domingo, mayo 19
 
 
Los supersticiosos afirmarán que fueron dos espejos rotos, los que el Atlético de Madrid rompió un día, en casa de su vecino y archi-rival. Sin embargo, hasta el viernes, nadie podía cuantificar cuánto podía alargarse una racha histórica, dulcísima para el Real Madrid, agotadora para los colchoneros. 14 años no son nada, hubiera dicho Gardel, pero solamente aficiones como la rojiblanca, podían soportar con ese estoicismo unos días muy duros, que incluían el descenso al infierno de segunda, mientras los paisanos del Santiago de Bernabéu, se mantenían en su nivel de excelencia. 
 
 
 
 
La maravillosa falta de Bernardo Schuster y el zapatazo de Futre una soleada tarde de 1992, parecía un recuerdo demasiado dulce pero atávico, para toda una generación de chavales que nunca habían visto superar a la Némesis Blanca. No obstante, los indios volvieron a atacar y lograr, al fin, una victoria que se complicó muchísimo, merced a un certero cabezazo de Cristiano Ronaldo, quien hizo revivir a su grada, la feliz prórroga de Mestalla contra el Barcelona de Guardiola. Nadie pensaba entonces en el ostracismo al que Mourinho había relegado a Casillas y a Pepe, o los rumores de la llegada de un nuevo técnico. Era una final y, los de blanco suelen ganarlas, como muestra su CV.
 
 
 
 
Fue una estocada increíble que, pese a ello, no hizo desmoronarse, mientras un hombre, "El Cholo" Simeone, les mantenía con los brazos arriba. Había llegado hacía 16 meses, siendo un rostro muy conocido para una afición que le veneró por su entrega (a veces brutal, como en el caso del gran Julen Guerrero) y el año del doblete. "El Cholo", entregado al máximo, había prometido volver, cuando no tenía más reserva en el tanque para defender la zamarreta rojiblanca. Nunca habían perdido una final con él (incluyendo repaso histórico al Chelsea, vigente campeón de Europa aún y de la Eurola League, toda una hazaña), pero, los madridistas seguían ganando cada duelo liguero y copero, mientras un Barcelona agotado y con el estómago lleno de la reciente Liga, les ganaba 1-2 sin grandes apuros.
 
 
 
 
Llegó entonces, poco antes del descanso, la jugada genial de un hombre que es un ídolo en el Vicente Calderón, pero, de quien se ha hablado más por su casi inminente marcha este año. Falcao agarró el balón, el entramado local buscaba tenerle fuera del área de Diego López, pero el jugador sudamericano se inventó una jugada imposible en el medio campo para mostrar su visión de juego. Diego Costa corrió con fe y remató un gran trallazo que silenció por un momento a las dos aficiones (ejemplares, con la única excepción de un descerebrado que arrojó un mechero al guardameta Courtois).
 
 
 
 
 
Precisamente el espigado portero belga, fue siendo cada vez más y más protagonista. Sus manos a mano con Higuaín y Ozil lo elevaron al santoral de la hinchada atlética, que además tuvo la fortuna de tres, sí, tres, postes (remates de Ozil, Benzema y una brillante falta rasa de CR9). Cada una de esas acometidas tenía la respuesta de un Simeone eufórico, queriendo mantener la moral de su tropa. El fútbol estaba en el Madrid, pero, la suerte parecía al fin sonreír al "Pupas" y debían aprovecharlo.
 
 
 
 
Aconteció entonces lo que muchos esperaban, el ácido punto final de una temporada que, quizás sea el epílogo de The Special One en la capital española. Fue una decisión un poco apresurada, con su forma pasional de dirigir, Simeone había hecho también aspavientos en reiteradas ocasiones, había mucho en juego, pero, el técnico portugués saltó y la fama hizo el resto, La expulsión dejó a los locales sin el timonel, ese hombre que despierta tantas pasiones como rechazos, que se ha creado para sí mismo demasiados fuegos este año.
 
