martes, septiembre 30

Ha deslumbrado por su talento, admirado en su energía, e incomodado un poco por su tono deslenguado. Kenneth Faried acababa de dar otra lección de dominio bajo tableros, pero no iba a pecar de comedido tras apabullar en la semifinal. "Ha sido un día más en la oficina". En verdad, el Estados Unidos-Lituania había recordado demasiado a aquella apabullante victoria en el mismo escenario (Ciudad Condal) en los Juegos Olímpicos de 1992. No obstante, había llovido mucho desde ambas palizas (1992 y 2014), aunque Faried parecía haber querido borrar, inconscientemente, el momento en que Lietuva logró arrebatar el fuego de los dioses. 



El país báltico siempre ha tenido el baloncesto como una cuasi religión, algo que ha sido bien visible en las prematuras victorias de sus combinados, cuyo talento pasó al bloqueo soviético durante muchos años. Lograda nuevamente la independencia, ídolos como Arvydas Sabonis hicieron ondear la "fiebre verde", como hubiera dicho Andrés Montes, siendo uno de los principales responsables "el zar de la pintura" de que Lituania fuera una selección que hacía esbozar una sonrisa en el buen gourmet baloncestístico. 



De cualquier modo, pese a un épico bronce en el quinto centenario del descubrimiento de Cristóbal Colón, el Dream Team original y auténtico (Michael Jordan, Scottie Pippen, Magic, Bird, Malone, Stockton, etc.) les dejó claro en la antesala de la final todo el camino por recorrer que le quedaba al resto del mundo para equipararse a la reverenciada y lejana NBA. Pocos conjuntos tomaron mejor enseñanza de aquella exhibición de barras y estrellas, uno de los equipos más hermosos que jamás se habían construido fue el mentor de Sabonis y los suyos, quien, antes de retirarse, siguió deslumbrado pese a su maltrecha rodilla, ganándose un lugar en el Olimpo de los elegidos de la canasta. 


Pasaron 8 años, pero la situación parecía haber cambiado poco. Los norteamericanos hicieron su tercer desembarco con profesionales NBA a la capital australiana, donde dominaron en su grupo, batiendo, entre otros, a una Lituania que había mejorado, aunque no lo suficiente. Sabonis ya no estaba, aunque antes de despedirse les había dado otro bronce olímpico a sus compatriotas, Dos encuentros en el torneo y el resultado era siempre el mismo. Shaquille O´Neal había cambiado por Kevin Garnett, Ray Allen por Chris Mullin... daba igual, el resultado seguía siendo el mismo, un abismo de diferencia que, tipos tan emotivos como Alonzo Mourning, se encargaban de recalcar en el parquet.  



Nadie esperaba lo que ocurrió en aquellas semifinales. Un tipo con cara seria y cabeza despejada, llamado Stombergas, empezó a dar indicios del extraordinario jugador que era. A pesar de los tiros libres decisivos errados, un muchacho llamado Siskauskas, empezó a hacer arquear la ceja a los ojeadores de toda Europa. Pero, tal vez, un joven base llamado Sarunas Jasikevicius fue el responsable de la revolución que un equipo joven y talentoso brindó a los atónitos espectadores de Sydney. A falta de menos de un minuto, todo por decidir. Guerreros como Antonio McDyess se tiraban al suelo por cada rebote, mientras el festival de triples lituano hacía frotarse los ojos a todo el staff técnico del Dream Team III, con Rudy Tomjanovich. 




No fue tan importante que el triple de Saras no entrase, como que se atreviera a hacerlo. Al más puro estilo Larry Bird, Lietuva tuvo 2 para empatar y 3 para ganar... No dudaron y pusieron contra las cuerdas a un combinado que era juzgado invencible. Fue el inicio de una revolución que se ratificó con el bronce (tercero consecutivo) frente a la selección anfitriona, mientras que USA, siempre ellos, se llevaban el oro. Pero había tomado la matrícula de aquel país báltico que estaba dando que hablar. 



