domingo, diciembre 16

El pasado miércoles, el estadio del Arcángel pudo disfrutar de la presencia de unos octavos de final de la Copa del Rey muy especiales. Tras décadas, el Fútbol Club Barcelona volvía a visitar Córdoba, en un clima de excitación para la ciudad. Atrás parecían haber quedado los duros años en segunda B, el año pasado con Paco Jémez, se coqueteó con el ascenso y esta presente temporada, la afición cordobesa sigue respondiendo fiel a su cita y soñando con que la meta de Primera División no esté tan lejana en el horizonte como antaño.





Llegaron los blaugrana, fieles a su costumbre heredada de Pep Guardiola, el mismo día del partido, a ese hotel "oxidado", tan bonito por dentro como objeto de polémica arquitectónica en el exterior. Tito Vilanova comandaba una expedición que se mediría a su colega Rafael Berges, con quien compartió vestuario en el Celta de Vigo, cuando ambos eran futbolistas profesionales. No tuvo nada de extraño un emotivo abrazo entre ambos en un clima de expectación. El estadio, pese a una entrada muy alta, no llegó al lleno absoluto, pese al ambientazo y algún detalle ocurrente como el cántico en el minuto 54 para conemorar el aniversario del club.




¿Qué puede explicar que una escuadra que ha ganado tantos títulos y con una propuesta futbolística tan atractiva no haya logrado colgar el "no hay localidades"? Honestamente, cualquiera que hubiera estado en las inmediaciones viendo la recepción a los autobuses de ambos equipos, hubiera pensado que no cabría un alfiler. Pero, la realidad es que mucha gente se quedó con el deseo de disfrutar del show. En uno de los síntomas de esta crisis que va desde el cine, pasando por el teatro o, en este caso a los espectáculos deportivos, la organización prefirió inflar las entradas (casi imposible encontrar algo decente de menos de 70 euros, salvo el lógico y razonable descuento a los socios) que hacerlas disponibles a todos. Dudo que una ciudad que está sufriendo muchos estragos en desempleo, pudiera permitirse tales dispendios de forma generalizada (metiendo también crítica al eterno fenómeno de la reventa y la especulación, a la orden del dia en cualquiera de estas situaciones).  




Comenzó el partido salpicado de Twitter, merced de un comentario malinterpretado de G. Piqué. El defensa culé, tan conocido por su categoría sacando el balón jugado como por su relación con la popular cantante Shakira, tuvo que sufrir los silbidos desde primera hora de la afición local. Aunque alguna ocurrencia fue graciosa y elegante (¡El próximo aeropuerto, que lo pague Piqué!), algún cántico de los sectores más radicales rizó el rizo (aunque no fueron la tónica media de un comportamiento del público en su mayoría, impecable). El central, que parece presentar una cabeza tan alocada como sensata cuando se aplica un poco, dio un recital de los grandes.





Hace algunos años, a la altura del verano de 1997, en el Santiago Bernabéu, pude disfrutar de un jugador muy especial, un Fernando Hierro que fue una de las causas de que yo y algún amigo barcelonista "disfrutásemos" de un baño merengue en la Súpercopa de España por 4-1. A pesar de los colores, aquel cierre alto, de presencia imponente y con llegada, causaba un impacto brutal visto en directo. Hoy por hoy, me creo lo que ha dicho Piqué de que fuera una de sus referencias y que le haya ayudado mucho en la selección. En la actualidad, el Camp Nou puede disfrutar de un Fernando Hierro 7.0, un tipo capaz de destruir creando y que es realmente el alma de una zaga que juega muchos metros por delante de su área. 


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Espabilado y cómodo en estos focos, Piqué no tuvo un reproche al respetable y luego supo abrazarse a los rivales del Córdoba y felicitar vía Twitter (una herida cierra otra herida) la atmósfera de Liga BBVA (qué bien se llevan los bancos con el deporte profesional, feliz casualidad) que habían respirado en el Arcángel. Tiene algo de captación de benevolencia como decían los maestros latinos, o incluso populismo si quieren, pero no se le puede negar al César lo que es del César y Piqué no fue solamente el MVP del encuentro, sino que se encuentra cómodo en el escenario y que sabe salir de cualquier apuro, incluso en los que él mismo se mete. Un crack increíble la verdad, un lujazo verle sacar la bola desde atrás y frenar casi siempre sin faltas. Se mueve bien en los focos este nano.