 
 
 
Costaba comparar su crispación con la forma de entender el juego de Casillas. Desde la reconciliación tras la Súper Copa de España, el capitán del Madrid, ha vuelto, tanto en los tres palos como en el banquillo, a abanderar el señorío de la entidad blanca. Respetuoso y cortés con su colega adversario, dispuesto a recoger la medalla de subcampeón, a saludar a todos y espolear a sus compañeros, en noches tan tristes como la del viernes o el Borussia. Pocos pueden dudar de los méritos  de uno de esos contados jugadores que te garantizan un rendimiento súper-lativo en las finales, a la hora de la verdad. 
 
 
 
Llegó una prórroga y los apaches cercaron el fuerte de los casacas azules. "El Mono" Burgos, legendario arquero argentino, observaba con semblante de Jerónimo, en el círculo central, como los técnicos del Madrid mantenían a los suyos. Hacía años, un tipo llamado Luis Aragonés llamaba a "El Mono" a su despacho en el Mallorca.
 
 
 
ARAGONÉS: ¿Se quiere usted venir el año que viene al Atlético de Madrid en segunda?
 
 
BURGOS: ¿Para qué?
 
 
ARAGONÉS: Para volverlo a llevar a primera.
 
 
 
 
Aquellas palabras del Sabio de Hortaleza no fueron una jactancia vacía y Germán, escuchó lo necesario, espía piel roja, mientras Simeone, convertido en Obdulio Varela, insistía en que estaban mejor que los merengues en el tiempo extra. Futbolísticamente había merecido muy poco el Atlético en la segunda, parte, pero, a su fe incombustible se encomendaban. 
 
 
Cuando Diego López resolvió el mano a mano con Diego Costa, incluso llegamos a pensar en los 11 metros como juez ejecutor. Nada de eso, expirando los primeros quince minutos, Miranda voló para el delirio de un 50% del Bernabéu. Era demasiado dulce romper el maleficio así. Pero quedaban 15 minutos ante un oponente que no se rinde, como si incluso en medio de tantos cismas, aún fuera el pontificado blanco un rabioso león al que no podía venderse antes de cazarlo.
 
 
 
 
 
Reinó la tensión y pocas cosas la mostraron mejor que la expulsión absurda de CR9. Tanto Gabi como el resto se hartaron de darle, pero, la infantilidad de alzar el pie fue juego peligroso y, reglamento en mano, dejar al Real sin su mejor arma ofensiva y con 10 menos. El Cholo no se lo podía creer, a pesar de la diferencia de presupuestos y frente a los libros de historia, lo estaban logrando. Estaba acabándose la tan manida bipolaridad entre culés y madridistas.
 
 
 
 
 
Voló el balón mientras el esforzado Diego López intentaba bajar tras intentar rematar en el saque de esquina, pues la rendición no es una opción, como bien ejemplifican combustibles como el de Ramos, quien en la noche del Dormundt, se dejó todo lo que tenía para subir, bajar, marcar, repartir, recibir y volver a dar cera, progidio físico del de Camas. Pero no había tiempo para milagros, o mejor dicho, solamente para el rojiblanco.
 
 
 
 
Hubo lágrimas desordenadas, Simeone incluso se acordó del malogrado Jesús Gil, mientras una afición que no había bajado los brazos nunca se iba a Neptuno. La noche más dulce de los colchoneros. La cara que vimos los seguidores del baloncesto cuando, tras cuatro años batallando, los Bulls de Jordan al fin dejaban atrás la maldición de los Bad Boys...
 
 
 
 
Lo cantó el gran Sabina, qué manera de sufrir, qué manera de palmar... qué manera de ganar.
 
 
 
 
 
El viernes, se había roto el peor de los maleficios. 
 

lunes, mayo 13

 Algunos, inspirados en twitter, hablaron de "garrapatas". Pese a lo que pudiera parecer, igual que acontecía con "El Piojo" López en Valencia, el animal no muy agraciado, no escondía un profundo elogio. Durante este fin de semana, igual que el año anterior, el Olympiacos, bajo el sabio y sobrio liderazgo de Bartzokas ha disfrutado del papel de papito feo que termina convirtiéndose en cisne. Cada uno de los cuatro candidatos de la F4 tenía sus argumentos, pero pocos los han exprimido mejor que estos jugadores, a quienes, lo siento, pese al ingenioso mote, nunca podré considerar otra cosa que... bestias. Las bestias del Pireo. 




