lunes, noviembre 24

"Un domingo cualquiera ganarás o perderás, sin embargo, eso no es lo importante". La frase es de Any given Sunday, dirigida por Oliver Stone, la cual intenta llevar al espectador a los entresijos de un vestuario de un equipo profesional de fútbol americano. La sentencia hace alusión que triunfo o fracaso serán una cuestión de azar en última instancia, lo único que puede hacer uno es nivelar la balanza con todo lo que pueda para lograr hacerlo dignamente. 



Ayer hubo muchas cosas de las que se podrían hacer reseña. Memphis sigue sorprendiendo en la NBA con su buen estado de forma, se avecinan tiempos de cambio en un equipo que nos tenía acostumbrados a la eficiencia ACB en su máximo nivel (Laboral), etc. De cualquier modo, el triunfo del Rayo Vallecano ante el Celta de Vigo (1-0) escondió su miga, una intra-historia que ha puesto a una de las escuadras de la capital en el punto de mira de la opinión público. De hecho, todos nos hicimos un poquito del los pupilos de Paco Jémez. 




No se trata, en esta ocasión, del gusto por el juego de toque pese a tener un presupuesto modesto, tampoco a ninguna clase de animadversión por los futbolistas de Vigo (de hecho, este año son una de las escuadras a seguir, no solamente por Nolito). La culpa residía en un hecho que a vuelto a recordar una palabra que parece que no se desgasta de tanto uso: crisis. Doña Carmen, vallecana de 85 años de edad, toda una institución en la barriada, era desahuciada de su domicilio. El motivo del desalojo del que había sido su hogar durante más de 50 años era el incumplimiento de su aval en un préstamo solicitado por su único hijo. 




El Campo de Fútbol de Vallecas dejó reflejo de la situación con elocuentes pancartas, cánticos de apoyo y poniendo un drama que, desgraciadamente, es muy frecuente en muchas personas, en el ojo del huracán. Un mundo tan alejado de la terrenalidad como la liga BBVA y derechos televisivos se volvió a hacer cercano a pie de pasto, expresando la solidaridad de unos vecinos con uno de los suyos. Faltaba la guinda, un necesario toque de Frank Capra que falta hace en estos tiempos que corren.  




La iniciativa surgió de Paco Jémez, fue seguida por sus jugadores y toda la institución, amparados por la creciente euforia de la afición. Doña Carmen tendría garantizado su derecho a la vivienda con el respaldo parte de los salarios de los profesionales del Rayo. Habrá quien diga que, pese al bello gesto, que esta gente gana mucho y ya iba siendo hora de que se repartiera la bolsa. Subestimar este acto sería obviar que el Rayo es uno de los bloques de primera con menos presupuesto y que se trata de una extraordinaria iniciativa. No estaban obligados a ello, ha sido la sinceridad del gesto lo que ha puesto en el disparadero a esta Liga que ya es un poquito de los vallecanos. 




Resulta sencillo rastrear las motivaciones, sobre todo si uno ha tenido la ocasión de leer la curiosa entrevista que le dedicó Jot Down a Jémez, un tipo de una pieza y con aspecto de centurión que ha ido escalando puestos en las legiones romanas a base de codazos, pero sin ponerle el pie en la cabeza de ningún compañero. Un origen humilde y padres que han conocido la figura de los señoritos puede ayudar a tener los pies en el cielo. Todo el mundo sabía lo que era correcto, pero solamente este pequeño gran punto de un campeonato amplio lo ha hecho. 


