martes, julio 26
El parque se está convirtiendo en el lógico lugar de peregrinaje para los pachangueros durante estas fechas. Lo que se pierde en firme queda resuelto gracias al buen ambiente y posibilidad de jugar una buena ración de partidos. El infernal calor cordobés había dado una tregua, pero la guerra sigue y hasta la altura de las ocho largos no se puede jugar con comodidad, y lo que es peor, con seguridad que no pones en grave peligro tu salud.
Oliver Rocho volvía tras algunas semanas, lo cual siempre es una gran noticia. Juan Manuel Luque Gomarín (Juanma) y otros fijos del parque como Kelvin y sus hermanos no faltaron a la cita. Se desarrolló un triangular muy rápido a siete puntos (valiendo 1 puntos las canastas de campos y 2 las exteriores). Hubo varios cambios de equipo y jugadores, por lo que fue muy complicado sacar estadísticas individuales.
En primer lugar destacar la afortunada actuación de Miguel Collado León (Easmo). Un excelente gancho a mano izquierda delante de Juanma, un tirito a tabla marca de la casa y un triple afortunada, fueron el impulso de un equipo que ya de por sí era excelente, con Pablo, Fernando y Alejandro (no Mr. X, sino un jugador muy alto, con un excelente disparo de tres puntos y tremendamente complicado de defender). El problema de este triunfal conjunto que ganó tres partidos seguidos con autoridad, fue creerse que todo serían días de vino y rosas.
El ninten-center es como es para lo bueno y para lo malo. El triplazo que nos metió a nosotros fue una insensatez bajo cualquier punto de vista, no había nada al rebote, estaba muy forzado... pero todo fueron choques de manos y buen rollo. En el siguiente partido contra Kelvin (poderosísimo bajo tableros) las cosas les fueron mucho peor. Y las culpas les fueron cargadas a Easmo. Ciertamente, el nintendero tuvo dos o tres errores impropios, pero la responsabilidad es compartida tanto en la victoria como la derrota. Tampoco fue muy recomendable su forma de reaccionar, negándose a jugar el último partido, conversando con el bueno de Antonio González Castillejo (quien estuvo jugando en las otras canastas con Kike, pero se espapó algunos partidos a lucir tiro exterior y palmeos insultantes sin saltar).
Particularmente, hablando del equipo que me tocó en suerte acabe muy contento. Jugar con Juanma siempre es un placer, se mueve bien, anota sus puntos, realiza maravillosos tapones que además acaban en nuestras manos, saca faltas... y todos son mejores a su alrededor, el pívot que le tocó lo disfrutó en sobremanera. Por último, estaba un viejo conocido del Saavedra, Pablo Nuevo, quien es un alero con vocación a jugar por dentro y una gran muñeca que lo hacen impredecible y muy complicado de guardar.
Me atrevería a pensar que en las victorias y las derrotas jugamos un basket lógico, muy tranquilo y pausado, con buenas combinaciones de pases. Otros rivales que nos robaron alguna victoria se encomendaron con lógica a las genialidades de tiradores tan competentes como Fernando, Rocho, Kelvin (con ese salto es casi imposible taponarlo si no eres Juanma) y un amplio etceterá. En nuestro casos todos la tuvimos, Juanma era la referencia, pero la referencia generosa, la que permitió que Pablo y yo nos fuéramos con dos canastas de la victoria porque la defensa rival siempre está concentrada y preocupada por él.
En definitiva, un muy buen rato con buenos amigos y disfrutando de un gran deporte.
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