El conjunto heleno, acompañado por su ruidosa afición a la capital inglesa, ha vuelto a lograr dominar al todopoderoso CSK de Moscú, volviendo a demostrar que hay cosas que el dinero no puede comprar. E. Messina parecía más preocupado por su posible revancha frente al Real Madrid que en la primera semifinal que les aguardaba. Nunca había perdido el laureado italiano en el primer enfrentamiento de la agónica tetrarquía de partidos. Pero, V. Spanoulis tampoco y, el silencioso y barbudo escolta, curtido en mil victorias y derrotas, callaba, mientras los suyos afilaban armas. 




Fue el opening y el toque de queda de las tropas de Pericles. La maquinaria que había asolado al siempre orgulloso Caja Laboral, estaba siendo desengrasada sin piedad por una defensa al límite (el criterio arbitral este año ha sido muy laxo y nadie lo ha aprovechado más que lo de Bartzokas) que hizo perder  a los hombres de Messina toda esperanza de chance. Ver a un GENIO, con mayúsculas, como Papaloukas, con la mirada resignada, era lo más elocuente de aquel día, donde Teodosic (espléndido jugador con la cabecita algo extraviada), debió volver a recordar su toalla alzada y como el CSK sufrió una de las más dolorosas derrotas de su gloriosa historia ante esos helenos, a los que han subestimado demasiado.


Paralelamente, en el O2 Arena de Londres, el Real Madrid superaba viejos fantasmas y obtenía la más dulce de las victorias ante su Némesis, el Barcelona. Los de Xavi Pascual se ampararon en su sentido de bloque para disimular sus sensibles bajas y en soñar con poder repetir el milagro de la Copa del Rey. Los de Laso, que ya sabía lo que era jugar una F4 contra el Barça, no se desesperaron y, con la mágica conexión de Sergio "El Chacho" Rodríguez y Felipe Reyes, superaron a los blaugranas, en pie hasta el último cuarto, donde le fue imposible seguir el ritmo de una escuadra con legítimos sueños de alzar la Novena Copa de Europa para la entidad. 




Pocas veces había estado tan cerca el sueño en la reciente historia de la entidad merengue. En la anterior ocasión, el talentoso, pero inexperto bloque blanco, había pagado la novatada ante el Maccabi Tel Aviv. En este año, los de Laso lograron barrer a los israelitas por un contundente 3-0 en los cuartos de final, incluyendo una victoria en la prestigiosa "Mano de Elías". El Madrid había hecho sus deberes y, no pocos sectores de la prensa, le veían como el candidato idóneo, el hambriento y fortalecido aspirante al título, frente a un campeón con el estómago lleno y que mucho había hecho al defender su título con honor, 364 días. 





En la previa, el partido más triste, tercer y cuarto puesto. Algún regalo como poder ver alguna asistencia más del mago Jasikevicius, el orgullo de Navarro y la competitividad de los de Messina, que lograron el triunfo del honor. Pero, bajo la atenda mirada de leyendas como Sabonis, el último hombre que les llevó a la gloria continental, con socios como Arlauckas, solamente había ojos para madridistas y atenienses. Era el día D y la hora H, para unos y otros.


Y entonces, en diez mágicos minutos, los de Laso lograron desplegar todo el juego que ha hecho volver a la sección con una fuerza que le desconocíamos desde la época en el banco de Joan Plaza. Felipe Reyes superaría a un icono como Turkan, ya siendo el líder en solitario en rebotes obtenidos. Poco importaba la hazaña a "Espartaco", que diría Andrés Montes, tan hambriento como un Rudy que logró alguna suspensión digna de Kobe Bryant. 17 tantos arriba y el delirio... en 18 años, nunca lo habían tenido tan cerca. 




