lunes, enero 4
Así justificaban en la genial película musical "El violinista en el tejado", que una comunidad judía en la comprometida zona de la Europa del Este, tuviera ciertas rarezas y manías. A nuestro modesto estilo, contestando de paso al comentario de Klego, sí, se volvió a conseguir lo imposible, gente que se recogió de cotillones, casas familiares y hasta desayuno con churros, fue a jugar.
Con alguna lamentable ausencia como la de Rafael Navarro Samaniego por molestias, fui arrancad del letargo y la resaca por un viejo amigo, Antonio Joaquín González Castillejo, eterno admirador del gran defensa y jugador de equipo que es Shane Battier. Antonio puso amablemente su coche a disposición de los pachangueros, lo que las piernas agradecieron. Como el parque de los teletubbies pone ventajas donde otros colocan trabas o perros (¿a qué me refiero? Quien pueda entender, que entienda), nos juntamos una cifra considerable.
Jugamos muchos partidos que me confirmaron que mi puesta a punto va a tardar. Defendiendo más o menos, pero aunque estoy muy orgulloso de una canasta con reverso que tuve la fortuna de anotar (me hizo gracias que muchos se burlasen y hablasen de chufa, creo que los viejos colegas del Saavedra sabrán que es un movimiento que me gusta mucho) tras tabal, carezco de la regularidad que tiene por ejemplo Antoñito, quien es mortal cual Arlauckas en una zona determinada. Ayer no estuvo del todo inspirado, pero siempre es útil y logra sacar sus puntos con una soltura envidiable. Ya era un gran jugador en su época del Carmen, pero ahora está en su justa medida, sabiendo cuando tirar y pasar.
El azar de los tiros libres (afortunadamente éstos si los estoy clavando mejor que otras temporadas pachangueras), me trajeron muy buenos compañeros, entre los que destacaría sin duda a Carlos (un pívot muy alto y veterano que además distribuye el juego desde el interior) y "El Chino", que cierto, no tuvo su día, pero trasmite que es un tipo de mucha experiencia. También se le nota olfato de perro viejo a Cepeda, base que ya ha estado en muchas batallas y se conoce todos los grupos y anima un montón a los compañeros. Otro veterano sería un tal Alfonso que logró varios triples de la victoria.
Gracias fundamentalmente a Carlos, logré llevarme muchas victorias al zurrón,a pesar de estar a un nivel muy flojo y timorato en el lanzamiento. Estuve a destiempo y aunque lograse puntos, siempre tuve un papel secundario, pero creo que hice lo posible para involucrar a mis compañeros y dejar la bola al mejor situado, teniendo en cuenta que estaban mucho mejor que yo y merecidamente habrían de disponer más tiros.
Especial peso tuvo, cuando algunos ilustres como Antoñito se habían retirado a descansar, un nuevo equipo liderado por un tal Staney y que combinaba varios jugadores de municipales, uno de ellos pretendido por el Cajasur y que son sin duda, una de las mejores defensas que he visto en meses y como dijo el gran Magic Johnson de los mejores Bad Boys: "No me ha impresionado su defensa que ya la conocía, sino su capacidad de anotar tiros decisivos". Es una escuadra que vapulea y te vuelve loco. Particularmente no pude hacerles ninguna entrada cómoda, chocándome con una muralla que te tiraba al suelo. Si acaso, por sacar una nota negativa a lo que no lo tiene, decir que fueron por momentos instantes de una serie demasiado agresiva, en uno y otro bando, yo también repartí cera, pero arguiría como pobre defensa, que hay o dabas o te metían ya por todos lados.
Los cuatro rebotes ofensivos tras bloqueos y tapones, reflejaban la clase de batalla que este tipo de rivales de proporcionan. Recuerdo doblar el balón a Cepeda que entró muy valiente con todo para una canasta de mérito. Entonces aparecieron los amigos Easmo, Klego y Daniel, estuvieron un poco de rato viendo el partido, lamento mucho que al final no pudieran jugar, pero estábamos inmersos ya en el formato serie (al mejor de siete, a siete puntos, todo de una) y aunque no nos hubiera importado cambiar a triangular, apenas estábamos ya ocho y mucha gente iba a retirarse cuando acabase una eliminatoria...que acabó a muerte súbita. Piense el lector/a que llegamos a estar arriba 3-1 en el global. Así de competitivos fueron los rivales.
