sábado, junio 19


Jesús Sánchez ha terminado unas crónicas de muy interesante reflexión sobre la hermosa Final de la NBA que se ha disputado. Indiscutiblemente, seamos de los Ángeles o de Boston, todos los aficionados del basket hemos de congratularnos por un show a siete partidos donde los dos tradicionales enemigos se han dejado la piel.
Ramón Trecet, por su lado, ha dejado unas vibrantes alocuciones sobre el segundo anillo del mejor jugador español de todos los tiempos. El legado de gente como San Epifanio Epi o el siempre llorado Fernando Martín, están seguros gracias al catalán Pau Gasol, un excelente ala-pívot que ha encontrado en la escudería a la vera (que no a la sombra) del gran Kobe Bryant, quien se h entorchado cinco anillos. Sin querer meterme en los debates de siempre, sigo sin ver al genial escolta como amenaza de Michael Jordan. Bryant es brillante, el mejor jugador de su generación, pero, la ayuda que recibió de Shaq en sus tres primeros anillos y la que le ha brindado Pau Gasol en los dos últimos es bastante superior al liderazgo casi indiscutido de Michael Jordan (el cual tenía apoyos tan vitales como Scotty Pippen o el irrepetible Dennis Rodman, por no hablar de Kukoc, pero lo que llama la atención de los Bulls es focalizar su juego en el escolta, sin depender de un gran center, como siempre ha diseñado Jerry West en California). Kobe es un matador de partidos irrepetible que ha seguido lo recorrido por gente como Magic o Kareem. Jordan simplemente puso a Chicago en el mapa.
Por ello, quitándome el sombrero ante Pau (y el excepcional partido de Ron Artest, que lo cotés no nos quite lo valiente), me gustaría acabar mi trilogía de entradas del canto del cisne. Desgraciadamente para célticos, finalmente la leyenda ha sido cierta. Efectivamente, en Cleveland, Miami, Orlando y el Staples hemos oído la más hermosa de las melodías, una canción que durante más de dos meses que nos ha hecho creer que Kevin Garnett tenía la rodilla de su juventud, que Pierce era un chaval, que Rondo sería MVP de los Playoffs... pero olvidábamos que aunque David Carnicero se equivocaba, los dioses antiguos a los que el trébol rinde pleitesía, tienen una máxima, cuanto mayor es la magia, mayor es el precio. Una muerte deportiva noble, pero muerte fin de cuentas.
La suerte dio la espalda a los orgullosos verdes, Perkins se rompió en el sexto encuentro, el mejor defensor sobre Gasol y Bynum hizo que Doc Rivers tuviera que tirar el sexto encuentro donde los de Phil Jackson (que ahora dice que no se quiere jubilar) le masacaron. En el blog de The Virus, no obstante, se hablaba de que los veteranos en el último cuarto, conjuraban algo en el banquillo. "El objetivo es que pase lo que pase, no estemos hablando de energía y esfuerzo cuando volvamos a comparecer ante vosotros" señaló Paul Pierce. Por cierto, le llaman The Truth y metió una buzzer-beater increíble en Miami.
Así, después de seis partidos imborrables (la aportación del banquillo verde en el Garden, el último cuarto de infarto de Derek Fisher, Garnett de menos a más toda la serie, los 19 puntos de Bryant sin fallo, los 8 triples de Ray Allen, el rebote de Gasol...), donde solamente nos estorbaban los árbitros (siempre caseros, protegiendo a las estrellas y permitiendo todo por el espectáculo, qué orgullo siente uno del nivel de los colegiados de la ACB), los bostonianos llevaron a los chicos del Maestro Zen al partido que no querían. Tanteo bajo, Rondo inconmensurable a esar de sus brechas, tres cuartos casi perfectos con Kobe pareciendo humano.
Tuvo que venir Ron Artest con su lucha y su locura a devolver las cosas a su sitio, mientras Pau y Sheed Wallace (qué gran partido, respondiendo a la presión de la titularidad) se partán el alma en el poste bajo. LA volvía con los de siempre, con el triplazo de Fisher, con Lamar Odom a cuentas gotas... y los árbitros con esos tres tiros libres que me hicieron ponerme la mano en la cabeza, no podía creer que pitasen eso después de cómo le habían negado esa opción a Kevin Garnett (qué pena que no hubieras ido a los Celtics con 18 años). Le quisieron hacer a Boston la de Portland y Sacramento, pero allí estaba Doc Rivers para pedir un tiempo muerto... Si el Doctor Ríos y Tom se retiran finalmente, Danny Ainge los va a echar mucho de menos. Ha sido mucho más elegante y menos provocador que Jackson (pullitas a Nash, presión a Durant, obligando que incluso su protector David Stern tuviera que admitir que le han consentido mucho al por otra parte, genial técnico a la hora de mangonear a los colegiados) durante toda la serie y era el mejor técnico posiblepara un equipo especial de tipos exuberantes y que viven el baloncesto como los de la Vieja Escuela.