Una extraña sensación pareció imbuir al club, no solamente por los trabajados tres puntos tras una mala racha de resultados, incluyendo un agridulce momento en el Bernabéu (tuvieron compases de muy buen juego, pero faltó pegada y se toparon con el huracán merengue en el segundo tiempo). Un estado de dulce que ha hecho a la institución encontrar el tempo justo para no sacar las cosas de contexto: "Queríamos hacer esto, pero sin ánimo de señalar a nadie. Seguro que también llegará el apoyo institucional. Si lo que hemos hecho ánima a que haya más casos así, mejor"




Esperemos. Desgraciadamente, la que está cayendo no se puede resolver con un momento altruista, aunque sea tan macanudo como el tenido con esta viuda madrileña que no ha podido mostrarse más agradecida con el equipo que lleva siguiendo toda su vida. Sin embargo, estaría el panorama mucho peor si no se tuvieran estos guiños, esa propina, echar un cable, tener una sonrisa para un colega que lo está pasando mal. Una gota en sí no es mucho, pero varias pueden llenar un vaso. 



"No creo que con una victoria acaben sus problemas. Vamos a ayudarla con lo que realmente necesita". Paco Jémez dixit. Viniendo de un enfermo del balón es todo un mérito que el Rayo recordase que, a fin de cuentas lo de este fin de semana era un juego y lo otro que han hecho puede valer por toda una vida. Chapeau.  

martes, noviembre 11

La actualidad manda, en ocasiones, con tintes dictatoriales. Por H o por B, el blog no sacaba una semana de calma para dar la importancia que merecía a un evento que es un hito en la liga Endesa: Aíto García Reneses obtuvo su triunfo número 700 como entrenador profesional. El primer triunfo del Gran Canaria este curso sirvió para consagrar a uno de los hombres que han sido pieza básica de la revolución del baloncesto español. 




Antes de Aíto, los mejores jugadores de los equipos hispanos se chupaban muchos minutos, lanzaban casi todos los tiros y ponían gesto torcido si se los sentaba en la banca. Por ello, en Barcelona tuvo tanta incredulidad al principio. Rotaciones y bloques, mucha tranquilidad ante tropiezos en la temporada regular y, generalmente, excelentes finales de curso. El joven entrenador que había llegado al Palau tenía una visión de cómo evolucionaría el deporte de la canasta. Era la época anterior a los vídeos y los scouting profesionalizados. Por ello, el míster de la cifra 700 es una pieza básica de este deporte que tanto nos gusta. 




Previamente a su llegada a la entidad blaugrana (1985), el imberbe estratega se había fogueado en Cotonificio y Joventut, aprendiendo todo lo necesario para crear nuevos sistemas. Una de sus grandes novedades para el campeonato español fue el jugar con un 3 alto. Su capacidad analítica y competitividad fueron básicas para que Reneses se convirtiera en un apellido codiciado por todas las escuadras. Eso sí, algún enemigo se dejaba por el camino. 


Tal fue el caso de Chicho Sibilio, uno de los mejores tiradores que ha visto la ACB. Su relación con Reneses fue de todo menos fácil. Eso sí, ambos ayudaron a crear a un Barcelona que se convirtió en la gran Némesis del Real Madrid, a la par que fraguaba una potente rivalidad con el Joventut de Badalona, equipo por el que pasó Aíto en varias etapas, potenciando a nombres como Ricky Rubio; unos años que hacen esbozar una sonrisa de satisfacción en los aficionados catalanes. Se trataba de un gusto por probar gente joven y ofrecer espectáculo al espectador. 



La única maldición de su exitosa andadura es la Euroliga, su único talón de Aquiles. Una competición que se enrabietó con uno de los mejores generales de las canchas en Europa, chocando con algún enemigo íntimo como Boza Maljkovic. Es extraño que una competición que premia tanto a quien da el mejor sprint final aún no haya dado su tributo a Aíto, quien tiene en su CV piezas tan codiciadas como una medalla de plata olímpica, conseguida en una final jugada de tú a tú con los poderosísimos Estados Unidos. 




Unos Juegos donde mostró todas sus virtudes y ese carácter serio, a veces, distante, que le ha granjeado admiradores y críticos. Jorge Garbajosa recordaba en su biografía cómo el excelente técnico no llegó a congeniar de todo con la generación dorada de nuestro basket. Disciplinado, meticuloso e incapaz de relejarse, quizá, pese al magnífico rendimiento de unos y otros en el torneo. Incapaz de entrenar de verano en verano por la normativa de entonces de la federación, con la plata en el cuello decidió volver a su hábitat, la ACB. 


