domingo, abril 1
All Star 2003. La grada ha enloquecido. Michael Jordan, por enésima vez en su carrera ha anotado sobre la bocina una canasta de máxima calidad en el momento donde se deciden los partidos. Es su último año y Su Majestad ha superado la defensa de Shawn Marion para que el equipo de estrellas del Este, se haga con la victoria. Iverson es uno de los más enloquecidos, chocándose con el ídolo.
Apenas quedan unos segundos, el ataque del Oeste es embarullado, la bola acaba en manos de Kobe, bien defendido por Jermaine O´Neal. El tiro se sale, pero los árbitros, increíblemente rigurosos para un partido de las Estrellas, le dan tres tiros. "No me pudo creer que hayan pitado eso", afirma uno de los escogidos para este partido de partidos. Casi nadie, independientemente de su camiseta, quiere que Bryant fuerce la prórroga. El primer tiro libre entra llorando y con mucha fortuna. Kobe fuerza el tiempo extra finalmente, el MVP será para Kevin Garnett, que se sale en el tiempo extra.
Fin del flashback. Así, indirectamente, Bryant había arrebatado un día de gloria a su ídolo. Ahora, en un gimnasio de California, bromeaba con otro crack, Paul Pierce, capitán de los Boston Celtics. El debate que tienen durante todo el verano de 2007, es quién será traspasado primero. La mera idea de que Kobe acabe en los Chicago Bulls, hace que Isabel Tabernero se decida a abrazar la causa de los toros con más impetú que en los días de Jordan. Sería la manera de cerrar el círculo del heredero, ya que la plantilla de púrpura y oro es muy floja y, tras hacer récords de anotación, Bryant puede acabar igual de quemado que T-Mac o Gilbert Arenas, brillantes atacantes en equipos con dinámica perdedora.
Casi cada día está a punto de estallar la noticia, Bryant se va a tal o cuál sitio, divorcio con la escuadra con la que supuestamente estaría de por vida. "No nos darían a Kobe ni aunque en el trato se incluyera el Gran Cañón", afirmaba Mike D´Antoni, verdugo en dos eliminatorias de los Lakers. Curioso, tras tanto tiempo compitiendo por el MVP con Steve Nash, ahora se especulaba con que pudiera jugar con él. Incluso el mejor defensa Sun, Raja Bell, se lleva un cariñoso comentario de Bryant, que afirma respetarle mucho y decir que sus piques y odios pasados eran solamente parte del juego.
Nada de eso pasará y el escolta está enfadado, solamente la habilidad psicológica de Phil Jackson impide que Bryant se desmarque con alguna declaración que pudiera costarle cara con su afición y la directiva de Jerry Buss. Finalmente, el astro cambia de táctica, como si fuera un GM, habla con Jason Kidd y Kevin Garnett, tres colegas que quieren juntarse para jugar juntos. Brillante sobre el teléfono, algo complicado de materializar cuando ninguna de las tres franquicias ha dado su visto bueno. Cuando Big Ticket viaje a Boston, Kobe se siente aún más desgraciado al comenzar la temporada 2007/08.
Incluso se le graba criticando duramente a Andrew Bynum, el pívot más joven y prometedor del equipo. Kobe quiere usarlo de moneda de cambio. Nuevamente, el jugador metido a directivo, el pequeño dictador del vestuario. No obstante, Bynum aguanta carros y carretas y hace una gran temporada hasta lesionarse. Entonces viene la noticia, un trueque que hace a algunos como Greg Popovich pensar que en Memphis han perdido la cabeza. Pau Gasol a los Lakers, todo cambia en un terremoto donde Bryant piensa que al fin tiene al tipo que le devolverá a la élite.

La sonrisa vuelve a instalarse para los Lakers. Gasol se acopla a la perfección al triángulo y no duda en pasársela a Bryant siempre que lo necesita, los californianos son los primeros del Oeste y llegan a las Finales de Conferencia, donde incluso baten 4-1 a los todopoderosos San Antonio Spurs. Lástima, dirán algunos, de arbitrajes en el primer y cuarto partido, donde dos faltas clarísimas a Manu Ginóbilli y Brent Barry pasan desapercibidas. Un pequeño escándalo arbitral que viene acompañado del libro de Tim Donaghy.