En el banquillo del Olympiacos, que el año anterior había remontado una distancia mayor, frente a un CSK con un tal Kirilenko, a la par que sobrevivir al último intento de Huertas con el Barcelona, no cundió ningún nervio. Se seguían apoyando unos a otros. Las bestias del Pireo, se volvieron a amparar en que el listón seguía alto para sancionar faltas, coraje, sacrificio... y mucho talento. Antic dio todo lo que pudo, como quien pasa entre silbidos de disimulo, triples, palmeos, faltas inteligentes para cortar el ritmo de los blancos... Todo valía para adormecer el encuentro. 




Ninguno de los dos equipos se desconocía. El Madrid sabía que tenía mejor tiro que los helenos, mientras que éstos pensaban que, ganando la batalla bajo tableros, los blancos adolecen de un 5 comodín, pese a las increíbles prestaciones de Slaughter y el incombustible Reyes. Quizás sea la única asignatura pendiente del serio trabajo realizado en los despachos madridistas para ser nuevamente muy competitivos en Europa. Con antiguos "desechos" de la ACB como Printezis (impresionante F4, jugador inteligentísimo), el Olympiacos, con menos presupuesto de sátrapa que antaño, ha creado un bloque fortísimo en mentalidad, sacrificio y esfuerzo. 


Ese segundo cuarto fue clave. El Madrid iba ganando, pero ya no era la sideral distancia de antaño. Spanoulis, encorsetado a la perfección por Begic y Mirótic en los dos primeros cuartos, se tranquilizó y no se perdió del encuentro. El genial escolta apareció en una jornada dura por su perseverancia, firmando tres triples consecutivos que fueron decisivos. Su grada se levantó y no hubo marcha atrás. Hines y Law trabajaban con firmeza, mientras un mar de manos rodeaban a los exteriores españoles, donde el canario Rodríguez fue la voz más sensata e imaginativa en las horas más duras. 




Fue un combate digno de titanes al comienzo del último cuarto, justo cuando Carroll (quizás infra-utilizado), despertó y se le anuló un triple psicológico por una falta previa a Reyes. El Madrid se fue perdiendo en esas decisiones, así como en una falta muy agresiva e innecesaria sobre Mirótic. Los colegiados no tuvieron una noche brillante, pero, como muy bien apuntó Rudy Fernández, no deben ampararse en ello. El objetivo blanco está muy bien tramado, pero perderse en esas polémicas no es justo con lo visto en la arena londinense. Fue un duelo de dos grandes escuadras donde el Olympiacos brilló con su propia luz en el último cuarto, generalmente el decisivo. 





No se trató de lo que hicieron mal los moscovitas, el Real o el Barça... Simplemente, esos tres grandes equipos se encontraron con algo más que las garrapatas... Se hallaron con criaturas míticas del Párnaso... les temibles bestias del Pireo. 



El Olympiacos. Ese equipo, que fue bicampeón de Europa sin ser favorito en ninguna de sus ediciones.
jueves, mayo 2

Más que hablar del tan trillado concepto de fin de ciclo, para ejemplificar lo acontecido ayer en el Camp Nou, bien podríamos hablar de end of the saga, como dirían los Leguineche, o incluso final de una dinastía. No son paños calientes, pero el término, tan propio de la NBA, muestra el respeto debido al rival eliminado. Para que una dinastía concluya, ha tenido que reinar. Y, durante seis años, el FCBarcelona ha enseñoreado su fútbol de toque con cuna en la cantera, por todo El Viejo Continente.
 
 
 
 
 
No ha sido así, en lo absoluto, durante dos semanas infernales donde el Bayern de Münich de Jupp Heynckes le ha arrollado de una manera incontestable y que ni el mayor detractor de los culés hubiera pronosticado un mes atrás. Hace cuatro años, la escuadra azulgrana se tomaba cumplida revancha del paseillo triunfal del Real Madrid en la Liga 2007/08, para, obtener un histórico 2-6 en el Santiago Bernabéu en uno de los días más simbólicos para la capital española, con la sublevación ante las tropas de Napoleón Bonaparte, comandadas por su cuñado, Murat.
 
