lunes, diciembre 3

Permanecía en el recuerdo. John Stockton y Karl Malone habían logrado el vigésimo octavo milagro de la temporada 1997/98, para los Utah Jazz. Sin embargo, a las puertas de un séptimo partido, Michael Jordan congeló el tiempo y a uno de los mejores equipos que nunca ganó un anillo, para dejar una suspensión que permanecería en el recuerdo. El último tiro de MJ en la NBA. El mejor de siempre en la utópica página final que todos sus fans a lo largo del globo soñaban.





Sin embargo, a las alturas del año 2001, el mítico 23 se planteaba volver. A pesar del inmejorable sabor de boca dejado a la grada, le tentaban sus contactos en Washington para volver a enfundarse el pantalón corto. Carente del salto de antaño y con varios años más a cuestas, un Jordan envejecido pensaba que aún podía dar guerra, especialmente en la Conferencia Este. El Far West era brutal en aquel nuevo milenio (había no menos de seis escuadras capaces de llevarse el anillo perfectamente), mientras que en lado oriental del cuadro, sus Chicago Bulls habían dejado un vacío de poder llenado por delfines y talentos exuberantes, pero con un nivel medio más factible.





El ejmplo se lo confirmó un Allen Iverson iluminado durante el verano de 2001. Llevando a unos correctos y meritorios Sixers, a vencer batallas contra rivales superiores, había llevado a la Ciudad del Amor Fraternal a una nueva Final, donde la lógica se impuso con un contundente 4-1 de los Lakers, aunque el bajito genial hizo soñar que todo era posible en un primer día en el Staples donde su corazón se impuso al combo demoledor Kobe Bryant y Shaquille O´Neal.



Allen no era desconocido para el mítico jugador de North Carolina. A fin de cuentas, como descarado rookie, el jovencito le había hecho un regate para el recuerdo al mejor defensor de la Liga. Los Bulls impusieron la lógica, pero el problemático pachanguero de calle e infancia difícil había copado todos los titulares. Los medios especulaban con una posible mala relación, pero en los diferentes All Stars donde coincidieron, The Answer, como apodaban al recién lelgado, mostraba una fuerte pleitesía filial por el monarca del Imperio de David Stern.




No obstante, a diferencia de otros jóvenes prodigiosos (Vince Carter, Kobe Bryant, Gran Hill...), desde temprana edad, el indomable e indisciplinado anotador buscó distanciarse de las odiosas comparaciones. Ni Magic, ni Bird... ni el propio Mike. Iverson no quería otro camino que no fuera el suyo. Y lo lograría, si bien algunas voces autorizadas se burlaban con gracia de su tendencia individualista (el gran Charles Barkley le título "Yo, yo mismo y Allen Iverson"), su  MVP en regular season y sus exhibiciones ante los mejores jugadores del mundo hicieron que toda la NBA supiera que merecía la pena pagar una entrada si aquel chico de tatuajes salía a jugar. "Pon los mejores movimientos de Michael Jordan... luego pasa la cinta rápido... eso es Allen Iverson", declaró de forma clara el presidente de los Sixers, fanático devoto del hombre que escogió a AI por encima de nombres como Steve Nash, Kobe o Ray Allen, entre otros.




Por desgracia para Jordan, con los chicos blue de la capital, no habría tanta suerte como aconteció en sus toros. Una desafortunada lesión rompió su primer año, sin el premio de las postemporada. Algunos de los fichajes no cujaban y cuando explotaban, como le ocurrió a RIP Hamilton, era ya en otra franquicia. No obstante, seguía llenando una cancha con su sola presencia y si bien era incómodo verlo jugar contra su eterno socio Pippen, eran las últimas oportunidades de ver las suspensiones más míticas de la Historia del juego.





En el último trampo del curso 2002/03, se produjo la tercera (y ya definitiva... de momento) retirada del hombre que según Larry Bird, era junto con Maradona la única prueba palpable de la existencia de alguien ahí arriba. No fue en LA, tampoco en Boston... quisó el calendario que unos desilusionados Wizards despidieran al favorito de muchos en la ciudad del Amor Fraternal. Los Sixers supieron comportarse acorde con su tradición... y, como excepción a la regla, Iverson dejó su díscolo estilo para ponerse más formal de la cuenta.
Fue un partido que lo dominó Jordan en lo emocional, robando todos los focos del principio. Con el balón en juego, eso sí, Allen Iverson comandó una fácil victoria de los locales, con su estilo de crossover y suspensiones que eran marca registrada. Era lo que se esperaba del chico indomable, no regalar un centímetro en la cancha, y ser un fan más cuando se despidió de uno de sus ídolos. Era el último partido del exponente máximo de la Vieja Escuela. Ahora, la NBA quedaba en manos de jóvenes príncipes talentosos, pero quizás ninguna aunase tanto daimon en tan escaso cuerpo.
"Me hubiera gustado que hubiera tenido otra actitud en los entrenamientos... Pero nunca, nunca pudimos quejarnos de lo que hizo en la cancha, lo daba todo cada noche. Ojalá jugase una temporada más para que el público pudiera agradecerle lo mucho que hizo. Aún hay gente en aeropuertos que me para... no me conocen, pero dicen "Tú entrenaste a Allen Iverson. Cuéntame cómo es..."", señaló Larry Brown, con quien tuvo una intensa relación de amor-odio durante sus años juntos como entrenador y jugador estrella.
Desafortunadamente, a pesar del cariño incondicional que sigue generando en legiones de fans por todo el globo, Iverson no tuvo la salida de su admirado Jordan. Actualmente, como le ha ocurrido a otros compañeros de generación, se haya en la bancarrota. La mala cabeza y la falta de mesura a la hora de canalizar un excelente talento deportivo han penalizado a este genio de la calle que afronta unos momentos personales muy duros, divorcio incluido algo que, desafortunadamente, no es moneda infrecuente en este Olimpo intenso y efímero de las ligas profesionales, donde premios y castigos parecen excesivos en lo económico.
Lo que siempre ha sido indudable es que AI ha generado un sentimiento de "uno de los nuestros" en el club de los jugones... Y ojalá algún día tenga ese último partido que tanto merece.
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