domingo, marzo 28


Hará unos quince días, en un partido en el Saavedra, un fenomenal tapón de Kelvin, al que le faltó lanzar el aullido de Kevin Garnett para hacerme creer que estaba en el Garden, propició unos minutos de descanso mientras se iba a por el esférico. En la línea de tiros libres me crucé con el bueno de Carlos Ortiz Ariza, quien me preguntó de improviso que cómo andaban los Easmo, Jimmy, Justo y cía... En esos instantes, estaba incluso en duda Rafael Navarro por sus problemas de rodilla, así que contesté que, efectivamente, se encontraban bien, aunque últimamente ya no venían a jugar. "Vaya, entonces, ¿qué te has quedado, el último?". Sorprendentemente me vi afirmando sin rubor.

Ha llovido mucho, quizás demasiado, desde las pachanguitas que comenzaron en el Hernán Ruiz (a la sombra de un excelente técnico como era Ángel Lopera). Lopera, jugadores de la talla del propio Rodri lo admiten, era un magnífico míster, y, a diferencia de otros colegas de profesión, parecía tan empeñado en mejorar los fundamentos como en saber que estaba tratando con personas. No digo que fuera perfecto, pero Ángel nos enseñó cosas que iban más allá de hacer bien las bandejas o no cometer dobles. En aquel entonces jugaba con Roberto Casado Herencia, Rafael Ángel Flores Puerto, Perico, Miguel Collado León, Laura... a vosotros no os dirá nada, pero eran unos fenómenos y nos lo pasábamos muy bien.

Estúpidamente me borré del equipo justo cuando empezaba la secundaria. Habría de ser una decisión que lamentaría siempre, pues los pretextos que me dí a mí mismo no hubieran engañado a una persona minímamente inteligente. Podríamos resumirlo en vagancia y abulia, aún siendo demasiado condescendientes, incluso con semejantes adjetivos. Solamente gracias a Lopera, que nos permitió meternos por la cara a mi amigo Ricardo Santofimia y a mí en partidos de otros equipos que entrenaba, seguí tenieno algún contacto con este deporte.

Creo, que a partir de tercero de ESO, me di cuenta de que echaba de menos la sensación de jugar en pista. Empezamos un pequeño grupo (Alberto Neira, Miguel Collado de nuevo, su hermano Daniel, Manuel Álvarez, Bogallo, Alex, etc) que se fue ampliando notablemente, con pequeños amitosos en el instituto El Carmen. Éramos bastante críos (algunos dirían nenacos y no les faltaría razón), no obstante muy competitivos y eran auténticas guerras, aunque visto con perspectiva, nuestro nivel de juego en algunas parcelas dejaría mucho que desear. No obstante, creo que a ninguno de aquéllos ni a los nuevos amigos/as que habríamos de hacer allí, se les podía tachar de individualistas. Y es que pese a que algunas liguillas que organizamos y encuentros calentados por trash talking creo que siempre tuvo la inmensa ventaja de ser algo entre amigos y nunca llegó la sangre al río.

Tanto fue así que en Bachillerato nos animamos incluso a volver al ruedo, aunque modestamente, en lo que sería el campeonato de municipales. Habríamos de conocer por aquel entonces a Rodri, quien probablemente haya sido el jugador más completo al que nos midiésemos, de hecho, puede presumir de haber sido remunerado por haber practicado su afición. Desgraciadamente, aunque creo que el I.E.S Ángel de Saavedra es un sitio con un nivel de estudios más que aceptable, su política deportiva ha sido siempre poco menos que ineficaz. No daré nombres, pero si cuando sabes que el hijo del director, con el que has jugado y ves que sabe, te dice que él se apunta en otro centro a entrenar, es que algo malo pasa. Nunca, ni en voleibol, fútbol sala o basket, creo (al menos en aquella época nuestra de estudiantes) han respaldado verdaderamente a sus jugadores/as.

Recuerdo que las sonrojantes palizas que recibimos en aquella primera campaña afectaron especialmente a nuestro base, Luis Ochoa. Luis había sido un jugador muy bueno en época de instituto, tenía un subcampeonato y un campeonato de dicha época y jamás se había visto previamente en unas condiciones tan malas. Ni la participación fue muy activa ni la coyuntura que presentaba el centro animaba a ello. Curiosamente, esa pesadilla de año donde acabamos colistas y debería haber acabado con cualquier pretensión, solamente me reafirmó en que éste debía ser un deporte que me gustaba mucho... eso, o era masoquista, porque dudo que nadie cuerdo hubiera soportado eso. El farolillo rojo hizo que me valiera de más bien poco ser el máximo anotador de aquella escuadra, siempre en cuadro. Afortunadamente, habría de conocer en aquel Vietnam particular, a Pablo Castro,El Pelusa, quien después demostró ser un excelente jugador y un gran amigo.

Dos motivos me reafirmaron en querer seguir jugando. Bastante impresionado por la casi inconcebible lealtad que Luis y yo teníamos al equipo, el entrenador de aquel entonces del Saavedra, que bastante hacía con lo que teníamos, procuró recompensarlo subiéndonos el año siguiente de categoría. Por decisión personal, Luis no siguió, pero yo pude meterme en un equipo que era muy distinto de lo anterior, de antiguos veteranos del centro que (síntoma de lo bien que se hacían por allí las cosas en materia deportiva) habían creado su propio equipo, financiado sus equipaciones y se las averiguaban para entrenar alquilando pabellones, etc. Estaban muchos buenos pachangueros, Juan Carlos Obrero, Francisco Villalobos, Francis, Rafae, etc. Me convertí en el pez chico como por arte de magia, habría de jugar muchísimo menos, pero aprender a marchas forzadas nuevos trucos.

