lunes, mayo 9



Se acabó otro año más, Europa tiene dueño, aunque todo se oscureció con el adiós de Severiano Ballesteros, el golfista cántabro, un tipo especial, uno de ésos que no se olvidan. Se le añorará.




Una Final Four bonita en Barcelona, a destacar la exquisita educación de los jugadores del Madrid, ninguna pulla al eterno rival culé, elegantes en la victoria y la derrota. Lástima que en los dos últimos cuartos, los jugadores de Tel Aviv se mostraron más veteranos, llevábamos tiempo sin el placer de ver a los merengues en una Final Four, Yargo se lo hizo pagar. Volverán, no es la última vez que vemos Tomic. Pero por favor, que Felipe Reyes vuelva a tener otro cartucho, máquina de rebotear.




Quien se lleva más de lo esperado es un más que decente Siena, una temporada donde nos han sorprendido todos y un merecido tercer puesto. Dos clásicos, nada menos que Panathinaikos y Maccabi, dieron el broche final, aunque la hora infame no ayudó en lo absoluto al espectáculo. Dominaron los de Obradovic, confirmado como uno de los entrenadores más resolutivos de su tiempo. Blatt, que ha sacado un rendimiento del 120% a los israelitas, hizo que sus chicos jugasen con criterio hasta el final, no olvidando regalar minutos a Sharp, el mítico capitán, a quien siempre recordaré por aquel triple contra el Zalgiris.




Mención aparte a Diamantidis, en un equipo físico (Batiste) y defensivo, es el mejor defensa y anotador, un todoterreno increíble. También asistimos a los últimos momentos de un jugador de exquisita clase, Fotsis. Alegría por la elección del legendario Juan Carlos Navarro en el quinteto ideal.




Esperemos que el año que viene haya acento español en este éxito. Pero hoy, Europa habla heleno. Felicidades.
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