domingo, septiembre 19
Hay una cosa que se dice de los excéntricos... jamás han hecho una autobiografía. La causa es que nadie se suele considerar raro, más allá de una broma privada, pero nadie lo afirma en serio. A fin de cuentas, si Calígula hubiera podido dejar una última frase antes de ser atravesado por sus pretorianos, no hubiera desentonado que dijera: "No, si lo mío a fin de cuentas... pero lo que no entedía era a los que me seguían".
Recientemente, Dennis Rodman ha vuelto a salirse de la norma. Grabando sus diversiones con un grupo de chicas de buen ver, desafiando nuevamente los viejos tabúes morales y poniendo en entredicho el modelo de ciudadanos ejemplares que David Stern ha querido para los futuros Hall of Fame retirados.

No siempre fue así. Suele suceder con los grandes monstruos que se olviden sus orígenes, pero como dicen en cierto programa televisivo de moda, crees conocer una historia... pero en realidad solamente conoces cómo acaba. Debes ir al núcleo del origen para descubrir la verdad. La historia del genio, el amoral, el niñato, los tatuajes... todo eso vino después. Dennis existió mucho antes y era un joven normal con prodigiosas condiciones físicas. La naturaleza le había permitido un estirón impensable de 26 centímetros en sus últimos años de crecimiento, lo suficiente para sobresalir con ética de trabajo en la universidad. Segunda ronda del Draft y que un equipo en alza (Detroit Pistons) se dignase a seleccionarlo.
Nadie, salvo el genial técnico Chuck Daly (a quien Rodman siempre se refirió hasta su muerte con el apelativo de "padre") parecía comprender los demonios que escondía aquella criatura. Kevin McHale, el genial ala-pívot de los dominantes Celtics de los 80, destacaba que verle correr era ver a un majestuoso ciervo en la maleza. Pero, y eso el arquitecto de los Bad Boys lo sabía, "El Gusano" seguía siendo un niño tímido de un hogar que el progenitor abandonó, en una residencia no demasiado segura de Dallas. Cuando llegó al coto privado de Bill Laimbeer e Ishiah Thomas, no dijo esta boca es mía, se dedicó a trabajar y perfeccionar su defensa.
Tanto que, pese a sus dos metros, se convirtió en uno de los mejores reboteadores de la NBA, al igual que el legendario Bill Russell, agallas e inteligencia fueron su combinación para deslumbrar a rivales de mayor tamaño. En épicos enfrentamientos con ACGreen y el mismísimo Larry Bird, Rodman destacó por ser un gran taponador y entender que pese a no ser un gran atacante, podía hacer muchas cosas. Doc Rivers, que lo conoció en San Antonio decía: "No dará el pase de canasta. Pero hará otro maravilloso que terminará siendo el pase que conduce al pase a canasta".
Muchas Finales de Conferencia, dos anillos y un tremendo subcampeonato le dieron la categoría de estrella. Rodman se había especializado en desquiciar a los mejores, en inolvidables provocaciones a Scotty Pippen y al mismísimo Michael Jordan. Entonces pasó, su mujer le abandonó y se fue a vivir a Sacramento. Phil Jackson, uno de los mejores psicólogos de esta competición, no lo duda: "Para Dennis las palabras no significan nada. Son los hechos. Le han engañado demasiadas veces". No propiamente una traición, pero si una desilusión fue la marcha de Daly a New Jersey. Aunque le dolió, El Gusano siguió hablando con reverencia del hombre con el que más había disfrutado jugando al basket, pero no era menos la devoción de su antiguo jefe: "No he conocido dos ansías de ganar semejantes a las de Drazen Petrovic y Dennis Rodman".

Entonces pasó. Una noche la policía le encontró perdido y con un arma en la mano. Había tratado de sobreponerse a una triste infancia, ser un buen chico como querían asistentes y entrenadores, respetuoso con rivales y compañeros... Pero ahora, habiendo perdido a demasiadas personas a las que apreciaba, una profunda depresión le llevó a intentar suicidarse. En realidad lo consiguió, había matado al viejo Dennis. El aplicado defensa desapareció en las brumas del tiempo deportivo para dar paso a un showman, a alguien a quien ya nada importaría.