Con todo, pocos se llevaron más luces que el Córdoba en una primera parte valiente. Lejos de sentir la presión de verse goleados y animados desde el graderío por un griterío incombustible, vimos mucho antes una estirada de Pinto que alguna aproximación peligrosa a los dominios de M. Saizar. López Garai, entre otros, daban oxígeno y evitaban que el centro del campo fuera coto de los de Vilanova, durante bastantes minutos, se barajó incluso la sorpresa. Hasta que llegó el asesino silencioso.





Lo de Messi es increíble y el Arcángel podrá presumir para la posteridad de haberle visto el día 1 d.R. (después del Récord). El argentino es, a pesar de ser apenas un veinteañero, un digno candidato al Olimpo de los elegidos (donde estarían Pelé, Maradona, Cruyff, Di Stéfano [quien por cierto ha sufrido el lamentable trance de perder a una de sus hijas, todo el respeto a la familia de la Saeta Rubia] y un distinguido etcétera), aunque tiene un estilo aparte. Parece que no está y de repente, como en el primer gol, clava la daga en el sitio preciso. Con algún defensa tan competente y contundente como Gaspar, La Pulga encuentra huecos inverosímiles y convierte el gol en una realidad tangible donde para otros no existe.





El 0-1 (quizás injusto por lo visto hasta ese momento), provocó algún pique (dialéctico simplemente) entre unos y otros. Igual de respetable era quien defendía los colores de su ciudad con sus pulmones y la entrada religiosamente cobrada, o, el que prefería optar por el que es el equipo de sus amores desde la cercana lejanía. Simplemente dos cosas me sobraron en ese aire que se respiraba, las entonaciones de ¡Arriba España! (no tengo nada contra esa frase, pero todos sabemos que solamente se hace a determinados combinados vascos y catalanes, mezclando política y deporte, poniéndose a la altura de los respetables profetas que quieren convertir a 11 tíos de todas las nacionalidades en pantalón corto en el ejército privado de tal o cual nacionalismo, haciendo un flaco favor a ambas) y ese perfume a prepotencia que a corto plazo es muy satisfactorio y al final puede ser dramático que se vive en una parte de la hinchada blaugrana de todo el globo, encantada de conocerse a sí misma y del estilo de juego de esos 11 magos, donde hay alguna luminaria como Xavi Hernández que hace a adversarios y devotos, ponerse las manos a la cabeza ante lo inteligente, preciso y elegante de todas la acciones que contempla en el rectángulo donde hace magia.





Batir la hazaña de G. Müller coloca a Messi con otra gesta de una carrera que empieza a tener tintes de leyenda, aunque algunos titulares como Hace olvidar a El Torpedo, Récord reventado o pulverizado, hacen preguntarse a uno si las personas que la escriben y ahora beben los vientos por el genio de Rosario, han tenido alguna vez la curiosidad y la suerte de ver algún partido de los convervados de uno de los delanteros centros más inteligentes que nunca han salido de Alemania. Si por las ansías casi enfermizas de jugar se hubiera roto ante el Benfica (afortunadamente no fue así por el bien del fútbol), la historia se hubiera escrito con un refrán: La avaricia rompe el saco.


Como improvisado corresponsal de Never shall me down en el Arcángel voy a medir unas palabras que espero no causen polémica. He tenido la inmensa fortuna de ver a daimones de la talla de Juan Carlos Navarro, Raúl González, Rivaldo, Pau Gasol... Como barcelonista, no se puede expresar la deuda impagable, que dirían en Lawrence de Arabia, que tiene cualquier aficionado del Barça con esa servilleta que permitió la firma de un tipo que ha sido la bandera de la etapa más brillante de una entidad con más de cien años. Decir que tiene la mejor técnica individual que nunca he visto, me cuesta tan poco como señalar que, bajo mi modesta opinión, tiene un talón de Aquiles, o mejor dicho, como diría Marhabal, que los dioses no conceden todos sus dones a una sola persona.




Si Piqué, pese a sus defectos, tiene un carisma innegable, más allá de la increíble alegría que da verle jugar, Messi me parece que en este intangible no está (a diferencia del resto de virtudes, donde iguala o supera a los mitos) entre su ramillete de virtudes. Aún quedan testimonios para quienes hemos viajado a Sevilla, de amantes de este deporte que tuvieron la suerte de ver a un Maradona ya decadente y en plena invasión de sus peores demonios. No obstante, aún así seguía llenando un estadio calentando. Durante los 90 minutos, Messi puede hacer lo que quiera en el césped, no ha habido nadie como él y tendría que remontarme a Jordan para encontrar algo parecido, no obstante, fuera, entre bambalinas, su estilo, respetable, no me llega a llenar.