 
 
 
Con mucha elegancia, Iker Casillas, portero madridista y uno de los mejores guardametas de las últimas décadas, admitió que, "Cuando juegas ante un rodillo, poco más puedes hacer", rememorando sus intervenciones y despejes, evitando una goleada aún mayor en un asedio orquestado por los hombres de Pep Guardiola. No fue solamente el Madrid, otros equipos de la Liga y de Europa fueron incapaces de frenar a un Barça que mejoró aún más las prestaciones obtenidas con el gran Fran Rijkaard. Entre ellos, el Bayern de Münich, deslumbrado ante 4 goles en 45 minutos, por una delantera formada por T. Henry, Lionel Messi y Samuel Eto´o. Fue una eliminatoria donde los bávaros, eternos aspirantes a "La Orejuda", hubieron de tomar nota de un modelo que lograría dos Champions (2009 y 2011), además de muchos títulos, nacionales e internacionales.
 
 
 
 
 De cualquier modo, cual alguien inteligente cae, se pone a pensar. Y, entre otros, el Bayern contaba con figuras como Franz Beckenbauer, "El Káiser", quien de las cenizas de esa derrota empezó a recomendar un cambio de filosofía en su club, para seguir en lo más alto. El Barcelona seguiría arrasando y siendo capaz de proezas tales como endosar un 5-0 por primera a un equipo comandado por José Mourinho o elevar su fútbol de toque a otra escala en Wembley, donde Sir Alex Ferguson reconoció "Nadie nos había dado una paliza así".


Esa reconversión se tradujo en el afinamiento de una plantilla que fuera competitiva y no tuviera esa sensación de impotencia ante un rival (el Barcelona acabó con un global de 5-1 la eliminatoria, convirtiendo práctricamente en trámite la vuelta, pese a las peticiones del veloz extremo Ribery, apelando a la épica). Jupp Heynckes fue añadiendo elementos a su plantilla, como Arjen Robben, el brillante jugador holandés con salud de cristal y que había sido uno de los principales damnificados por el 2-6 protagonizado por el Barcelona, al militar él en el club merengue. La salida fue traumática para el holandés, quien sintonizaba muy bien con la afición de los blancos.
 
 
 
 
Con el ya citado francés y Robben, los alemanes lograron dos puñales para las alas adversarios, aunque no fue un proceso fácil. Robben sería muy señalado por fallar el penalti decisivo en la final contra el Chelsea del año pasado (donde el Bayern pagó muy cara la presión de de ser locales y el voraz hambre de un Didier Drogba decidido a no despedirse de los blues sin hacerlos campeones), mientras que Ribery, imaginativo atacante, lo pasó mal con las peticiones defensivas de Heynckes. Verle ayer bajar a defender con maestría y poner en tantos aprietos a un Dani Alves que pareció incapaz de encontrarle respuestas, parecía marcar la transición y cambio de tendencia. El descarado brasileó había sido uno de los grandes fichajes del Barça de Guardiola, pero en estos 180 minutos, tanto él como Jordi Alba (el gran as en la manga de Vicente del Bosque para Eurocopa), fueron eclipsados por las dos dagas rojas.




Paulatinamente, el Barcelona evolucionaba su estilo, aunque también dejaba alguna cosa en el camino. Pep Guardiola se inventó una nueva demarcación para Messi, quien pasó de ser un excelente jugador a un ganador de cuatro Balones de Oro y el mejor falso 9 del mundo. Con unos registros goleadores de ciencia ficción, el experimento Guardiola sorprendió en la propia Argentina y consagró a "La Pulga" como el buque insignia del club. En su empeño, por cuestión de feeling, Guardiola dejó escapar a Eto´o (cuesta imaginar al Inter eliminando a los culés sin contar con el camerunés) y tampoco hizo mucho por retener a Henry.
 
