lunes, noviembre 9



No me ha resultado fácil escribir esta etrada. Lleva madurando desde que se supo que Bruce Bowen, el incombustible defensor de los dinásticos San Antonio Spurs colgaba las botas. Se ha ido como suelen hacer las cosas en El Álamo, sin hipérboles ni estridencias. Pero eso sí, se echó en falta agún comentario de Greg Popovich al que ha sido su perro de presa más fiel. Año tras año, titular indicutible (un estatus que por ejemplo no se ha ganado toda una estrella como "Manudona" Ginobilli hasta mucho después) de los Spurs, deja tras de sí muchas contradicciones.
Para los resultadistas, Bowen presenta unos inmaculados cuatro anillos, muchas victorias en regular season y hasta su retiro, ha sido codiciado por plantillas campeonas como las de los Celtics. Su oscuro inicio como jugador exiliado en Francia y su pasó más bien fugaz por franquicias como Miami, no auguraban que estuviera presente como actor principal en la Liga más exigente del mundo. Pero así fue, por lo cual se habla de entrega, sacrificio, sudor, lágrimas... y juego sucio.
Larry Brown afirmó en las Finales del 2005 que Bowen era "La Peste" por su tipo de juego. Ray Allen (a quien Bowen casi fastidia el tobillo), afirmaba que su juego no era baloncesto y que era propio de m... mejor no acabamos la frase por si nos lee alguien civilizado/a. Otros por el contrario (por ejemplo en la añoradísima revista NBA de Marca) resaltaban su eficacia, daba igual que fuera un perro viejo como RIP Hamilton o un joven cachorro como Carmelo Anthony, Bowen siempre bajaba sus números a la estrella del rival. La pregunta es, ¿el fin justifica los medios? Los cuatro anillos brillan, pero...
En primer lugar afirmar que cuando rememoró a Bowen recuerdo una bipolaridad evidente. Se dedicó a arrancar (literalmente) la máscara a RIP Hamilton, mientras ante los medios y en declaraciones le elogiaba, "Nadie se da cuenta de lo importante que es", o mostraba su admiración por la defensa de Prince, el juego interior de los Wallace, el liderazgo de Billups o por su veterano entrenador (en un gesto muy bonito, fue con Popich a saludar a Larry tras el séptimo encuentro, obviando las declaraciones del técnico)... pero en la cancha era un demonio. Andrés Montes, que nos dejó hace poco, no podía con él, mira que lo intentaba, miraba su hoja de estadísticas y seguía bramando porque... y es que Andrés siempre fue de los jugones. Daimiel era más sosegado, aunque bromeaba diciendo que "Bowen es un detective... se tira cuarenta minutos siguiendo a un tío".
Esto ha sido otra injusticia. Burlarse de Bruce por salir en la foto. Recuerdo un momento en concreto, tercer partido de Finales de Conferencia del que sería el segundo anillo del Almirante Robinson, Kobe Bryant llega a California calentado por haber dejado escapar dos victorias en El Álamo. Los periodistas, no sin veneno, le dicen si Bowen que le sigue a Sol y a sombra no tendrá algo que ver con el mal juego del escolta. Naturalmente Bryant sale picado, destroza a Bowen con movimientos de plasticidad increíble, una suspensión sucede a otro y van limpias, la cara del astro es "Puedo estar así toda la noche... ¡quítate de mi camino!". Pero Bowen no lo hace, Popovich no da la señal, Bruce aguanta el chaparrón... Me gustó esa sensación. Hacía el trabajo que el flemático (y excelente) Tim Duncan, el elegante Tony Parker o el espectalar Ginobilli no pueden/quieren hacer. Los palos le llovían y lo aguantaba, además, aprendió a tener una mecánica de tiro, por lo menos no fallar cuando estuviera solo, que dirían los entrenadores, pues las defensas rivales apenas le prestaban poca atención.
Lejos de su amabilidad cuando se refería a otros, "Cualquiera que piense que Kobe no es un entrenador en la cancha no tiene ni idea de baloncesto", dijo defendiendo a su verdugo predilecto. Del mismo modo, se deshacía en elogios hacia Steve Nash, casi venerándolo como base, pero entonces, ¿por qué esa patada en la entrepierna, Bruce? Y es que esa es la Historia, hasta ese momento, salvo la guarrísima (perdón no hay otro adjetivo) treta a X Ray y sus patadas de karake-kid (muy bien disimuladas para no ser nunca sancionado con antideportiva), no iba tan mal... hasta que se cruzó Nash y la filosofía alegre de los Suns. La primera Final de Conferencia fue una lección de madurez de los Spurs que les machacaron en cinco encuentros. Pero la siguiente, cuando Phoenix parecía dispuesta a todo, se convirtió en un instante que cruzó a Peter Pan con Nicolás Maquiavelo.
Nash iba circulando el balón con soltura, los Suns acababan de robar el encuentro, los sádwiches que le hacían Tim Duncan y Bruce Bowen no parecían importar, 2-2 y el quinto encuentro en casa... Robert Horry, le hace un placaje humillante, innecesario y con ningún instante de buscar el balón. Nariz rota, Stoudemire se acerca a su compañero... ¿Resultado? Horry (suplente de lujo y cada vez más disminuido por largos años de servicio) sancionado y Stoudemire (joven pívot de los Suns, una bestia de la naturaleza clave en el resurgir de Phoenix) eliminado. Un poco dispar, más teniendo en cuenta que hubo otros Suns en exilio. Nash, entre avergonzado (había picado en la treta, con la nariz ensangrentada se había levantado con cara de pocos amigos) por haber mordido el anzuelo, solamente pudo desahogarse con el legendario Big Shoot "Creo que Horry no estaba teniendo su mejor partido", sutil manera de comparar su espectacular juego con el de su agresor, paupérrimo aquel año (cuidado, no me estoy metiendo con la maravillosa carrera de Horry, estamos hablado de una temporada muy concreta).
