domingo, agosto 9
Creo que era de recibo y justo que fuera nuestro buen amigo Klego quien se encargase de la primera entrada, la más importante, la de la bienvenida. A fin de cuentas, ha sido su esfuerzo e iniciativa (como varios años atrás cuando creo el primer Never Shall me down) la que han hecho este blog posible. Siendo sinceros, esta entrada, es un poco improvisada, pues antes me hubiera gustado hacer una breve introducción de lo que ha sido nuestra Liga pachanguera, o quizás un repaso al apasionante mercado de fichajes de la NBA y la ACB, entre otras competiciones. O tal vez un repaso a cómo llegan la selecciones al Eurobasket que se celebrará en el bello país de Polonia.
Sin embargo, el panorama del deporte nacional está de luto improvisado, por una de esas desgracias de la vida. En efecto, salvo que uno haya permanecido aislado de las noticias y periódicos desde ayer a las nueve de la noche, lector o lectora, sabrás que Daniel Jarque, recientemente nombrado capitán del Espanyol de Barcelona ha fallecido de una forma súbita e inesperada, en la concentración de su equipo en Florencia. Aunque no se trate del deporte de los aros, creo que era de recibo comentar semejante hecho.
Como culé confeso, no soy ninguna autoridad en los entresijos del gran rival de la misma ciudad, aunque por supuesto, había seguido con interés la evolución de este muchacho de apenas 26 años. El brazalete que su entrenador le había entregado demostraba que gozaba de la confianza del vestuario y que sus compañeros le respetaban, también estaba al tanto de que teniendo en cuenta sus imenjorables precedentes con la sub 20, incluso el seleccionador Vicente del Bosque le contemplaba como futuro reclamo a la absoluta. Sumad a ello un feliz noviazgo, un hijo a la vuelta de la esquina, una Copa del Rey y un subcampeonato de la UEFA frente al mejor Sevilla de la Historia y convendremos en que el futuro de Jarque se antojaba prometedor y brillante, en lo personal y profesional.
Sin embargo, conforme uno tiene más años, se da cuenta de que si la vida tiene sentido del humor es amargo, cínico y solamente ella lo entiende. No hace tanto, apenas dos años, a finales de agosto, otro joven lateral, Antonio Puerta, fallecía tras haber sufrido un colapso en un partido liguero contra el equipo del Getafe. Recuerdo que apenas había comenzado la Liga, el grupo de amigos estábamos a lo nuestro, practicando en los aros del Saavedra (un instituto cordobés donde solemos jugar las pachangas cuando abre), especialmente uno de nuestros mejores jugadores, Rodrigo, se mostraba muy chocado por la noticia. Con el tiempo, creo haber entendido por qué, Rodrigo no solamente es un excelente jugón sino que es profesional en este deporte, ha jugado en varias categorías, es un joven sano y que disfruta con el deporte. Creo que la noticia de Puerta a él le afectaba directamente, porque le recordaba que no importaba lo sano y fuerte que no esté, nadie se escapa a este tipo de cosas cuando la mala suerte llama a tu puerta. Ironías de la vida, el jugador que eligió el Espanyol para llevar las flores (algo que hicieron todos los equipos de la Liga) a Puerta, fue uno de sus jóvenes valores, el canterano Daniel Jarque, que no sospechaba que en esta presente campaña, serán los otros capitanes quienes le rindan un sincero homenaje.
No quisiera que esta pareciera una entrada pesimista. Es cierto que esta es la clase de noticia que uno siempre rezaríia por no tener que decir, pero creo que si lo miramos con objetividad, Jarque tuvo una buena vida. Es tristísimo que alguien se vaya de este mundo, pero cuanto menos, consuela que fuera una persona feliz con su familia y que hubiera disfrutado hasta el último día de su gran afición. El repentino ataque se lo hubiera llevado de todas formas, pero nadie le podrá quitar nunca los buenos recuerdos de su poco más de veintena de años. A veces, nos olvidamos de que esto es solamente un juego. Muy divertido, pero juego a fin de cuentas.
Por último, no a esta escala de tragedia, pero si que me he enterado tras volver de un pequeño viaje por Inglaterra y Cataluña, de dos noticias de baloncesto muy particulares. Una tiene que ver con el antaño considerado ídolo del playground, Stephon Marbury. Excelente dominador de balón, muy buen triplista y creativo, Marbury al parecer está en horas bajas, su futuro en los Boston Celtics es incierto y tras el frascaso de su mega-contrato con los Knicks, pocas franquicias se arriesgarán en contratar a un jugador con fama de problemático. Ahora Marbury es más noticia del mundo sensacionalista que del de la pista, con cámaras vigilando todos sus movimientos y si los informes que he leído son ciertos, probablemente su salud mental no esté en sus mejores momentos, quizás pasando por una especie de depresión. Es triste pero real que un jugador profesional de tanto talento y con tan buenos contratos haya despilfarrado tantas campañas, con apenas destellos de su infinita clase.
La otra, tiene que ver con el último gran ídolo de Philly, el único e inimitable Allen Iverson. Al parecer The Answer tiene poco futuro en los Detroit Pistons (el juego coral del equipo del Este encaja poco con sus prestaciones, más ahora con sus problemas de espalda que limitan su tiempo en cancha) y aunque al contrario que Marbury parece que tanto en América (Memphis) como en Europa (los multi-millonarios equipos helenos) le quieren, el mítico anotador (cuatro veces líder de esta faceta en la mejor Liga del Mundo) tampoco está atravesando sus mejores momentos. En una charla con unos jóvenes, vimos incluso a Iverson soltar unas lágrimas, algo bastante duro en uno de los jugadores más intensos de su época. Se han hecho muchas especulaciones, que si es el ocaso de su carrera, que ahora lamenta los múltiples enemigos que se ha ganado por su carácter único, sus problemas con la justicia...
Espero que eso no sea verdad. Iverson en realidad solamente debería lamentar haber carecido de la suerte de otros (como Kobe o Wade) de haber tenido una presencia interior de garantías para acompañar su talento exterior (para muestras un botón, pongan su duelo anotador con Vince Carter en la serie Sixers-Raptors) y que las lesiones le mermasen un poco menos. Con todo, junto a centenares de galardones individuales, un título de la Conferencia Este, un subcampeonato de la NBA y una medalla de bronce olímpica, Iverson necesitará solamente un poco de tiempo para recordar lo grande que ha sido para este deporte. Igual que Stockton, Malone o Pete Maravich, será uno de los pocos escogidos que no necesiten un anillo de campeón para ingresar en el selecto Hall of Fame.
Tres historias, ninguna de este triunvirato es solamente deporte. Y la única lección sensata que podemos sacar es que nunca sabremos cómo acabará y que no hay que obsesionarse con el resultado, pues al final, como diría César, los dados estarán en el aire. Lo único inteligente es buscar ser feliz y hacer lo que nos gusta sin ofender a nadie, disfrutando cada minuto y cada partido... como hizo Daniel Jarque.
Es lo único que no te pueden quitar. Es lo que importa.
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