martes, enero 18
En la tercera sección de "Canastas Sagradas", nos trasladamos a un partido concreto, mejor dicho, a una actuación individual, pues, aunque mucho se pudiera escribir de la apasionante semifinal de conferencia entre los siempre atractivos de ver jugar Sacramento Kings de Rick Adelman y los Wolves de Minnesota, focalizaremos esta entrega semanal en Kevin Garnett.
"Preparado o no...es su turno", así rezaba la prestigiosa revista Sports Illustrated, un muchacho estaba sentando en el suelo, con su chándal y agarrando un balón. Recién salido de instituto, Garnett daba el salto a la mejor Liga del Mundo, en 1995.
Aquello era una locura y muy poco recomendable, siempre es mejor que los jugadores/as, incluso los aspirantes a estrella, terminen su formación y se estimulen en el estilo coral de la NCAA antes de dar el gran paso, demasiados dólares, intereses egoístas y falta de madurez, una combinación que puede terminar traduciéndose en resultados espantosos . No obstante, Kevin ya era por entonces uno entre un millón, encandiló a la gente de Minnesota desde el minuto uno por su ética de trabajo de los entrenamientos, Flip Saunders su entrenador, llegó a admitir que, a veces, se tenía que recordar su edad, porque metían demasiada presión al chico, que parecía capaz de asumirlo todo.
No obstante, como maravillosamente reflejó un anuncio magistral recientemente recuperado para el DVD en la serie "NBA Street", titulado "Los sueños de Playoff de Kegin Garnett", los Wolves, tras buenas temporadas en la Conferencia Oeste caían. Y además, de todas las formas posibles, ante un equipo más veterano (Rockets), más duro defensivamente (San Antonio), en la muerte súbita (los Sonics), contra mega-estrellas (Lakers)... Comparándolo con la primera vez que la chica que te gusta te da calabazas, Garnett declaraba que le resultaba muy duro no celebrar su cumpleaños en mayo jugando al baloncesto, porque ya estaba de vacaciones.
Desde entonces, la NBA y los aficionados al baloncesto en particular vivieron curiosamente divididos ante Big Ticket, el muchacho que había venido desde Carolina del Sur y fue acogido casi con tintes mesiánicos por una franquicia deprimida que con él volvió a sonreir. Por un lado, era uno de los jugadores más solidarios y que más aportaba a la comunidad, en el otro, especialmente en sus primeros años, se le acusó de soberbio, como si su pronta elección en el All Star por méritos propios le hubiera vuelto algo altivo.
El propio Pau Gasol (que creció idolatrándolo), reflejaría ese sentir, en una clara victoria de los de Garnett sobre Memphis, se dedicó a provocar con su envenenado trash talking al catalán, quien, en una osadía técnica para un novato, le dejó con un palmo de narices y un mate en sus mismísimas narices. Pero, ni siquiera esos demonios oscurecían a una máquina de hacer dobles-dobles, un marcador implacable y que llevó a decir al Hall of Fame Jerry West que era el tipo más preparado, preparado... que salía a una cancha cada noche a la Liga.

La humildad que le dieron aquellos batacazos en postemporada (de los cuales cualquier observador imparcial no podría culparle, teniendo en cuenta el carácter bisoño de la plantilla) le terminaría haciendo más cercano y especialmente en algunas entrevistas, empezó a dejar claro su forma de enfocar el basket, que iba más allá de recoger el abultado talonario y salir pitando cuando terminaba la sesión de entrenamiento.
En el 2004, la directiva de su equipo decidió rodear a su mejor hombre, MVP del All Star de 2003 (jugó tan bien que algún comentarista sugirió que le dejasen toda la noche, visto su despliegue de versatilidad), con dos veteranos de lujo, Sam Cassell y el anotador Latrell Sprewell, produciendo un efecto inmediato en los Timberwolves, mejor equipo del Oeste.
"Este año no debe escapársele el MVP. Está menos presionado, sin esa obsesión por tirar y resolver en cada posesión", declaraba un Pau Gasol entonado, demostrando ser tan buen deportista como poco rencoroso. Efectivamente, David Stern y el resto del mundo le hicieron caso y Garnett fue MVP para delirio de una ciudad que comulgaba al 100% con su estrella. Cuando los Denver Nuggets del joven Carmelo Anthony eran eliminados (4-1), Kevin volvió a atreverse con su maldición: "No sueño con pasar la primera ronda. Sueño con jugar finales, partidos importantes... Sé que lo haré".
Pero en el camino había un equipo increíble, probablemente la mejor plantilla en la NBA que nunca haya jugado una Final, los Sacramento Kings de Chris Webber, Pedja Stojakovic, Mike Bibby, Vlade Divac... el año anterior le habían puesto la espada en el cuello a los Lakers y solamente toda la magia de los de Jackson en la prórroga del séptimo y los colegiados en el sexto, les impidieron un más que posible anillo. Ahora, con Webber retornado de una lesión Sacramento se debatía entre el liderazgo frío y eficiente de Stojakovic o el estilo de Webber, jugador franquicia las últimas temporadas.

