martes, enero 4
Es donde no te quieres ver... pero algunas veces pasa. Una jugada de tantas, buen tiro de Daniel Collado León, buscas palmear, notas que lo haces, te preparas para volver a aterrizar y pegas un cabezazo con el defensa rival, dejas de pensar y notas que el cuerpo ha tomado la decisión final mucho antes que tú. Recuerda que el parque es de cemento, no de goma. Por lo que me contaron, Easmo terminó la jugada con un buen gancho a tabla que debió de colocarnos a 4 puntos, aunque yo no lo vi.
Recuerdo algún murmullo incómodo mientras tratas de levantarte, decia Petón, con más razón que un santo, que cuando un futbolista nota una lesión, el primer gesto es de seguir para adelante, convenciéndote de que eso no te está pasando a ti. Entonces la cabeza te arde y decides quedarte un poco más notas que hay una fiesta en tu mente y no van a bajar el volumen. Miras al rostro de tus compañeros y rivales y sabes que algo no va bien... que ese pequeño charco de sangre en el poste bajo es tuyo.
Las mangas de la camisa también cogen un color rojizo y empiezas a temerte lo peor. Daniel, su hermano Easmo y Justo Martín Collado se portan como cabía esperar, de chapeau desde el arranque, se percatan de que estás bien dentro de lo que caben que recuerdas el golpe y hasta el marcador del partido, buena señal. Viene a la mente algún buen amigo que se las ha visto en semajantes, piensas que esta vez, la tradición del 1 de enero te ha salido por la culata. Y eso que era un cinco contra cinco bonito y lo estabas disfrutando.
Los tres primos se mantienen y se encargan de llevarte a casa, para que tu gente pueda llevarte a Urgencias. Allí hay paciencia y más paciencia, pero a todos llega el turno y al final el diagnóstico es bueno. Qué pena de los dos triples de Easmo desde más de 7 metros, la defensa que nos estaba dando Justo o haber vuelto a ver a Daniel en una cancha, por no hablar de savia nueva como Carletes. Lo que asusta no es el pequeño arreglo, tampoco el berrinche por la mala suerte... el miedo viene cuando alguien te dice "Encima has tenido suerte". Y es verdad.
Sabido era de primera mano. Rafael Navarro nunca volvió a ser el mismo. No digo ni mejor ni peor como jugador, simplemente diferente. Cuando la rodilla le estalló, era hasta complicado que volviera a las canchas, la verdad, ninguno nos lo tomamos con la seriedad que debíamos, pensábamos que aquello era cuestión de tiempo, volver a ponerte el pantalón corto y a correr. Eso bien errado era, solamente él será consciente de lo que le costaría volver a ponerse en una cancha de baloncesto. Allí sigue hoy sobriviendo los viernes a los que asiste, cada vez juega menos en la pintura, pero lo ha suplido con inteligencia, oficio, mejora del tiro de media distancia y conocimiento.
Lógicamente, aún hoy estoy sin ganas, aunque sigue divirtiéndome mucho ver cualquier cosa donde 10 personas intentan proteger un aro y encestar en el otro. Pero me tengo que tomar un freno, un poco de calma antes de la tormenta. El cráneo sigue tan duro como siempre pero no tengo precisamente interés en volver a ponerme en la lucha por un rebote, aún no...
Antes había transcurrido un muy buen encuentro amistoso para celebrar el 2011 y tres días antes, en un equipo que junto a clásicos del parque como Kike, Rafael Vargas o René, conseguimos un muy buen balance de 4-1 (nos mató un tremendo triple de Cepeda para quitar el empate), a pesar de los notables esfuerzos de Xusma, Kelvin, El Chino, etc.
Había mejores circunstancias para empezar la pachanga... pero no mejor compañía.
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