Teniendo en cuenta las caballerosas e impecables palabras de felicitación de Müller y El Káiser por haber batido el registro del primero, no creo que sea un alarde de ingenuidad haber imaginado que aprovecharía el astro los octavos, o cualquier otro momento, para lanzar un guiño cariñoso al ilustre oponente derrotado, o, incluso, tener la honradez de admitir que su estratofésrica cifra se había conseguido con más partidos disputados del bávaro y en una Champions donde no existe el riesgo de irte a las primeras de cambio y tienes garantizados seis partidos contra rivales buenos, pero donde no todos son los campeones de su Liga.




Nada de eso, ni el primero ni el segundo de los tantos. Hay una tónica imperante en el entorno de la Ciudad Condal de festejar mucho y mirar poco por el espejo retrovisor, pero, quién sabe, si dentro de mucho, mucho tiempo, no habrá algún otro chico o chica fabuloso que logré batir lo que hoy resulta impensable. ¿Qué pensarán esos fans incondicionales de La Pulga si ven esos mismos titulares y ese desconocimiento de la Historia, ninguneando a alguien que ha sido único? Qué bien les hubiera venido ver cómo llevó Ray Allen superar el número de triples anotados por Reggie Miller, cerrado en una magistral invitación. Pero divago. Volvamos al Arcángel.



A pesar del primer gol, el Córdoba siguió apretando con valentía y logró batir los dominios de Pinto en una jugada que llevó por unos segundos al éxtasis a un montón de gargantas. El resto es cuestión conocida. Probablemente  anulado de forma legal (aunque por milímetros) el gol, muchos cordobesistas se echaron a la yugular del colegiados y los linieres. En honor a la verdad, y yo soy el primero que "raja" de los colegiados, no me explico como esos 22 tíos ganan tanto por hacer bien su profesión, mientras estos señores de negro estuvieron desde el minuto 1 ecuchando de todo menos bonitos ( y recalcando que lo vivido en cuanto a presión al estamento arbitral, fue Heidi con lo que se puede escuchar en el Calderón, el Camp Nou, o el Bernabéu, por citar donde he estado) sin alterarse o perder los papeles.




En líneas generales, los árbitros estuvieron muy bien, solamente fue censurable no mostrar cuanto menos una amarilla a la imponente presencia de Song, con muy reiteradas faltas que solamente recibieron amonestaciones verbales. Los últimos 45 minutos, fueron una verdadera sinfonía de un Barcelona que se encontró muchísimo más cómodo que en la primera. Volvió a ser Messi, pero bien pudo haber vuelto a abrir la lata un Pedrito que pareció confirmar en Córdoba que le falta su usual alegría y desparpajo.




Sin ser uno de los mejores partidos de lo que ha supuesto el Barcelona en las últimas temporadas, verles hacer un rondo tiene un efecto hipnótico y que permite entender porque muchos analistas colocan a este equipo a la altura del Milán de los 90, el Madrid de Di Stéfano o la Brasil del 82, por no reiterarnos en los ejemplos. El Córdoba, como tantos otros, hizo un honestísimo esfuerzo persiguiendo un balón que se movía de un lado a otro con una facilidad tal que por unos instantes, incluso hacía olvidar que no hubiéramos podido deleitarnos con la presencia de Andrés Iniesta. Como era lógico, la salida de David Villa fue correspondida con un sonorísimo aplaudo de todo el estadio.




Acabado el partido con 0-2, la eliminatoria aún necesita su vuelta, aunque ni Klego ni yo podemos permitirnos cubrir la noticia con otro corresponsal en Barcelona (aunque ya nos gustaría perdernos a muchos en esa maravilla de ciudad en una época como las Navidades, teniendo en cuenta el abanico de posibilidades que presenta en todos los frentes).



Eso sí, el miércoles pudimos disfrutar de un encuentro que esperamos, no necesite otros cincuenta años para producirse.




Ah y sí, lo han adivinado, que fuera el Barça y el equipo de mi ciudad animó ligeramente que me mostrase voluntario a ser el corresponsal de esta noticia, aunque me supusiera un terrible esfuerzo.

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