sábado, febrero 26
Hoy en "Canastas Sagradas" recordamos a un jugador en concreto, no una serie, tampoco un partido específico o un torneo internacional. Hoy, nos "limitamos" a hablar de Magic Johnson, el base de más de dos metros.
Earvin "Magic" Johnson ha sido probabemente el jugador más grande que ha dado Michigan. Pero, lo más relevante, ya seamos de los Lakers, los Boston Celtics o los Sacramento Kings, entre muchas otras franquicias, no nos dolerá ninguna prenda admitir que Magic está entre los más grandes. No solamente es por ser un Hall of Fame, o miembro de Dream Team de Barcelona 92, el número 32 de los angelinos es común denominador entre los aficionados al baloncesto de todo el globo.

Para la NBA, fue sin duda, junto con otro mito, Larry Bird, la causa de que los 80 fueran la década en la que David Stern hizo volar al "pájaro mágico", haciendo que esa competición se convirtiera en un verdadero producto a exportar a las televisiones. Y es que, con Magic, los contra-ataques se convirtieron en un espectáculo y en algo estético.
No podia ser en otro lugar que el Forum de Inglewood, la grada californiana que apreciaría como llegaría aquella nueva estrella. Kareem Adbul Jabbar, máximo anotador de todos los tiempos y líder indiscutible de los Lakers, a veces se sorprendía de la excesiva emotividad de Magic, que parecía no diferenciar las Finales de la NBA de un día gris en regular season.

Fue muchísimo más que un gran jugador, se trató de una apuesta por la fantasía. Dar una asistencia mientras miras al otro lado, hacer caños futbolísticos entre las piernas de los defensas rivales, lanzar ganchos desde el medio campo...
Johson rompió todos los maleficios posibles y, especialmente con la llegada de Pat Riley, asumió mayor protagonismo ofensivo, pues su generosidad en ocasiones le frenaba. Gracias a Jabbar y a su varita, los de púrpura y oro al fin tomaron el Boston Garden en inimitables eliminatorias. Por encima de las supersticiones de Jerry West (arquitecto del conjunto en los despachos) y apodos trágicos, Earvin hizo realidad todos los sueños de Jerry Buss con un balón en sus manos.
Pero, al contrario que otras estrellas pasadas y futuras, los trucos de este base iban más allá de una pista. Eterna sonrisa dibujada, sus propios compañeros del Showtime no dudaban en colocarle en el centro, se sentían arropados y protegidos, Jabbar, James Worthy, Scott, Rambis, Green y cía, siempre se sintieron conjuntados y liderados por el mejor relaciones públicas que ha tenido el baloncesto. En Barcelona, el mítico San Epifanio "Epi" pudo comprobar de primera mano las dotes del NBA como excelente huésped.

Igual que otros iconos como Maradona, Johnson goza de una de las mejores memorias deportivas para amigos y rivales. Juan Manuel Iturriaga tuvo el placer de re-encontrarse con él tras haberse medido con sus selecciones. Pese al tiempo transcurrido, Johnson lo sentó en su mesa con su típica sonrisa de oreja a oreja, mientras dejaba que los amigos de Itu se hicieran muchas fotos con él.
También sus míticos besos antes de medirse en unas maravillosas Finales con Isiah Thomas y sus Bad Boys (lástima que hayan terminado distanciándose). Dura, noble y capaz de reconocer las cosas, la afición de Detroit jamás cayó en la tentación de chiflar al hijo pródigo. Magic siempre fue recibido como la estrella que era en todas sus visitas. No había olvidado a familia, amigos y antiguos profesores. Quien siembra vientos recoge tempestades. Quien da asistencias, recoge mil personas agradecidas.


Y así se lo hicieron saber cuando se descubrió el tristemente recordado asunto del SIDA. Johnson no se escondió y dio la cara ante los medios públicos, para luego conquistar en una película digna de Walt Disney a todos los aficionados con su último All Star, incluyendo sus unos contra unos frente a Michael Jordan e Isiah Thomas. Quedaba solamente estar en la despedida de Larry Bird, su otra mitad.
Por ello, el respeto eterno que sigue generando entre los amantes del baloncesto Magic, está más allá de sus brillantes cinco campeonatos y medallas de oro... Es una cuestion de encanto, de una sonrisa elegante mientras avanzas pensando en qué puedes hacer por tu equipo...
Magic forever.
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