Y el quinto encuentro fue otra maravilla de Nash, a pesar de los empujones de Bowen, lideró a los suyos, pero Duncan disfrutó sin Stoudemire y cierto argentino decidió que era la suya. Pero quisó el destino, o mejor dicho, el baloncesto, dar la daga a Bowen para el triple decisivo... Las caras de Arizona, el equipo que mejor había jugado, eran un poema, los insultos a Bowen que había hecho su trabajo se sucedieron. Quizás desde que Brasil perdiera en 1.982 en Sarriá no se daba un contraste semejante. Bruce se llevaba el gato al agua y Nash (venda en la nariz incluída) nada. Hubo muchas opiniones, algunos periodistas de prestigio como la incombustible Isabel Tabenero hablaron de que el reglamento es el reglamento, pese a las evidencias carencias de la norma, con un genial título, ¿Iba todo el mundo con Phoenix? Admiro mucho a Tabernero por sus enciclopédicos conocimientos de basket, pero, ¿no influenciaba un poquito que fueran los mismos Suns que habían aplastado a sus Lakers en cinco partidos y Nash el chico que había "birlado"dos MVPS a su idolatrado Kobe? Otros enamorados del juego practicado por Nash bajo la batuta de Mike D´Antoni como Vicente Salaner daban pasos atrás, se notaba que les seguía buscando,pero hablaban de madurez, de que San Antonio eran perros viejos... pero recordad que la victoria tiene muchos padres y tropecienos padrinos, la derrota es huérfana y no hay tutores que quieran adoptar.
Desde entonces me he fijado en lo duelos de Nash y Bruce, en sus carreras, en su modo de afrontar la vida... Bruce se retiró con menos focos de los que merecía, pero creo, que en cierto sentido, ha sido algo de justicia aunque sea a destiempo. Miguel Ángel Paniagua, una institución con patas de esto de los aros, le dedicó una entrada muy bien escrita y halagadora, desatando comentarios favorables y desfavorables. Algunos defendían a Bowen por hacer tanto con tan poca materia prima, otros, decían que no lo hubieran querido en su equipo, que hay unos límites para todo, incluso por ganar. ¿Se puede defender sin agredir? Creo que ya tuvimos muchas discusiones en nuestra modestísima Liga, en especial en los duelos Rafa Navarro Samaniego Vesus José Pablo González/Jimmy, pero afortunadamente Rafa reaccionó a tiempo, se dejó de durezas y hoy en día es un excelente reboteador y el más pesado de los marcadores, pero siempre con faltas tácticas y medidas. Otros grandes como Bill Russel jamás precisaron de esas artimañas.
Es un dilema, ¿hasta dónde llegarías? Manudona, en un acto de lealtad por su compañero (por cierto, ¿soy el único que ha echado de menos que el gran Tim Duncan, símbolo de lo mejor de San Antonio saliera de su correcta y tímida actitud para dedicar aunque fuera un mínimo elogio alto y claro de su compañero de aventuras durante tanto tiempo?), afirmaba que fue una pena que no le dieran el MVP de mejor defensor. Popovich, un año, al conocer que se lo daban a Ron Artest lo reclamó para su "segundo a bordo", pero provocaron la genial respuesta del por entonces jugador de Indiana: "Echamos un uno contra uno. Si me lo gana se lo puede quedar".
Los últimos partidos de Bowen, incluso su sorprendente suplencia no provocaron tampoco ninguna satisfacción, creo que ni siquiera entre sus detractores. Se echaba de menos en la pasada eliminatoria de Playoffs donde Dallas puso la directa, que alguno de lo nuevos fichajes de los Spurs se atreviera a exponerse a que Nowitzki se la clavase en la cara como hacía Bowen, siempre sin miedo y pensando en el equipo. No, ha sido todo más desangelado de lo que se esperaba... y es que a diferencia de un genio como Dennis Rodman, Bowen al final se ha excusado de que no era un Bad Boy,tampoco un diry player que dicen los angloparalentes... y al Gusano se le podía perdonar todo porque no ocultaba que era un demonio, pero Bowen quisó ser lobo con piel de cordero.
Repasando su carrera modestamente en Never Shall me Down, no dudaría en resaltar la fuerza mental de Bowen, su confianza en poder robarle la cartera a los mejores (defender pasada la treintena a Iverson no es ningún chollo ni tampoco aguantar los insultos de toda una grada) y su capacidad de hacer que el rival se obsesionase con él y no en el partido. Pero, ay, mes amies, cuando nos metemos en ese "algo más", aunque vayan 4-0, me quedó con el no-ring de Nash, aunque sea de Dallas y Detroit sigo pensando que esa noche había que ser de los Suns. De Bowen se lamentará su pérdida por sus conocimientos defensivos y su entrega (es idolatrado por sus seguidores texanos), pero sin querer ofender a Bruce... cuando se retire a Nash no habrá lamentos, habrá lágrimas, porque al final, prefirió que los métodos estuvieran por encima del fin.
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