lunes, julio 5
POR EL VIEJO Y RAF WALLACE
Era el final y saltaba la banca. El desprestigio era enorme, la directiva hacía oídos sordos al hecho de que los Blazers hubieran levantado un 3-0 y forzado un épico séptimo encuentro en Dallas, con papel destacado de Sabonis y Sheed. Los Jail Blazers estaban muertos y enterrados.
La cabeza de turco estaba preparada. Durante ciertos meses se dudó si volvería a jugar. La historia de Wallace iba a terminar como la de aquellas personas de las que se dice "Ah sí, hubiera podido ser un grande, pero...", demasiados cargos y malos gestos. En especial cuando sufrió un codazo involuntario de Sabonis y le arrojó una toalla en pleno tiempo muerto. Fue un acto de niñato, el zar volvería poco después a Lituania tras haber deslumbrado sin premio, cansado y harto de aquella franquicia que hubiera podido configurar una dinastía.



Fue contra los New Jersey Nets, el mejor equipo de la Conferencia Este. Atlanta había contratado al de North Carolina como quién mira un arma peligrosa. Pero hizo 20 puntos, tapones, rebotes... un encuentro brutal y que le convierte en el segundo jugador capaz de hacer más de 20 puntos con cuatro franquicias distintas. En alguna televisión de Detroit, Joe Dumars, General Manager de los Pistons y asesino silencioso de los Bad Boys, miró fijamente a los directivos: "¿Sabéis qué? Este chico es un Detroit Piston".
Cada persona suele contar la fiesta según le ha ido. Para Jorge Quiroga era un riesgo que quebraría a un juego de bloque en paz y que introducía un mal elemento, Vicente Salaner, pese a ser su detractor número uno cuando lo merecía, declaraba que la clase, la garra y el talento viajaban al Este. Pero Larry Brown, que conocía a Dean Smith, afirmó que no habría ningún problema. Durante todo el año, los de la ciudad del motor se preguntaban qué hacía falta para tumbar a Indana Pacers. El factor X venía de camino.




La química del vestuario no solamente no se rompió sino que se reforzó. Especialmente Big Ben Wallace, el hombre fuerte de aquellos "chicos malos" y el mejor defensor de aquella NBA, le acogió con los brazos abiertos. Un gran manejador del uno contra uno y el mejor taponador de la Liga unidos... empezó a ser muy complicado anotar en El Palace.


