lunes, mayo 2


Se ha puesto el Sol en tierras texanas. Murieron con las botas puestas, ciertamente, Randolph y sus inspirados compañeros de Mephis les batieron como los más rápidos, pero nadie puede dudar de que estos viejos rockeros dieron lo que tenían y mas.



Los San Antonio Spurs deberán modificarse, algo que no será fácil para una franquicia emocionalmente estable como diría Andrés Montes y acostumbrada a que si algo funciona, no hay que tocarlo. Antonio McDyess, excelso ala-pívot a quien les lesiones impidieron despuntar como la estrella que era, se despidió sin dramatismos pero con contundencia. Nos queda su medalla de oro, sus presencias en el All Star, su milagrosa recuperación de una terrible lesión, aquella canasta en la bocina del Staples y mates, muchos mates... Eso y su papel de sexto hombre con los Pistons de Larry Brown. Se te echará de menos Antonio, sobre todo los ruidosos seguidores de la Motown.






Lejos del retiro, Tim Duncan, su compañero de baile, también parece haber declinado finalmente. Atención damas y caballeros, cuando hablamos de este oriundo de las Islas Vírgenes, hacemos referencia a un perenne All Star, un dueño de cuatro anillos y alguien capaz de estar en la división de los Karl Malone, Bob Petit y Charles Barkley. Timmy no ha llegado bien a esta postemporada, pero su comportamiento ejemplar le ha valido la admiración de Marc Gasol, su dominador pero admirador, como bien ha dejado claro en su blog. Salió desde el respeto a un mito, al que el propio hermano de Pau considerado el mejor jugador de la pasada década.




Tim solamente ha carecido de cierto carisma para calar más en el corazón de los aficionados, pero seguiremos disfrutándole los años que nos permita de su juego de pies y tiro a tabla. Duncan estuvo educadísimo en los vestuarios atendiendo a los medios, alabó a Mephis y su espléndido juego coral, poco reproches podían hacerse. Sereno, en la victoria y la derrota, en una Liga de egos, cuantos más tipos así, mejor. Forever Tim Duncan.



Acompañados en este cambio de ciclo, Parker y Ginóbillo han dado sensaciones contrarias. El primero es el MVP de unas Finales NBA y probablemente el mejor jugador francés de todos los tiempos, un monstruo, pero, da la sensación de que con Parker no dará para la reconstrucción. Igual que con Timmy, Parker quizás haya estado ante su último año con opciones de anillo... pero nunca sabemos con este correcaminos. Quedarán sus rotos de cintura y gran conducción del juego, de lo mejor de los últimos tiempos.




Mención aparte para Manudona, el hombre milagro que hizo creer a San Antonio en la machada contra unos ositos amorosos a los que muchos enterramos por perder a Rudy Gay y nos callaron la boca con esfuerzo, trabajo y orgullo. Chapeau a su técnico por cierto, aquella reunión tuvo que ser balsámica. Ginóbilli se dejó la piel, compitió con orgullo y la típìca casta de este escolta argentino. Se despidió y se abrazó con los rivales, así es él, jugando a tope cuarente y ocho minutos, ningún rencor fuera. Uno de los últimos de aquella gloriosa Escuela que incluía a Oberto, Nocioni, Scola... maestros del control de la bola, escribía Nach.





El resto bastante hizo. Popovich hizo levitar a sus Terminators, eficientes y valientes, un nuevo récord de victorias y de división, lástima de aflojar al final, tal vez pesaron más las piernas que el corazón. Solamente alguna vez nos enfadamos con San Antonio, esa nariz rota de Nash y el pésimo arbitraje de los Suns, esas pataditas de Bruce Bowen... Pero hoy todo debe quedar olvidado, verdaderos forajidos de leyenda tal vez hayan cabalgado juntos por última vez.




Batieron a los Knicks de Ewing, a los todopoderosos Lakers de Kobe y Shaq, a los temibles Pistons de Larry Brown, enseñaron defensa a un joven llamado Lebron James, la patria del Almirante David Robinson, el general Avery Johnson, el pistolero Sam Elliot, etc. Y, por supuesto, el pueblo de El Gran Fundamento, un tipo llamado Tim Duncan.



Legendarios. Suerte a Memphis.



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