Árbitro corrupto y metido en escándalos de apuestas y shares televisivos, Tim se desmarca con una serie de consideraciones sobre la supuesta mejor Liga del Mundo, acerca del mercado de las estrellas y la manera de la organización de potenciar a las grandes estrellas. Kobe es uno de los más señalados en el libro, poniéndose por ejemplo los problemas de Bell y algunas duras penalizaciones que sufre por defender a un jugador que mueve millones de dólares y es considerado una mega-estrella por sus méritos sí, pero también por el mercado donde se mueve.
Pero, quizás mejor fuere hablar de lo mucho obtenido por su propio mérito. El MVP que tan duramente se gana y es verdaderamente suyo por derecho propio. Nadie lo duda y es un momento de regocijo. Había trabajado mucho por ese premio y es una alegría ver a un jugador tan brillante y único obtenerlo. Solamente hay alguien que está mal, y son algunos medios pro-Bryant que intentan ningunear los obtenidos por Steve Nash o Nowitzki previamente, diciendo que aún le deben más al escolta. Como fuere, un detalle de poca clase del que no tiene ninguna culpa un Kobe que parece al fin feliz con sus compañeros y con un matrimonio estable y dos hijas.
Tanto Bryant como Fisher y Phil Jackson, se ponen a la defensiva ante esas declaraciones, teniendo incluso comentarios muy despectivos ante el más que sospechoso arbitraje a Sacramento en las Finales del 2002 que certificaron su tercer anillo. Incluso la épica remontada ante los Blazers es matizada con algunas decisiones que, verdaderamente ya en su día levantaron ampollas (absurda expulsión de Sabonis que dejó campo libre a Shaq y falta de O´Neal de manera brutal a Steve Smith sin penalizar, con Portland cuatro abajo, entre otras). Ahora, muchos detractores de Stern y su sistema, son acusados de querer provocar una Final Celtics-Lakers a cualquier precio.




En vísperas de las mismas, Bryant regala un reloj de oro a cada miembro de la plantilla. Ha vuelto a unas Finales y como MVP de su conjunto, sin la alargada sombra de Shaq que lo verá en televisión. Por desgracia, los Celtics cuentan con una defensa brutal y de las que ganan campeonatos, incluyéndose un inesperado momento de shock angelino que se deja remontar ante su público más de 20 puntos. Incluso, si los colegiados hubieran querido ver como falta el robo de Bryant a Pierce en el quinto encuentro, hubiera podido terminar todo en un 4-1.
Casi hubiera sido mejor así, los Lakers cae abatidos de una manera muy contundente en el sexto partido, donde la grada verde sabe picar donde duele: "¡No eres Jordan!", es el grito de los orgullosos verdes, mientras algún analista como Vicente Salaner parece asentir: "Le costará mucho que le vuelvan a comparar". No obstante, subestimar la determinación de Kobe es un terrible error para sus enemigos. Viaja a Pekín con un equipo de estrellas y, aunque permanece en un segundo plano ante los astros más jóvenes, logra ser decisivo en la Final con un triple marca de la casa que rompe las esperanzas de España de hacer algo histórico.




Es una jugada de hombre con sangre fría, pero Bryant lo estropea mandando callar al público que se ha puesto del lado del más desfavorecido, ya que el criterio de los colegiados esa Final de no aplicar las normas FIBA y perdonar todos los pasos de salida norteamericanos termina poniendo a la grada china a favor de los de Aíto García Reneses. Como fuere, Bryant ya tiene la ansiada medalla de oro y otra asignatura menos en su impresionante palmarés.



El siguiente año quizás sea el mejor de su carrera. Kobe alcanza cotas jordanianas en algunos momentos, los Lakers logran el mejor récord, aunque salen algo beneficiados de que Kevin Garnett se rompa la rodilla cuando los Celtics parecían intratables. Como fuere, Black Mamba (como ahora gusta que le hagan llamar), va aniquilando eliminatoria tras eliminatoria a sus adversarios, incluyendo un épico duelo de anotación con Carmelo Anthony donde el veterano vuelve a parecer lo más cercano al 23.
