domingo, marzo 4

"Charlotte". Kobe Bryant no estaba contento. Había cumplido todo lo que se había marcado en su brutal agenda, estaba en la NBA, seleccionado en el Draft, salido directamente de las aulas del instituto... y sin embargo, ¿los Hornets? En un atisbo de prepotencia increíble para alguien tan joven, declaró a los pocos días que no le placía jugar en dicha franquicia.
Muchas cosas se rumorearon. Que su progenitor, antiguo jugador profesional, tomaba cartas en el asunto, que el astro incluso suplicaba por un traspaso, temiendo que los Hornets (buen equipo pero sin muchas posibilidades de poder competir por el título) impidiesen que pudiera alcanzar el palmarés que ansiaba. Acababa de aterrizar en la NBA y ya tenía prisa.
Tal vez nada de eso ocurrió. Tal vez, simplemente Jerry West llegó, vio y se convenció. El GM de los Lakers, no tenía un pelo de tonto, Red Auerbach ya había advertido que nadie trabajaba más duro para los californianos que el antiguo escolta, que decidió que ese año, el joven Kobe era un prioridad increíble, a cambio, perdió a uno de sus mejores hombres, Vlade Divac, pero los angelinos necesitaban hacer un sacrificio para complacer a los Hornets. Bryant aterrizaba en una tierra con mucho glamour, pero quien eclipsaba a todos era una estrella de Orlando, Shaquille O´Neal había llegado y volvieron vientos de anillo a LA.
De cualquier manera, no fue tan sencillo como Bryant intuía. En primer lugar, una pequeña bofetada a su orgullo vino cuando la primera elección de su Draft fue Allen Iverson, que para más IMRI iría a su Filadelfia natal. Genial, bajo y polémico, AI era el talento más exuberante de su generación y fue una de las causas de que el recién llegado de instituto no se hiciera con la primera plaza. También tuvo que ver como The Answer se llevaba el premio de novato del año. A pesar de todo su espectacular talento, Kobe tuvo que ver un brutal salto físico en la profesionalizada liga estadounidense, donde las defensas eran más duras que los rivales de su edad a los que siempre terminaba por apabullar.
Por plástico y atractivo de ver, el juego de Kobe pronto le hizo un favorito de la grada, pero el cuerpo técnico desconfiaba de su madurez, por lo que solamente fue 6 veces titular (toda una hazaña para un rookie en una escuadra tan exigente, pero poco para tan brutales expectativas). Una vez más, cuando se dijeron los mejores quintetos de la temporada, él fue al segundo quinteto de rookies, viendo como aquel Allen Iverson seguía siendo quien estaba en el ojo de huracán. Eso sí, hubo dos noticias que mostraron que no siempre tenía porque ser así.
El concurso de mates fue su oportunidad. En el futuro no volvería a sentir ningún interés en participar en este concurso de destreza, pero sabía que jugadores como Dominique Wilkins o Michael Jordan habían conseguido sus primeros laureles en esa faceta. Antoni Daimiel, una de las voces autorizadas del periodismo castellano especializado en la NBA, habló de que fue un concurso relativamente flojo, aunque Brent Barry y Kobe sí pusieron la carne en el asador. Para el recuerdo que el novato hizo sus mates sin quitarse la parte superior del chándal. Era su primer trofeo, su galardón, una manera de empezar a inmortalizar su nombre en la Liga.
Acabada la temporada, Kobe vivió las mieles del éxito cuando sometió a los Blazers con 22 puntos en Playoffs, aunque le tocó la de arena en las semifinales, cuando los Utah Jazz de Jerry Sloan les apabullaron sin remedio, con una agresiva defensa y la pareja mortal John Stockton-Karl Malone. Los dos Hall of Fame se conocían de memoria, mientras que nadie en el Staples podía pensar que Kobe y Shaq pudieran ser un combo, salvo Jerry West. De hecho, para muchos miembros de la plantilla, incluso distaban mucho de ser amigos.
