lunes, enero 17
Hace no tanto, un jugador de gran envergadura y fina muñeca, llamado Yao Ming, llegaba a la mejor Liga del mundo. David Stern y su directiva, tipos avispados a los que no pocas críticas se le podrían hacer, nunca se han caracterizado por no ver un buen negocio. Especialmente después de los Juego Olímpicos de Pekín, China, uno de los países con una cultura más antigua del planeta y con un potencial demográfico y geográfico increíble, es un activo consumista de la NBA y hasta tiene a antiguas estrellas como Marbury en sus ligas.
Subestimas ese efecto hasta que vez en el parque de los tele, a más de diez jugadores de esa nacionalidad. Apenas acabábamos Pablo Castro Martínez y un servidor de tener el gusto de ser apalizados por Juan Manuel Luque Gomarín y una nueva incorporación de aquel día, un muchacho llamado Daniel, cuando nos vimos enfrascados en el que sin duda ha sido el partido más internacional en la historia de nuestras pachangas (antes habíamos tenido un escocés, dos norteamericanos, bastantes marroquíes, argentinos, dominicanos, coreanos... es la primera vez que tenemos inquilinos de la Gran Muralla).
Y a pesar de no haberse cultivado tradicionalmente en esta disciplina, se lo está tomando a marchas forzadas. Aunque no se puede generalizar en esta vida ni en lo positivo ni en lo negativo, la impresión que nos dieron estos muchachos fue magnífica. Disciplinados, con buena mano y muy caballerosos con el rival sin dejar de ser competitivos, necesitamos toda la magia de Juanma (menos mal que venía de medirse a su buen amigo y Némesis José Grande el viernes en el Saavedra, se le notaba muy bien), para llevarnos el encuentro.
Resistieron los compases iniciales muy bien, pero gracias a los rebotes ofensivos de Pablo Castro y las variantes que nos da la versatilidad de Juanma, nos encontramos con tiros frontales muy cómodos. El más de 40% en triples que pude firmar tiene la responsabilidad en ellos. Después, Miguel Collado León, alias Easmo, sustituyó a Juanma, volviendo a repetir el mismo esquema. Junto con él venía nuestro apreciado Alejandro Castón Casanova, el señor X que llevaba mucho tiempo sin jugar preocupado en otros quehaceres deportivos (hace grandes progresos con el karate), pero like a gentleman, no podía faltar en el retorno de "El Pelusa", el gran Pableras, quien siempre ha sido uno de los mejores, como demostró con sus tres ganchos de la victoria.
En el último triangular faltaron piernas jóvenes y nuestros amigos asiáticos nos mojaron la oreja en dos apretados partidos donde volvieron a sorprendernos por su juego coral y pericia en el lanzamiento exterior. Era el final de una jornada redonda donde además tuve la satisfacción de retornar después de mi lesión. Tuve un pequeño mal presentimiento al palmear un tiro. Afortunadamente entró y los fantasmas del pasado quedaron allí.
Con Pablo en Córdoba, seguro que queda algún partido hasta que se vaya el finde...iremos contando.
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