El segundo motivo, tal vez el principal, fue el ambiente en el recreo. Si el Saavedra era admirable en la preparación cara a Selectividad de sus alumnos y muy decepcionante por su tacañería crónica en actividades extraescolares, algunos de los estudiantes eran realmente emprendedores, organizamos no pocas liguillas, campeonatos en las Semanas Culturales y de muchos deportes (y otras facetas de la vida, todo hay que decirlo). Me complacé pensar que muchos de los pachangueros que teníamos copamos los primeros puestos de algunas de esas pruebas. Destacaban Rafa Navarro, el propio Pablo, Sergio, Soto, etc. Poco después, si la memoria no me falla, vino Jimmy, quien sin duda ha sido el escolta más divertido (y polémico) que hemos tenido.

Las siguientes "temporadas" habrían de ser aún más emocionantes. Gracias a Klego dispusimos de página web incluso, de varios vídeos que nos pasábamos de partidos de unos y otros, mientras yo ya entonces descrubría mi interés por la crónica de nuestras peripecias -actividad que, empero, me ha servido bien en no pocas ocasiones- . Como no hay mal que cien años dure ni cuerda que de tanto tirar no se rompa, empezamos a cometer algunas tonterías. A veces, con una odiosa experiencia que hace que mi mote no esté tan injustificado, veo que en el parque de los tele, que tal vez hoy pueda ser catalogado como el mejor lugar en Córdoba para echar unos tiros, no pocos buenos jugadores -aquí no pongo jugadoras porque las que he conocido en el parque no me parece que tuvieran ese defecto- tienen algunas de las estúpidas ínfulas que a algunos de nosotros nos permitieron tirar por la borda buenos años de la Liga, a lo que se sumó la falta de voluntad de otros.

Éste, que habría de ser el séptimo metido en esta intrahistoria, me resulta un poco curioso. Sin ir más lejos algo que me pasó en el parque, corté un pase del base rival, se la dejé al compañero y de inmediato noté que me había hecho pedazos el dedo gordo izquierdo, que por poco me fracturó. Tuve que salirme y no volví hasta poco después, tenía algo de sangre en la palma de mi mano. No me hizo mucha gracia ver que -ni siquiera Juan Manuel Luque Gomarín- salvo Rafa Navarro y René, nadie me prestase mucha atención. No es tampoco nada personal, lo he visto en demasiadas ocasiones en el parque y, aún a riesgo de equivocarme, creo que es su gran debilidad, como también lo estimo el talón de Aquiles del que quizás esté siendo el mejor pachanguero últimamente, Juanma. Creo que progresivamente va mejorando su técnica en el poste bajo, eliminando de su memoria su excelente primer año, donde demostró virtudes que trasendían lo meramente baloncestístico. Si es su decisión, es respetable -en realidad tengo que admitir que lo conozco desde hace cuatro años y me cae bien- , del mismo modo que creo que comprenderá que si se vuelve a tener alguna crisis de juego, se encontrará con menos comprensión por parte de alguno de sus compañeros de equipo. Es sorprendente -con muy honrosas excepciones- la cantidad de arrogancias y súper-egos que en ocasiones se ven, espero que Juanma algún día se lo replantee, el mundo no empieza ni tampoco acaba en una zona limitando a pedir que tus compañeros te pasen el balón y te hagan mejor.

Normalmente, recuerdo en especial un partido con Klego, Dani y Easmo, he hecho barbaridades como jugar con un tobillo regulín, con una mano tonta, con una uña levantada... pero en esta ocasión, ante el mero riesgo de lesión me despedí a la francesa. No es algo que me guste hacer, me parece tan divertido el prolegómeno como -si tienes la suerte- la tertulia del final del partido con tus propios rivales, pese a ello, viendo que mis supuestos compis aquel día iban a estar muy preocupados por cualquier avatar de sus jugadores -piezas intercambiables como ganado en un tuya-mía un pelín deshumanizado y que a los horarios muy particulares que a Juanma y cía parece encantar, sin medir que hay gente que vive más lejos, que tiene otras cosas, etc- , decidí ahorrarles los quebraderos de cabeza y me piré, vaya que su preocupación les hiciera fallar los tiros. Por cierto, que sí que me alegró mucho que René, el hermano de Kelvin me sustituyese, estaba a punto de quedarse sin jugar, es un buen chaval y, según me han contado, logró dos rebotes defensivos vitales para el triunfo de los suyos en el cuadrangular.

Ni soy ejemplo de nada ni lo pretendo, pero con los tropecientos fallos que tengo como deportista, incluso en mis peores épocas de edad del pavo, creo que siempre hay que tener un mínimo de daimon, de alma... si no, el basket, el fútbol o cualquier otra disciplina, sería una estupidez más con una bola que habría que tomar como algo pasajero y hasta cierto punto, mecánico. He visto esa solidaridad en jugadores/as tan dispares como pudieran ser Easmo, Angela, Jimmy o Antonio González... Ahora parece que esta de moda una zona un poco fría y donde nadie presta mucha atención al que se sale de su círculo. El último partido en el que me lo pase bien de verdad, estaba de visita Pablo Castro. Por eso me inclino más por ese basket alocado que a veces hacen en el Saavedra Álvaro o Kelvin, entre otros, que por este modelo académico abotargado y cortante con la creatividad que se puede desarrollar a dos zonas.

Por eso, no meavergüenza decir que últimamente estoy un poco nostálgico con el tema de basket. No es un reproche ni un brindis cara al Sol, quizás simplemente me haya convertido en un etrusco en la antigua Roma, o en un mosquetero en una división de panzers... A veces, algo así como... The last of the Old School.

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