lunes, febrero 20
Partido de alturas ayer, donde el Real Madrid desempató una situación que estaba en tablas. Para hacer más dulce el trago, lo hicieron a costa de nosotros, los culés, en nuestro propio feudo, desafortunadamente para los intereses barcelonistas, los chicos de Laso jugaron un partido muy inteligente y supieron helar a la grada.
Ambas escuadras venían de caminos diferentes, el Madrid, quizás con más fortuna en el cuadro, llegaba con la sensación de estar fresco, descansado, administrando bien sus esfuerzos y fijando la fuerza interior en las anchas espaldas de Felipe Reyes.
Los catalanes, por su lado, tras una plácida primera ronda, se las vieron y desearon para pasar a los pupilos de Dusko Ivanovic, quien, una vez más, planteó una guerra de guerrillas donde los azulgrana sobrevivieron con muchos apuros. Sorprendía que Juan Carlos Navarro, el gran capitán y probablemente el mejor jugador de todos los tiempos del Barça de basket (y eso es decir muchísimo), no hubiera estado fino en semifinales... No obstante, eso podía cambiar en la Final.
Desde el primer cuarto, el Madrid supo a lo que jugaba, como bien señaló Joan Creus, ante la efectividad de sus tiradores poco se podía hacer, gracias al músculo y el gigantesco corazón de Ndong, las distancias eran mínimas e incluso en el tercer cuarto parecía que, una vez más, el ogro de otras ocasiones, devoraría las esperanzas blancas en una cancha. No fue así porque Sergio Llul se disfrazó de héroe, dominando las situaciones, muchos hemos criticado la indefinición de puestos que tiene el internacional, lo loco que a veces se vuelve, pero ayer solamente podemos quitarnos el sombrero por su efectividad en los momentos calientes y su forma de volver estériles todos los intentos de Xavi Pascual de cambiar el rumbo del encuentro.


Por supuesto, Llul fue MVP, aunque algunos como Carrol no hubieran desentado con el galardón individual, afortunadamente, no hubo ni expulsiones ni ningún incidente. El Madrid pudo disfruzar con los parroquianos desplazados de la Copa que habían obtenido con tanta brillantez, hasta el punto de que el último cuarto, que se antojaba apocalíptico, empezó con un 8-0 de parcial para los merengues que hizo impensable cualquier intento de remontada, aunque siempre que está Navarro en pista parece que pueden ocurrir milagros.
Felicidades a todos los amigos madridistas. Hoy les toca sonreír a ellos, un gran trabajo de los de Laso y en territorio hóstil (baloncestísticamente hablando).
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