jueves, junio 7

Le podemos dar toda la prosa que queramos y disfrazarlo con dulces versos, pero a veces, no ganan los buenos. Últimamente, cualquier telediario quita las ganas incluso de levantarse, sin embargo, todo el mundo sigue esperando pequeños resquicios, grandezas cotidianas que hagan recuperar el impulso. Desgraciadamente, mazazos como descubrir que Manolo Preciado, técnico de primera división española, antiguo futbolista y uno de los hombres récords de categoría de Segunda (subió a la friolera de cinco equipos) ha fallecido hoy mismo, quita las ganas de luchar a cualquiera. Y eso que la noticia vino dada por un excelente amigo, un futbolero de pro de los que no quedan, la clase de tipo a la que Preciado le hubiera gustado entrenar.






Casi parece una convención social hablar muy bien de los que se han ido con Caronte al otro lado de la orilla, aunque hasta el día anterior se los hubiera cruficiado, en un hábito muy español que hace a sabias abuelas sevillanas santiguarse cuando suenan las campanas de los pueblos y decir entre susurros: "Ay del día de las alabanzas...". Pese a ello, como dijo Rafael Álvarez "El Brujo" en uno de sus más célebres personajes: "Hay muertos y muertos, señor Monteverde. Y éste era de primera". De primera, como las escuadras que ascendía Manolo Preciado, una de ellas lo logró pese a la falta de sueldo de la plantilla (¿les suena? pues entonces no había ni crisis, no vean lo que sufríamos sin la manida palabra), algo que un deporte tan profesionalizado casi suena a utópico, a sueño de tiempos antiguos y más sencillos. Pero lo logró, no ganó tantos combates como Aníbal Barca, pero al igual que el estratega cartaginés, Preciado nunca supo lo que era un motín de la tropa.




No obstante, si algo nos deja la historia de este jugador cántabro irreductible como ciertos galos, es la sensación de que se puede perder sin merecerlo y mantenerse siempre digno. Cierto día iba el Barcelona de Van Gaal a territorio norteño (Cantabria es España y el resto territorio conquistado, me dijo una vez un amigo de allí), aunque los culés nos las prometíamos felices, empatamos a 1 y gracias. "Ellos tienen mucha calidad... nosotros tenemos muchos huevos", fue la frase filosófica del técnico. Fue la primera vez que repare en Preciado, habría de hacerlo más veces.




Indagando un poco en su biografía encontramos muchos fuertes pérdidas personales que en no pocos casos hubieran sido lógicas estocadas mortales. No obstante, de una manera que solamente él sabrá y se habrá llevado al Valhalla, encontró las maneras de seguir. Como los más grandes, aquel tipo de aspecto landista (bajito, con bigote y de voz grave), conseguía hacer fácil lo difícil. Se llevó los mejores recuerdos posibles de aquellos seres queridos que le habían dejado, pero siguió adelante, los llevaba en la mochila y había demasiada gente que aún le quería como para echar marcha atrás. Había que estar para recordar y prosperar.




Y es que, en tiempos tan productivos y vomitivamente mercantiles, casi parece una utopía pensar en que alguien valorase tanto dejar buenos amigos en todos lados. Especialmente célebre fue su relación con Enrique Castro Quini, "El Brujo", uno de los más grandes delanteros del Sporting de Gijón y el Barcelona, segundo de Preciado durante mucho tiempo y a quien éste trataba con una delicadeza y paternalismo increíble. A Preciado nadie le tenía que explicar el respeto a las figuras y saber ser caballero entre caballeros.




Lo cual no significa no que fuera un tipo de armas tomar y que entró en guerras, a veces sin razón y otras con. No obstante, los colegas de profesión le admiraban y se lo consentían, porque sabían que no tiraba a dar y quien embiste por derecho y avisando nunca coge a nadie por delante. Quien no se lo esperaba era Mourinho, quien buscando minusvalorar mediáticamente una victoria del Barcelona, dijo que el entrenador rival había sacado un equipo de reservas a perder. Lástima para el luso que el rival fuera el Sporting y su entrenador Preciado.




