viernes, marzo 23
Superado un primer año de pesadilla, Bryant fue siendo consciente de que, como escribía Pau Gasol desde su blog en NBA marca, "Está demasiado solo. Pero sí luce más". Efectivamente, Kobe comenzó de cero y explotó todas sus virtudes ofensivas, convirtiendo a los Lakers en el equipo de un único hombre.
Explotando con rachas anotadoras brutales, el día D y la hora H, fue indudablemente una noche anodina de la temporada 2005/06 donde el angelino explotó con 81 puntos. El mundo del baloncesto se dividió, desde quienes lo juzgaban el rey de los chupones hasta lo que, indudablemente, se quitaban el sombrero ante alguien que había coqueteado con la leyenda de Wilt Chamberlain.
Los 81 tantos hicieron a Wade llamar a sus compañeros de equipo de los Heat para que no se perdieran aquella historia única. Otros, como los feroces y líderes Pistons, se miraban perplejos ante la defensa de los Raptors y se cuestionaban quién defendía a Kobe. De la misma forma, Pippen salía a la palestra para afirmar que, de haber querido, Jordan hubiera llegado a los 81. Bryant se había despedido de mala manera de él antes de eliminar a sus Blazers por tercera vez ("Hoy es tu último día de trabajo"), ahora, el Hall of Fame le mandaba dardito a su enemigo íntimo.
Aunque los angelinos no eran favoritos para nada en postemporada, Bryant confiaba en ser MVP, un mérito que Shaq e Iverson le habían quitado en el pasado y ahora, debía ser su turno, nadie anotaba tanto y mejor, defendiendo con esa agresividad. Pero quisó el destino que una personalidad muy distinta a la suya, Steve Nash, se cruzase con otra fórmula. Por un lado, el canadiense había cogido un equipo prometedor pero sin punch, para hacerlo candidato a todo. Algunos periodistas reputados hispanos como Jorge Quiroga o Isabel Tabernero hicieron un fuerte respaldo de las 81 razones por las que Kobe debía ser el mejor.

No lo fue. Las votaciones no fueron excesivamente benévolas con el escolta con el dorsal 8, pero, los pro-Nash tenían también argumentos sobrados para su doble entorchado. Los duendes caprichosos los llevaron a una primera ronda donde los de Phoenix se encontraron de manera inesperada con la baja de su pívot, Stoudemire, algo que aprovecharon los Lakers y la pizarra de un Phil Jackson a quien una gran suma de dinero le había convencido de hacer las paces con Kobe.
De la mano de un Bryant imperial que incluso anotó una canasta sobre la bocina en un partido increíble, los de púrpura y oro estuvieron 3-1 arriba. No obstante, los triplistas de los Suns y el genial Nash dieron la vuelta a la situación, amparados en su mayor banquillo.
A pesar de que Bryant había jugado como los ángeles, tuvo un gesto muy extraño en el séptimo partido disputado en Arizona. Quince puntos abajo, el hombre de los 81 puntos y que, entre otras presas ilustres, humilló a los Dallas Mavericks anotando más que todo su equipo durante tres cuartos... no hizo nada. Kobe se borró el partido, algunos analistas como Vicente Salaner volvieron a recordar que era un magnífico jugador con la cabeza extrañamente extraviada. Para colmo de males, entró en piques absurdos con Raja Bell, quien pareció ser un más que digno rival del delfín jordaniano.
La siguiente temporada confirmó que Bryant estaba en plena evolución. Había logrado reconducir el matrimonio con su esposa Vanesa y sus dos hijas, aunque los mentideros más amarillentos hablaban que su prematura unión fue negativa para la madurez del jugador. Como fuere, bajo la batuta de Jackson, Kobe volvió a demostrar sus armas ofensivas, aunque Shaq estrenase ese año su cuarto anillo, ganado junto con Wade y alejándose de "ese chico", como en ocasiones se refería a aquel escolta con quien tuvo una relación de amor-odio.

A pesar de ello, los colegiados parecían respetarle menos, se le dio cierta fama de jugador sucio, sobre todo por el empleo de los codos. Tenía su gracia, peleado a puño limpio con Reggie Miller, algún ilustre Knick y casi con el propio Shaq, ahora, con un equipo menos glamuroso, los jueces en California le veían más humano y perdonaban menos.
Eso sí, Wolves, osos de Memphis y muchos otros equipos pagaban aquellas afrentas, "Él es como una bestia que huele la sangre del animal herido en el agua. La razón por la que entrenó a los Lakers, es porque juega Kobe", llegó a decir Phil Jackson, quitándose el sombrero. Eso sí, cuando un día le preguntaron si pagaría por ver un uno contra uno de Iverson y Bryant, el Maestro Zen daba la de arena: "No, a mí me gusta los deportes de equipo".
No obstante, poco a poco, se iban olvidando los ecos de aquellos escándalos de toda índole, desde lo fatuo a lo más terrible. Fijo de All Stars y quintetos ideales, Bryant se cambió de dorsal. "Parecía que le hubieran echado una maldición, pero la ha superado", dijo Jackson. Mientras Kobe, seguía con su obsesión particular...
El 24. Un número más alto que el mítico 23.
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