domingo, noviembre 11
 
 
Nos habíamos propuesto en Never Shall me down no hablar antes de tiempo de los Lakers. Los californianos tuvieron una época estival movida, caras nuevas, transición y un mal balance en pretemporada y los cinco primeros partidos de Liga no parecía suficiente para realizar ningún diagnóstico.
 
 
 
 
Sin embargo, la franquicia del doctor Buss parece empeñada en ser noticia para lo bueno y para lo malo, el glamour se paga en el estado de Hollywood y a veces pareciera que son un excelente actor con el pecado fatal de no sentirse cómodos cuando la escena es para otro. Los angelinos han despedido a Mike Brown, su entrenador la pasada temporada y que ha sentido la presión de tener que remontar a una escuadra veterana a la que empiezan a pesar los años, con una de las aficiones más exigentes de toda la NBA.
 
 
 
 
 
Brown fue eliminado el año anterior por los Thunder, uno de los mejores equipos de la actualidad, por 4-1. Fue un año movido en LA, el espectro del Maestro Zen, Phil Jackson, es alargado, además, pilares de los dos últimos anillos como Pau Gasol o Ron Artest (por motivos diferentes) han bajado su rendimiento, mientras que Kobe ha retomado en los últimos meses su doble dualidad: extraordinario en lo individual y muy discutible en su selección de tiro y para implicar compañeros. No tendría nada de extraño que se cuestionase a Brown durante las vacaciones, pero cinco partidos oficiales siguen pareciendo pocos para examinar, pese a que la mirada asesina de la Black Mamba en la derrota de Utah fue para muchos la crónica de una muerte anunciada que recordó negativamente a los días de 2004 y que provocan que muchos piensen que el excelente genio de Philly a veces quiere ser más General Manager que capitán del navío.
 
 
 
 
 
Pese a la elegancia de Kupchak y el míster durante la despedida, agradeciéndose la oportunidad y el trabajo respectivamente, ha habido algún dardo envenenado. Resulta sospechoso el buen rendimiento de la rendida plantilla de las últimas semanas frente a los Warriors. ¿Se debía el rejuvenecimiento a la marcha del coach? El segundo triunfo de los de púrpura y oro tiene un componente de espectro de amotinamiento, que se diría entre piratas.
 
 
 
 
De cualquier modo, sorprende aún más las palabras de Magic Johnson, siempre un caballero en su comportamiento dentro y fuera de la cancha, cargando contra la decisión de traer a Brown, mientras la grada corea el nombre de Phil Jackson, asociado a los días gloriosos y champán. El Maestro Zen se fue con un contundente 4-0 frente a unos Dallas Mavericks a la postre campeones (aunque Bryant resumiera el hecho en que estaba mal de la rodilla, lo cual por otra parte era cierto, pero haber podido frenar la sangría de Jason Terry y Nowitzki no hubiera estado mal tampoco), pero todo queda olvidado si asocian su apellido a anillos.
 
 
 
 
¿Volverá el triángulo finalmente o habrá alguna sorpresa poco sorprendente como Mike d´Antoni? ¿Encontrará Dwight Howard como Shaq nuevamente la evolución en las palabras orientales de Phil? ¿Podrán la cadera y su vigésimo cuarta retirada definitiva hacer cumplir sus propósitos de abandonar la NBA que le ha hehco grande, o Jeannie Buss se la ingeniará para atraer al Gran Hombre a la oficina de su padre? Nuevamente, en vez del festina lente de Octavio, en el Staples quieren la exuberancia de Marco Antonio. Nuevamente titulares, promesas y esperar que se recupere Steve Nash...
 
 
 
Pero mientras, en algún rincón de Florida, se han escuchado voces de enfado. Lebron James tiene memoria y no le gusta que se dude de su anillo y que se explique solamente porque los Lakers no andan finos... tampoco aplude que hayan quitado a las primeras de cambio a quien fue su entrenador durante cinco años en Cleveland, con quien se coló en unas Finales a costa de unos poderosos Pistons. E. Spolestra se sube al carro y, de bien agradecido, recordó su amistad con Brown y que Pat Riley le sostuviera con balance de 9-8 y le "perdonase" perder ante el mejor Dirk Nowitzki que nunca se vio (lo cual es decir muchísimo) en las Finales.
 
 
 
 
El próximo Miami-LA será algo más que un duelo entre dos de los equipos más poderosos económicamente, admirados y odiados... habrá cuentas pendientes. Y tengo mis dudas, pese a su elegancia, de con quién irá Mike Brown.
 
 

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