Solamente hay un momento de duda, cuando en las semifinales de Conferencia, con buenos conocimientos baloncestísticos y con muchas bajas (Yao Ming y T-Mac), Rick Adelman y un puñado de comprometidos jugadores, fuerzan a siete partidos a los californianos. Aunque la lógica se impone, es muy complicado que un espectador neutral sienta simpatía por otro equipo que no sea Houston, especialmente, la cara de agresividad de Bryant en el séptimo partido parece hiperbólica. "He aprendido que somos bipolares", señala, aunque también la de cal por sus continuados piques con Ron Artest, aunque terminan abrazados.
En las Finales, más allá del regalito de los árbitros en el segundo partido robando la victoria a Orlando cuando Gasol mueve el aro en el tiro de Lee, los angelinos son infinitamente superiores. Bryant juega a su mejor nivel y deja algunas asistencias de póster a Gasol, gananarán su décimo anillo y por primera vez en mucho tiempo, veremos a un crack más humano, cuando parece exhausto, cansado y necesitado de celebrar ese anillo. A diferencia de los obtenidos con O´Neal, Horry, Harper y compañía, éste ha sido un viaje muy duro, desde el proceso de Colorado a la derrota ante Boston, hay mucho que celebrar.




El siguiente año, trayendo a Ron Artest a cambio de Trevor Ariza (uno de los héroes del otro anillo), provoca una versión casi heroica de Bryant. Jugando con fracturas en el dedo y con molestias, su condición de buzzer-beater se va confirmando jornada tras jornada. Los Sacramento Kings, los Boston Celtics, los Miami Heat... Siempre que los angelinos necesitan un esfuerzo, Bryant sella el triunfo. Con todo, hay quien advierte que está jugando como nadie y planificando muy mal a partes iguales, ya que se está forzando a unos límites donde puede resentirse en Playoffs.



Con todo, la salud le respeta y los Lakers dominan la Conferencia Oeste hasta encontrarse con Steve Nash y los Phoenix Suns en la Final del Oeste. El hombre que le había ganado en las votaciones del MVP dos veces y otras tantas le eliminó, podía ahora sentir la picadura de la Mamba Negra.
Tras dos victorias muy glamurosas, Nash y la defensa zonal, bastan a unos Suns mucho menos poderosos que antaño, para poner un inquietante 2-2 en el marcador. Con cara de muy pocos amigos, Bryant afirma que la defensa de los suyos ha sido asquerosa. ¿Ha bastado un pequeño contra-tiempo para sacar de nuevo la peor versión de Kobe?
Con todo, el destino le saluda cuando en el quinto, aunque su tiro forzado se sale, quiere la suerte que Ron Artest recoja el rebota y marque una canasta que salva a los Lakers de un colapso. En el sexto, Bryant explota con sus suspensiones y se gana el aplauso de amigos y enemigos. La Final será ante unos sorprendentes Celtics que han eliminado a equipos con mejor récord.
Durante todas las Finales, Bryant afirma que es un rival más, pero las filtraciones dicen que es un farol, que es la venganza que llevaba esperando desde 2008. Se nota por su forma de jugar, aunque Tony Allen es un perro de presa de primera categoría, Bryant es Superman en el primer partido. Eso sí, Ray Allen y sus 8 triples llevan a los célticos a empatar las Finales y hacer a más de uno arquear la ceja. El gran capitán, Derek Fisher, lleva a los angelinos a ganar en Boston al fin. "Es uno de los pocos compañeros a los que escucho cuando habla", señala Bryant para elogiar a su amigo, aunque el comentario es un poco desafortunado en cuanto a los que quieren demostrar que no es tan altivo como parece.
