domingo, marzo 18
Era cierto que aún le abucheaban en su Filadelfia natal. Su aire prepotente y ser el abanderado del enemigo californiano lo hacían objeto de temor, admiración y odio por parte de otras aficiones, en Sacramento aún se guardaban sus provocaciones ante ellos y las expresiones tras cada daga anotada.
Todo eso era verdadero, como también que el pequeño y genial Iverson era el máximo anotador de La Liga año sí, año también. Pero, nadie, ni siquiera su peor enemigo, podía negar que Kobe Bryant, a la altura de 2003, iba camino de ser el mejor jugador de su generación. Era solamente cuestión de tiempo que a Shaq le pesase la edad y él al fin fuera el líder indiscutible de los Laker, asimismo, el poder económico de los de Jerry Buss le debía llevar a tener plantillas competitivas todos los años, con tres anillos en el bolsillo, sobrepasar a Michael Jordan empezaba a ser algo factible, al menos en palmarés.
No se dio cuenta, pero en 2003 empezó su maldición. Shaq se rompió y él pudo al fin ser el líder que tanto ansiaba. No obstante, una vez más, él enamoró a su grada y fue asiduo de las mejores jugadas, pero los Lakers no ganaban como antes. Tuvo sus noches de desquite, como cuando un columnista le insultó y le dijo que su hija tiraba mejor que él de 3. Con 12 triples frente a los Sonics, dio cumplida respuesta. Para el recuerdo también un mate de concurso ante Yao Ming, doblando la mano de la Muralla China... y el mal balance de los de Hollywood.
Cuando volvió a O´Neal, los de púrpura y oro remontaron, Kobe seguía excelso, como le demostró al mismísimo Michael Jordan en el Staples, para festejar su cumpleaños con 55 puntazos. Sí, una de las armas individuales de la Liga más afilada, pero bien era cierto que también seguían dependiendo del de siempre para ganar partidos, aquel pívot con el que cruzaba declaraciones ante la prensa. ¿Hubieran podido hacer la remontada más grande de la regular season ante Dallas sin la presencia de Shaq?
Entonces llegó el shock. Los San Antonio Spurs acabaron con ideas preconcebidas de que los de Phil Jackson fueran invencibles y les venció en seis partidos, destacando un severo correctivo el último día. Nadie puede decir que fuera culpa ni de Kobe ni de Shaq, que volvieron a jugar como los ángeles (especialmente el quinto día de Bryant fue para enmarcar), pero un tal Tim Duncan se postuló como MVP y verdadero motor de una franquicia ganadora. Algunos como Fisher o Kobe no pudieron más y lloraron, porque, verdaderamente, habían bebido de la autoconfianza de sentirse siempre los mejores.

Convencidos de que lo único necesario era reajusta un poco la banca, Buss y los suyos se rascaron el bolsillo para traer a dos veteranos ilustres, Gary Payton y Karl Malone. Futuros Hall of Fame y jugadores legendarios, su único lastre era no tener anillo, algo que deberían buscar bajo la sombra del dueto mortal.
Lo que parecía un cuento de hadas fue convirtiéndose en un viaje al infierno que hizo al Maestro Zen abandonar la plantilla, retirarse por segunda vez y firmar un libro donde casi en cada página había una pullita a Bryant. "Se habla de lo maduro que es el chico para su edad y no lo es en absoluto". Por su lado, al acabar aquel 2004 de sorpresas, el escolta señaló: "No me tomaría ni un café con Jackson".
De cualquier modo, durante un tiempo, los Lakers de Los Cuatro Magníficos parecieron capaces de afrontarlo todo y derrotar a todos los elementos. Incluso la acusación de violación que pendió sobre Bryant. Aquello fue inesperado y le lanzó a la prensa de todo el país, a los telediarios e incluso a las incisivas plumas de los guionistas de "Padre de Familia". El jugador altivo, el tipo más seguro del mundo, el chico que recién llegado le comentaba a O´Neal en el autobús que sería el Laker más grande de la Historia... en compañía de su familia y pidiendo perdón ante todo el país, avergonzado.
