miércoles, mayo 16


Constantinopla, fue cuna de grandes intrigas, amores cortesanos y maquinaciones del Imperio Oriental de lo que fue el poderoso entramado romano. Eterna superviviente hasta 1453 de aquel legado, en su sucesora, la actual Estambul, se ha homenajeado otra fórmula para lograr ser legendario, nada menos que una oda a la disciplina espartana, el esfuerzo y la categoría en los momentos de máxima presión. No, a Never Shall me Down tampoco le van a dar el premio 2012 al oráculo de Delfos, el Olympiacos ha sorprendido a propios y extraños.




Hubo esperanzas en un adormilado Barcelona hasta que Marcelinho Huertas falló un triple que pudo ser decisivo. El base afirmó que volvería a lanzarlo, lleva toda la razón, la jugada idónea era tirar porque era la primera oportunidad del último cuarto para los catalanes de remontar. Sin embargo, si es resultadista criticar por esa mala fortuna, no lo es menos admitir que los de Xavi Pascual (magnífico entrenador) necesitan hacer examen de conciencia. Las molestias de Ndong y la enésima demostración de Juan Carlos Navarro (dudar de su liderazgo es un absurdo total que no merece respuesta alguna), son justificantes, pero solamente un fanático negaría que en las semifinales, solamente mereció pasar el conjunto heleno.




Spanoulis, el RIP Hamilton griego, dio una lección a prodigios fisicos como Víctor Sada de cómo se debe encarar un partido en ataque, con lógica y aprovechando cada milímetro. Así, con su talento y el músculo bien entendido de fichajes norteamericanos muy bien hechos y Bill Laimbeers como el inefable macedonio Antic, los de rojo mojaron la oreja a un equipo que hace dos años alzaba la Euroliga. Ahora, con muchas dudas sobre el estado físico de ese maravilloso jugador que ha sido Pete, parece que los blaugrana deberán hacer trabajar a Joan Creus.




Mientras, el todopoderoso CSK de Moscú también tuvo un susto. La magia lituana incombustible de Sarunas Jasikevicius llevó a Panathinaikos a coquetear con la grandeza como ya lo hicieron los leones bilbaínos contra esa máquina de torres que es el zar de las Final Four. Con los centímetros de Kirilenko y la genialidad de Teodosic permitieron otro agónico triunfo. El baloncesto que vimos no ha ha sido el más hermoso de la Final Four, pero sí emocionante. Superado ese examen de Obradovic, se intuía que los moscovitas aplastarían al Olympiacos que ya debía darse con un canto en los dientes por pasar a la finalísima. Paralelamente, el Barcelona ganó el partido que nadie quería jugar.



       Durante muchos minutos, con un tostón ball digno de los días más defensivos del Inter de Mourinho, el segundo cuarto marcaba un sonrojante 10-9. El Olympiacos no podía y el CSK casi no quería, se fueron distanciando a base de triples y de creérselo. Mientras, Ivkovic, zorro de los banquillos y venerable caballeros, soñaba con su oportunidad, que el Moscow se relajase y que pudieran tener su tiro de gracia. Una oportunidad entre un millón Y eso sucedió. Todos, incluyendo los asistentes del banquillo, jugaron sus bazas para ir entonando las gargantas mientras el CSK se vio campeón antes de tiempo.



       El último cuarto fue una guerra de trincheras y ahí fue mucho mejor el Olympiacos, el equipo de la fe, otros años, con presupuestos millonarios, se estrelló en esta dura prueba de los elegidos del Olimpo, ahora con una nómina menos galáctica pero sí de mucho compromiso, empezó a rozarlo, con cierto Umpapá que fue llevándoles a una muerte agónica de tiros libres donde superaron a un CSK donde Teodosic recordó que a pesar de su gran talento, alterna brillantez de dirección con cierta inmadurez. No supo dejar de tirar y buscar a sus compañeros, ahí empezaron a naugragar los suyos, mientras en una excelente plantilla, nadie dio un paso al frente....



      Printezis selló el lanzamiento sobre la bocina y el Olympiacos volvía a tener las mieles del éxito. Nadie se lo creía... excepto ellos, llevaban desde el viernes visualizando aquello. Enhorabuena.

Publicar un comentario