martes, agosto 16
¿Se imaginan a alguien que no quiere salir de titular por voluntad propia? Un tipo que incluso pacta con sus técnicos no salir nunca de inicio, cuando suenan los himnos y se echan las primeras fotografías. Pero así ha sido una trayectoria única y genial en la historia del basket, la de Theo Papaloukas, para muchos, uno de los últimos genios vivos entre los playmakers del Viejo Continente.
Lo cierto es que para este modesto cronista que hoy os escribe, no hay objetividad posible con este jugador de basket. Recuerdo intercambiar SMS con algunos compañeros de pachanga una noche veraniega donde él a la pata coja logró que su selección levantase en cinco minutos imposibles un partido perdido contra Eslovenia en los cuartos de final del Eurobasket 2007, disputado en España.
Otro flasback me lleva a una mañana tempranera, desayunando y viendo un partido en tierras niponas, donde todo el mundo se preguntaba cuántos le iban a caer a Grecia. Es 2005, se levantan algunos familiares, todo el mundo se frota los ojos, Grecia le ha ganado al Dream Team de Estados Unidos que cuenta con unos jóvenes llamados Lebron James, D. Wade y C. Bosh, nadie se explica cómo, y pasando de 100 puntos. Me sonrió, yo que he visto todo el partido y la lección de bloqueo y continuación de Papaloukas sí que lo entiendo, y más aún a Iturriaga cuando declara: "Éste es el más listo de la clase".


Lo cierto es que por su culpa nos lo aprendimos de memoria, aquel conjunto griego se hizo mítico, con Yannakis El Dragón entrenándoles, sonriendo ante el segundo de a bordo que tenía. Él llegó más tarde, un jugador semidesconocido de Ligas inferiores, pero fue él quien hizo de Faro de Alejandría para Spanoulis, Baby Shaq, Papadopoulus, Tsarsaris (el Bill Laimbeer Heleno), Fotsis, Zisis, etc. Lo suyo fue llegar tarde, era el tipo que liga más con treinta que con veinte, el que gana a largo plazo la carrera y no en sprint, un tipo que pensaba... volvía a pensar, y solamente entonces actuaba.
Incluso en rentabilidad económica ha sido un tipo genial, o si lo prefieren, un pícaro listo. Pocos jugadores con sus estadísticas (buenas, pero para nada las de una supuesta estrella) han conseguido esos contratos en equipazos como el CSK de Moscú (donde se infló a jugar Finales de Euroligas mientras discutía memorablemente en la banda con Dusan Ivkovic y Messina, dos entrenadores que sabían casi tanto baloncesto como él) o en los grandes clubs de su Grecia natal, donde los ánimos inflamados y el tumulto parecían reforzarle la confianza.
El reconocimiento fue tardío pero en catarata. Una medalla de oro en Belgrado arrebatada al mismísimo Robin Hood Dirk Nowitzki, más una plata en Japón (donde destacó por su caballerosidad al felicitar al cuerpo técnico de Pepu Hernández, ínclinándose ante el sistema efectuado por ellos para adaptarse a un partido de Pau Gasol, mostrando una vez más ser un entendido del juego, según Pepu, uno de los pocos que pueden leer un encuentro a ese nivel), fueron el inicio de constantes apariciones en quintetos, de ser MVP de la Final Four... y de que el mismísimo Kobe Bryant preguntase por él, para decirle que un tipo así, aunque hiciera 2 puntos y 1 rebote en algunos encuentros, siempre tendría hueco en el vestuario de los Lakers. Igual que Bodiroga, otro genio europeo, nuestro moderno Ulises guiño el ojo a la sirena pero no se dejo seducir, su tempo sosegado (aunque con giros diabólicos) no era el idóneo para el vertiginoso ritmo de encuentros disputado en la NBA.

Sigo rememorando y le veo posteando a Tony Parker en otro milagro heleno, una semifinal que tenía un guión para la atlética Francia y que Pericles giró para beneficio de los inquilinos de El Pireo. Otro flash y su robo de balón decapita las opciones de uno de los mejores Tau Cerámicas que recuerdo en una infausta liguilla donde no brilló mucho... hasta que llegaron los dos minutos decisivos.



Esperando con ganas el próximo europeo, me lamento al pensar que no voy a escuchar el grito "Papaloukas la roba" o ""Qué pase de Theo...". Junto con Andrés Montes será una de mis ausencias apuntadas y subrayadas en rojo. Quería verle otra vez abrazado con Sarunas Jasikevicius (otro genio del basket que da sus últimas lecciones magistrales en Lituania) tras una final de consolación en Madrid donde el talento y el liderazgo emocional se pusieron a prueba.
Dicen que ahora el viejo zorro va a Tel Aviv, sin más patria que su talento para leer el juego, se rascará la barriga en la temporada regular y cuando le olvidemos hará una semifinal maravillosa o una entrada sobre la bocina... o quizás haga que todos sus compañeros alrededor parezcan la Jugoplastika. Muchos se sorprenderán. Nosotros, que le hemos disfrutado... asintiremos con la cabeza y nos diremos que no podía ser de otra forma.
Y es que, digan lo que digan las crónicas de Tucídides, Pericles siempre jugó de base... desde una atalaya de dos metros.

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