sábado, octubre 24
Equipo A: Gabriel, Álvaro González, Carlos Ortiz Ariza, Samuel Gracia (Sammy) y yo.

Equipo B: Manu, Juan Manel Luque Gomarín (Juanma), Miguel Collado León (Easmo), Antonio, José Carlos y Álvaro.
Un partido como el de ayer tiene dos lecturas. Dos tiempos para cada equipo. El problema es que cuando pasa eso, al que remontan le crecen los enanos y los que han reaccionado borran todos sus defectos, ya nadie se acuerda de mi primer triple que no tocó ni aro, de ciertos momentos de egoísmos y nuestra pésima defensa zonal, donde Juanma, rayando a un nivel realmente excepcional, no endosó más de cuarenta puntos, que además nos obligó a abrir tanto las líneas exteriores que fuimos presa de Manu y Carlos con los triples.
Juanma se burló (en el buen sentido de nosotros), este cuarto año con nosotros le veo mejor que nunca, casi con en el primero, más suelto, generoso con los compañero, divertido, sin esa presión estúpida de organizarlo todo que veces tiene. Cuando se dedica a decidir y mientras mueve al equipo está por encima de todo, da gusto verle jugar, aunque sea machacándote. Nos fuimos al descanso pensando que peor no podíamos jugar, sabiendo además que el otro Álvaro se había convertido en la reencarnación de T-Mac, y que su sustitución por Easmo no les estropeaba nada, combinando con Juanma nos metió seis puntos en tres minutos. Básicamente nos convertimos en un boxeador punto de desplomarse que se mantiene en el cuadrilátero a base de instinto, rezando porque suene la campana.
Y de repente, nosotros, que habíamos estado siete minutos cincuenta sin ver aro, que habíamos sobrevivido a base de casta, sudo y lágrimas (tirarse a cada bola, recoger nuestros propios rebotes...) nos hicimos más unidos que nunca. Álvaro al fin encontró el hueco para penetrar yeso liberó a Carlitos que se disfrazó de Spanoulis. Gabriel se encontró y desafió a Juanma, con ganchos, su misma medicina. Lentamente volvíamos, pero Antonio y José Carlos seguían metiéndolas, caeríamos dignamente, pero poco más. Pero entonces, el supuesto Waterloo se tornó Marengo.
Easmo empezó a notar que sus nuevos compañeros, a diferencia de otros que ha tenido, era la primera vez que jugaban con él, salvo Juanma, siempre certero en el pase, tuvieron una fe un poco débil con él de manera inconsciente y que les limitó. Entonces nosotros jugamos en equipo, Sammy sacó una osadía que parecía en la nevera, Álvaro se jugó cosas suicidas que solamente le entran a él... Y mi famoso triple. Perdón por la arrogancia, pero convendremos que es curioso cuando lanzas muy fuerte y con parábola, choca en la paleta, sube hasta tablero, vuelve a caer, rebota cinco y veces y vuelve a entrar. Eso hundió un poco al rival, porque en dos jugadas muy similares, a Juanma y Easmo se les escupieron sus tiros. Me supo mal porque ambos son amigos, pero había que apretar y aprovechar que algunos de nuestros defensores que nos habían dominado por 36 papás, empezaban a mirar la hora y a querer que aquello terminase.
Sammy y yo robamos más balones en ese último tramo que en todo el anterior de la primera parte, nos lo ibamos creyendo y Gabriel estuvo para liderarnos. Juana advertía que era un colchón fácil de dominar, pero algunos estaban haciendo la guerra por su cuenta (qué bien les hubiera venido Álvaro). Y precisamente su tocayo me dobló un balón al centro que me impresionó por cómo lo sacó y me dejaba totalmente libre, Easmo se dio cuenta e intentó salir, pero tuve mucho tiempo. Hubo suerte y entró limpia. Me supo mal las malas caras de compañeros como Easmo, pero habíamos tenido demasiados elementos (el regate de Álvaro, la fe de Sammy, la frialdad de Carlitos en el tiro y por supuesto, el liderazgo de Gabriel y mucha, mucha suerte) y creimos en ellos.
En la otra pista, Daniel Collado León se encontró liderando a sus jóvenes compañeros a dos pistas. No fue un partido fácil para Dani, por calidad, experiencia y clase, debía dominar, hacer jugar a los compañeros y ganar fácil. No hay nada más complejo que ello, eso se notó en los primeros minutos. Aunque a él no le gusta el corre-calles, en los tiempos muertos observé que el ritmo del partido iba así. Incluso sus esforzados rivales se pusieron por delante. Por fortuna, entre Daniel y El Zurdo lograron un tiempo muerto totalmente terapeútico que les hizo comprender que a pesar de ir en inferioridad numérica, debían y por encima de todo, podían ganar ese encuentro. Así lo hicieron. Daniel se había empezado a doctorar en la pachanga, había formado su propio grupo de jugones y había destacado en el encuentro sin arropos de veteranos.
PD: Imagino que ya será de dominio público la actual guerra fría entre dos célebres, Magic Johnson y Zeke Isiah Thomas. El próximo artículo tratará de hacer un repaso de esta amistad de amor-odio. De momento les adelanto que el título será "Historia de un beso". Cordiales saludos.
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