domingo, octubre 25


Esta es la historia de una amistad. También de una admiración mutua. Claro, antes de que llegase el rencor, los celos y los malentendidos. Es el duelo de dos genios, del gran mago y el mago de bolsillo, de dos campeones universitarios que deslumbraron como novatos y lideraron a California y Detroit a finales de los 80. Son Magic y Zeke.
Todo comenzó cuando alguien decidió romper un monopolio. Misteriosamente, Boston Celtics no estaba en la Final de la NBA, unos chicos malos con banderas piratas habían dicho basta de juegos. Magic, que había vuelto a encontrar al eterno Kareem, sonreía, como siempre, un nuevo reto. Aquel base afroamericno le caía bien. Era rápido, listo, gran triplista e imaginativo. Salvo en los triples, se parecían mucho, con una salvedad, el 1´80 de Isiah le limitaba, mientras que la atalaya de más de dos metros de Magic le permitía ocupar cinco opuestos, algo que solamente ha logrado con esa eficiencia Scotty Pippen.
Fue algo divertido. Se conocían de los All Star, decían que se gustaban, que Magic le reservaba una casa cerca de donde Will Smith conoció al tío Phil, para sus desplazamientos a LA. Y claro, a Isiah le habían hablado en la ciudad del motor del mago de Michigan. Aunque somos viscerales y a veces demasiado broncas, los seguidores de los chicos de Chuck Daily nunca hablaron mal de uno de los suyos, le habían conocido y le seguían queriendo, aplaudiendo entre dientes apretados sus pases mirando al tendido en el aterrador Palacio del Miedo.
El juego físico al extremo de los Rodman y compañía obigó al Showtime en una de las batallas más hermosas que se recuerdan a desgastarse en siete partidos con polémica final. Muchos celebraron que el juego preciocista de los californianos triunfase sobre el cemento y la pegada de los de Isiah (a quien la prensa, entre admirativa y recordándole sus limitaciones, "Mago de bolsillo"), pero otros, aún recuerdan a cierto árbitro que vio la falta más fantamas que nunca hubo sobre el anotador Jabbar. Para Isiah aquello fue frustrante, se había dejado el tobillo tratando de liderarles, había anotado como nadie y corrido como muy pocos, pero Magic, siempre Magic, había encontrado la forma de mover a su equipo, de cerrar filas ante las brechas de los rivales.
Quedaba la revancha, pero a todos les llamaba la atención el beso fraternal en las mejillas. Aquello no era lo de Larry Bird, la gran Némesis, se trataba de un amor de brothers, de dos colegas que veían el basket muy similar...Zeke mandaba a unos obreros no exentos de talento y mucha voluntad, mientras que Magic bailaba con estrellas que no hacían ascos a sudar con labores de infatería. Pero la segunda Final fue un chiste, Magic se lesionó, Detroit no tuvo piedad y el asesino silencioso Joe Dumars (uno de los mejores defensores que nunca se topo Michael Jordan) se erigió MVP pese al liderazgo espiritual de Zeke que bramó: "El cielo debe ser como esto". Dos Finales, un triunfo de Magic y otro de Zeke, grandes amigos, ¿verdad? Lástima que llegase MJ.
Nunca se soportaron. Los biógrafos del mejor jugador de todos los tiempos suelen pasar por alto esos tres primeros frustrantes años de batallas en Playoffs. Los más neutrales, no cegados con el dios de ébano que volaba por encima de todos, piensan que Isiah y los suyos enseñaron a Jordan a competir, por primera vez le dijo alguien: "No eres tan bueno. Podemos pararte". Pero Jordan era dos cosas, buenísimo pero muy reconoroso, e Isiah, a parte del mejor crossover de la Liga con permiso de Iverson, era muy, muy envidioso. Quiso evitar que ese novato al que las tiendas de zapatillas tanto doraban la píldora le robase el All Star, pactó con Magic como rival y con los otros bases del Este que le seguían, que el muchacho no recibiese balones. Jordan no lo olvidó, era su debut soñado entre los grandes y le habían fastidiado.