 
 
Mientras la llegada de Ibra como el fichaje más caro del Barcelona se traducía en un fulgurante inicio y un decepcionante final para las expectativas creadas, el Bayern descubría talentos que habían pasado a los ojos de los mejores ojeadores, desapercibidos. Con su colosal presencia y sentido del desmarque, Mario Gómez se destapaba y se iba convirtiendo en la presencia que tanto ha temido el conjunto catalán en los córners, fundamentalmente el partido de ida.


 
La pasa temporada, el Chelsea fue el verdugo de sendas escuadras. Heynckes tomó buena nota del desgaste que fue la durísima serie contra el Madrid (saldada con las heroicidades de Manuel Neuer incluidas) y que llegar con gasolina al depósito sería decisiva. No le ha sido fácil este curso al técnico de 68 años, antaño, mítico delantero de la mejor versión de Borussia Mönchengladbach, sabiendo que ya tenía sustituto. Efectivamente, los directivos muniqueses (que incluyen a antiguos mitos del equipo como Hoeness, Rummenigge), lograron el sueño de "El Káiser" Beckenbauer y se hicieron con los servicios de Pep Guardiola. Con Heynckes aún activo, no ha sido fácil para ambos estar en esa situación, pero ambos han sabido mantener las formas, mostrar su mutua admiración y, ahora, Heynckes podrá decir que dejó muy alto el listón para el entrenador de moda.
 
 
 
 
 
Cuando en 2009, el Barcelona de Guardiola, tras titubeos iniciales, empezó a ganar por 5-0 muchos partidos e incluso golear fuera, no fueron pocos los medios y aficionados que dudaban de que su florido estilo fuera efectivo a la hora de la verdad, incluso cuando el Lyon de Benzema cayó abatido por 5-2 en otra primera parte de fantasía para el respetable de la Ciudad Condal. Lo mismo se pensaba en el mundo ante las exhibiciones del Bayern en la Bundesliga, ganada con una suficiencia que parecía de dibujos animados. Incluso se dudó del legendario Buffon, protector de las redes de la Vecchia Signora, como si los goles de los muniqueses fueran regalos.
 
 
 
 
 
Ciertamente, a la cita de la semana anterior, ningún barcelonista (quien escribe, incluido), esperaba que el cártel de favorito estuviera tan decantado para los dueños de Allianz Arena. Heynckes y Guardiola volvieron a eludir con sapiencia las polémicas ante los micrófonos, mientras el depósito del coche del Barça tenía pocas reservas en el tanque y, muy especialmente, su conductor, Lionel Messi, estaba muy tocado. Su mera presencia había bastado ante el París Saint-Germain, que mereció pasar y no pudo con el efecto psicológico de la presencia del 10.
 
 
 
 
 
Durante todo el año, la pérdida de dinamita había sido un hecho negado. Tito Vilanova había logrado arrancar la Liga española como una apisonadora, marcando una gran distancia del Real Madrid. Era cierto que David Villa no era el mismo que había marcado el mejor gol en la final de Wembley, pero, nadie esperaba lo que ha pasado con "El Guaje", de más a menos durante su estancia en Can Barça. Bien es cierto que su lesión en el mundialito de Japón marcó un antes y después para el artillero. Álexis Sánchez, que prometió mucho en Italia, no se encontraba desenvueltos en el nuevo sistema y los espectros de Eto´o, Henry, Bojan, Touré Yaya y compañia, iban haciéndose más y más visibles.
 
 

 
Y lo que sucedió quedó claro desde el principio. El Bayern no regaló nada al Barcelona, ni siquiera el favor de subestimarle. Estaban diezmados sin tipos tan discretos pero necesarios como Mascherano, pero los de Münich empezaron a desgastar a los azulgranas sin faltarles al respeto. Llegó el 1-0 y pareció poca recompensa para un primer tiempo donde Ribery ya tuvo un mano a mano con Valdés. Que el húngaro Kassai no tuviera su mejor noche, no fue una excusa, aparte de buen colegiado por norma general, las dos escuadras fueron igualmente perjudicadas (manos de Piqué, gol en fuera de juego del Bayern, etc.). Al descanso, mientras los azulgranas tenían dudas, la Messidependencia se perpetuaba y Heynckes había colocado las suficientes coberturas para no consentir otro milagro como ante el PSG.
 
