domingo, noviembre 4
Ha comenzado el curso baloncestístico 2012/13, con fecha que debería finalizar en la abreviatura d.DS (después de David Stern). El Comisionado que durante décadas ha dirigido el engranaje comercial y las normas de la publicitada NBA, deja un legado sumamente interesante, con puntos a favor y otros mucho más discutibles, la Historia irá dictando balance de uno de los nombres claves del negocio.







No obstante, la inmediatez del momento lleva a no pocos foros y blogs a hablar de la crisis de los Lakers. Casi parece ridículo hablar de bache cuando apenas han pasado tres encuentros, pero, a pesar de la glamurosa política de fichajes, algo no cuadra en los de Mike Brown que no fueron capaces de ganar un encuentro en pretemporada. Junto con las respuestas de Kobe (excelsas en la cancha con sus puntos y cuestionables por su altivez ante los micrófonos), los de púrpura y oro han sorprendido, pero, acaso en mayo este quinteto magnífico haya despejado todas las dudas... o las haya confirmado.






Y es que a pesar de que los despectivamente llamados "Jurassic Knicks" demostraron su categoría en el Madison frente a los vigentes campeones, aún es pronto para lanzar ningún pronóstico, si Harden se ha equivocado al abandonar un gran equipo o son los Thunder quienes no han valorado a un excelente anotador. No obstante, Never Shall me Down querría hablaros de la historia de dos viejos amigos. Ray Allen, que hoy es noticia porque con un triple maravilloso ha dado una sufrida victoria a los Heat, ha tenido un verano de locos. 
Pieza clave del Big Three montado por Danny Ainge desde los despachos y dirigido en el banquillo por Doc Rivers, X Ray ha sido uno de los mejores tiradores de siempre, quedando para el recuerdo su abrazo con Reggie Miller tras batir el récord del mítico lanzador de Indiana. Allen fue vital, junto con Kevin Garnett y Paul Pierce, del anillo de 2008, así como del subcampeonato de 2010. Su marcha durante época estival ha sido una dolorosa salida para los fans verdes, que habían acariciado la idea de que el veterano escolta se retirase como céltico.





Si solamente hubiera sido un traspaso más, no habría dolido tanto, pero el cotizado astro acabó recalando en el Sol de Florida de los dólares de Pat Riley. Miami y Boston han desarrollado una fuerte rivalidad, traducida en tres duelos de postemporada (2010, 2011 y 2012), el último de ellos solventado en un agónico séptimo encuentro. Pasarse a la Némesis del Este ha sido una bofetada para muchos irlandeses del trébol, pero nadie se lo ha tomado peor que Kevin Garnett, quien antes de empezar el balón a rodar, reconoció que ya no tenía el móvil de su amigo, a quien ya no necesitaba llamar.






Pasional e impulsivo, Kevin ha sido desde su aterrizaje como profesional del instituto uno de los ala-pívots más brillantes y pasionales de los últimos años, un lujo para los espectadores. Sin embargo, también se ha ganado muchos enemigos por su continuado trash talking y auto-exigencia, que traslada a sus compañeros. The Big Ticket no entiende de economías familiares de los Allen ni de su elegante salida ("Siempre recordaré que en el último partido en el Garden, perdiendo de veinte, la afición nos aplaudió"), por lo que muchos se frotaban las manos cuando el calendario hizo debutar a los dos finalistas de la Conferencia Este en el encuentro frente a los Heat. 


Cuando todo el mundo esperaba que el antiguo mito de Minnesota fuera la causa de más discordia, fue Allen, siempre considerado el más tranquilo del exuberante Big Three, quien destapó la caja de los truenos. "Que abucheen a su equipo", declaró, harto de los rumores sobre si le silbarían sus antiguos admiradores. Doc Rivers, antiguo mentor y hombre taimado, también parecía contagiado de los tambores de guerra: "No quiero que mis chicos odien a los Lakers, sino que lo hagan con los Heat. Miami nos ha hecho mucho daño estos últimos años".
Llegado el día D y la hora H, Rivers y Allen parecieron re-encontrarse con ellos mismos. Ambos se fundieron en un emotivo abrazo segundos antes del salto inicial. Uno por uno, los célticos iban saludando a su antiguo anotador y sonriendo, relajados ante aquellos últimos meses, sonriendo ante aquella elegante reconciliación. ¿Todos? No, como hubiera dicho René Goscinny, había un pasional interior que no se iba a ablandar ni ante lo políticamente correcto... Inalterable, Kevin permaneció sentado en el banquillo mirando al suelo y renunciando a apretar aquella amistosa mano alzada. A Allen no se le cambió la sonrisa y volvió con sus nuevos compañeros.
Tampoco le alteró la puntería, siendo pieza clave de la primera victoria de los defensores del título. Garnett, fiel a su estilo, se partió la cara en la pintura con jugadores mucho más jóvenes ni no aceptó la derrota hasta el último suspiro. Ante los micrófonos, algunos malpensados esperaban pullazo de su ofendido amigo, pero Ray, tras su transitoria salida de tono, estaría a la altura de su reputación: "Simplemente Kevin es así, siempre concentrado antes de un partido, sin pensar en nada más. No hay problema".
Pasarán muchas cosas esta temporada, pero X Ray se ha ganado el respeto de muchos por su sensatez y caballerosidad, no solamente excelentes tiros de tres. Y, los que siempre hemos admirado al Lobo, esperamos que cuando pase la pasión, sepa entender la tontería realizada y que le debe una disculpa a un amigo, a un muy buen amigo... aunque ahora jueguen con jerseys distintos.
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