domingo, diciembre 19

De festejos gracias a la buena labor de nuestro amigo Klego, Never Shall Me Down se enorgullece en presentar una nueva sección. Si "Qué grande es el cine" ofrecía tertulias y reflexiones sobre algunos de los grandes hitos cinematográficos, en "Canastas Sagradas", en homenaje a la expresión de Phil Jackson, pretendemos en este espacio, dar un repaso a algunos de los momentos cumbres de este deporte.






Y el primer plato es un bocado de cardenal, nada menos que las semifinales de conferencia que midieron a los Dallas Mavericks y los San Antonio Spurs. Ambos con más de sesenta victorias, aprovechaban el vacío de poder que había acontecido en el 2004, cuando el temible equipo de los Lakers había sido disuelto por el terremoto de los Detroit Pistons.





Tradicionalmente, los texanos de El Álamo habían sido un rodillo para la franquicia dirigida por el multimillonario Mark Cuban. En algunos casos, las derrotas fueron dolorosísimas, como en el 2003, cuando la lesión de Nowitzki en el segundo partido facilitó a las Torres Gemelas Spurs pasar en seis disputados encuentros. Ahora, dos antiguos Mavs, Nick Van Exel y Michael Finley, habían pasado armas al servicio del sargento G.Popovich, quien a esas alturas ya sumaba la cifra de tres anillos, justificando su dureza de entrenamiento y sistemas de juego ultra-defensivos con un palmarés brillante y en el tener al mejor jugador de la Liga en aquellos momentos, Tim Duncan.
Aunque San Antonio tenía ventaja de campo, el sustituto del legendario Don Nelson, Avery Johson (para más IMRI antaño capitán de los Spurs) había planificado todo el año para llegar preparados a los Playoffs. Pasando con relativa facilidad sobre los Memphis Grizzlies de Pau Gasol, Johson empezó desafiante ante los micrófonos: "Estamos cansados de descansar", en alusión a las mayores dificultades de los de Duncan de eliminar a los Sacramento Kings, de la mano de un inspiradísimo Bonzi Wells (Popovich terminaría admitiendo que era la primera vez en todo el año en que no podian detener a un jugador individualmente).


No obstante, todas las bravatas se quedaron reducidas a la nada en un primer encuentro tenso. Aunque Dallas plantó cara (87-85), el estilo físico de los locales, que incluian a carniceros como Bruce Bowen, terminó imponiéndose. Cuban, siempre mordaz, buscaba sus remedios en la guerra dialéctica: "San Antonio es la ciudad con menos humor de América".
Johnson preparó a sus pupilos para el segundo encuentro a concienza, especialmente a E. Dampier, un jugador siempre acusado de ser demasiado blando para su envergadura. En aquella ocasión, su capacidad intimidatoria y el juego alegre de los Mavericks pasó con comodidad sobre los vigentes campeones de la NBA, 91-113.
La llegada a Dallas conveció a Duncan de dar un paso al frente. El ala-pívot de las Islas Vírgenes se destapó con 35 puntos, 12 rebotes, 2 asistencias un robo y un bloqueo. Pero, a pesar de ese despliegue, Johnson pronto mostró sus credenciales, conocedor del potencial de Timmy, le dejó a él destrozarle la pintura, a cambio de frenar a los otros. Pese a ello, Popovich, guardaba un arma tradicional en su repertorio, utilizar a "Manudona" Ginobilli como sexto hombre (24 puntos). En un partido épico, Dallas se iba a un apretado 104-103.
Tomando buena nota de ello, Johnson decidió que Jason Terry sería su Ginobilli particular. Terry había sido un jugador de exquisito tiro pero indefinido entre los puestos de base y escolta, atrapado en unos Atlanta Haws por aquel entonces en dinámica perdedora, llegar a uno de los gallitos de la Conferencia Oeste y más para sustituir al legendario Steve Nash, le había granjeado enemigos en la propia afición Mav. Ahora, tenía la oportunidad de su vida, el recuerdo de Nasty Nash era imborrable, pero con él nunca habían batido a San Antonio. Con 32 puntos, Terry batió a Duncan que se fue de nuevo a 31. Con una feroz prórroga, Bruce Bowen explicaba que las derrotas apretadas se debían a los minúsculos detalles que habían ido olvidando.

Al borde de la eliminación, el quinto juego fue una guerra, donde Nowitzki (31 puntos) y Duncan (35), pusieron el talento, mientras que los demás los cuchillos y dientes apretados. Jason Terry cometió el error de su vida y en una tangana terminó sancionado, los cuidadosos planes de Johnson se vieron frenados. Al caer 98-97, Popovich resumía lo que los espectadores sentían: "No me sorprenden estos marcadores. Lo único que me sorprendería es perder de 20 o ganar de 20".
Preparados para una encerrona, los Dallas Mavericks tenían la ocasión de cortar la cabeza de la serpiente en su cancha. Pero el sexto encuentro fue el típico partido adormecido y ralentizando por los perros viejos de San Antonio. Michael Finley, viejo amigo del alemán, fue uno de los que mejor le defendió en aquella ocasión, mientras que algunas piezas clave de Dallas Marquis Daniels o Jerry Stackhouse tomaron decisiones precipitadas. Nuevamente, Ginobilli daba el golpe de gracia, los Spurs salvaban los muebles y se decidiría en casa.



Los de Popovich tenían la ventaja de campo, los de Dallas recuperaban a un Jason Terry motivadísimo, jugando el mejor basket de su carrera. Desde el pitido inicial, los de Nowitzki (del cual se burlaba la grada Spur por las canciones cutres de su infancia que tenía en mente para los tiros libres) salieron a correr, sacando a los locales de su campo, llegando a doblarles en el marcador.
Considerado uno de los mejores encuentros de la NBA, de la mano de un Duncan excelso que volvió a pasar de la treintena, los Spur dieron una remontada histórica, destacando los emotivos triples de Finley, el coraje de Ginobilli o la inteligencia de Tony Parker. Johson volvió a sacar su magia en el banquillo, como el senegalés Diop o Van Horn, cuyo papel testimonial se tornó en heroico en un último cuarto de infarto.
Ginobilli metió un triple inconmensurable que daba la primera ventaja a los de San Antonio, pero Nowitzki fue más listo que su perro de presa, Bowen, esperó el hachazo y sacó el dos más uno. A la prórroga, donde el polémico Josh Howard siguió siendo una pesadilla para los de Popovich con sus atinados cortes, mientras que Stackhouse anotaba algunas de las suspensiones más importantes de su carrera.
Johnson y Popovich, alumno y maestro se abrazaban. Había finalizado una de las mejores series de la historia.


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