Mi aportación a la serie fue nula en ataque (seis puntos en siete encuentros), perfectamente frenado, a veces con contundencia (especialmente en las entradas a canasta que con sangre y lágrimas doblaba a mi par, me encontraba con una ayuda que no dudaba en agarrar), pero siempre de forma noble. Nuestro hombre fue un Carlos tremendo que me perdonó la vida al no enfadarse de que la noche no me dejase ver dos pases de la muerte que me regaló. Carlos fue lo que nuestros experimentados competidores no calcularon en su entramado y el gigantón los rompió, mientras nuestro pequeño pero excelente base, calzándose las zapatillas de El Chino, le abasteció. Nuestro perro grande nos dio una ventaja que la zurda de Staney y un escolta amigo suyo que parece RIP Hamilton con 16 años, nos remontaron.
El séptimo puso los nervios a flor de piel. Como habia diferencia de dos, el cuarto y el quinto encuentro se determinaron en prórroga, señal del balance of power que dicen los anglófilos. Carlos, que siguió tirando del cargo, fue vapuleado sin piedad en el poste bajo y la pintura, con hachazos contundentes pero sin riesgo de lesión (lo más meritorio del rival es que sabía pegar, pero también conocía la frontera, aunque estilísticamente prefiero otro baloncesto, más de Rodri y Juanma, ustedes me entienden).
Y nuestra segunda arma ofensiva fue Pablo "Gasol", que es tocayo de otros dos grades pachangueros y amigos míos, Pablo Gracia y Pablo Castro. Este Pablo es un jugador de unos fundamentos exquisitos, que tiene un tiro al estilode Ilgauskas aunque lleve la camiseta de Gasol y que realmente defiende y hace una labor oscura ganando el puesto (mis costillas dan fe cada tarde que terminó de marcarle). Tiene aún varios defectos (invariablemente, tenga quien tenga el balón de su equipo, la pide, independientemente si la situación lo requiere o no, hasta efectos cansinos, una falta que le pasaba a otro buen tirador, como es mi amigo Daniel Collado León, quien por cierto ha celebrado su santo hace poco, felicidades), pero teniendo en cuenta que yo lanzaba piedras (simplemente el tiro no está allí, en el Carmen, Arenoso y Saavedra estaba), no podía quejarme de la iniciativa del señor Pablo.
Con 6-5, Carlos, no sé cómo, lanzó un gancho entre unas manos que iban a por el tapón, logré anticiparme y llevármelo, salía a la esquina a lanzar, pero vi a Staney, jugador que con justicia, me comió a todos los lados de la cancha el día 1, así que chapeau, además envidio su zurda. Sé que esperaba colocarme otra chapa, pero me dijeron una vez que si no puedes irte a los 40 putos, debes buscar no estorbar a tu equipo y ser útil de otras formas, lo había hecho hasta entonces como cheer leader, de palmero de mis compis, pero ahora aproveché que en su celo defensivo, habían hecho una ayuda contra mi lanzamiento, algo que era innecesario salvo para cebarse, teniendo en cuenta su trabajo previo, mi moral estaba en la tierra de los topos, pero dejaron un hueco precioso para pasar sin mirar a Pablo que ejecutó a la perfección con una sangre fría admirable, la mejor de las canastas de la victoria. No lo merecía, pero gracias a mi base, Pablo y especialmente Carlos, habíamos ganado 4-3 contra la mejor defensa posible, una victoria sin valor pero que permitía una sonrisa a pesar de los golpes y arañazos. Y salí un poco más humilde y algo menos ingenuo de esa tarde de basket.
La tradición se había cumplido, guardé mi modesto violín y procuré no resbalarme por el tejado.
Cordiales saludos amiguitos/as,
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