domingo, junio 10
Hay ocasiones que lo merecen. Sabes que son las cuatro de la mañana pero te quedas a verlo, sin voz, lo único que echas de menos es que no puedes verlo con Easmo, Edu Rivero, Raf, Klego y compañía. Lo echan en Cuatro y ves a Damiel y cía, siempre serenos, claro, ellos no van con nadie, ahora, el corazoncito ira un poco a Oklahoma gracias a Ibaka (ese tipo con planta de héroe y que ha jugado como nadie frente a San Antonio), pero ayer, les importaba poco quién ganase el Heat vs. Celtics. Simplemente, disfrutaban.






Como cabía esperar, los de Doc Rivers salieron a tener mesura, Miami intentó ganar muy pronto y los viejos orgullosos verdes fueron cimentando pequeñas ventajas. El truco era llegar aprestados al final y tener opciones de romper el partido. Lástima para ellos que sus tres excelentes primeros cuartos, fueran siempre seguidos por la goma de Miami. A veces era Wade (el jugador más querido por la grada) y otras Lebron, pero los de Spolestra se mantenían, sabían que sus piernas eran más frescas y que lo que no debían dejar era que los verdes administrasen rentas de dos dígitos.






Con alguna canasta y tapón para el recuerdo, la situación avanzaba y la grada de Florida se portó. Boston puso el nivel por las nubes al despedir con ovación a sus chicos en el sexto, estaba en la balanza decidir premiar un año excelente pese a las bajas o reprochar la oportunidad de oro del tercer billete a las Finales perdida... los de Auerbach eligieron el cariño y el respeto, orgullo infinito de la franquicia del trébol. 


Con todo, hubo momentos donde empezó a vislumbrarse por donde uno y otro podían hacer aguas. A Miami le pesaba un poco que llevaban tiempo sin verse en un séptimo (el último en 2005 frente a Detroit si la memoria no me falla), había temor a que se repitiera lo del quinto. Mientras, los Celtics, con la impresionante excepción de Bass, daba la sensación de que sus actores secundarios no estaban respondiendo al trabajo de Shane Battier (espléndido), Haslem y cía. No solamente tenían tres astros, sino que había acompañamiento.





Pese a lo dicho, hay algo mágico en el Big Three de Doc Rivers. Cada canasta de Garnett, Allen y Pierce, tenía una belleza especial, un gesto de viejo guerrero mientras bajaban a defender y se dejaban la piel. Puedo estar equivocado, pero la suerte no se ha portado bien con este equipo, no ha estado a la altura. Pasaron muchas cosas en el séptimo del Staples de 2010 y en estas agotadoras series que llevan jugando desde 2008, pero lo que nunca ha parecido es que hubiera nadie en la NBA con más corazón que estos tres veteranos de mil batallas. Eso y una maldita rodilla en 2009.

Y esa motividad fue contestada por un Chris Bosh que fue el héroe prometido en el momento indicado. Sus triples y su aspecto sano dieron moral a la tropa y confianza a la grada, su mecánica de tiro, perfecta y engrasada, más digna de Ray Allen que un ala-pívot, le llevó a mirar al cielo, como quien sabe que va a mandar a su escuadra al Olimpo deportivo, esas Finales de la NBA a las que se accede sufriendo mucho.




Hubo un último arreón a falta de cinco minutos, Boston dejó la gasolina vacía y el coche sin marcha. De los árbitros poco que hablar, correctos y en su papel, poco arriesgados en algunas decisiones (lo típico, si eres una súper-estrella tiros libres garantizados, si no, más te vale sangrar, no pedir replay en algún saque de banda polémico, pero en general muy bien, sin incidencia en el marcador final, que es lo importante, incluso Crawford pareció muy sereno en los momentos calientes, a veces peca de lo contrario) pero competentes, no se les escapó el encuentro.




