lunes, junio 18

Se acabó, damas y caballeros, cinco partidos dan para muchos y algunos ya hablan de la final ACB con más calidad de los últimos años. El tiempo pondrá las cosas en su sitio, pero ha habido emoción y buen baloncesto a caudales, con sus tintes polémicos y algún momento para el olvido, pero, en general, combate de pesos pesados que perdurará en el recuerdo de quienes lo presenciamos.





ROUND 1: HUERTAZO



Es sumamente injusto, pero el partidazo del Madrid y el repaso de los de Laso se verá eclipsado por una jugada afortunada, la idea feliz de un Marcelinho Huertas desenfocado todo el día y que encontró la magia y la fortuna en un lanzamiento que se produjo porque Navarro estaba cubierto. Como Derek Fisher, Huertas permitió a la afición blaugrana festejar una primera victoria para nada merecida, eso sí, los de Pascual, que dieron la sensación de llegar peor, demostraron una moral a prueba de obuses.



Empezaba la final con un buzzer beater, ¿quién daba más?



ROUND 2: BESTIA NEGRA FRENADA



Los de Laso devolvieron la moneda, de la mano de un Sergio Rodríguez que fue el mejor base de la Final y que ha conseguido un acierto brutal en triples. El Madrid, con espartanos trabajos como el de Felipe Reyes, fueron logrando la segunda remontada de ciencia ficción, haciendo al Barcelona perder el criterio y la calma en el último cuarto.



1-1 y la televisión española se frotaba las manos, había final y las espadas estaban por todo lo alto.




ROUND 3: BESTIA NEGRA APALEADA



Fue el día que el madridismo llevaba mucho tiempo esperando. Sergio Llul se movía de costa a costa, El Chacho era MVP por momentos y Mirotic parecía Bodiroga, tanto en físico como dominio. El Barcelona, el terror de los merengues los últimos años bajo los aros, se convirtieron en un juguete roto que los de Laso aporrearon para deleite de su grada. La ACB nunca parecería tan cerca como cuando Pete Mickeal se degradó y respondió a simples provicaciones con violencia. Mereció ser expulsado, pero los árbitros se hicieron los sordos.



Pero ni tan evidente error pudo quitar la sonrisa de una grada feliz, habían apalizado a un equipo que pareció viejo y cansado, mientras la juventud blanca se hacía insultante.



Un basket de jóvenes y habrientos cachorros. Un basket de campeón.


ROUND 4: EL ORGULLO





Barça Pride. Sería inexplicable entenderlo de otra manera, con Ndong de paisano y Navarro, eterno y legendario, lesionado y casi cojeando, el Barcelona se hizo grande en un partido gris porque así lo quisó Xavi Pascual. El Madrid quisó correr y coronarse, los visitantes no permitieron ni lo primero ni lo segundo, partido contenido y de nervios, Wallace pareció Rasheed y cada minuto que pasaba era una losa para una afición sedienta de título.




Al final, los brindis se posponían y diez expedicionarios se juntaban en la pista, lo habían logrado... Había quinto. La ACB, sagaz, tenía hora, sábado, siete de la tarde, cuando se mira por los espectadores, éstos suelen responder... 


QUINTO ROUND: DONDE LLEGA EL DESEO




Antonio Rodríguez, excelso comentarista, lo resumía mejor que nadie. Citando a Pete Mickeal, nadie hubo más duro que el Barcelona durante todo el año, el Madrid ha jugado mejor y los culés habían perdido dos finales, pero se sobrepusieron. Wallace puso el músculo y logró que Felipe Reyes (eterno) no fuera el único gladiador bajo tablero. 



Fue el partido de las épicas, Pascual para agotado, así como Lorbek, el primer MVP que venía de una lipotimia antes de hacerse una leyenda. Mickeal olvidó su horrible versión del tercer día y cogió el estandarte del cuarto encuentro. Lo han escrito otros y llevan razón, hasta que se lesionó era una de las estrellas, sobre todo del Caja Laboral, pero a pesar de sus muchos males físicos, ha habido muy pocos animales tan competitivos en la última década en España. Él marcó la senda de un partido donde el futuro campeón supo sufrir.



Respeto asimismo, para el subcampeón, un Madrid que siempre tiró de orgullo, de Tomic, de Llul, de un Sergio Rodríguez que ha dejado regates para el recuerdo... de Carroll. No quisieron irse, dos triples a falta de menos de un minuto, como Boston, los Sixers o el propio Real Madrid, la arrogancia sana de quien no acepta la derrota hasta el último suspiro.



La tormenta de canastas cesó y Navarro alzó su séptima ACB, con la sonrisa de quien es y será el mejor jugador de Can Barça (por donde han pasado luminarias como Gasol, el incombustible Epi, Solo, Norris, Bodiroga, Fucka, Jasikevicius...) de todos los tiempos. Mientras, Laso y Pascual se saludaron como caballeros.




El Madrid no tenía minutos para la tristeza. Tienen juventud y una Copa del Rey en el bolsillo, un buen entrenador y todo el hambre del mundo... Volverán y lo saben. Mientras, el Barcelona celebró una ACB más festejada que nunca, por la dureza del rival, por ir detrás en el marcador... porque ninguno dábamos un duro por ellos... Porque eran un equipo campeón roto, pero que ganó por fe.
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