martes, enero 3
No dejaba de ser irónico que tras tanto tiempo en disputa con él por el reconocimiento como mejor tirador puro de la competición, Ray Allen liderase a los Sonics para castigar brutalmente el canto de cisne de los Sacramento Kings, uno de los mejores equipos que nunca ganó el anillo.
Había sido una derrota ya sin Chris Webber, traspasado tras su polémica de liderazgo con Peja. El genial ala-pívot no pudo superar que tras su re-aparición tras la lesión, hubiera otros líderes en cancha. Irónicamente, apenas dos años después, el serbio también marchaba lejos de aquella ciudad donde había sido tan feliz, haciendo las maletas a los Indiana Pacers.
En la tierra de Reggie Miller, Peja no volvió a disfrutar del rango y la importancia de tiempos pasados, aunque seguía siendo una máquina en los triples, su físico nunca había sido el más idóneo para la feroz NBA, por lo que los achaques de los años y cierta añoranza de Sacramento, le alejaron de su mejor nivel, ése que le llevó a ser tres veces All Star y dos veces vencedor del concurso de triples.
Con altibajos, pero con innegable grandeza, Peja había ligado su destino a los Kings, pero formar parte en aquellos cambios de cromos desde su primera vez en la Liga, le llevó a convertirse en uno de esos nombres recurrentes, jugadores de calidad pero trota-mundos, por lo que a nadie sorprendió la segunda vez, cuando marchó a los Hornets.
Allí, coincidiendo con un base nato como Chris Paul, Stojakovic volvió a ser noticia. Había dejado de ser aquel anotador total que fue MVP del Eurobasket 2001 o factible posible MVP de la temporada y jugador franquicia, pero su impecable mecánica de tiro lo convirtió en el especialista predilecto de CP3. Tuvo alguna canasta de la victoria meritoria, pasando por algunas exhibiciones en su querido Staples, mientras que New Orleans desafió durante siete encuentros a los San Antonio Spurs. De cualquier modo, en aquellos momentos, el anillo parecía uno de los pocos retos que este magnífico jugador nunca lograría.
Llegó entonces la llamada de Mark Cuban, la posibilidad de ser suplente de lujo de un viejo adversario, Dirk Nowitzki, el líder de unos Dallas Mavericks que al igual que los Sacramento Kings, habían sido uno de los mejores equipos del Oeste, pero nunca con la fortuna de llevarse el premio gordo. Aunque su temporada regular fue discreta, explotó en algún encuentro de primera ronda frente a los Blazers, ya no podía crearse sus tiros, pero los Mavs tenían bases muy inteligentes y un todoterreno como el bávaro, que generaban tanta atención que permitían a Peja colocarse en su esquina y tener esos valiosos segundos para armar el brazo.
Y entonces llegaron los Lakers en las semifinales, el equipo que tantas veces le había apeado, en alguna ocasión, como en el 2002, de forma no muy clara. Era la retirada de Phil Jackson, oteaba cierta sensación de inevitable three repeat pese a que los angelinos no iban finos. Entonces estalló, la bala de plata que fue forjada en Sacramento, Peja no solamente fue junto a Terry el mejor suplente de Carlisle, sino que tuvo su día D y la hora H el sexto día, cuando Dallas por primera vez en su Historia pudo batir a la todopoderosa franquicia californiana. Stojakovic estalló metiendo triples de todos los colores, por encima de Derek Fisher, fintando a Kobe... La venganza se había servido fría, pero el sabor era inmejorable.

Muchos nostálgicos esbozaron una sonrisa cuando al fin se cumplía aquella foto, Peja tenía su anillo, el de 2011, quizás venía con 9 años de retraso, pero qué importaba...
Daba la sensación de que el viejo e introvertido trota-mundos serbio al fin se relajaba, había estado toreando en todas las plazas y con nota, con reglas FIBA y las del Comisionado David Stern, siendo un joven niño prodigio y un veterano a punto de retirarse.
Uno de los últimos prodigios de la Escuela de los Balcanes. Raza blanca, tirador... Que diría Andrés Montes.
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