Llegó el momento de los líderes y Lebron James clavó un triple de antología delante de Pietrus, una exhibición de fuerza, de piernas frescas, de orgullo infinito... porque él también lo tiene. Es un jugador que levanta pasiones y odios, pero siempre está en estos momentos exigentes del calendario. Mientras, para sorpresa de todos, Rajon Rondo se equivocó.




No hay palabras para describir a este chico. Un base novato que dirigió el ataque del campeón de 2008 cuando todos dudábamos de él, categoría de All Star, unos Playoffs de 2010 donde creo honestamente que fue el mejor (por encima de Kobe Bryant, Pau Gasol, Howard y Lebron, palabras mayores) y triples dobles a mansalva. Los Celtics no hubieran llegado ni en ciencia ficción a un séptimo sin Rondo, de la misma forma, el último cuarto se le hizo largo a Rajon.





Si digo que estuvo discreto, sus estadísticas me dejarían en ridículo, este jovenzuelo hace 12 asistencias dudando más de la cuenta, pero, a la hora de la verdad, se obsesionó con encontrar a Garnett. No es mala cosa buscar a su mejor hombre, pero los Heat se coscaron y se perdieron balones por ahí, bombeados e imprecisos, ante las manos atentas de Bosh y compañía. No se buscó lo suficiente a Ray Allen y Pierce en ese trance, o quizás todo fuera mérito de Miami y uno se ha vuelto un viejo exigente.


La aportación de un Sam Cassell o un Nate Robinson hubiera podido ser la diferencia. Vi a Rondo fundido después de dejarse la piel, creo que esos doce minutos finales se le hicieron muy largos, mientras Wade y James, ayudados por un Bosh imperial, incluso hacían parades, por ahí perdieron los Celtics. Me faltaba en la banca un PJ Brown, siempre sereno, un Sheed con la espalda buena o James Posey y su veneno.





Con todo, imagen para la historia el abrazo de King James con Doc Rivers. 2-2 en sus enfrentamientos de postemporada, Rivers siempre defendió el liderazgo del antiguo astro de Cleveland cuando lo eliminó, tanto en privado como frente a los micrófonos. James, que no duda en ser agradecido y nunca ha tenido ningún problema en reconocer que embarcarse en el faraónico proyecto de Pat Riley se debía a lo complicado de eliminar al Big Three entre mayo y junio, se fundió en un emotivo cruce de declaraciones con su admirado rival. "Le he dicho que un entrenador del demonio, la manera en la que quiere a sus jugadores". "Le he dicho que vaya a Oklahoma y gane su primer anillo... Es una gran persona", afirmó Rivers.





Y se notó. Puso la piel de gallina, cuando Miami consolidó su impresionante último cuarto, Rivers, un caballero que había perdido la partida con Spolestra, sacó a sus suplentes para disfrutar de estar en una Final de Conferencia en un séptimo. Tuvo un momento casi paternal con Kevin Garnett, viejo líder y señor de los tableros que se fue abrazando uno a uno con todos sus compañeros. Es oficial, pase lo que pase, Kevin es hijo adoptivo de Minnesota y Boston, nunca sabremos donde le quieren más porque son mamá y papá, las dos caras de la misma moneda. Un jugadór único, pasional e irrepetible.





Mientras, Bosh estaba en El Paraíso, su actuación pasaría a los Anales, a esas leyendas que terminamos contando los que las presenciamos. Wade, que estuvo muy elegante con Boston en su rueda de prensa, ha dado a Miami sus terceras Finales, palabras mayores. Otros honestos y excelentes profesionales como Battier, Miller o Haslem, entre otros, no ocultaban la satisfacción del deber cumplido.





Pierce y Allen, perfectos gentleman, ejercieron su complicada papeleta de quitarse el sombrero ante quien ha sido mejor y se ha ganado el billete a Oklahoma (la semana que viene hablamos de ellos, se lo prometo, con todo lujo de detalles).





Congratulations Miami Heat. You deserve that.
Publicar un comentario en la entrada