Allí ha hecho maravillas como sacarse una zona 3-2-1 para remontar unos locos cuartos de final de Copa del Rey, a la par que dirigir a un equipo imberbe y talentosísimo a un cuasi milagro en la primera ronda de los pasados Playoffs. Si hay algo que decir de Aíto es su labor docente, una que recuerdan alumnos avispados como Loquillo, quien rememora: Es el más grande. Cuestión de confianza, se ame o se odia, cuando Reneses escribe en la pizarra es magister dixit. 




Un tipo irrepetible para el campeonato, quien no duda en mandar mensajes del tipo: "Quienes decían que no me gustaban las estrellas, elegían a mis jugadores como los mejores de la ACB" o "El respeto arbitral hay que ganárselo mejorando". Nos quedan aún muchas más triunfos, también alguna derrota y, sobre todo, más enseñanzas de este maestro del juego, siempre a la búsqueda de nuevas innovaciones, aunque, como lamenta, los tiempos y las tecnologías han hecho que el sistema más novedoso esté dando la vuelta al mundo en cuestión de semanas. 



Da igual, seguirá con su pizarra y anotando esos jeroglíficos donde él ve pases, bloqueos, continuaciones y la posibilidad de hacer mejores a sus muchachos. Y así van décadas y décadas siendo una de las referencias del deporte que tanto le gusta. Enhorabuena. 


lunes, noviembre 3

Era una jugada intrascendente. Carlos Boozer lanzaba un tiro al hierro tras un rebote ofensivo. El balón no entró, poco importaba a falta de siete minutos del final y con los Lakers recibiendo un severo correctivo a manos de los Houston Rockets. De hecho, la refinada grada del Staples estaba más preocupada por la lesión de Julius Randle, el novato más prometedor de una campaña difícil para los de púrpura y oro. 





Kobe Bryant intentó agarrar el rechace, solamente para toparse con el muro de Dwight Howard, apodado Superman, la gran esperanza texana (junto a James Harden) para lograr hacer algo grande este año en la conferencia Oeste. Competitivo como pocos, el dorsal 24 de los angelinos intentó robarle la cartera al pívot adversario, quien movió los codos para recuperar la posición. El movimiento de los poderosos brazos por poco acaba impactando en el rostro del escolta estrella de Hollywood, algo que fue determinante para que volviéramos a recordar el mote de Kobe, con resonancias tarantinianas: Black Mamba. 




Un cruce de miradas, sonrisas poco cómplices y encaramiento de unos con otros. Poco disimulo, mientras árbitros y compañeros les separaban. Costaba pensar que hacía un año compartían vestuario. Se hablaba de que Steve Nash, Kobe, Gasol y Howard serían los 4 Fantásticos que harían la proeza de igualar el número de anillos de los Boston Celtics. Hoy, el base canadiense sufre una terrible lesión que lo mantiene alejado del lugar donde nos hace felices a los amantes del basket; Pau se encuentra en Chicago y Howard se pasó a un rival directo del Far West. Únicamente Bryant se mantiene en un puesto exigente, la única franquicia que ha conocida en una brillante y polémica carrera en la NBA. 


Y es que fue un año duro. Las tremendas expectativas generadas acabaron en un fuerte descalabro que Kobe evitó que acabase sin playoffs. Prácticamente en solitario y con exhibiciones anotadoras, uno de los natural born killers más impresionantes que ha visto la Liga, logró meter en una competida octava plaza a los suyos. El esfuerzo se cobró un peaje terrible, tendón de Aquiles roto. El único consuelo para el dolorido astro fue no presenciar en pista el severo correctivo que sus enemigos habituales (San Antonio Spurs) infligieron a sus compañeros (4-0). 




