sábado, junio 25

Red Auerbach tenía no pocos defectos. Sin embargo, de baloncesto sabía. Primero como entrenador y luego como General Manager, había dirigido el timón de la franquicia de los Boston Celtics con mano maestra. En la década de los 80 había logrado hacer resurgir al trébol, de la mano de un muchacho de Indiana llamado Larry Bird, y con traspasos tan inspirados como Kevin McHale o Robert Parish.
Ahora, con un récord increíble y el anillo de 1986 de vuelta a la franquicia más laureada, pensaba que tenía otro as en la manga. Una antigua operación a largo plazo del viejo zorro, una primera elección del Draft sacada a los Sonics. Efectivamente, David Stern lo dijo, Len Bias iba a parar a los Boston Celtics. Que se preparasen los feroces Detroit Pistons y los Lakers de Magic. La estrella universitaria se vestiría de verde.
La excitación era muy grande. Bias se había medido al mismísimo Michael Jordan durante sus días en Maryland, destacando por ser un hombre eléctrico, con muy buena suspensión y muy competente también en defensa. Su futuro solamente podía ser considerado esplendoroso, gozando de la ventaja de ser más alto que MJ.
Lo que ocurrió entonces conmocionó a toda la NBA hasta sus cimientos. 48 horas, 48 horas durante las cuales un tranquilo Larry Bird pensaba que tenía un complemento de lujo para ganar otro anillo, el cuarto de su carrera y seguir su pulso por la excelencia con Magic Johnson. Dos días donde Bias estuvo en todas las bocas, creando una expectativa muy fuerte en la Liga y los analistas. Lo que después se supo, parecía una broma de mal gusto.
"Es la cosa más cruel que he escuchado nunca", fueron las escuetas palabras de Bird, uno de los mejores jugadores de siempre, un tipo duro de French Lake que había tenido que sobrevivir en trabajos duros durante su juventud y que había sufrido el suicidio de su padre. Pero nada, ni siquiera aquelllos duros orígenes antes de ser el dueño del Garden, le habían conmocionado tanto como saber que Bias había muerto en una noche más, una noche de celebración con sus compañeros de la universidad de Maryland.
Escribió Homero que cuando una persona joven moría, su alma se elevaba en llantos, frustrada por lo mucho que dejaba atrás. Bias, aquel prodigioso saltarín, se iba, cuando uno de sus amigos llamó a la abulancia, no se lo quería creer: "¡Es Len Bias! ¡No puede morir!". Pero ningún mortal sabe lo que ha dispuesto al destino, Bias estaba llamado a ser una broma macabra, el chiste más cruel como decía Larry Bird... El mejor jugador de la NBA, que nunca jugó un minuto en la NBA.
¿Qué pasó aquella maldita noche? K. Douglas dirigió "Without Bias" para la ESPN, donde, pese a los años transcurridos, amigos y familiares siguen en estado de shock, como quien no puede aún recuperarse de una bofetada de la vida. El hombre que pudo reinar era eternamente joven en el recuerdo de quienes le vieron jugar. Pero ahora, no estaba ni con Magic no con Bird, sino en ese brumoso Valhalla del baloncesto, donde no tanto tiempo después como habríamos querido, Drazen Petrovic y Fernando Martín le acompañaron.
Nacido en 1963. Muerto después de la ceremonia del Draft que lo colocó en un privilegiado segundo lugar. Jordi Llambias lo recordaba de una manera muy gráfica en un precioso artículo, con motivo del 25 aniversario de tan triste día. Lo peor es que fue perfectamente evitable. Del demonio de la droga se coló como suele hacerlo, con suavidad. Un puñado de muchachos buscando echar un buen rato, la última cita en el College. Un exceso que habrá hecho muchas personas que luego se encauzaron en respetables y tuvieron un futuro. Bias no tuvo esa oportunidad.
Destrozado, Auerbach aún le defendía. No era un caocaínomano, el muchacho había pasado muchos controles como deportista de gran nivel. Santiago Segurola lo narró con su sobrio y elegante estilo en su programa de radio, fue una noche de exceso, donde uno de los chicos acabó en la cárcel, los otros traumatizados y un proyecto de jugador, muerto. Aunque la lealtad al fallecido honra a Red, algunos testimonios familiares admitieron la verdad, que en alguna ocasión, Len había consumido.
Aunque algún lector/a pudiera hoy alterarse, hay que viajar en la máquina del tiempo, los 80, las drogas aún no eran vistas en todo su potencial, el ambiente universitario, niños grandes que creían en fama y popularidad a marchas forzadas... Los propios cimientos de la nación fueron haciéndose conscientes mientras más tiempo pasaba y se daban casos como el de Bias, que una simple noche... te podía costar toda una vida de esfuerzo.
Sin saber bien cómo, Larry Bird lideró a sus envejecidos Celtics, con todo el orgullo posible, para llegar a otra Final de la NBA cuando parecía imposible. Ese subcampeonato no ocultó, pese a lo brillante del mismo, la depresión de la franquicia verde, que se acentuaría después con los problemas de salud de otra joven promesa, Reggie Lewis. Años en el desierto, ni siquiera Red, el gran arquitecto y entrenador invencible, volvió a ser él mismo. Había perdido a dos jugadores a los que quería en muy poco tiempo, empezó una larga travesía en el desierto que sin embargo encontró un oasis en un muchacho que al contrario de lo esperado, había hecho viaje contrario, desde la cercana muerte a terminar siendo una estrella, Paul Pierce, apuñalado una noche y capitán de los Celtics en dos viajes a las Finales de la NBA, MVP del 2008. Pero ésa, es otra Historia.
La familia de Bias, guarda respetuoso recuerdo del joven crack de la familia, con el dolor que solamente el amor paterno y materno entiende, con la nostalgia de la tierna amistad, con el respeto y la compasión de quien perdona un único pecado en una vida de sacrificios... Y con la sabiduría que les ha llevado a seguir contado esta historia para que nunca vuelvan a pasar casos como el de Bias.
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