domingo, mayo 22
Aunque este blog suela dedicarse a lo que ocurra en las canchas, no puede permanecer ajeno a las pérdidas de talento, vengan de donde vengan. Hace muy poco, un gran golfista del norte se nos iba al Olimpo; hoy, deportivamente hablando, se ha confirmado el adiós de otro soldurio cántabro irreductible, Iván de la Peña.




De la Peña se ha despedido del Espanyol con lágrimas en los ojos, no podía ser menos en alguien tan pasional. Desde siempre se dejó guiar por las sensaciones, cuando era un pequeño buda, un prodigio de la técnica, él su familia eligieron la Masiá por el trato personalizado. Real Madrid, Atlético y otra cola de clubes esperaban, pero De la Peña, que sentía morriña de su tierra, decidió que por lo menos allí tendría un mejor entorno.



A partir de entonces vino una montaña rusa de sensaciones. Fisícamente nunca fue un portento, a lo que se debe añadir un rosario de desafortunadas lesiones, pero técnicamente, siempre brillo como los más grandes. Nuevamente las lágrimas en una final con los juveniles que él pensó que no se le podía escapar. Luego, lágrimas de felicidad tras asentarse en Barcelona, encontrar el amor y ser llamado al primer equipo, a las órdenes de la flaca presencia del legendario Cruyff.




Se hablará por mucho tiempo de la pared de Guti, aquella donde empezó a desarrollar aquel delicado toque con la pierna izquierda, mientras que otros recordará a un chavalillo manchego llamado Andrés Iniesta que iba a ver jugar a su Albacete contra los grandes... pero tampoco debería olvidarse aquel equipo que nunca llegó a desarrollarse, una Quinta del Mini a la que se quisó hacer crecer muy rápido, sin el suficiente apoyo de un verdadero núcleo de veteranos que le quitarán presión. Koeman ya no estaba, Histro trampoco, el mágico Laudrup ahora hacía poesía para Valdano... No fue un mal año, pero en aquel Camp Nou no hubo paciencia, Cruyff se marchó peleado con todos... pero Iván, Lo Pelat, ya estaba en el corazón de muchos.


Goles lejanos con vaselinas inconcebibles, milimétricos pases mirando a la grada, el deseo de jugar siempre al primer toque... dijo Luis Mascaró que había nacido diez años antes, que él debió haber estado con los Xavi y cía. Bien podría ser cierto, se tocaba música, pero no era la que su batuta pedía.




Y entonces llegó él, junto con un caballeroso míster inglés que resolvía las cosas con apretones de manos y sin firmar papeles, así es, el Barcelona de Sir Bobby Robson y Ronaldo, El Fenómeno. Para Iván, estuvo claro, se enamoró deportivamente de aquel tipo de zancada larga, olfato de goleador y magia brasileña en las botas.



Los dos jugaron poco juntos, pero cuando lo hicieron disfrutaron y nos hicieron disfrutar. El Vicente Calderón fue quizás el testigo de algunas de sus mayores exhibiciones, nadie entendía los fundamentos de Ronaldo como Iván. Tampoco había otro delantero que pudiera apreciar más aquello, desde su twitter, Ronaldo, hablaba de un día triste, que se iba un hombre que medía al milímetro sus asistencias. Sinfonía inconclusa, se fue Ronaldo, aunque siempre les quedará el 5-4, un partido que nunca podremos olvidar los que les disfrutamos...



Vino un hombre inteligente, ordenado y de libreta, Van Gaal... pero poco amigo de los versos. Su nulo conocimiento defensivo (hasta que llegó Lotina, quien le tuvo paciencia y le supo enseñar, lástima del Súper-Depor por cierto, ojalá vuelva en un año), le condenó al ostracismo regaló algún golillo al Valencia y miradas tristes. Desde entonces, su rumbo estuvo fuera, la grada que lo había amado se desesperaba por él en aquel sistema, abucehaban sus pases cuando encontraban piernas y no pasillos...



Fue la Lazio, el Marsella... pero no hubo continuidad, Escuelas respetables pero no hechas para su pluma. Llegó entonces la llamada del Espanyol y volvió a sentirse futbolista. Él ayudó a los pericos a salvarse, pero más aún, a divertirse de nuevo, a ver magia, a gozar con su vaselina sobre Víctor Valdés en el feudo del enemigo. Jamás se silbó con menos entusiasmo a un rival, y es que el pequeño buda seguía siendo uno de los nuestros, nunca pudimos odiarle, estuviera donde estuviera. Guardiola habló hace poco sobre él, no era para menos.




Lo dijo hace tiempo atrás Raúl González, siempre fue un grande. Es curioso lo de aquellos dos chavales que fueron las promesas del fútbol español, Raúl cumplió todas las expectativas, con su profesionalidad y espíritu de sacrificio, pero hubo una época en la que todos pensamos que el que tenía más talento era Iván, el pequeño buda. Amigos pero en cierto sentido la cara y la cruz, tal vez algún día vuelvan a cruzarse y al primer desmarque del 7, Iván mirará a otro lado y cuando nenos nos lo esperemos se lo pondrá en la bota...




Lo decía Poche, su míster, era como de la familia, uno más. Lo que le hicieron a Arnau en Málaga se lo hicieron a Iván en aquella casa donde le acogieron, le mimaron y le dieron al fin la continuidad requerida. No faltaron en la maleta esas malditas envidiosas, las lesiones, que cansadas de correr detrás de los pases del pequeño buda... nos privaron de todo su potencial.




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