domingo, mayo 16
David Carnicero no es un tipo al que se le puedan pillar muchos renuncios a la hora de hablar de basket. Por ello leí con mucha atención en la Revista Oficial de la NBA su análisis de las plantillas, allá por un lejano octubre. A la hora de referirse a los Boston Celtics, recordaba la vieja leyenda de los cisnes en la Antigüedad. Decían los bardos que al intuir su muerte, aquellas hermosas criaturas emitían un último sonido, uno de los mejores que podían escucharse. Tras esa introducción mitológica, Carnicero volvía al realismo y recordaba que la ciencia ha demostrado que los cisnes no hacen tal cosa. La racionalidad es básica, pero en ocasiones las personas inteligentes, como el periodista, la sobrevaloran. Entre tanta predicción y estadística, sigue existiedo un basket de coraje, esfuerzo, orgullo y valentía... intangibles que han soprendido incluso a analistas del prestigio de Ramón Trecet o Antoni Daimiel.


No es muy lógico lo que ha pasado en las series Cleveland-Boston. El mejor equipo de la regular season ha caído en seis encuentros ante unos envejecidos célticos, con mucha gente sobrepasando la treintena. Increíble, pero los astros han parecido conjurarse para dar una nueva oportunidad (quizás la última) a estos veteranos de lujo. En frente espera la más formidable de las rocas, Orlando Magic, ese equipo donde Howard es el mayor de los problemas, pero ni mucho menos el único.
Las semifinales han sido la recuperación de viejos cisnes. Uno de ellos, KG, quizás nunca se hubiera ido, tal vez, de no haber sido por cierta lesión de rodilla, ya tendría dos anillos en su ilustre carrera, nunca se sabrá. Garnett ha podido con Jamison que deberá esperar un año más a revalidar candidatura, no sabemos si en Cleveland. Pero a la hora de la verdad, especialmente después de su sanción por el codazo, Garnett está poniendo los pelos de punta con su juego, es difícil encontrar tanta pasión, tanto esfuerzo por el basket, en una Liga llena de estómagos agradecidos y agentes libres más preocupados por el año que viene que en ganar el presente anillo. No siento más que simpatía por gente como Howard o Vince Carter, pero espero tener la fotuna de ver al Lobo en una segunda Final, creo que se la merece y Superman tiene edad para esperar otro año más. Naturalmente, ni Van Gundy ni el pívot estarían de acuerdo conmigo, tampoco lo pretendo.
Más que cisne, patito feo ha sido Rasheed Wallace durante todo el año, con 36 años y demasiados tiros pegados, el viejo etiqueta negra, que derrochaba talento y malas pulgas a los dos lados de la cancha, aguardó para demostrar ser digno del verde y blanco, al segundo encuentro, precisamente el dia que a Lebron le daban su segundo MVP. Fue una jornada psicológicamente clave, Wallace firmó 7 de 8 en tiros y sorprendió a los Cavs, Boston se garantizó meter un poco el miedo en el cuerpo al mejor rival de la Liga y noticias como las molestias en el codo del mega-crack Lebron, aumentaban su confianza. Como viejo seguidor de los Pistons, fue un placer escuchar Sheeeeeeeeeeeeeddd de la grada verde, por su excepcional defensa en el sexto y épico partido, anotando un triple decisivo. Es una pena que Wallace no se haya cuidado más o haya llegado más joven a Boston, porque hubiera encajado muy bien con la filosofía de la franquicia. Pase lo que pase a partir de ahora, se llevará esa ovación del TD y ese abrazo con su íntimo amigo Kevin Garnett y Ray Allen, ese gentleman que puede culminar una de las trayectorias más brillantes de cuantos escoltas ha habido en la Liga, curiosamente al que casi traspasaron a mitad de temporada.
Tras el chasco del tercero, el joven Rajon Rondo dijo aquí estoy yo y el Garden emudeció. El descaro de este muchacho es increíble y nadie sabe dónde está su techo. Ha roto a Cleveland y ha cuestionado al pobre Mike Brown, que simplemente no ha tenido pizarra para acabar con esta máquina de penetrar, asistir y crear juego. Pero la obra maestra del Big Four fue el quinto, se hablará de la victoria en The Q por 32 puntos durante mucho tiempo, casi a la altura de la remontada en el Staples.
El sexto encuentro fue precedido de la arrogancia de Lebron que afirmaba tener malacostumbrada a su gente. También del orgullo, de Paul Pierce, que solamente ha jugado bien el quinto, pero se atrevió a decir: "Nos veremos el año que viene" a los respetables trabajadores en The Q. Kevin Garnett, más líder que nunca hablaba: "No podemos permitirnos el lujo de que el mejor equipo de la Liga vuelva a casa a sentenciar la suerte". Y gracias a él (y a Davis, Tony Allen, Daniels, etc) la serie no volvió, dando además días de oxígeno, como si el desquiciado laboratorio de Doc Rivers empezase a cobrar sentido, Orlando viene como una apisonadora (8-0 sin mácula), pero los célticos se han cansado mucho menos de lo que parece (cinco con Miami, descansando Garnett un encuentro y seis con un mega-candidato como Cleveland, sin obligarse a jugar de un día para otro, llegando a Orlando con tiempo para saber que se enfrentan con el mejor team del Este).
Se esperaba la madurez de un gran jugador como Shaq admitiendo la derrota, pero James ha sorprendido gratamente por ser capaz en esta ocasión de quedarse y abrazar a sus rivales. Ahora, el Garden se prepara para vibrar con unas nuevas Finales de Conferencia.
Pase lo que pase en esta apasionante Final de la Conferencia, celebro saber que el bueno de David Carnicero se equivocaba... En The Q se escuchó el más hermoso de los cantos y no provenía de la Corte del rey Lebron, sino de un equipo veterano, hábil defensivamente y con mucho corazón en ataque.
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