Acostumbrados a que Mou lleve las cargas y la fama de poli malo para ahorrar presión a sus jugadores, a todos nos sorprendió lo que pasó, digno de Homero y para envidia de los dioses. Preciado hizo una rueda de prensa memorable donde enseñó a The Special One que dos podían jugar a lo mismo. Al técnico del Madrid, muy en el fondo, tuvo que caerle bien aquel tipo que no se achantaba ante nada ni nadie. De hecho, cuando logró que su Sporting ganase en el Bernabéu (hazaña que está considerada uno de los pocos milagros comprobados empíricamente), Mou fue al vestuario visitante para felicitar uno por uno a los integrantes de la plantilla. Nadie le había "moujado" la oreja en su casa desde el Barça de Rijkaard, en nueve años de profesional.





No obstante, a pesar de su carácter polémico, el míster que actualmente milita en el Madrid, no dejó pasar por alto una nueva desgracia en la vida de aquel buen tipo a quien el destino quisó poner la prueba de Job, demostrando que a veces, la vida da mucho menos de lo que recibe por parte de algunas personas especiales. Sorprendentemente, Preciado confesó que había estado hablando con su antiguo contertulio (si es que a aquella sucesión de egos les quedaba algo por decirse) y que Mou había estado exquisito. Desde luego, rencoroso no era un adjetivo que pudiera darse en el homenajeado de la entrada.




Desgraciadamente, aquello que podía haber terminado siendo una larga amistad, queda truncada por un infarto traicionero y que entró sin avisar. Mourinho (aparcó la rivalidad como buen culé porque hoy la ocasión lo merece), ha estado a la altura de todo lo que se espera de uno de los mejores entrenadores del mundo y, salvo durante el amistoso de Lorca, creo que no se puede mostrar mejor valía humana. Su carta a ese tipo que un presupuesto mínimo le plantó cara en el campo (0-1 y 0-1 para ambos), es un gesto a la altura de la persona a la que rinde tributo y la organización que él representa.




Y es que en un ambiente enturbiado y donde unos atacan a otros y se quiere enmascarar lo trivial para tapar las vergúenzas serias, Preciado a puesto a todo el mundo de acuerdo. Pep Guardiola, no lo dudaba y no era falsa modestia cuando se rendía ante él. Antes de Messi y hacer el mejor Barça de la Historia, era un entrenador novato que aún no había ganado un partido y fue silbado en el Camp Nou, en la víspera en Asturias, Preciado le ofreció el brazo, le dio ánimos por empezar la categoría y le dijo lo mucho que admiraba su propuesta por la cantera. Ahora, todos lo vemos, pero entonces fue una intuición digna de elogio.





No solamente los dos entrenadores (permiso de Vicente del Bosque, mediante, también emotivo en rueda de prensa) más mediáticos lo saben, profesionales de la categoría de Caparrós también se quitan el sombrero ante esta triste moraleja. ¿De qué sirve ser tan buena gente para que la vida no dejé de zarandearte? Admito que es una reflexión que a muchos nos estará rondando por este final triste, donde el bueno no ha ganado y no ha podido disfrutar con su novia y familia de esos viajes que tenía proyectados.




Antonio Gala dijo en una ocasión que un náufrago ahogándose en un gran es mucho más importante que el mar, porque el primero sabe que se muere y aún así lucha, mientras que la fuerza de la naturaleza es tan primitiva que ni siquiera sabe que lo mata. Y de todos los náufragos posibles de los banquillos españoles, ninguno merece más respeto que este tipo especial, siempre que lo veía en rueda de prensa, tan brutalmente honesto y sin pelos en la lengua, cariñoso con los suyos, me decía que ese Preciado era el típico tío que seguía dejando propina en los sitios a los que iba.





Desgraciadamente (para el destino), no han estado las recompensas a la altura. Quien siempre supo estar, incluso ante Barça y Madrid, fue uno de los irreductibles, uno de ésos que no tienen precio...







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