Pese a ello, los suplentes de los verdes se las bastan para empatar el cuarto partido. En el quinto, se produce un duelo de altos vuelos, Bryant contra todos los Celtics, incluyendo triples antológicos. Individualmente es una actuación espectacular, pero parece que a los de Doc Rivers les beneficia la guerra contra un solo hombre, aunque sea el mejor jugador de la Liga. Con 3-2, hay muchas dudas para los de Phil Jackson. Pese a ello, el sexto día, Bryant juega su partido más inteligente, combinando con Gasol y cía, humillando a los verdes y forzando el 3-3, además se lesiona Perkins, pívot titular y una de las almas de la defensa verde.
El séptimo día, Bryant tiene muchas cuentas pendientes, igualar en anillos a Magic, superar en un anillo a Shaq, batir por primera vez a los Celtics en postemporada, ser MVP de las Finales por segunda vez e ir recortando distancias con Jordan... Todo se traduce en dos cuartos muy malos del escolta, ansioso y picando en el engranaje de los de Doc Rivers, encantados de su abuse en tiros de campos. La baja de Perkins hace que los angelinos tengan muchos rebotes (el propio Bryant captura muchos), pero en juego, parece que los visitantes están más tranquilos.
Hay momentos donde la caída es inminente. Kobe está a punto de ganarse una técnica cuando está a punto de estampar el balón tras una nueva canasta de Kevin Garnett, de menos a más toda la Final. Sin embargo, un increíble acelerón de los angelinos les lleva de vuelta al partido, gracias sobre todo a Derek Fisher y su triple y, aún más, a la fuerza emocional de Ron Artest. Desgraciadamente, los árbitros también tienen su porción de gloria, no se entiende porque Bryant va a la línea personal tanto y Kevin Garnett tan poco, cuando probablemente el segundo reciba más y hasta anote tiros que le anulan, mientras que unos decisivos pasos de Pau Gasol (con todo, en una grandísima canasta) no sean sancionados.
A pesar de eso, Bryant siente que va a hacer algo grandioso. Entonces, cuando Rasheed Wallace le anota un triple en su cara y los orgullosos verdes hacen el último intento, Bryant se marca un triple absurdo que afortunadamente cae en las manos de Pau Gasol (y aún más afortunadamente para él, los árbitros piensan que Rajon Rondo se ha caída por el espíritu santo y no por empujón), verdadero MVP junto con Artest para muchos aficionados aquel día. La apuradísima victoria es festejada con unos gestos muy jordanianos de Kobe, quien, contradiciendo a Vicente Salaner, vuelve a ser comparado con el 23 de inmediato.
La sensación es una paradoja. El nivel desplegado en los dos anillos y tres Finales por Bryant es alucinante, su MVP merecidísimo, especialmente en las Finales de 2009, pero sigue existiendo esa sensación de cierta arrigancia y protección del sistema, que ésa, junto a su regularidad, ha sido la diferencia entre él y Tim Duncan (más sosegado y menos en los focos) o Iverson (que es igual de popular pero mucho más incorrecto para las autoridades de la Liga), a la hora de ser elegido el mejor de la década.
En su búsqueda del sexto anillo, Bryant se topa con los Dallas Mavericks, que les barrieron en cuatro choques. La mala imagen angelina el cuarto día solamente empeora por las expulsiones de Artest, Bynum y las declaraciones de Kobe, que casi señala a sus compañeros. Un jugador complejo y terriblemente fascinante, una forma de interpretar el juego... ¿El heredero de Jordan? ¿Sobrevalorado? ¿El mejor de su generación? ¿Chupón? ¿Genial? ¿Arrogante? ¿Único?
Como diría Marv Wolfman sobre uno de sus mejores personajes, todo se ha intentado contar, ni lo malo ni lo bueno se ha omitido... Simplemente, Kobe Bryant.
Para acabar con este monográfico, unas opiniones sobre este jugador, que quizás os interesen:
1) ¿CÓMO SE LLEVAN KOBE Y MICHAEL JORDAN?
Aunque es quien más amenaza su trono de la última generación de estrellas, Kobe Bryant es uno de los jugadores en activo que mejor se lleva con Jordan. Tachado de prepotente en algunos círculos, Bryant siempre se ha mostrado muy cariñoso con Jordan y no ha dudado en señalar su influencia en su juego, una honestidad que le honra.
