sábado, abril 7
Ciertamente, no dejo de tener la incómoda sensación de que han transcurrido siglos, cuando apenas hablamos de unos años. Pero, es cierto, andaríamos todavía por el instituto, y en las canchas del Saavedra nos creíamos que estábamos en algo parecido a un All Star en cada recreo, mucha gente, buen baloncesto callejero y algunos jugones andaban por allí. Aún tengo en la memoria algún triple en la retina de Rodrigo Romero Alonso o pases medidos con escuadra y cartabón de Luis López Ochoa, alias "El Moro", aunque nunca supimos por qué se hacía apodar así.
La nostalgia es un arma de doble filo con la que hay que tener cuidado. Ni aquellos tiempos fueron la repera, ni tampoco ahora es que andemos tan mal, que diría Joan Laporta. Esta Semana Santa ha sido un buen ejemplo de ello, se ha jugado poco, las vacaciones tienden a dispersar a la gente como es lógico y, algún día que se puso buena voluntad, terminó lloviendo. Teniendo en cuenta que a los locales y lugares de ocio les puede costar la broma 50 o 60000 euros, no nos vamos a quejar nosotros por un día de retraso, además, algo de precipitaciones hacían falta en este 2012.
Las jornadas se han celebrado en el parque, ya que, también en algo coherente, el instituto cerraba durante estos siete días. Irregular y genial, es el lugar donde a veces juegas los mejores partidillos posibles y otras esperas como en una cola del pan a que te metan en una pachanga donde te endosan un 7-0 y te vas a casa, sin haberte quedado con el nombre de sus compañeros o rivales. Afortunadamente, en el parque de los Tele, hemos vivido dos jornadas de las buenas, incluyendo algún partido a dos pistas, algo que siempre es muy de agradecer.
En la primera de ellas, a la que yo no pude asistir, se vivieron algunos buenos choques, donde José, apodado Rafa Mora, sacó a relucir su buena muñeca y realmente se movió en unos números fenomenales. Baste decir que el día que yo estuve, el pasado Sábado Santo, cuando se me ocurrió decir lo bien que había tirado, todos, incluyendo el propio José, apostillaban "Nada comparado con lo del jueves". Me lo creo, y deduzo que estuvo de dulce en la zona del triple.
Para ambas ocasiones también nos encontramos con Antonio Serrano, viejo conocido y buen basket nómada de la pachanga, casi siempre bajo la compañía de su socio y amigo Kelvin, probablemente el mejor dominicano del parque, aunque la plaza esté competida, pocos pueden aportar su intensidad en los rebotes y su tiro de media distancia. También estaban su tío y su primo, destacando del segundo que pese a su juventud, ya se ha marcado sus primeras bombas delante de tipos experimentados como Juan Manuel Luque Gomarín.
Hubo asimismo malas noticias, la primera de todas la enésima lesión de Daniel Collado León, cuyo pie parece empeñado en estropearle todo buen partido que empiece. Fue mala cosa verle sentado en el banquillo tras haber iniciado una buena racha de tiro. De la misma forma, hubo ausencias de gente a la que apetecía mucho volver a ver, se podrían destacar a Klego y Rafael Navarro Samaniego, quienes finalmente no han tenido posible echar unos tiros. De la misma forma me venían otros "fellas" como José Pablo González o Pablo "El Pelusa". Uno casi se siente de otra generación y echa de menos aquellos días, ¿acaso eran tan buenos tiempos? Supongo que no, pero parecía que saltábamos más y el aro era mucho más grande, te podías creer todo un Michael Finley durante diez minutos mágicos en el Carmen.
"A ver si disfrutamos de estos triples", comentó sin malicia Oliver Caballero, alias Rocho, justo cuando comenzábamos el primero de los tres partidos que jugué en el parque. "Me parece que hablas de algo que hacía hace tres o cuatro años...entonces sí, ahora no valgo un duro", contesté, con la misma sonrisa, la verdad. Pero no era ni falsa modestia ni bordería, simplemente una realidad, aunque uno nunca ha sido nada ni lo ha pretendido en este mundillo de pachanguitas, si que es verdad que si tuviera una máquina del tiempo, mi etapa preferida de jugar no sería ésta, no por ser abuelo Cebolleta, sino por una realidad estadística y de estar a gusto, de tener buen feeling con todo lo que pasaba dentro de una cancha, simplemente diversión.
Y algo parecido sucedió, déja vu si lo queremos llamar así. Entre José y yo conseguimos que nuestro equipo tuviera media hora inicial con más del 70% de acierto en triples. Pocas sensaciones hay más divertidas que levantarte, aunque sea con una mano punteándote, si tienes la certeza de que o irá dentro o será un buen tiro cuanto menos para que lo rapiñen Juanma o Rocho. Encima el rival eran Jezú, Francisco Villatoro (Paco), Jimmy, José Antonio y Juan Carlos Obrero, viejos conocidos y alguno, incluso, compañero de equipo. Lo dicho, viaje en el túnel del tiempo.