Nuevamente las expectativas parecieron defraudadas por la escasa contribución de Wallace en el debut ante su nueva afición con Minnesota. Pero Kevin Garnett, que le recordaba del Far West avisaba a navegantes "Antes eran un gran equipo. Ahora van a reforzarse e irán a mejor". Paulatinamente, la pizarra generosa de Larry Brown se introducía en la mente de Etiqueta Negra. Llegaron a los Playoffs metiendo miedo, pero nadie creía que pudieran llevarse el anillo.
"No nos importa el Oeste. Aunque tienen grandes equipos como Sacrameto, Minnesota, Dallas, Lakers, San Antonio... se eliminarán entre ellos. Aquí, creo que la Final la jugaremos Indiana y nosotros". Atrevidas palabras que fueron refrendadas a costa de unas poderosos Nets (que les forzaron siete) y los jóvenes Bucks. La serie contra Indiana fue muy dura, sobresaliendo el tapón de Prince al legendario Reggie The Killer Miller, los piques RIP Hamilton-Ron Artest y la pugna Jermaine O´Neal y Sheed. La profecía de Wallace de que robarían la ventaja de campo se cumplió con sangre sudor y lágrimas
No obstante, se diría que el destino había conspirado para poner el dulce en la boca de Wallace y sus compañeros, solamente para que el matón de siempre se los arrebatase. Sin el gran Robert Horry pero con Payton y Malone, LA parecía invencible. Pero Sheed anotó la primera canasta de la serie y los Pistons nunca miraron atrás. Incluso la suerte les sonreía con el maltrecho y lesionado Cartero (fue una pena que una auténtica roca tuviera que despedirse sin un merecido anillo). "No podemos tener piedad, son las Finales", dijeron los Wallace.
4-1, David Stern casi tan conmocionado como el mundo del baloncesto, entregando el trofeo, Sheed Wallace por su parte, señalando a Larry Brown mientras les medían los dedos. El verano que iba a ser el de su despedida por paria le convirtió en el ojito derecho de la franquicia, el talismán que cambió el rumbo de una franquicia histórica a la desesperada. Renovado, aunque fue una pena perder a Mehmet Okur, llegaría un caballero de fino tiro, Antonio McDyess. Pero con los problemas de salud de Brown, la gente empezó a decir que los Pistons unicamente tuvieron suerte...
Wallace por su parte deja alguna actuación para el olvido (0-7 en tiros contra los Sixers) y otras de súper-clase (dominando a los jóvenes y explosivos Suns, destacando su defensa ante Stoudemire), pero en lo extra-deportivo tampoco deja indiferente a nadie. La propia NBA tiene que elogiar entre dientes su magnífica labor separando a Pacers y Pistons de la tangana del Palace que siempre me supo mal porque aunque todos participaron de ella, solamente fastidió a Ron Artest. Pero él lo estropea yendo con el anillo de campeón a Portland, enseñorénadolo a "Todos aquellos que me llamaron cáncer", cuando acabó un precioso pase de T. Prince con un mate miró a su viejo banquillo y bramó: "¡Maldita sea! Pedid un tiempo muerto". La venganza es un plato frío. Y tras tumbar a los diezmados (pero aguerridos) Pacers, Sheed se fundió en un emotivo abrazo con Reggie. ¿Ángel o demonio?
Y otra revancha privada fue colaborar activamente en las épicas victorias en Miami, destacando su papel en el primero y en el séptimo. Con todo, en aquel último duelo fue lamentable que Wade no estuviera en plenitud de sus condiciones, una lástima para los seguidores/as Heat y los amantes del basket. Como fuere, Wallace ganaba su segundo séptimo partido en apenas dos años, destacando un genial palmeo que selló el triunfo. Desafortunadamente esperaba un viejo "amigo"... Tim Duncan y los Spurs.
Agotados, los Pistons fueron barridos por Timmy y Ginobilli en los dos primeros, destacando un Rasheed Wallace poco asertivo en ataque, dejando apenas destellos de su calidad. La táctica de Brown y el esfuerzo de juego coral dio la vuelta a la serie colocándose en 2-2 y Wallace paso de talismán a villano en dos jugadas... Metió la primera canasta de la prórroga sobre Duncan pero inexplicablemente hizo una pésima ayuda a Prince dejando libre a Horry quien robó un quinto que San Antonio tenía perdido.



Lenguaraz, Wallace no habló en el viaje de retorno a El Álamo. Salió con la mirada distante y se puso en problemas de faltas enseguida, aunque seguía siendo el mejor marcador uno contra uno frente a Duncan. Cuando salió al último cuarto tenía ganas de marcha, triples, palmeos, tapones, robos de balón.. Apenas había jugado 17 minutos y había sido decisivo, Chauncey Billups y cía no dejaban de abrazarle. 3-3. Ahora al fin, compadeció ante los medios "En el quinto hice una jugada propia de un cabeza de chorlito".
Nuevamente con demasiadas personales antes de tiempo, Etiqueta Negra dio la cara en San Antonio, los Pistons cayeron por estrecho margen y él fue el máximo anotador de los suyos en el último cuarto. "Me sabe mal por Larry y sus chicos. Tienen un grupo tan bueno como el nuestro", declaraba gentilmente Popovich. Los nuevos Bad Boys habían caído, pero ya nadie podía decir que era por casualidad.
El año siguiente volvería al All Star y Detroit se confirmaría como etero candidato al título las siguientes temporadas... Se harían uno él y su familia con la comunidad trabajadora y sin adornos de Michigan. Wallace regalaría una cincuentena de entradas siempre que jugasen como locales y su fundación se mantenía actividada, aunque él mismo afirmaba que prefería seguir manteniéndolo en un segundo plano, prefieriendo ser solidario que salir en la foto.
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