Y los verdes volvieron a la pelea a pesar de todo, si el guión de Hollywood se cumplía, sería por la vía dura. La estocada de Kobe hubiera mandado a los infiernos a Cleveland o a Orlando,pero los herederos de Red Auerbach son algo aparte, unos Titanes que no creen en el marketing, que seguían diciendo que el Big Three al completo jamás perdió una serie final. Ahora la leyenda es distinta, el Big Three o ganó todas sus eliminatorias o permaneció en pie hasta el último segundo del séptimo. Por eso cuando Wallace anotó un triple imposible creí que el basket iba a ser justo, a pesar del pedazo de choque de Pau... pero llegó Ron Artest y se vengó del tipo que le pasaba por encima en los duelos con Indiana, Paul Pierce. Ron-Ron nos había finiquitado, solamente esperaba ver la entrega de trofeos... pero a veces se cruzan en el camino tipos especiales.
Ray Allen enchufó un lanzamiento limpio desde la esquina. Este excelente profesional y auténtico gentleman ha sido muy criticado, igual que su tocayo Tony ha tenido que defender al mejor jugador de baloncesto de la actualidad, y los problemas de su hijo le ha hecho descentrarse un poco. Como fuere, ha estado y lo ha intentado como nadie y ha aportado aunque sea con su serena presencia y el segundo choque estará en los libros de Historia. LA ya no contaba y hasta Jack Nicholson se cruzaba de brazos, entonces llegó la lucha del rebote de Pau y Wallace...tampoco me podía creer que hubieran pitado eso. Me consolaba pensar que el show de árbitros se hubiera comportado de manera distinta en el Garden. Son así, es el sistema.
Y cuando la bola chocaba en el hierro iba que entonar la bandera de derrota, pero entonces Rondo se la robó a Gasol y corrió a la esquina para meter un triple (sí, un triple, ¡él!) que enmudeció a todos. No fue por esfuerzo desde luego, porque entonces Rondo tuvo escaso miedo en meterle la mano a Kobe y le birló el balón... quisó la suerte que se perdiera en la banda. De haber tenido esa última posesión, Boston hubiera podido hacer el enésimo milagro. El entramado defensivo (ese que se ha cargado a Wade, Howard (muchas gracias por lisiar a los pívots de Boston en el quinto encuentro, por cierto) y Lebron) logró que los californianos no encontrasen ni a Fisher ni a Bryant. Se la jugaron con Vujacic y el esloveno justificó su sueldo.
Pero no se rindieron, volvieron a lanzar de tres al hierro y solamente entonces Kobe corrió a abrazarse con Artest. Rivers dio otro clinic, porque como dijo Brent Barry "Si buscas clase en el diccionario debe salirte él" y chocó la mano a este Maestro Zen, que ha sido incapaz de dedicar un elogio a un grandísimo rival, centrado solamente en él, él y él (no, tienen once anillos por él y el Zen, Jordan, Bryant, Gasol y Shaq con cosas circunstanciales).Más claro lo ha tenido Kobe Bryant, en plena madurez desde 2.004 cuando empezó a dejar de ser un niño recién salido de instituto: "No puedes esperar que un equipo como Boston se derrote a sí mismo. Tienes que vencerles tú, porque ejecutan las jugadas extremadamente bien y son muy inteligentes".
No fue fácil estar en se banquillo si eras de Boston, lo podría jurar. Usando la imaginación de la llave de Petón entré y vi a Sheed Wallace notando al fin las punzadas de la espalda y preguntándose sí de haberse comido las estupideces de los árbitros en su juventud ahora le tendrían más respeto. Vi a Garnett resoplando, incapaz de pensar que un tío acabado y sin rodilla ha llevado al mejor jugador español de la historia a siete encuentros y sudando hasta el último rebotre. Veo Perkins más serio que nunca (que ya es decir...) y a Rondo preguntándose que será de él cuando Pierce y Ray Allen sufran los estragos de la edad.
Menos mal que sé que en algún lugar, Red Auerbach acaricia a un hermoso cisne que acaba de cruzar la laguna Estigia. El venerable enciende un puro y pasa la mano por el animal: "Excelente. Así se gana, pero sobre todo... así se pierde".
Y el viejo cisne, cansado tras un largo viaje... sonríe. Cree haber explicado el Celtic Pride bastante bien. Muy bien, incluso.
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