Por supuesto, el partido se fue apretando como sabíamos que sucedería y no se podían mantener esos porcentajes siempre, pero con buena circulación de bola, a pesar de estar un hombre menos durante bastante rato, colocamos un colchón relativamente cómodo, aunque Jimmy, Carpanta de los rebotes, no desperdiciaba oportunidades para mantener las opciones de los suyos. La filosofía de juego era buena y casi se agradecía el arreón de orgullo rival porque convertía una buena pachanga de vacaciones en una competición muy interesante.
Entonces se produjo el cambio de un cansado Juanma (que tuvo que sufrir las mejores y las peores artes de Jimmy en el poste bajo), por Miguel Collado León. Seguimos dominando y manteniendo el colchón, aunque obviamente tantos minutos con un jugador menos, pese ahora equilibrar con un acertado fichaje, iban pesando y aunque los tiros solían ser buenos, la eficacia bajo y Jezú y compañía, del club Yannakis ajustando marcador y controlando todas las facetas del juego en su beneficio, poniéndonos cerco.
Entonces se produjo la bronca inesperada que enturbió el asunto. A Rocho por poco le da un ataque, con la cosa igualda, cuando se planteó la opción de que un cansado Juanka fuera reemplazado por Juanma. De una manera tan clara como grosera, dio a entender que la culpa del acelerón final era de Easmo. Aquello no tenía mucho sentido, los méritos del adversario y nuestro propio cansancio eran factores que habían estado en liza durante más de una hora, culpar a los poco más de diez minutos de Easmo (4 puntos y 2 rebotes en ese tramo), era un ejercicio muy autocomplaciente y de echar balones fuera.
En ésas entraría José Antonio para censurar a Rocho y recordarle, con todo criterio, que el partido le parecía espléndido cuando teníamos la ventaja y que ahora era tremendamente ventajista. Bien es cierto que el propio José ha tenido alguna más alta que otra en los últimos partiditos y que es la primera tontería que hace Rocho en mucho tiempo como para censurarle nada. Simplemente eso, que se salió, se cabreó y ahora tendrá dos trabajos, cabrearse y descabrearse así de sencillo. A nosotros nos hubiera gustado que descargase frustraciones punteando tiros y reboteando, que se le da mejor, pero éste sigue siendo un parque libre.
Con polémicas de marcador amistosas (contar o no algún triple), acabamos cayendo por uno, en un buen choque donde Paco y Jimmy tocaron la del séptimo de caballería. El siguiente choque no fue tan igualado y nos sacaron los colores, Easmo tuvo que soportar toda la agresividad de Jimmy en el juego interior y encima contó con nuevos refuerzos, mientras que Juanma, agotado, se limitó más al exterior.
Con todo, quizás sea que uno anda benevolente con los años, creo que el partido no fue malo. Sin Juanka, un equipo plagado de exteriores demostró que podían apañárselas muy bien en ausencia de un base puro, como escenefican sus brillantes veinte minutos iniciales donde nos pasaron por la piedra en todo momento. Y fue en los otros veinte minutos donde yo discrepó de mi buen amigo Easmo, muy materialista en esto de victorias y derrotas. ¿De qué nos sirvió remar hasta la orilla, ponernos a diez y terminar perdiendo?
Pues en primer lugar porque no nos jugábamos ninguna hipoteca con el partidillo, y en segundo, porque José, Juanma y el propio Easmo dieron un buen ejemplo de que los partidos se acaban compitiendo hasta el final. Una cosa es que después del mismo saquemos la conclusión de que el equipo A tiene demasiados tiradores, que el equipo B necesita cambios porque su pívot está agotado... Pero la pachanga hay que jugarla y luego tratar de equilibrar. Si en los primeros compases parecía que la paliza iba a ser de órdago, durante diez minutos el ritmo de anotación de Jimmy y cía se ralentizó y tuvimos nuestras opciones, con pick and roll y faltándonos simplemente punch (eso, y lo bien que empezaron ellos) en los metros finales.
Quedaba también, en una tarde-noche de las de antigua usanza, un nuevo partido a dos pistas donde ya no contamos con Easmo que se ausentó por compromisos y Paco, que se tomó el último de relax después de estar dando el cayo toda la tarde. Nuevamente, frotándome los ojos, algún y alguna viejo/a conocidos del Saavedra, caras conocidas y amigas, para un corre-calles muy divertido donde lo de menos era el resultado.
Fue un partido muy gracioso donde la falta de defensa permitió espectacular aciertos en tiros de campo, especialmente el tío de Carlos y Juanka estuvieron perfectos como directores de orquesta, siendo la única nota negativa la lesión de Dani, que ya hemos mencionado. Seguíamos con fortuna José y yo, ante su míster, el primero se fue al 50% de acierto y aunque peor en tiros de campo, un servidor firmó 3 de 4 en triples. Ya se lo decía a Rocho, sin prepotencia, pero sí con nostalgia, antes de las gafas y la alguna lesión, aquello era el pan nuestro de cada día... Y, sobre todo, me estaba divirtiendo, como todos los presentes.
Lástima que el verdadero rey del triple durante este 2012, el siempre eficiente Jorge El Búho, no pudiera estar en aquella jornada, después de sí haberlo hecho el jueves. Mientras, José y yo seguimos practicando para que tenga algo de competencia en el Saavedra cuando se tercie.
Saludos,
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