La venganza fue dulce, era la segunda vez que les lideraba Phil Jackson y mataron a unos Bad Boys al fin debilitados física y mentalmente en una dura campaña. Jordan y Pippen esperaban en el túnel de vestuarios, pero Isiah, siempre él, el único Bad Boys 100 por cien, lideró su camada para salir unos segundo antes, en un desplante de mala deportividad, pero, ¿acaso había otra manera de entender su filosofía? Jordan y él nunca se perdonaron. Pero no podía esperar Isiah qe la venganza cayese como fue, quizás pensó, que el tren de mercancías que era Jordan se sentiría colmado con los dos siguientes anillos. No esperaba lo del 92.
Fue una cumbre. Chuck Daily quería tenerle, era su chico, la pieza maestra que había creado su Dinastía, pero varias voces (aunque solamente ahora concemos todos los entresijos) le vetaron. Uno de los mejores bases de todos los tiempos no pudo ir al Dream Team. Larry Bird, que no se olvidaba de que Isiah le había puesto verde ("Si fuera un jugador negro solamente sería del montón") le negó, Jordan, que sabía que Stern y compañía no podían perderle, lo sentenció. Hoy día también conocemos que Karl Malone, el gran ala-pívot, asimismo apostilló: "¿Quién necesita ese jugador?". Magic no dijo nada, jamás hasta hoy supo Isiah que había estado metido en ello, pero recientemente ha declarado que ha sido una puñalada, que años de amistad se han ido al garete de la farsa.
Magic por un lado se decía que Zeke se lo había buscado, pero no podía olvidar como Isiah se había divertido con él en el último All Star de Johnson, lejos de la incomprensión de Malone o del recelo por su vida sexual del gran público, Isiah le había regalado un memorable uno contra uno, para ser perfectamente emulado por Jordan, en la despedida soñada por el mago. Pero no defendió a su camarada, Barcelona 92 no fue lugar para Isiah. El rencoroso Bad Boy se vengó donde mejor se movía, cogió a su sucesor, el gran John Stockton y le ridiculizó, a uno de los mejores play-makers de la Historia le hizo pedazos en un partido memorable,lideró a Detroit en vencer a Utah y machacó al mejor ordenador de Sloan con más de 40 puntos. Malone, el inseparable camarada de Stockton, propinó un fuerte codazo que dejó de baja varios días y con molestias en la visión a Isiah, la única forma de pararle.
Después todo fue el silencio. Jordan siguió reinando y ellos terminaron como entrenadores. Magic nunca triunfó, Isiah empezó mucho mejor en Indiana, paradójicamente a las órdenes de Larry Bird. Jermaie O´ Neal, Reggie Miller y cía agradecieron a Zeke ser el mejor equipo del Este ese año, aunque fracasos en postemporada le hicieron dar las maletas, dicen que el vestuario votó en contra, pero que "El Pájaro" no olvidaba a su enemigo, el hombre que al margen de lengua viperina, había acabado con sus temibles Boston Celtics.
Magic, que nunca fue un gran entrenador, volvió a las canchas un breve período de tiempo, volvió a medirse con Jordan y lo dejó. Se convirtió entonces en un relaciones públicas, siempre amado por la grada del Staples, algo que aún hoy no comprenden los fánaticos de Shaquille o de Kobe, dos genios absolutos, pero es que siempre será Magic el más adorado por una grada que ama el show más que nada en este mundo. Magic aún le recomendaba a Zeke, quizás con complejo de culpa, lástima que Isiah empezase a ir a la deriva. George Karl le llamó payaso cuando casi parecía un instigado más de la tangana que Denver y New Yorko dieron un día de temporda regular. Reconociendo siempre que Karl es un entrenador superior a Zeke y Zeke un jugador infinitamente superior a lo que fue Karl.
Magic terminó harto, también de los problemas con las drogas de su antiguo aliado y de que dijeran que era Isiah la causa de la deriva del Madison. Dejó de recomendarle, pero Isiah casi parecía entenderlo, lo que no esperaba era ese comercial libro que ahora ha salido en conjunto con Larry Bird y donde ha sacado la ropa sucia. Casi parecían haber invertido papeles, ahora era Magic el que aireaba todo y Zeke el que estaba mirando a otro lado.
Dos viejos genios ahora enfrentados por envidias, rencores, ahora resulta que el buen chico no era tan buena persona y que el malo, aún siendo malo, ha sido el traicionado. Atrás quedaron aquellos besos... en tardes de Payoffs de verano. Triste ocaso.
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