"No entiendo lo qué le ha pasado... antes no era así", decía el frío y calculador Joe Dumars. Pero así empezó, cortes de pelo de aire callejero, mirada siempre desafiante, recogerse a altas horas de la madrugada... la prensa les había llamado los Bad Boys, ahora el momento de justificar ese apodo con honor. En una ocasión, Michael Silver le quería entrevistar, Rodman llegó tarde, tenían que coger un vuelo, el periodista iba a hacer una retirada estratégica, El Gusano le sugirió tentador: "Oye, ¿qué te impide coger el vuelo y hablar conmigo? Que le den a las normas". Huelga decir que el reportero se hizo un incondicional.
Sin la batuta de Daly, Detroit se descompusó para no volver a rehacerse hasta la llegada de Dumars a la gerencia. Rodman viajó hasta San Antonio, donde liberó de toda responsabilidad defensiva a David Robinson que terminó siendo máximo anotador. Sin embargo, rara vez apareció por el entrenamiento. Ahora todo el mundo que le juzgaba buscaba su dedo alzado, de repente, había sucedido como cuando un chico persigue a la muchacha de sus sueños y de repente, ante la indiferencia de ella deja de hacerlo, cambiándose los papeles. ¿Por qué? Básicamente Rodman había descubierto la hipocresía del mundo donde vivía y empezó a hacer sus propias reglas.
Gregg Popovich, hombre rígido y verdadera cabeza pensante de los Spurs estaba harto. Se hablaba de su nuevo peinado, de las fotos que hacía sin pudor luciendo modelitos, de sus amistades no recomendables, de que se casaba con Madonna, que no se casaba con Madonna, que frecuentaba bares gays, que bebía como un cosaco... Rodman respondió nombrando a Jack Haley su enlace con el resto de "los viejos" del equipo. Se quedaba tendido en el banquillo con la toalla alzada para desesperación de todos.
Pese a ello, Dennis nunca ha sido un estúpido. El día D y la hora H, cuando San Antonio se jugaba el pase a la Final del Este en California, ante los glamurosos Ángeles Lakers, esperó con la sonrisa del viejo estratega a que todos, incuyendo Avery Johnson y Robinson (a quien pese a ello siempre afirmó respetar mucho), se acercasen a su calavérica presencia. Le preguntaron qué hacer, cómo sobreponerse a un ambiente hóstil con tantos jugadores novatos... "No os preocupéis tanto. Dejaos llevar". Fue su respuesta, San Antonio ganó fácil y la presencia de Rodman amedrentó a ambos lados de la cancha.
Entonces, ante el que Rodman calificó de "mejor pívot", H. "The Dream" Olajuwon mataron el sueño de los de El Álamo. A pesar de sus destellos de gran calidad, la conducta del ala-pívot era inaceptable para la conservadora y familiar franquicia texana. Más heterodoxo y sin miedo a ser criticado por tener a un jugador que muchas veces sería ilocalizable, Phil Jackson dio el visto bueno a incorporar al polémico entre polémicos bajo la sombra de Michael Jordan y Scotty Pippen. Ellos, sabían que pese a su carácter, conocía muy bien los sistemas de los toros debido a sus años de guerras en Detroit y que, bien contenido (para eso estaba el mejor de siempre y el segundo mejor) podría reemplazar a Horace Grant, el añorado ala-pívot que ahora visitaba la corte de Shaquille O´Neal en Orlando.


Desde el pitido inicial aquello fue especial. Chicago hizo 72-10 en victorias-derrotas, Rodman se hacía cositas en el pelo cada día, ora Madonna, ora Carmen Electra, seguía afirmando que el baloncesto (con perdón) se la traía floja, pero no iba a permitir que MJ o Scotty le arrancasen la cabeza.
Volviendo loco a Grant y al propio Shaq (a quien se encaraba sin problema), "El Gusano" formó parte activa en los 3 últimos anillos de Chicago. En especial, se le recuerda por su defensa al mejor Karl Malone, de haber sido contra cualquier otro, El Cartero hubiera pulverizado el juego interior de los Bulls. Fue una lucha épica que estos dos particulares personajes quisieron zanjar en el terreno de la lucha libre. El combate (perfectamente amañado) volvió a corroborar la frase de Rodman: "La NBA ya no me parece real. Yo soy más bien un showman".


