jueves, julio 8
Aníbal y Escipión. Héctor y Aquiles. Lilith y Eva. La Historia se escribe en ocasiones con antagonismos condenados a entenderse. El deporte no deja de ser en ocasiones reflejo de lo mismo y, hoy por hoy, en la NBA, una de las grandes noticias ha sido la decisión de Phil Jackson de continuar en el banquillo angelino.
Desde quienes lo aplauden hasta quienes piensan que debería optar por el retiro y abrir el grifo para los más jóvenes, se ha generado un debate paralelo sobre si el Maestro Zen es ya, pase lo que pase, el mejor entrenador de la NBA. Sus doce anillos bien pudieran merecer ese crédito, pero especialmente a la hora de enfrentar su carrera con la de Red Auerbach, surge un acalorado debate que parece ir más allá del parquet, que habla de filosofías de vida.
Recientemente en un blog de los Lakers, con el seudónimo SPQR, escribió una historia muy interesante "Red, The Devil and Phil", donde explicaba por qué estos dos técnicos y no otros han sido los técnicos más laureados de la liga norteamericana. Ambos habrían hecho un pacto con el diablo (Mr.Frost) al más puro estilo Fausto o personajes de "El retrato de Dorian Grey". La única diferencia es que Jackson tuvo la precaución de especificar un forever en su petición de ser el mejor entrenador. No exenta de un notable talento literario en la narración, la pequeña obrita solamente peca de ir progresivamente presentando a Phil como "el bueno" y a Red como un gran entrenador que va consumiéndose por la envidia ante el joven talento. Especialmente la escena de Red anciano chuleando al joven Maestro Zen en presencia de la hija de éste, me parece de muy mal gusto. Los colores son muy respetables, pero...

En primer lugar hay que decir que nos movemos ante dos de los mejores entrenadores de la Historia el basket en general. Auerbach posee nueve títulos como técnico, 8 de ellos de forma consecutiva (hazaña sin precedentes) y varios más como directivo de los verdes, siendo un General Manager que supo descubrir, entre otros, a Larry Bird.
Jackson por su lado jamás ha tenido esa continuidad, pero si bien no enrrachados, ha triunfado en todas sus épocas. En Chicago sumaría seis anillos, amparado en Michael Jordan y Scotty Pippen, para posteriormente resucitar el apagado Showtime de California, huérfano tras partir Magic. Actualmente ostenta 11 anillos (el que más) y no es descabellado que su potente plantilla haga otro three repeat.
No obstante, Jackson (que sí gana a Red como jugador, con dos anillos siendo una buena pieza de reserva de los Knicks) flaquea en cuanto a ser arquitecto de sólidos cimientos y ser fiel a una franquicia. Red es uno de los grandes responsables del mito verde de Boston, incorporando elementos como el puro de la victoria, la mística irlandesa... Jackson, por su lado, ha llegado a sitios donde, si bien no eran campeones, había buen trabajo previo. Collins le había dejado unos Bulls asiduos a Playoffs y en LA, Jerry West le había traído a Kobe Bryant y Shaquille O´Neal, con buenos profesionales como Fisher, Fox, etc.
Sus infancias fueron distintas aunque con el común denominador de ser duras. Hijo de emigrados rusos de etnia judía, Auerbach tuvo problemas de asma que le impidieron rendir como jugador profesional, su gran sueño, que le persiguió toda su vida, como en una ocasión le diría a Larry Bird tras ganar éste el anillo: "Ya, tendré mucho mérito. Pero no he anotado un punto en mi vida".


Los padres de Jackson en cambio eran muy duros debido a su moral religiosa, tanto que ni él ni sus hermanos podían ver la televisión o salir por las noches a horas poco decentes. Es imposible saber hasta qué punto le condicionó ese pasado, pero desde luego le marcó como alguien peculiar, que incluso llegó a afirmar que decidió ser entrenador tras una experiencia con el LSD.
La caída de Damasco de estas vidas paralelas fue con Bill Reinhart y Tex Winter. El primero era un tremendo técnico del baloncesto primigenio a quien Auerbach siempre admiró, declarando que estaba 30 años adelantado a su época, aunque, jamás compartió con él su pasividad, pues era una persona afable y poco dada a protestar.
Winter era un genial táctico universitario que desarrolló el brillante triángulo ofensivo, una forma de atacar la defensa rival basada en el equilibrio. Idolatrado por muchos, Jackson siempre le ha llevado a sus equipos y es su gran aval en la estrategia (que dicen que el Maestro Zen domina mucho menos que la motivación), aunque voces de prestigio como Hubbie Brown han declarado que con jugadores como Michael Jordan anotando desde cualquier posición,es facil vender el triángulo, lo difícil es hacerlo en equipos de atletas normales.

Como fuere, Auerbach y Jackson se consolidaron como los dueños de su época. El primero fue señalado como uno de los artífices de que en el baket se acabase el racismo, apostando por jugadores afroamericanos, en un desafío a las convicciones de aquel tiempo. A pesar de quitarse méritos con ello, Red siempre afirmó que lo que quería era ganar, no se trataba de solidaridad, sino de que eran lo mejor para sus Boston equipo al que llegó con todas las riendas tras ser finalista con Washington, siendo dominado por los Lakers de George Mikan, sin duda uno de los primeros grandes iconos de la Liga y toda una leyenda, desgraciadamente fallecida.


