque las fluctuaciones han sido inevitables. Con todo, creo que ha aventajado al Barça en esa cuestión, pues hemos tenido varias directivas que han hecho política desde el deporte, haciendo flaco favor a ambos mundos. Pero volvamos al segundo round de la maratón, cuando un eficaz pase de Asensio tras robar la bola a Dani Alves permitió a Felipe Caicedo silenciar el Nou Camp por unos instantes.



Era el día del debut de Turan y Vidal. El Barcelona se volcó al asedio, mientras que Pau López se erigía en héroe de los periquitos. Lo del joven guardameta blanquiazul fue una bonita historia que tuvo un capítulo negro con su desafortunadísimo pisotón a Messi (el astro argentino, en vísperas de la gesta de su quinto balón de Oro, le había batido en dos ocasiones aquella noche, incluyendo un magistral disparo de falta). N´Kono, uno de los cancerberos más queridos en Camerún y símbolo del Espanyol, todavía vinculado a la institución, habló de forma privada con su pupilo, a quien advirtió el error cometido y que debía servirle de aprendizaje. Si López es listo, le hará caso. Condiciones le sobran para ser un excelente protector de los tres paros pericos, pero debe evitar esos cortocircuitos o confundir ser el azote de un rival para ser más querido por la grada. De eso sabemos también los culés.



Como era presumible, el arbitraje fue menos permisivo con las faltas cometidas, algo a lo que el Espanyol no supo adaptarse, terminando el partido con 9 jugadores. El Barcelona intentó abrir brecha, pero los de Galca se protegieron bien pese a la desventaja, terminando con un 4-1 que pudo ser mucho peor. En la buena tónica culé, la noticia fue el atípico bajo rendimiento de Luis Suárez. El uruguayo pareció más interesado en todo momento en picarse con sus rivales verbalmente que en el área, donde es letal. Sus provocaciones a López no ayudaron a un ya calentado meta, a la par que no hubo defensor que no tuviera un enganche con él. Si alguien esperaba que el pitido final calmase las aguas, se iba a ver profundamente defraudado.



La gota que hizo rebosar el vaso fue Gerard Piqué, ese magnífico central que parece la versión 16.0 de Fernando Hierro, pero con la cabecita eternamente extraviada. Con calma y ante los micrófonos, Piqué no tenía ninguna intención de ser generoso con el derrotado. Es esa extraña actitud a la que está girando su carrera mediática, empeñado en ser el látigo fustigador de oponentes como el Real Madrid, dando su opinión incluso cuando no se la piden. Acusando a los periquitos de no poder llenar su campo, siendo una "maravillosa minoría", volvió a incendiar las redes sociales.



Y aquí el Barça tiene quizás uno de los pocos puntos débiles de su racha triunfal de los últimos años. Como si fueran maestros abúlicos ante los gamberretes de la clase, Dani Alves o Piqué hacen un activo (y no precisamente edificante) uso del amplio eco que tienen como figuras famosas, sin que a nadie parezca importarle, salvo a la legión de detractores y animadversión que hacen crecer en los rivales. Todo lo que no molesta Andrés Iniesta con sus buenas formas dentro y fuera de la cancha es equilibrado por dos personalidades con chispa que no saben cuándo deben parar una broma. Por el lado espanyolista, sobraron las declaraciones de Diop acerca de que, si hubieran sido duros, los futbolistas del Barça habrían salido en camilla. Para olvidar en todo caso.


Se agradecieron, eso sí, las palabras de Galca. Tranquilo, sereno y dispuesto a enfriar el asunto. Fue elegante felicitando la trayectoria de Luis Enrique y elogiando los méritos de su colega asturiano. Más extraños fueron los villancicos que el míster culé afirmó oír en el túnel de vestuario cuando se montó la enésima tangana de trash talking, y también después del posado, cuando afirmó "No sé si esto servirá para algo". Tenía ganas de terminar el tercer acto de estos duelos en Barcelona. Tampoco quedó muy claro lo de su no asistencia al premio que le dio la UEFA (merecido al máximo por otra parte). En la senda de Guardiola para todo (incluyendo el fútbol espectáculo de toque y una dosis más de verticalidad que con el genio de Santpedor), también comparte con su buen amigo y ex compañero ese toque excéntrico; eso les da atractivo y jugosas entrevistas como la que el segundo concedió a la prestigiosa Jot Down; a Dios gracias, también existen los Rijkaard, Ancelotti o Popovich que nos recuerdan que esto no deja de ser deporte y no se acabará el mundo porque la pelota no entre.



A quien sí suele obedecer la caprichosa bola es a Messi, ese mago que, Petón Dixti, se ha inventado una apertura propia cuando juega al fútbol al estilo de Bobby Fischer. No son ya sus cinco Balones de Oro, es la percepción de que puede gobernar los partidos con ese mando invisible que tuvo Jordan para el basket. Suyo fue el pase de pillo a Munir cuando el Espanyol más interesante se ponía (paradón de Ter Stegen a un ingenioso picado de Caicedo). Mandó al congelador el encuentro. Sobró alguna entrada fuera de tiempo, innecesariamente coreada por la grada, así como pancartas aludiendo a la familia de Piqué (injustificable lo primero, pero Gerard debería preguntarse por qué el resto de los coches van en sentido contrario o si es que, pudiera ser, que de vez en cuando él se crea todos los enemigos imaginables por su capacidad de provocar cuando es innecesario).



Así terminó el exceso de derbis concentrados en muy poco tiempo, demasiado para aficionados, técnicos y jugadores. Un recordatorio de que los excesos (de intensidad, de soberbia, de no saber meterse en la piel del otro...) nunca traen nada bueno. Lo positivo es que aquello no dejaban de ser tres puñeteros partidos de fútbol fácilmente susceptibles de arreglarse. Haríamos bien en aplicar la medicina en otros campos mucho más serios. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.lavanguardia.com/deportes/futbol/20160105/301216710436/barsa-vs-espanyol-copa-del-rey-en-directo.html



http://www.lavozdegalicia.es/noticia/deportes/2016/01/06/barca-resurge-guerra-contra-espanyol/00031452116523984827586.htm



https://es.finance.yahoo.com/fotos/el-delantero-del-barcelona-luis-su-rez-derecha-photo-155714239--spt.html



http://www.catalunyapress.es/texto-diario/mostrar/394407/luis-enrique-y-galca-hacen-una-llamada-a-la-calma-antes-del-derbi-de-este-miercoles



http://orgulloso.es/los-jugadores-de-rcd-espanyol-pararon-a-leo-messi/