martes, septiembre 22
No voy a engañaros, Alonzo Mourning nunca fue un artista. Lo suyo no era tirar como Alex English ni pivotar como Kevin McHale. Mourning pertenecía casi a otra época, más cerca de Karl Malone que de esta nueva generación de centers versátiles, un individuo más apegado a la fuerza del trabajo duro que los tacticismos y pizarra. Mourning era un guerrero de otro tiempo, un soldado homérico en una época de tecnologías y armas de distancia. Y como tal se comportó desde un primer momento, sin dar lugar a dudas.
La suya, sin embargo, no fue una trayectoria afortunada, juzgadlo vosotros mismos. Ser el número dos de la ceremonia del Draft no es moco de pavo, pero imaginad que sois una nota media de 8´8, es decir altísima, pero que vuestra misma carrera se la coge un tío que tiene sobresaliente. Y es que desde el pitido inicial, Mourning tuvo que convivir con su privilegiado compañero de generación, Shaquille O´Neal, quien involuntariamente, condenaba a Alonzo a ser el número dos en tapones, rebotes, puntos y posibilidades de futuro. Mientras un lanzamiento cetero de Mourning lograba una histórica eliminación de los Boston Celtics en primera ronda con los Hornets, Shaq ya era la gran estrella de los Orlando Magic antes de salir a pista.
Pero Alonzo no se resignó. Sobre todo con un traspaso que le dio sentido a su trayectoria, un lugar donde encontró a un hombre que forjaría su juego y explotaría sus excepcionales cualidades defensivas, Pat Riley. Bajo el Sol de Miami, Mourning protegió a los Heat de sus enemigos, en aquellos míticos días donde Michael Jordan y sus Bulls campaban sobre la NBA como Titanes intocables. Siempre con medias sobresalientes en puntos y en rebotes, ZO, como le apodaban, se hizo el jugador más querido de la grada, y uno de los rivales más peligrosos del gran pívot de la época, Pat Ewing, el niño bonito de la Gran Manzana.
Los duelos d Ewing y Mourning trasladaban al espectador a tiempos arcaicos. Incluso los árbitros comprendían que estaban en otra galaxia, donde el reglamento estorbaba. Las finales del 97 y 98 tuvieron los Rodman verus Malones, la ACB tuvo a los míticos enfrentamientos de Fernando Martín y Audie Norris, la Conferencia Este podrá presumir para siempre de haber vivido la guerra de los Knicks y los Heat, en tres eliminatorias de Playoffs seguidas. Y lo más curioso es que luego fueron amigos, convivieron juntos en la selección (aquellas míticas fiestas de hotel que narraba el periodista Sixto Serrano) y que se respetaron, pero todo se olvidaba en aquella pelea de perros por conseguir el rebote. Codazos que a otros hubieran descabezado, caídas que a muchos otros le hubieran costado una lesión, arañazos, empujones, trash-talking… todo valía para ganar un metro al rival. Y tanto ZO como Pat respondían únicamente apretando más las clavijas en la siguiente jugada. No era el baloncesto más bonito del mundo, pero decía Pat Riley, impregnaba un gran respeto.
Y entonces, igual que otros grandes que tuvieron la desgracia de convivir con Jordan y Olajuwon, Mourning parecía destinado a ser una gloria sin anillo. Mas cuando tuvo que perder un riñón, muchos pensaron que no volvería, que se habían acabado las batallas. Pero a veces se cruzan en el deporte algunas personas especiales que están por algo más que por cobrar una elevada nómina de ceros a su cuenta corriente. Bernard King volviendo después de destrozarse la rodilla ya no estaba solo, Mourning logró que los Nets traspasasen sus derechos a Miami, quería volver a intentarlo en casa.
Aquello debió de ser muy duro para él. Antaño héroe, ahora se veía condenado al banquillo. De titular indiscutible a guardaespaldas de la joven estrella, Wade, de ser el señor del rebote a ser el que daba los minutos de descanso de Shaq. Pero jamás se quejó, luchaba sus cinco minutos como si fueran una Final, daba una intensidad que compañeros y público agradecían, e incluso Wade y Shaq se cuidaron mucho de hacerle llegar siempre su admiración y respeto. Lástima que en Finales de Conferencia, los embalados Pistons de Larry Brown les robaron el billete a las Finales NBA. Fue un duro golpe, pero para ZO aquello era sencillamente un “hasta ahora”, no había navegado tanto para ahogarse en la orilla.
Y la siguiente temporada estuvo allí. En las Finales contra Dallas, con Wade disfrazado de Jordan, logró tener su merecídisimo momento de gloria, el momento que la Fortuna esquiva le tenía que haber dado mucho antes. Varios puntos, pero sobre todo cinco tapones para conservar lo que Wade había logrado en ataque, “no quiso ser espectador en la conquista de su anillo”, así lo tituló la prensa y así fue. Aquello cerró un ciclo, quizás debió haberse retirado entonces, pero la tentación de seguir en los Heat era demasiado grande, siguió ofreciendo sus energías desde el banquillo, pero después vino el rosco ante los Bulls y el resto es Historia.
Hace unas semanas, junto a Pat Riley, ¿quién si no? El guerrero al fin comprendía que era el momento de buscar otro oficio. No se cerró ninguna puerta, apenas pasa de la cuarentena y sus gafas funcionan perfectamente para ver el mundo. Sencillamente, hay otros frentes a los que partir. Y ahora, Miami se apoya en Wade, tan vibrante como siempre, y confía en el futuro de jóvenes como Beasley, pero ahora hay un número que pide a gritos ser retirado, nada será lo mismo bajo el Sol de Florida… no sin ZO.

ESTE ARTICULO FUE ESCRIT POR MARCOS RAFAEL CAÑAS PELAYO EL 2 /09/2008 EN LA ANTUGUA REVISTA DE NEVER SHALL ME DOWN Y RECUPERADO POR RAFAEL NAVARRO SAMANIEGO PARA LA NUEVA REVISTA.
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