domingo, noviembre 25

Es muy difícil apreciar lo que se tiene. El día a día le restaría romanticismo a vivir con el amor de una vida, el mejor plato, un lunes gris, puede ver el paseo insolente de la cuchara procedente del desprecio injustificado de un gourmet malacostumbrado. Durante quince años, el Palau Blaugrana ha podido disfrutar del privilegio cotidiano de ver a un jugador único, uno de esos escoltas que han marcado el basket de El Viejo Continente y ha demostrado ser capaz de ir a la NBA y amenazar el récord de triples como novato de un señor llamado Jason Kidd.






Afortunadamente, la grada blaugrana no dejó pasar la ocasión de su séptimo triunfo consecutivo en Euroliga para rendir merecido tributo a un tipo verdaderamente insustituible. La mecánica de tiro de "La Bomba" no está en los manuales y tampoco es un prodigio atlético. De cualquier modo, nadie anota con mayor facilidad y cualquier posible carencia en explosividad queda compensada por su inteligencia en la pista, indiscutible liderazgo y carisma.





Llegada su edad, Navarro ha conseguido lo que muy pocos logran en el competido y muchas veces deshumanizado mundo del deporte profesional. El reconocimiento de propios y extraños, amigos y enemigos. A todos ha ganado en alguna ocasión y con todos ha perdido. Grandes alegrías (dos Copas de Europa, desde aquellos dos míticos rebotes consecutivos frente al CSK de Moscú a la segunda obtenida, con él ya como líder indiscutible) de un chico que ya estaba con Aíto García Reneses y ha estado de forma ininterrumpida en su casa de Can Barcça toda su carrera. ¿Toda? No, porque hubo una aldea de rebeldía cuando dejó la casa paterna para cruzar el Atlántico con su mujer y dos hijas. ¿Por qué aquel año en Memphis? Porque Juan Carlos quería demostrar que podía. 

Historial brillante con selección y en la ACB, este jugador inclasificable en su estilo, dejará un vacío increíble en la posición de escolta para el conjunto que actualmente el título de Liga. Entre muchos aciertos, mucho destacó el año pasado la declaración del técnico Pablo Laso cuando afirmaba que el número 11 era un gran anotador pero no un líder. Fiel a su estilo, Navarro habló en la pista y logró ayudar en todo momento a su equipo a recuperarse de la Copa del Rey perdida.




Igual que Isiah Thomas, ha mostrado también un corazón indomable para fajarse con tipos más altos, rápidos y fuertes que él. El talento son las llave que buscaban Montes y Salinas, pocas ferreterías ofrecen más garantías que ese gesto universal y de marca propia. Da miedo pensar cuánta gente habrá querido corregir de buena y mala fe esa heterodoxia bendita, blasfemia milagrosa de una máquina de basket callejero capaz de estar en los mejores pabellones del mundo y nunca desentonar.



Cuesta muchísimo escribir de forma objetiva sobre un jugador que igual que genios anteriores como Sarunas Jasikevicius, Arlauckas, Scola y otros grandes nombres, nunca ha dejado indiferente a nadie. No es el que mejor defiende... pero defiende. No es la mecánica a enseñar en los entrenamientos... pero los balones entran. Simplemente Navaro...
Un talento indiscreto de los que ya no quedan. El Olimpo del basket español aguardará cuando Navarro decida que ya es hora de pasar a la Historia con los Fernando Martín, los Fernández (ellos y ellas), San Epifanio Epi, Iturriaga, su queridísimo amigo Gasol, el añorado Garbajosa y tantos otros que han permitido esa generación de malcriadores que comenzaron cierto día en Lisboa donde se colgaron un oro.
Más allá de los colores, sus 15 años son una alegría global de un auténtico genio de las canastas. El más indiscreto de los talentos...
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