Y demostraron que seguían siendo increíbles, llegaron a la guarida de los lobos y la profanaron en un apretado primer encuentro. Bibby, base estrella aquella noche, calmaba los ánimos: "Esto será largo. Conocemos a Kevin Garnett y es un animal. Procurará que esto no vuelva a pasar".
El segundo encuentro fue otro choque hasta la extenuación, Rick Adelman lo resumía mejor que nadie: "Jugamos 44 minutos excelentes. Pero los partidos aquí son de 48". Minnesota salvó el día de milagro, Garnett declaró que era una cuestión de carácter.

Visitando a la entregada afición del Arco Arena, Garnett (30 puntos y 15 rebotes) y sus compañeros robaron el partido en la prórroga por un punto. Nuevamente, los colegiados montaron su espectáculo sin señalar una más que posible falta de Trenton Hassell sobre Stojakovic cuyo triple hubiera podido ser el de la victoria. El técnico de Sacramento declaró que más que mal por él, lo sentía por su astro de los Balcanes a quienes los árbitros parecían no respetar a diferencia de otras mega-estrellas. Para el recuerdo Kevin Garnett anotando dos triples, como si se hubiera disfrazado de Rasheed Wallace. Daba la sensación de que se disfrazaría de lo que hiciera falta para ganar.
El siguiente encuentro no dio más sorpresas, los Kings usaron el estímulo de su afición para colocar el 2-2. Chris Webber, cuestionado por su físico, volvió a callar a todo posible detractor con su magia y carisma. pasando de 20 puntos y midiéndose en un precioso duelo contra Kevin Garnett. En verdad, en aquella época el Oeste aglutinaba genio tras genio, Kobe y Shaq en Los Ángeles, Noritzki, Finley y Nash en Dallas, Duncan más Robinson en El Álamo... etceterá.
En el siguiente, Sprewell justificó su elevada nómina con 34 puntos, borrando del mapa a unos Kings irreconocibles. Todo el mundo, incluyendo Big Ticket, admitían que aquella noche había sido el líder del barco. A la vuelta, Stojakovic sacó 22 puntos y Bibby 16 tantos y 10 asistencias, tirando los locales con más del 50% de acierto. Todo se decidiría en el séptimo choque, nadie sabía que podía pasar... pero nadie estaría más presionado que Kevin Garnett.
El séptimo día comenzó una verdadera guerra. Y pocos escuchaban mejor esos tambores a la batalla que el novato que nunca lo fue, el jugador que había batallado con los más grandes cuando tenía que haber estado paseándose por campus universitarios y entrevistándose con los ojeadores. "Pensé que tenía que ser agresivo desde el principio. Quería ser un ejemplo para mis compañeros. No quería volver a mi casa y pensar que podía haber hecho más".
Acción brillante tras acción brillante en el poste bajo, tapones e intimidación con una de las intuiciones más grandes que se recuerdan en alguien de su tamaño para anticipar el pase del rival, Garnett castigó a uno de los equipos con juego más alegre y coral de la competición. Casi parecía el esfuerzo de un hombre solo contra un equipazo, pero, a diferencia de otras exhibiciones similares a lo largo de la Historia de los aros, Garnett volcaba su intensidad en hacer mejores a los demás y en amenazar a los exquisitos tiradores de los Kings.
Tim Pawlenty, gobernador por aquellos días de la ciudad, decidió que desde entonces, debería hablarse de "El día de Kevin Garnett". El sueño conjurando sus derrotas y la celebración de su 28 cumpleaños (que fue aquel miércoles donde los duendes de los aros le sonrieron y él hizo el resto con 21 capturas en el rebote) se hacía realidad. Parecía que el destino, siempre tan cruel, se había decidido a darle una recompensa después de tantos sinsabores, en qué momento, ante qué entidad de rival...
Solamente le quedaba rematar su obra maestra en el desenlace. Y lo hizo, 13 puntos en el último cuarto para terminar de enloquecer a su grada, incapaz de contener la emoción. Los Kings, como el perfecto invitado, animaron la fiesta con dos tiros de tres que hicieron estremecerse a una ciudad demasiado acostumbrada a perde en Playoffs. Pero el valeroso lanzamiento de Chris Webber se salí, éste caía al cielo mientras Garnett alzaba los brazos al cielo.
Flip Saunders quiere sacarle, darle algún minuto de descanso, cuanto menos que le aplauden mientras marcha al banquillo: "Le dije a Flip que si me sacaba me chivaría al dueño", bromeaba el astro a quien le dijeron además que Steve Kerr, el rubio triplista compañero de aventuras de MJ en Chicago, que había comentado para televisión que vio a Kevin un poco ansioso antes de salir a la pista. "Para él es fácil, nunca ha estado en un equipo que hubiera perdido todas sus eliminatorias de primera ronda".
Webber, todo un señor en la victoria y en la derrota, declaró que amaba jugar contra tipos como Kevin Garnett. Como conclusión, los dos geniales ala-pívots se abrazaron. Como regalo a los visitantes de Never Shall Me Down, adjuntamos las canasta de Garnett aquel séptimo encuentro. Que lo disfruten, de verdad, merece la pena...

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