Sin duda, estamos ante el punto más oscuro de su trayectoria y aún hoy es la causa del odio que se le sigue teniendo en los pabellones. "No, signignifica no" fue una de las pancartas más vista, es cierto que fue absuelto, pero también que la fuerte indemnización que tuvo que pagar a la acusación para salir del paso. Hubo una sombra de la duda y Bryant conoció el otro lado de la fama, de estar en el ojo del huracán. Para colmo de males, en una fiesta dada en casa de O´Neal, se granjeó problemas por tontear con una camarera. El Perro Grande no dijo esta boca es mía, pero tampoco se desvivió por defender a su camarada, el escolta le había intentado quitar a su equipo, los focos y le provocaba día sí, día también. "La gente piensa que porque anota un par de tiros es una gran persona, pero es un payaso".
Entonces pasó. Como tantas otras veces, Bryant se desquitó en la prensa, criticó a Shaq y sonrió. Estaba entrenando con sus compañeros cuando vino Brian Shaw y le advirtió: "Shaq dice que va a matarte". La imagen de esa mole avanzando para machacar a uno hubiera paralizado al 98% de los seres humanos, pero Kobe, incluso en aquella coyuntura, seguía juzgándose invulnerable, conoció al grandullón y su estatus. "¿Se supone que debo asustarme? ¿Eh?". Shaw, sin embargo, no las tenía todas consigo: "Esta vez va en serio".
O´Neal se dirigió a por Bryant y sus compañeros lograron evitar que mantuvieran ninguna clase de contacto. Lo que no pudo evitarse fue un cruce de declaraciones, Shaq se desquitó de su chuponería y su altivez, de haberle involucrado en sus problemas. Lo que nadie esperaba era que Bryant también tuviera reproches que hacer. Afirmó al center que había sido un embustero, que no cumplió su palabra de protegerlo, que se desentendía de todo lo que le estaban lanzado en el juicio de Colorado.
Dos jugadores geniales, dos egos que casi eran infantiles. Aunque el divorcio era inminente, los Lakers no lo tradujeron en la pista, como una bomba a punto de explotar, fueron pasando de ronda en ronda y Bryant fue la piedra angular para eliminar a los Spurs de Duncan. El cuarto anillo era inminente, sobre todo cuando el escolta se inventó un triple increíble para forzar la prórroga frente a los Detroit Pistons. De cualquier modo, no contaba con que Larry Brown le tomaría la matrícula como lo hizo.

Aquellas Finales en el Palace fueron un suplicio impropio para una escuadra malacostumbrada a ganar en cualquier circunstancia, por lo civil o criminal. Detroit borró del mapa a los californianos y Tayshaun Prince redujo a Bryant a unos porcentajes de tiro horribles, desaparecido.
Apenas una derrota, pero suficiente para que toda la ponzoña saliera a la superficie. O´Neal salió al mercado libre, rumbo Miami, acusando a Bryant de haberlo forzado a hacerlo y envenenado a la directiva. No fue el único caso donde se cuestionó la relación de Kobe con sus compañeros.
El verano siguiente, todo el mundo se sorprendió que una de las pocas garantías de los disgregados subcampeones, Karl Malone, fuera acusado por el escolta de molestar a su esposa. Fue una intriga cortesana que aún hoy no queda aclarada, Bryant montó en cólera y acusó a Malone de haberle traicionado, que había sido como un hermano mayor y ahora se mostraba como una víbora. El Cartero negó haber tenido ninguna intención rara con Vanesa, aunque también salieron rumores de una broma de mal gusto, pero el destierro al que se condenó al máximo anotador de los Utah Jazz y que acabó en su retirada, fue extraño. "Él es Karl Malone. Es una leyenda, si tienes algún problema con él..." le lanzó la pullita O´Neal.
A costa de un infierno personal y profesional, Bryant al fin era el líder de los Lakers, pero unos californianos muy debilitados y a expensas 100% de su talento. Él volvió a jugar fenomenal, pero se vio en la humillante situación de no jugar postemporada e, incluso, en una bofetada a su orgullo, pedir al cuerpo técnico que volviera a los esquemas de juego de Jackson para distribuir más el balón. Como fuere, seguían los silbidos e incluso la franquicia tuvo que rasgarse el bolsillo para contratar a una persona acostumbrada a tratar con personas de complejo narcicista.
Solamente una metamorfosis de 360 grados salvaría su maltrecho nombre... y exactamente eso pasó.
Publicar un comentario en la entrada