sábado, febrero 12
Noche de cambios en el mundo baloncestístico la pasada jornada del jueves.En primer lugar, hablar de que se retira Jerry Sloan, el eterno entrenador durante más de dos décadas de los Utah Jazz.
Los que siempre hemos admirado la capacidad de Sloan al timón de los Jazz (increíble como logró recuperarlos después de perder a Stockton y a Malone), intuíamos que las últimas temporadas bajando los brazos en Playoffs y la actitud de algunos de sus capitanes, le habían disgustado.
Justo cuando le acababan de renovar, Jerry, con lágrimas en los ojos, anunció que se despedía de esa Liga, que como recuerda Isabel Tabernero, esa NBA que le debe un anillo (o varios). Dos veces campeón de la Conferencia Oeste con sus Jazz, metódico hasta el extremo, arisco pero capaz de sacar lo mejor de sus jugadores,Jerry fue también un jugador de primera que tiene su camiseta retirada en Chicago. Lo dicho, todo un Hall of Fame.
Doc Rivers, siempre atento a todo, advierte que el año que viene será diferente, sin El Maestro Zen y sin Sloan, esta Liga será un poco menos especial. Lástima que todo haya venido salpicado de una dicusión tras su derrota frente a los Bulls (qué curiosa coincidencia), con su joven estrella Deron Williams. El hombre que le ha enseñado a ejecutar el pick and roll como nadie no ha podido más y se despide de esa franquicia a la que tantos servicios ha prestado. Salt Lake City ha sido un campo respetado por todos los rivales y admirado en todo el mundo baloncestístico.
Sin Jerry, se intuye un año muy largo para los mormones. Phil Jackson, que no se prodiga en elogios, no ha dudado en lamentar la marcha de quien, sin duda, es un poco su Némesis. Un entrenador que jamás se ha tomado un año sabático, que rara vez ha tenido súper-estrellas y que ha permanecido a las duras y a las maduras. A cambio, mucho menos flexible que Jackson, también diseñador de un juego menos atractivo de ver para el gran público y sin esa dosis de fortuna del entrenador de Jordan, Shaq, Pippen, Kobe... entre muchos otros. Con todo, dos genios que han sabido reconocerse.


Menos fino estuvo el técnico de los Lakers con la gran noche de Ray Allen. X Ray batió la marca del único e inimitable Reggie Miller. Caballero dentro y fuera de la cancha, Allen invitó al astro para celebrarlo con él, haciendo muy respetuosas declaraciones del fenómeno de Indiana.
Pues parece que a Jackson no le interesó mucho el tema, porque tuvo extrañas consideraciones sobre lo sobrevalorado que están los tiros de tres puntos. Le otorgamos un placet porque fue en la previa, otra triquiñuela más al límite de la verdad por parte de este provocador nato. Pero, con el récord ya en la mano de su rival y la victoria para los angelinos, Phil bien podía haber matizado sus palabras.
Mucho más en su sitio estuvo The Killer, que en todo momento ha demostrado una clase y saber estar al alcance de muy pocos. Emotivo momento con la madre de Ray Allen y el propio protagonista, como Escipión y Aníbal, dos enemigos de la excelencia, pero siempre respetando sus mutuas habilidades. Otro grande y más que claro Hall of Fame, Kobe Bryant, también nos calló la boca a quienes en ocasiones le lanzamos tejas.
Kobe hizo un partido de mucha inteligencia, Boston tenía el choque controlado, pero la emotividad a flor de piel. Hizo moverse a los suyos, anotó sus magníficas suspensiones y sacó en el tercer cuarto a Allen por problemas de faltas. Afrenta del Staples vengada, Kobe no dudó en abrazarse con su par y recordar a todos el trabajo duro de X Ray y su mérito incontestable. Un Bryant fino y maduro, la verdad sea dicha. Además, sus declaraciones de que si hay cierre patronal jugará en Europa, demuestran que está en una fase de su carrera mucho más focalizada que sus primeros y díscolos años a la vera de Shaq. Ahora verdaderamente quiere jugar y disfrutar de esto.
Nunca podremos a olvidar a estos tipos, viejos genios de los banquillos, tiradores míticos, astros californianos, caballeros con rayos X... La razón por la que perdemos el tiempo con un aro y una red. Gente con clase.
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