Jackson por su lado tuvo que ver como los Bad Boys de Detroit le batían en las Finales de Conferencia. Pero, bendecido con una talla alta, un tono de voz muy sereno y conocimientos muy superiores a la media en motivación de jugadores, supo concienciar a MJ de la necesidad de sacrificar un poco más su talento por el conjunto. Además, reforzó la confianza de Scotty Pippen. Poco tiempo después, debido a su afición a la religión oriental (teniendo en cuenta la severidad de sus progenitores quién le culpa de Ex Oriente Lux), se le apodaría como Maestro Zen.
Si bien han tenido pupilos muy destacados, sobresalen dos nombres, Bill Russell y Michael Jordan. El mejor capitán céltico de la Historia y Su Majestad del Aire, a pesar de todas sus tretas para demostrar su aurea de invencibilidad, de no haber contado con ellos, quizás este artículo sería muy distinto. Sin ir más lejos, Russell demostró ser un buen entrenador capaz de ganar el anillo a los Lakers en su campo y, sin MJ, Jackson y sus Bulls no pudieron pasar de Finales de Confrencia ante los correosos Knicks. Del mismo modo, Penny y Shaq lograron mojarle la oreja a pesar de volver a contar con MJ al año siguiente. Y en las épicas eliminatorias contra Utah, siempre parecía que Jerry Sloan (la NBA le debe un anillo a este hombre) influía más en el juego de los suyos, la épica victoria en Salt Lake City parece más fruto de la capacidad de Jordan en los minutos finales y la heroicidad de Pippen por jugar con la espalda tocada.
Ello, en ningún momento ensombrece su dominio de la psique de sus jugadores. Gran lector, Jackson domina el día a día en el vestuario, recomienda libros a sus jugadores que él previamente conoce y que piensa que les puede dar alguna idea que ansía inculcarles pero que pretende que ellos piensan que ha surgido por su cuenta. Especialmente inspirado con Dennis Rodman, a quien hasta entonces solamente había puesto en cintura Chuck Daily, el mejor entrenador que nunca tuvo Detroit (con todo el respeto a Larry Brown y sus colegas).
Del mismo modo Auerbach hacía dos cosas, admitir para sus adentros cuando había cometido un error, en primer lugar admitirlo, en segundo lugar, evitar que nadie más lo detectase. Así, su negativa de no meter a Bob Cousy en su equipo por jugar demasiado bonito para ganar, cambió a que uno de sus jugadores no tenía otra función en la cancha que evitar que al base le pasase algo (era un baloncesto mucho más físico).
Como era de esperar con dos ganadores natos, hay mucha gente que terminó odiando a esas figuras inalterables. Especialmente Phil Jackson se ha hecho célebre por hablar con los medios de comunicación como si fueran niños de colegio y, progresivamente, ha mostrado un mayor deseo por influir en las decisiones arbitrales, protegiendo a sus mega-estrellas (discusiones por las "defensas ilegales" a Shaq, acusasiones de dobles de Nash, inolvidable respuesta del canadiense, ataques a un novato como Durant...), Auerbach también era amigo de todo tipo de artimañas (el opresivo ambiente de durante mucho tiempo inexpugnable Garden fue una demostración de ello), incluyendo abrasar al rival con el calor infernal estival durante las Finales.
Esto ha provocado que algunos, con razón, si bien no pueden borrar sus grandes logros, adviertan que nadie es dios, aunque por momentos pareciera muy complacido si se le otorgasen el título. El Maestro Zen que presume de haber ganado todas las series que ha empezado 1-0 no ha mostrado nunca ningún interés en admitir que los arbitrajes de Tim Donaghy han sido raros y muy favorables a su escuadra de súper-estrellas. Muchos, incluyendo seguidores de los Lakers, estarían muy complacidos de que el récord fuera menos inmaculado pero más limpio, pero él solamente ha cogido el gusto de denunciar las injusticias que le hacen a él, no a los demás.
Por su lado, Auerbach, era un hombre que sin duda fue amado hasta el extremo por sus plantillas, pero ganó no pocos enemigos por su arrogancia, ejemplificada con el puro que encendía cuando el partido estaba ganando. Igual que los buitres de Cayo Mario, Auerbach estaba tan convencido de su propio mito, que lo encendía posteriormente en aquellos choques que aún no estaban decididos del todo. Lo malo es que funcionaba.
Este blog no va inclinarse por ninguno de ambos en ninguna faceta, que cada lector/a elija a su favorito. A modo de recapitulación, destacar en Jackson un cultivo de la faceta mental y mucha capacidad de ser respetado casi como un mentor, a pesar de sus excentricidades. Auerbach, mucho menos extravagante, es el típico tipo que sabe qué debe hacerse y cómo hacerse. En definitiva, dos voraces criaturas...
SEGUNDO ROUND: APORTACIONES TÁCTICAS
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