domingo, diciembre 25
Recién llegado en 1998, Peja Stojakovic podía sentirse como una más que segura elección del Draft. Aún hoy sorprende la categoría de los jóvenes que debutaron en aquella generación.
Un jugador polémico y genial, Allen Iverson, era la punta de lanza de una cosecha brillante. Juzguen ustedes que un chavalín venido de Italia, llamado Kobe Bryant, andaba por ahí, junto con cierto canadiense que estaba a destinado a ser doble MVP, Steve Nash.
Otros, aunque no tan destacados por los medios, estaban destinados a hacer mucho ruido, como el fino estilista Ray Allen, destinado a medirse con Peja por el rango de tirador más puro de la competición durante muchos años. Otros, como Derek Fisher, compartirían vestuario con futuros Hall of Fame y serían capitanes de equipos míticos. Por eso, a pesar de ser un niño prodigio en Europa, el bueno de Peja tendría que esforzarse mucho por hacerse un hueco en los Sacramento Kings.

Con todo, la franquicia de los Kings era más de lo que podía esperar un jugador europeo en una Liga de marcado acento etnocentirsta con jugadores venidos de fuera, cuando no tienen formación americana previa en las universidades.
Sacramento, vecino pobre de los majestuosos Lakers, quería quitarse el sambenito del equipo californiano perdedor. Apostando por los talentos venidos de fuera (Hedo Turkoglu, Vlade Divac, el propio Peja...) y un entrenador de ascendencia alemana, Rick Adelman, los reyes del Arco Arena tuvieron la bendición de hacer operaciones muy afortunadas con nombres como Chris Webber, Mike Bibby o el preciocista Jason Williams.
Hasta la temporada 2000/01, Peja no explotó como titular, aunque desde el minuto uno fue un sexto hombre importante dentro del banquillo. Con más de 20 puntos por partido y con unas estadísticas que casi siempre pasaban del 40% de acierto, el serbio estuvo segundo en las nominaciones a jugador más mejorado aquella temporada. Rick Adelman lo tenía claro: "Nadie tira mejor que Peja en la Liga. Gran rango de tiro. Cuando descubra algún día lo que hay entre la línea de tres puntos y el aro, será aún mejor".
Esta forma de apretarle y mimarle a partes iguales fue la base de un Adelman que fue convirtiendo a los Kings en un equipo muy atractivo de ver, por un lado, estrellas totalmente siguiendo el modelo NBA como Webber, alternadas con una filosofía de juego de mucho pase y a la europea. Pronto, los de Sacramento fueron asiduos de las diez mejores jugadas del día, mientras Peja se convertía en algo más que un especialista, como demostró dando una asistencia de espaldas desde su zona a la otra frente a los Dallas Mavericks.
Asentado como el gran nombre a la hora de hablar de triplistas, sus dos triunfos en sendos All Star, junto con un subcampeonato, le hicieron una figura muy popular y, durante varios años, el nombre junto con Dirk Nowitzki y Pau Gasol a la hora de dilucidar quién era el mejor jugador europeo del momento. Además, no solamente acudía a la cita de las estrellas como lanzador, sino que hasta en tres ocasiones viajó para jugar con los mejores del mundo, representando a unos Kings que empezaron a amenazar la supuesta imbatibilidad del dueto mortal, Kobe Bryant and Shaquille O´Neal.
No obstante, antes del verdadero asalto, Peja tuvo que vivir uno de sus peores momentos como profesional, cuando en la postemporada del 2001, Rick Fox le hizo el mejor marcaje que se recordaba frente al serbio. Frenado y perseguido a ambos lados de la cancha, Fox era un jugador de infantería muy capacitado que borró al arma exterior de los Kings en una celebrada paliza de los de púrpura y oro. Pero el año siguiente, los Kings estaban preparados, fueron el mejor récord de la NBA y en las Finales de la Conferencia se convirtieron en el mejor equipo... que nunca jugó una final. Para su desgracia, toparon con un escándalo arbitral sin precedentes y un cruel desenlace perdiendo 4-3. Para Peja fue aún más duro, con molestias y lesiones, estuvo al 50% en la eliminatoria más importante. Probablemente, aquel año pensó que el anillo se le escapaba para siempre.

Aún así, él evolucionó como jugador hasta límites insospechados. La lesión de Chris Webber el año siguiente contra Dallas le hizo dar un paso adelante a un Stojakovic que fue una pesadilla de los Mavercicks, aunque la ausencia del ala-pívot fue fundamental para perder nuevamente en un reñido séptimo encuentro.
En la 2003/04, mientras Adelman esperaba la recuperación de su estrella, Peja dio un pase adelante, hizo algunos de sus mejores partidos como los 37 tantos que firmó en el Staples Center, confirmando que durante toda su vida se movería por encima del 85% de tiros libres. Hizo números de MVP aunque no se lo dieron, su nombre sonó.
Por desgracia, la vuelta de Webber no tuvo el efecto deseado. En primer lugar, porque se toparon con un Kevin Garnett pletórico y en el mejor momento de su carrera, en segundo, porque el espléndido ala-pívot no se tomó muy bien el cambio de rol. La crisis de liderazgo y sus dos personalidades contrapuestas, la de Chris exuberante y la de Peja más comedida, mandaron al primero a los Sixers y al segundo a continuar con un proyecto hermosísimo que tuvo su canto de cisne cuando los Sonics de su archi-rival Ray Allen sepultaban a una de las mejores propuestas de juego de la NBA.
Peja no podía apreciar la ironía. Pero aún guardaba balas de plata.
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