lunes, junio 13
Se acabó. Con un quinto partido que pasará a la Historia de las Finales de la NBA, la brillante serie final disputada entre los Miami Heat y los Dallas Mavericks llegó hoy a su final. Solamente la falta de un séptimo ha hecho que esta finalísima sea comparable a la brillante edición anterior.
Hemos disfrutado muchísimo. El faraónico proyecto de Miami comenzó mal en la regular season, pero la paciencia de Riley en los despachos y el buen hacer de Spolestra convirtió a los Heat en una roca, una escuadra temible defensivamente, incapaz de enamorar, pero merecedísima triunfadora ante Sixers, Celtics y Bulls.
En la otra cara, los defenestrados Dallas Mavericks. Señalados en el 2006, aún más tachados al año siguiente por el gatillazo frente a los Golden State Warriors, siempre bajo la lupa, Nowitzki injustamente llamado cobarde, Jason Terry conviviendo con la sombra del genial Nash, un Jason Kidd al que algunos acusaban de venir a veranear... incorporar al franco-tirador Pedja Stojakovic ya parecía una invitiación de veteranos.
No obstante, no ha sido así, un discípulo de Red Auerbach, Rick Carlisle dosificó a una plantilla competitiva como un maestro. Portland fue una dura prueba, pero a partir de la eliminatoria contra los ultra-favoritos Lakers, los Mavericks se hicieron la escuadra más en forma de los Playoffs. Jason Terry desveló lo de su tatuaje, no soy tan esotérico como el escolta, pero siempre me ha caído en gracia, desde su época universitaria y su calidad como tirador en los Atlanta Haws. No podía ser el Nash de Nowitzki, pero bajo su senda, su propio camino... ayer fue muy grande, Terry ha jugado esta postemporada por encima de sus posibilidades.

Contra los Thunder, la cuestión fue más sencilla. Los Mavs merecieron perder muchos partidos... que ganaron por Dirk. Maradoniano, Nowitzki ha dado el salto que todos esperaban, no hay discusión, al menos a mi modesto juicio. Petrovic fue un genio, Sabonis el tipo con más clase, Pau el más listo, Gallis un cañonero imparable, Navarro un micro-ondas alta definición... Pero el nivel de excelencia del teutón no tiene rival. Tony Parker lo hizo con un juego brillante, pero Nowitzki lo hace además como el súper-líder, la primera espada, un jugador comprometido una y mil veces con la franquicia reflotada por el caprichoso pero motivado millonario Mark Cuban.
Esta Final ha vuelto a poner lo que el gran Antoni Daimiel ha dicho muchas veces, recordando una poesía de calidad. "No desesperes corazón, que es mejor deseo sin posesión que posesión sin deseo". Miami tenía el glamour, habían dado un paso de madurez tras pasar sobre los orgullosos verdes con su saber ganar, pero no comprendieron que el caballo texano quería una venganza, que les daba igual que Wade, Bosh, Haslem o Lebron los machacarán, que estarían aguardando, que si iban 17 abajo seguirían remando hasta el final, que Barea ha dado un rendimiento del 175%.
Miami miraba el marcador, Dallas solamente quería jugar. Jason Kidd ha sido el capricho, el lujo de conducción de 38 años que Carlisle administró con valentía, la misma que han tenido Chandler y Stevenson, como decía Iturriaga, uno de esos tipos que no se sentirían amedrentados ni en una ducha cárcel norteamericana con las luces apagadas.
Lebron se reinventó como jugador de equipo, Wade se ha exprimido, Bosh ha sido uno de los pilares para el título de la Conferencia Este. Lo que era impensable es la lección de madurez de los texanos, muchos sacamos la camiseta del 41, probablemente también Steve Nash, siguiéndolo en el twitter, el canadiense es amigo de sus amigos y sabía con quién iba.
El estallido de júbilo final fue impagable. Tal vez los Heat echaron de menos a un Alonzo Mourning entre tanta amenaza exterior. Dirk se recluyó por unos minutos, por primera vez, le temblaron las piernas a uno de los mejores jugadores de la historia de los Playoffs, no se lo creía cuando un galante y siempre titánico Bill Russell le estrechaba la mano, lo había hecho... Locura, lo habían hecho.
Qué grande es el baloncesto. Qué bonita la NBA cuando todo transcurre como es debido y los protagonistas están en la pista. Porque Dirk estaba viendo el segundo partido de la Final de la ACB ayer, alucinando con la defensa del Barça. Porque ama el basket, porque la pelota también le quiere y tenía, para él, Kidd, Stojakovic, Barea, Chandler y compañía... el mejor de los regalos.
Jason Terry, el tatuaje te lo quedas pero las cicatrices del 2006, las puedes borrar, jugón. En cuanto a los Heat, no deberían inmolarse. Lebron debe madurar esas salidas de tono en la derrota, pero seguro que se salvará de ser estrella sin anillo, Bosh y Wade deben pregonar la calma. Miami puede ser una gran dinastía si tienen paciencia.
Pero, por hoy, abran paso al campeón... en OK Corral.
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