Atenas, antigua capital de tantas cosas, fue la testigo del robo definitivo. Jasikevicius consumó su venganza, aunque no lo hizo solo, Macijauskas, Siskauskas, Stombergas, Songalia y una larga nómina de extraordinarios jugones, lograron cumplir la promesa echa en Australia. Fueron primeros de grupo, apabullando al transatlántico de Larry Brown (quien contaba con nombres como Tim Duncan, Allen Iverson o Lebron James, entre sus filas). Durante cinco partidos, apalizando a potencias como la Grecia de Papaloukas, Lituania soñó con la última parada, el ansiado oro; la despertó Italia, siempre sagaz y competitiva. El mejor día de los transalpinos en todo el torneo y el peor de los lituanos, testimonio del destino que muchos parecían augurar al combinado de Stombergas y cía, es el hecho de aquel día horrible tuvieron opciones de llevarse las semifinales hasta el último suspiro. 




Muchos hubieran pronosticado el cuarto bronce... pero estaban ellos. Argentina había hecho lo propio con las esperanzas estadounidenses. La celebración de Lamar Odom tras un rebote ofensivo decisivo confirmó que los tiempos habían cambiado. El Dream Team IV celebró el tercer puesto e hizo bien en hacerlo, pues había sudado sangre, sudor y lágrimas para lograrlo. Parecía la confirmación de un cambio de ciclo, el mundo FIBA había cruzado el Rubicón. España, Argentina, Puerto Rico, Italia... muchos habían dado un paso al frente, pero muchos señalaban a aquella generación lituana como el moderno Prometeo de ese atentado al axioma de una hegemonía incontestable.   




En Pekín no se encontraron. Sí en los mundiales donde una Lietuva en transición se las ingenió para tomar otro puesto en el podio, a costa de una albiceleste sorprendida ante la ráfaga de triples que le cayó. Pero USA les apeó en semifinales. Volverían a verse las caras en otros Juegos, Londres, 2012. Sabios pícaros como Jalen Rose lo advertían: "Give them credit...". Una Lituania caduca, con Jasikevicius dando sus últimas clases al máximo nivel y gente como Jasaitis o los Lavrinovic demasiado solos y con malos resultados en el grupo, tuvieron el canto de cisne soñado en la capital inglesa. 




Kobe Bryant, Kevin Durant, Lebron James. D. Wade y una larga nómina de primeros espadas, tuvieron que sudar para obtener un triunfo que debió de ser mucho más fácil. Aquel día, una Lietuva que hacía las maletas, salió aplaudida por la propia prensa enemiga, además de ovacionada por los espectadores británicos. Su honorable esfuerzo se vio salpicado por algunos pasos no pitados a los astros adversarios, bastante expeditivos a la hora de robar el esférico. "He visto los arbitrajes de varios partidos en este torneo. Me he reído mucho", decía Sarunas, genio y figura hasta el fin. 



Da la sensación de que hemos vuelto al punto de origen. Valanciunas deberá dar un salto de calidad muy fuerte y ser acompañado por una nueva generación, mientras que Jerry Colangelo y su ultra-eficaz modelo chasquean los dedos y pueden sacar cuatro equipos de primer orden. No obstante, hace mal Faried en hablar de oficinas y rutinas. Con Lietuva nunca se sabe... quizás, estos enemigos íntimos vuelvan a encontrarse y, estos honorables bálticos, vuelvan a querer osar jugar a robarle el fuego a las deidades del basket. 
lunes, septiembre 15

El retorno del Jedi


Saitama, Mundial de Japón, semifinales. Los espectadores de medio mundo se frotan los ojos. En una exhibición impresionante, las tropas helenas de Giannakis, comandadas por el genial Papaloukas, acaban de dejar en la cuneta a los todopoderosos Estados Unidos, plantilla que incluye nombres como Carmelo Anthony, Chris Bosh o Lebron James. Mike Krzyzewski, prestigioso técnico universitario en Duke, es uno de los principales responsables de la caída. Ante la sorpresa de los conocedores del basket europeo, mr.K apenas tenía constancia del dorsal 4 de la Hélade, quien destruye al poderoso conjunto norteamericano con sus bloqueos y continuación. 


lunes, septiembre 8

Genio, figura y demonio



Pau Gasol se mostraba tranquilo en el banquillo. España había confirmado su dominio sobre Serbia en la primera fase de grupos, aunque la primera plaza ya estaba garantizada. Algunos de sus compañeros inquirían qué había sucedido. El ala-pívot catalán disimulaba una sonrisa cómplice. Así era Sasha Djordjevic cuando jugaba en el Barcelona con Navarro y él. Genio y figura hasta la sepultura, un explosivo talento balcánico, un competidor voraz y, en no pocas ocasiones, un mal perdedor. No le pillaba de nuevas al jugador de los Chicago Bulls la expulsión del técnico de Serbia.