Por su lado, MJ también ha admitido que, mucho más que algunos genios como Lebron o Wade, el único que debería entrar a compararse con él es Bryant, porque se lo ha ganado a pulso.
2) ¿ESTÁ PROTEGIDO BRYANT POR LOS ÁRBITROS?
Limitar el talento, el caudal y la imaginación de Kobe a la protección arbitral es una blasfemia. Existen demasiadas maravillas que ha hecho como para decir que el lugar que ocupa ha sido por ser alguien protegido. Ni mucho menos.
No obstante, de la misma forma, afortunadamente, empiezan a existir aficionados a su persona y de los Lakers o los Estados Unidos, que admiten que en momentos puntuales, Finales de Conferencia del 2000 y 2002, Finales de 2010 o los Juegos Olímpicos de Pekín, los resultoados hubieran podido ser muy distintos con unos jueces más correctos.
El simple azar o quizás algo predeterminado. De la misma forma decir que eso no es una predilección por Bryant, de hecho, cuando los Lakers empezaron su travesía por el desierto, fue injustamente expulsado en algunos partidos y acusado de jugador sucio. Tal afirmación es absurda, pero sí es cierto que cuando la grada de Hollywood ha estado en el candelero, ese gran mercado que mueve millones, ha podido inducir a David Stern a acuñar frases como: "La mejor final es Lakers contra Lakers".
De no haber jugado en los californianos, Bryant sería igual de grande, pero tal vez hubiera perdido algún partido decisivo en vez de ver como Steve Smith o Bibby se caían al suelo sin que nadie dijera nada.
3) ¿PUEDE GANAR BRYAN SU SEXTO ANILLO?
Perfectamente. Bien acompañado y con una política inteligente de fichajes, Kobe aún tiene basket de sobra, ya sea llamado Black Mamba o Masked Man. Aún se puede esperar mucho de él, aunque hoy los Lakers parezcan un peldaño por debajo de Thunder o Heat.
4) ¿UNO DE LOS MEJORES ATACANTES DE LA HISTORIA?
Sí. Algunas de las mejores defensas (San Antonio, Detroit, Celtics...) han intentado frenarle, pero es virtualmente imposible. Bruce Bowen, ha sido quien mejor le ha definido, conoce todos los recursos y sabe tanto cómo un entrenador de cómo atacar diferentes sistemas.
Indudablemente, futuro Hall of Fame.
5) PERSONALIDAD:
Isabel Tabernero, devota de Kobe, se vio obligada a admitir que ni su más ferviente admirador lo llamaría simpático. Bryant ha madurado mucho desde el joven jugador altivo que desafiaba a sus compañeros y podía acabar a puñetazo limpio con rivales. Nadie merece ser encasillado por las tonterías que hizo en su juventud y durante sus últimos años parece haber mejorado mucho, aunque aún le queden rescoldos (Matt Barnes y su pique con él en Orlando, o mandar callar a la grada de Pekín).
Más introvertido de lo que la gente pudiera pensar de una mega-estrella, Bryant no es uno de los jugadores más queridos por el público, sin ir más lejos, en su Filadelfia natal, casi siempre ha sido silbado, algo impensable en otros paisanos como Iverson. Como fuere, ha ido superando ese resquemor y hay muchas canchas donde le aplauden y, por supuesto, en el Staples es uno de los mitos vivientes.
Sus acusaciones ante la justicia y su reciente divorcio le han puesto en la palestra de la prensa amarillenta, algo que no interesa en Never Shall Me Down, aunque es un reflejo de que tampoco vive en el mundo idílico que a veces la NBA quiere hacer moverse a sus estrellas.
A nivel de declaraciones, interesante en todo lo concerniente a basket, su carácter algo altivo y obsesivo con el juego, muy similar a Jordan, no es precisamente fascinante en otras materias. Al contrario que otros tipos como Steve Nash, más relajados y divertidos, quizás uno de los secretos de que Bryant no genere unanimidad fuera de la cancha es que quizás no termine cayendo simpático, simplemente.

Que cada cual juzgue según su criterio. Para el blog, ha sido un placer repasar una de las mejores carreras del basket mundial.
Publicar un comentario