 
 
 
 
Con un dominio insultante en las jugadas de estrategia, Robben y Ribery camparon a su antojo, mientras Thomas Muller era impredecible para los defensas blaugrana, algunos demasiado bisoños y otros, lejos de sus mejores días psíquicos y físicos. El 4-0 era un resultado justímo y Neuer ni siquiera tuvo que parar un disparo entre los tres palos. Ni siquiera ante la prensa se rebajó la presa y Heynckes se negaba a dar por muerto o despreciar a la potencia que seguía siendo el Barcelona. La hegemonía de seis semifinales seguía en el recuerdo agradecido, pero, por primera vez, no eran agoreros quienes intuían que era el ocaso de un estilo que había deslumbrado.
 
 
 
 
 

Aunque voces tan cautas como Vicente del Bosque abrían la rendija a la esperanza y que el sistema que tantas alegrías al fútbol español seguía vigente, no era menos cierto que, más allá del resultado, el Bayern se llevó buena parte del aúrea que había acompañado al Barcelona. Ni en el peor de los momentos ante Inter o Chelsea, se les podía acusar de no jugar bien o actuar de manera imprecisa. Por primera vez, pareció que la magia de los incomparables Xavi Hernández y Andrés Iniesta había desaparecido ante el exuberante despliegue teutón, nunca exento de talento. Piqué llamando a la esperanza recordaba al Ribery de 2009, más amparado en el corazón que en la lógica.
 
 
 
 
Pero aún quedaba otro recital operístico de la plantilla de Heynckes, un engranaje donde los recién llegados como Javi Martínez han sabido adaptarse y crecer de una forma muy visible. Arjen Robben finalizó un drama que la ausencia de Messi solamente agravó, marcando un tanto de bellísima factura. A partir de ahí, sino antes, el equipo que había sido la referencia de todos (y que quizás se lo haya creído este último curso, después de muchos años de prudente mesura y capacidad de generar simpatía), se convirtió en un juguete roto al que el Bayern endosó dos goles más, aunque pudieron ser bastantes más. Las sensaciones eran muy parecidas a las que la Ciudad Condal estaba acostumbrada, aunque andaban más acostumbrados a dar que recibir.
 
 
 
 
Como de los errores también se aprende, no hubo aspersores. Igual que el Bayern aquel ya casi lejano, 2009, el Barcelona tiene que aprender desde la humildad. La que empezó a entender un tipo tan inteligente como Xavi Hernández cuando se bajó de su pedestal (ganado, por otra parte), para reconocer que al Madrid solamente le faltó un gol para estar en Wembley y que ellos habían sido barridos de forma clara por un rival potente, sólido, serio y con señorío. Peor anduvo Rossell, acordándose de árbitros, algo que solían hacer las víctimas del Barcelona, cuando, nada de lo acontecido en los 180 minutos, indicaba que un criterio distinto en las sanciones, hubiera dado la más mínima opción a los blaugranas, preocupados en perseguir sombras y que quizás en el auto-gol de uno de sus buques insignias, Piqué, resumió muchas de las frustraciones, las mismas que sintió un público educado ante la falta de sangre de algunos elementos de la ecuación.
 
 
 
 
 
En Londres, el Bayern tendrá la gran oportunidad de seguir su sueño del triplete, que el Barça coronó en aquella final de Roma. Haría mal en subestimar al Dormundt, pero, desde luego, el juego de los de Heynckes será recordado. Como el del Barcelona de Rijkaard, Guardiola y Vilanova.
 
 
 
 
Pero, les ha llegado el momento de mirarse al ómbigo, trabajar fuerte en el verano y reconocer que hay un equipo que, como los Bulls de Jordan hicieron con los Lakers de Magic, les ha arrebatado el cetro de referencia...
 
 
 
Y también, con ello han marcado la ruta que deberán seguir los clubes españoles para recuperarlo...

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