domingo, octubre 17
La agenda se aprieta, pero Never Shall Me Down no podía dejar pasar la oportunidad de felicitar a la selección femenina de baloncesto que coqueteó y finalmente consiguió una cita con la palabra goria deportiva en el Mundobasket celebrado en la República Checa.
Bajo la batuta de José Ignacio Hernández, cuando la Federación Española se llevaba una importante decepción en Turquía, tras mucho tiempo de éxitos, la escuadra femenina ha seguido la senda y le ha imprimido su propio sello. No lo tenían fácil, España era una de las participantes que menos centrímetros de altura presentaba y eso, una vez pasada la fase de grupos, se podia pagar caro.

Alba Torrens, Ana Montañana, Sancho Lyttle, Marta Fernández, Nuria Martínez, Laia Palau, Elisa Aguilar, Anna Cruz, Amaya Valdemoro, Nichols, Lima y un amplio etceterá que debe incluir a equipo de preparación técnico, consiguieron una hazaña que el tiempo no va a poder borrar. Los primeros encuentros fueron de asentamiento, sin ningún susto ante rivales a los que teóricamente debían ganar pero sabiendo que primero había que mostrar que se podía, que nada puede darse por sentado.

Sin embargo, si había que quedarse con un momento era con el maldito cruce de cuartos de final, el temido ogro francés que venía luciendo palmarés y entró en el último cuarto doce arriba y con la moral alta.


De lo que pasó, será difícil hallar raciocinio entre tanta fe, remando para morir en la orilla o salir a flote. El 74-71 irá ligado al liderazgo de Amaya Valdemoro (17´7 puntos), pero fue mérito de todas que ni la expulsión de Lyttle se notase.
Fue un paso importante y, aunque a muchos nos llamó la atención como Ignacio Hernández guardaba demasiadas cartas ante la inalcanzable Estados Unidos (un verdadero Dream Team), daba la sensación de que al final, habíamos dejado pasar demasiado rápido la gran Final... pero este hombre sensato de los banquillos dejó un oro imposible y se focalizó en el partido decisivo ante Bielorrusia, momento supuestamente amargo pero que finalmente se tornó como el gran éxito. A Valdemoro, siempre ella, le cupo el honor de anotar el último tiro, pero era la canasta de todas...
Un Mundobasket inolvidable.
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