lunes, mayo 21

Se acabó. Cuando el mundo entero (el primero este blog) pronosticaba un Madrid-Barcelona, Chelsea y Bayern se colaron en la final de la Champions. ¿Suerte? Sin duda, para llegar a esas alturas hace falta una pequeña o gran dosis de fortuna, postes y momentos donde la balanza caiga a tu favor. Sin embargo, nadie puede dudar de los méritos de ambas escuadras, los veteranos blues se colocaron sin entrenadores de egos súper-lativos como Mourinho, pero sin salirse mucho del papel, Di Matteo ha logrado con lo que predecesores muy remunerados y con laureles no lograron.





La final colocaba al Bayern como favorito, jugaban en su estadio y ante el Madrid en semifinales habían sobrevivivo a todo instante de presión. Con la serena presencia de Neuer (que puede parar y anotar penalties), los bávaros, igual que les pasó en el Santiago Bernabéu en su anterior Final, tuvieron la apuesta más alegre sin fortuna, volcados porque Jupp Heynckes sabía que su punto fuerte era el ataque, gracias sobre todo a Robben, Mario Gómez y (muy especialmente) Ribery. Scarface ha hecho una Champions de libro y no deja de ser mezquina justicia que su equipo estuviera a un paso de tener la orejuda cuando cayó lesionado.



El tanto de Muller (cuyo apellido recuerda a un glorioso delantero, uno de los más grandes) pareció dar al fin justicia a una escuadra hambrienta. Pero, los ingleses, este producto de Guy Ritchie y liderados en los despachos por el polémico Abramovich, tienen la fe de una aldea gala y Droga, siempre él, ese titán a quien ponen para recibir balones a la olla, dio un cabezazo milagroso que superó la muralla del meta. Empujó con toda la fuerza del mundo para ir a la prórroga. Era la emoción que necesitaba el choque, ya que en juego fue pobre, Ribery al margen, sin desmerecer al Chelsea, mermado con bajas, como escribía John Carlin, ¿se imaginan que todos los grandes equipos adoptan este sistema? Tiemblan las piernas...




El miedo a sufrir un maracanazo, empezó a impregnar a los locales, con la excepción del extremo galo, que, había regalado muchas bolas que Mario Gómez, con elegantes desmarques, no dejó de errar, en su noche más aciaga. Pero, entonces, el mosquetero de la franquicia germana sacó un penalti que volvía a condenar a Droga y la generación dorada del Chelsea a resignarse al subcampeonato. Terry, a quien su niñería con Alexis le costó verlo en la grada, debió de recordar viejos fantasmas, había de todo, malos planteamientos, simple fortuna adversa, arbitrajes... Todo y nada, porque Robben (gran jugador con la cabeza increíblemente extraviada en los momentos decisivos) erró, o, mejor dicho, Cech, ese héroe elegante y discreto del Chelsea, volvió a hacerse muy grande, como hizo con Messi y todos los rivales. 



Entonces, mientras Sergio Ramos se afilaba en el Twitter si el destino le daba la oportunidad, Mata falló el primero y Neuer volvió a poner cara de héroe. Nuevamente, los gladiadores azules veían alejarse el sueño, pero allí estaba Cech, siempre él, pues nunca se debe subestimar a un jugador que se ha recuperado de una gravísima lesión y es todo un ejemplo de profesionalidad y savoir faire. Con todo empatado, era cuestión de suerte y, cierto conjunto tenía deudas pendientes.



Uno de los que menos lo merecía del Bayern tiró al poste y todo quedó en las manos de Didier Droga. El marfileño, el amigo personal de Kevin Garnett, un jugador que como el ala-pívot de los Celtics a algunos incluso cae mal por su emotividad visceral, competitividad extrema y ferocidad por ganar. De cualquier modo, ¿quién no querría tenerle en su escuadra? A sus 34 años, un guerrero, uno de los últimos de La Vieja Escuela y capaz de abrazarse y consolar a Messi tras años de guerras contra el Barcelona. Didier, igual que Terry en Moscú, tuvo el destino de una afición en sus manos...



Neuer, al fin, se equivocó. El Chelsea al fin la tenía, en su año menos rimbonbante y de favoritismos, con la suerte como aliada tras años de rechazo, mientras, Fernando Torres, con la suerte de Pompeyo, sonreía, elegante en la victoria y la derrota, ahora le toca festejar. Drogba y Cech no se olvidaron de nadie, Di Matteo tampoco, hicieron pasillo al rival, consolaron a su amigo Robben...




Nunca hemos sido precisamente del Chelsea por estos lares, pero hay que quitarse el sombrero, Congratulations, mr. Lampard, mr. Essien, Lord Cech, Didier Droga The Last Warrior, el capitán Terry, Cole, Mata, Torres y un distinguido etceterá.




Champions azul, Un conjunto veterano que tocó el cielo como mejor sabía, luchando hasta el final. 
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