Antes de que el agente de Dwight sellase el trato con los Rockets, mucho se había escrito acerca de la mala relación del exterior y el interior. La habilidad contra la fuerza. En el pasado, habían sido amigos, Howard bromeaba cuando era un rookie en Orlando y Bryant le hizo un mate de concurso. Se conocían de la selección y del All Star. En cierto sentido, uno era un veterano consagrado y el otro un prometedor aprendiz. Pero la convivencia de más allá de unos fines de semana o meses fue una prueba excesiva. 





Las virtudes y defectos de uno y otro eran reconocibles, pero no estaba Phil Jackson para imponer sus sortilegios Zen y la promesa de un anillo. Bynum y Gasol, centers discretos y hábiles, habían sabido sobrellevar la tremenda presión de estar con uno de los tipos más agresivos del campeonato a nivel de auto-exigencia y crítica a los compañeros. Únicamente gente como Kevin Garnett o Pete Mickeal podrían ser puestos a la altura. Howard, risueño por naturaleza y con fama de gran potencial e indolencia (de momento, ni Patrick Ewing ni Hakeem Olajuwon han conseguido mejorar su juego en el poste bajo para pasar de la élite al dominio absoluto bajo tableros) no parecía destinado a comulgar en exceso con el jefe indiscutible de los Lakers, pese a las buenas palabras de acogida de Mitch Kupchak. 


"No hay que derramar una sola lágrima por su marcha". Tales fueron las palabras tras un año de convivencia. Bryant dedicó hace pocos días cariñosas palmaditas a Nash por su baja tras forzar la máquina, también lanzó guiños a Pau Gasol y su futuro en Chicago. Sin embargo, con el ganador de concurso de mates y varias veces defensor del año hay guerra fría. La que tuvo con otro big fella, Shaquille O´Neal, hasta su reconciliación, aunque, claro, cuatro Finales y tres anillos ayudan a hacer extraños compañeros de cama. La derrota fue la piedra de toque para quemar las naves. 




Hablaba Phil Jackson (ahora cabeza de operaciones en New York) que los Ángeles gustaba al jugador Disney de impecable sonrisa y difusión evangélica, pero que le había echado para atrás saber que, para lograr hacerse un nombre en la fiebre amarilla, le quedaban muchos más años de convivencia con Kobe. A un lado, los Derek Fisher, Gasol, Luke Walton y cía. Aguantaron la tempestad y fueron campeones. En el otro, Howard no es el único nombre. Aún se rumorea que muchos agentes libres se cuestionan esa parada porque allí únicamente hay un soberano. Hoy por hoy, las acrobacias de un rejuvenecido Bryant no impiden un doloroso 0-4 de balance, si bien él se deja la piel cada día. Si sobrevivió a 2004, podrá con cualquier cosa. Pero Howard tiene motivos para lucir la saludable sonrisa que mostraba a su interlocutor cuando lo llamó blando (curioso insulto a un hombre que podría partir en dos al 88% del resto de la NBA) y otras lindezas. 





Como Garnett y Ray Allen (aunque fue más culpa del primero el que no hubiera protocolo), no esperamos un cordial saludo o abrazo en el preludio del próximo duelo en Houston. Sin embargo, es una pena. Hablaba Stephen Smith de que se podía considerar poco ganador a Dwight, pero únicamente comparado con Bryant, puesto que el narcisista y espectacular 24 es de lo más parecido a la eterna sombra de Michael Jordan en las canchas estadounidenses. 




Algo perdieron y algo ganaron en aquel momento. No preocupa tanto el enfado de un lance puntual (quién no haya dicho mil tonterías y blasfemias en un partido de solteros contra casados es un embustero) como la frialdad en las posteriores ruedas de prensa. Shaq ya es amigo, pero hay un nuevo hombre alto ante quien Bryant querrá lucirse. Howard no perderá la dentadura perfecta. 



Si David Stern siguiera por estos lares en activo, agradecería el favor. Ya sabe que duelo poner por Navidad...