domingo, febrero 21
Al fin, viernes sin lluvia y los pachangueros del Saavedra cumpliero, vaya sí cumplieron. En primer lugar destacar que los dos convalecientes, Juanma Gomarín (cuello) y un servidor (infección oreja derecha) pudimos disputar el choque sin excesivos problemas. De hecho,creo que las ansías de acción tras catorce días sin disfrutar del basket ayudaron. Fue una suerte poder estar con gente como Juanma y Jorge El Búho en los primeros choques, donde las ansías y el deseo de jugar nos permitieron dos cómodas victoras, aprovechándonos un poco de Lupos y compañía, pero siempre conscientes de que tenemos una clara fecha de caducidad, mientras estos jovencitos irán mejorando más y más.
Después llegó una avalancha de gente. Bueno, en primer lugar decir que tuvimos una suerte, volvió el gran Rodrigo Romero Alonso. Quizás a los más novatos no les diga nada este nombre, pero tanto en el parque de los teletubies como en el Saavedra ha sido sinónimo de espectáculo, triples y una gran versatilidad. Rodri, que actualmente está en Huelva estudiando, vino advirtiendo de que había perdido un poco de su toque. Lo cierto es que, físicamente sigue estando dos escalones por encima del resto de nosotros, salvo quizás Kelvin, pero es cierto que, bajo el subjetivo juicio de apenas veinte minutos, tuve la sensación de que no fue tan dominante.
Empezó un poco a retrancas sin encontrar los triples, aunque en verdad, en apenas unos minutos volvió a su lucidez habitual. Lo único que no me hizo gracia es que el siempre ha sido dominante pero con variables, ayer hubo asomos de Lebronsistema, salvo un gran triple desde la esquina del amigo Carlos Ortiz Ariza, llegué a dudar de que nuestros rivales tuvieran otra opción que "pasarle el balón a Rodri y quitaos de en medio". Ésa sería mi indicación en la última posesión, pero no en un partido que no llevaba ni dos minutos. Gracias a la fuerte presencia física bajo aros de René y a jugar más en equipo, aunque estuvimos nefastos en triples, mantuvimos la cara alta.
Un Manu que hasta ese momento había estado en buen nivel se vio envuelto en un absurdo pique con Rodrigo. En principio ninguno de los presentes le dio mucha importancia, además, ambos son colegas desde hace mucho tiempo y, como últimamente impera un sano pero competitivo ambiente, no se pensó que fuera a ir más lejos. Pero no, Rodri, de una manera muy impropia a su estilo de toda la vida, pareció buscar el trash talking constantemente. Creo que a Manu le afecto y le perdimos. Se creo un mal rollo y ellos lo supieron aprovechar mejor que nosotros. La agresividad imperó y yo pude(y debí) hacer más en un canastón de Rodrigo donde se llevó la peor parte René. Gracias al cual, por cierto, volvimos a igualar, tras repartile más cera en los rebotes ofensivos que un otorrino.
Con todo tuvimos una última oportunidad. Pude hacerme con un rechace de un tiro de la muerte de Rodrigo, pero la siguiente triangulación acabó conmigo lanzando un triple que se escupió. Mea culpa, en la siguiente nos mantaron tras tenerlos agarrados donde queríamos. De haber sido más certero, creo que hubiéramos podido ganar, además, pienso que fuimos mejores, pero tener al killer ayuda, y eso a Rodri no se le ha olvidado. Otro acelerado encuntro más y se piró. Me hubiera gustado hablar más con él, decirle que sabía lo de su nueva novia y de que le iba muy bien en Huelva, de verdad, me alegré mucho por él cuando supe todas esas cosas, siempre le he admirado mucho como jugador y me he llevado genial con él como persona. No obstante, imperó una atmósfera muy rara en el lugar y no creo que sea el encuentro que más recuerde de este extraordinario pachanguero.
Sin embargo, el equipo que más sorprendió fue el de Kelvin, José Carlos y Antonio. A nosotros nos barrieron (7-0) por pillarnos en la siesta, demoledores y muy inteligentes a la hora de empalarnos. Pero lo que no esperaba es que pudieran tumbar como lo hicieron a un equipo que les ganaba (5-2) y que encima contaba con Juanma Gomarín en ataque y Rafael Navarro Samaniego en defensa. Hasta ese instante, Juanma se había paseado insultantemente por la zona de Kelvin, todo parecía controlado... Pero alguna mala idea de Álvaro González y el consabido coraje de los chicos de El Tablero les mojaron la oreja. Tomarían cumplida revancha, justo cuando nosotros veníamos de un partido a cara de perro contra los siempre rocosos equipos de Jorge El Búho. No fue el mejor partido del mundo, pero remontamos un 5-1 y pude metir la canasta de oro en la prórroga. Con lo dicho, el verdadero héroe fue René. Manu, a mi modesto juicio, seguía raro, quizás dándole vueltas a la cabeza. Menos mal que vino Juanma Domínguez. Estoy seguro de que cuado lleve cuatro semanas más con nosotros será una pieza fundamental en nuestro esquema.
Nuestra guerra fue entonces contra Juanma Gomarín, lo cual nunca es bueno. Además, la inyección defensiva de Rafa les salvó de alguna jugada alocada de Álvaro y Xavier. Jugamos tres veces antes del fatídico cuarto encuentro, con un parcial de 2-1 para ellos. Aunque mejoramos y mucho en los triples seguía faltándonos fondo de armario. Todo lo aguantamos, pero en el cuarto choque, cuando Rafa y Álvaro nos habían matado, nos sobraron algunas chulerías de Juanma y Álvaro, queriendo decidir cómo, dónde y cuándo anotar. Muy inteligentemente, yo la pague con quien no debía, tuve un comentario desafortunado con Rafa Navarro por malinterpretar un gesto suyo. Afortunadamente le pedí disculpas en otro lance del juego y a partir de allí pude volver a lo que verdaderamente importa, el juego.
Juanma Domínguez no hizo honor a su estatus de novato y hasta finto a su tocayo con éxito. Chuponamente pero necesario teniendo en cuenta el naufragio, empecé a lanzar triples que afortunadamente entraron, incluyendo un positivo 4/6 que permitió soñar con algo más. Finalmente mordimos el polvo con Rafa en plan MVP, pero creo que es la mentalidad adecuada para ir cobrando forma...
Y por supuesto, juntar tantas personas para jugar al baloncesto fue el gran éxito del pasado viernes. A todos lo agoreros que nos daban por enterrados (yo inclusive) WE´RE BACK.
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