Bromista, grandullón, jactancioso y simpático, Shaq necesitaba dos cosas para ser feliz, balones y el cariño de sus compañeros. Bryant, en sus minutos en pista, aparte de deleitar a la grada con acrobáticos movimientos, poco o nada se preocupaba de distribuir la bola, mientras que su carácter reservado le distanciaba del resto. Solamente hacía buenas migas con Derek Fisher, el otro rookie de la plantilla, con quien entrenaba a Sol y a sombra durante todo el año y también en las vacaciones de verano. Aunque Fish era un excelente profesional, su talento estaba a años luz de Kobe, pero éste le respetaba porque era un trabajador nato.
Intentando acercarse al Chico Nuevo, Shaq le invitó a cenar. A pesar de que no hubiera mucha química, O´Neal sabía de baloncesto e inutía que aquel prodigio sería un arma mortal si lo llevaban por buen puerto. No obstante, no funcionó. Honestamente, incluso partidarios de Bryant en el vestuario admitía que no había sido fallo de O´Neal, simplemente que eran muy diferentes, El Perro Grande hizo cuanto estaba en su mano.

Más interesado que en sus compañeros, Kobe se mostraba ansioso por cada encuentro frente a los Bulls de Jordan, aunque desgraciadamente, eran únicamente dos citas al año, por jugar en dos conferencias distintas.
La presencia de Su Majestad parecía devolver a Bryant a la infancia que quizás había abandonado demasiado pronto. En una ocasión no pudo contenerse y aprovechó el ritual de un tiro libre para preguntarle a su ídolo. Le observó que le taponaban muy pocas veces, pese a postear a la media vuelta.
Muy sereno, MJ le contestó que había varios trucos para calibrar cómo evitar que el rival le hiciera el bloqueo. Principalmente, los pies debían servile no solamente de pivote, sino de forma inofensiva de contacto que los árbitros no sancionarían, además de mirar la sombra. Kobe asintió, como en "Eva al desnudo", el 23 de los Bulls no sabía que aquel pequeño monstruo calcaría ese movimiento hasta hacerlo suyo, ejecutándolo con una maestría imposible de negar.
Incluso, hubo un momento de verdadera locura cuando los Lakers machacaron a los Bulls en el Staples. Fue un partido donde Kobe disfrutó mucho y se le vio encarando a Jordan y saliendo airoso del percance. Era cierto que, un vez más, aquel Iverson que estaba en boca de todo el mundo ya había alcanzado portadas por ser el primer novato de la nueva generación que fue capaz de romper a la leyenda viviente con su mortal cambio de manos. Pero, aquel día, los californianos devoraron a la franquicia que engullía títulos de la NBA. De cualquier modo, parece que el entusiasmo juvenil subestimó que los de Phil Jackson venían de una larga gira de partidos por el Oeste y que, llegado el mes de mayo, no fallarían.
Un anticipo vino de ello cuando Bryant fue el All Star más joven de la Historia a la tierna edad de 19 añitos. Oeste frente al Este y un joven con toda la confianza del mundo.
Bryant se las ingenió para demostrar que uno era un debutante más, metió algunas canastas de gran mérito y hasta se encaraba con MJ. Aquello fue suficiente para el astro de los Bulls.
Jordan entonces le tomó la matrícula y pasó por encima de él y el resto de las huestes del Far West, fue máximo anotador del partido y, por supuesto, el MVP, ganando finalmente su equipo por un considerable margen. Era un recado de administración de esfuerzos que los de Chicago confirmaron en las Finales, donde superaron a Utah Jazz, quienes barrieron en cuatro partidos a los angelinos, volviendo a quedar cuestionada su dureza mental a la hora de medirse a la espartana defensa de Jerry Sloan.
Entre el amor y la ambición, Bryant devoró con obsesión aquella serie, donde Jordan hizo el tiro más celebrado de su carrera para ganar el anillo por sexta vez, anunciando por segunda vez su retirada irremediable de las canchas. El ídolo se había marchado por todo lo alto, ahora, una nueva hornada de delfines querría el trono que dejaba vacante. Vince Carter, Tim Duncan, Shaq... ah, y por supuesto, un tal Kobe Bryant.
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