Tras esa máscara dionisíaca, se escondía algo extraño. A veces Rodman se nos desmoronaba y nos recordaba a aquel muchacho capaz de llorar. A pesar de su alocamiento, Dennis era una persona que a veces no quería medir los límites, como le analizaron en una ocasión, su falta de referentes (con la excepción de Daly) le impedía marcarse fronteras. Antoni Daimiel, harto de que se comparase a jugadores agresivos con El Gusano como si fuera su única virtud, lo dejó claro en su blog: "Con Rodman jugabas al póker y te ganaba. Muchos de los otros no resolverían ni un crucigrama".
Por mucho que dijera que a él el deporte poco le importaba, la desmantelación del bloque ganador de Chicago le obligó a emigrar. Fue figura de Sports Illustrated cuando viajó hasta Los Ángeles, pero poco duró, eso que Hollywood parecía su nueva Meca, donde actuaría en algunos filmes (que ninguna persona debería ver jamás, debo advertiros). No comulgó con Kobe Bryant, a fin de cuentas, son dos polos opuestos, Bryant iniciaba la senda de los MVPs apadrinados por Stern, Rodman iba a su aire, pero Bryant que afirmó que "no ha habido problemas con él. Es un compañero más", sabía que estaba mintiendo. No hay nadie como Dennis y entre sus muchos defectos, no estaba ser manipulable.
Y entonces volvió a buscarle los tres pies al gato. Mr. Rebelde sin Causa, el tipo que decía que se despelotaría en su último encuentro, el discípulo aventajado de Madonna, simplemente pensó que... su retirada había sido poco digna, no quería que los que de verdad amaban el basket se llevaran esa última imagen. Jackson y compañía trataron de hablarle de sus problemas con el alcohol, pero no parece que haya salida fácil, tampoco a su hábito adquirido en Las Vegas de jugar dinero obscenamente.
Cuenta la leyenda que un zapatero galo llamó en una ocasión "payaso" al emperador Calígula. Aterrados, todos se callaron mientras se acercaba al interfecto: "Puede ser, amigo, pero, ¿crees que quiénes me siguen son mejores que yo?". Evidentemente, no. En un casino, mientras todo el mundo le preguntaba de basket mientras él solo queria perder dinero, un joven novio levantó su falda a la sonriente novia para insinuarse al ala-pívot al estilo "Proposición Indecente", curado de espanto, Rodman sonrió y siguió a su camino. Aún no sé si es picardía o desprecio simple ante lo tontos que nos volvemos ante los ídolos. Tal vez una mezcla de ambas.
La noticia de las orgías y las fiestas epicúreas de Rodman trajó muchos debates sobre su moralidad en el Foro Marca. Desde la simple repulsa conservadora a la inconsciente adulación de la virilidad de estar con unas damas de moral laxa, un forista se desbancó: "La gente no comprende que cada persona es libre de hacer lo que quiera mientras no obligue a nadie a seguirle o atente directamente contra otra persona, aunque no sea común. Ésos que juzgan a Rodman deberían callarse. Por otro lado, los que le adoran, deberían recordar que eso no muestra nada más que a un muchacho perdido que sigue queriendo dar la nota. Personas con carencias como Rodman buscan la felicidad en estos hechos provocadores, pero de verdad espero que la encuentre en otros ámbitos, aunque no censuro ni aplaudo lo que hace". Venía más o menos a ser así, perdón por lo que haya cortado mentalmente sin querer, pero me gustó mucho.
Jugador genial, divertido, bocazas, irrespetuoso, emotivo, desagradable, ético reboteador, mal profesional, timador de franquicias, el mejor fichaje posible... La increíble vida de El Gusano y su leyenda deportiva aún no ha acabado. Tatuajes recorren su cuerpo, pero este prodigio sigue levantando cejas, en San Fermín, en la cuesta abajo de su carrera, parecía un hombre contra niños, pese a estar ante corredores pamplonicas especializados.
Y si, peregrino/a, buscabas un sentencia final a su estilo de vida... aquí no la encontrarás. Simplemente, Rodman es así, tan malo como quiere ser.
PD: Os recomendamos un espléndido artículo sobre El Gusano de baloncesto-vida por parte de Rafael Vargas, sobre la defensa de este peculiar jugador.
Publicar un comentario