domingo, marzo 3
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Hay tipos especiales que necesitan que se les preste la atención debida. El legendario Rick Barry recordaría mucho tiempo después cuando, hablando de baloncesto universitario, su amigo Oscar Robertson, le dijo que había un muchacho llamado D. Wade que deslumbraba en Marquette y sería un nombre a tener muy en cuenta.  Naturalmente, Barry, que no tenía un pelo de tonto, no pensaba cuestionar al jugador que logró promediar un triple-doble durante toda una temporada en la feroz NBA, por lo que empezó a hablar muy bien de aquel chico en sus análisis y pudo coronarse como acertado profeta al verle, junto con Shaq, aupó a los Miami Heat para su primer anillo en 2006. 





Son momentos de chispazo e intuición. He jugado con mucha gente estupenda en el parque, a no pocos de ellos puedo preciarme de llamarlos amigos; entre ellos, ocupa un lugar destacado José, alias "El Gitano" (dicho con todo el cariño del mundo y mote auspiciado por él mismo). Me venía recomendado de Jimmy y "Guigui" González, dos viejos clásicos, por lo que tenía bastante predisposición a que el escolta me cayese bien, pero las expectativas fueron superadas por su calidad personal, más que por sus puntos y saltos, que ya es decir. Así que, cuando José me enseñó en su móvil los vídeos de un jugador en el que apenas había reparado, igual que Barry, sentí la necesidad de agudizar los sentidos porque era inusual el tono admirativo de su descubridor. 



Curiosamente, Jimmy Butler también venía de Marquette y había ganado un padrino poderoso. Michael Jordan, considerado por muchos aficionados y especialistas el mejor jugador de baloncesto de la Historia, había afirmado que "Ese chico tiene algo especial". Por supuesto, en La Ciudad del Viento, Chicago, donde la palabra del 23 sigue siendo texto revelado, esa apreciación no pasó desconocida. Curiosamente, en otro asombroso paralelismo con Flash, este muchacho texano nacido en 1989, no había venido al mundo en una coyuntura precisamente favorable. 





Cierto General Manager reconoció en 2011, durante la elección del Draft, que aquel muchacho era una de esas historias que llevan a uno a reconciliarse con el país de la tarta de manzana. Tras conocerse en un training-camp en verano donde descubrió el triple como un arma más de su reperotrio, Jimmy, salido de un hogar desectructurado por la falta de referente paterno y criado en un suburbio desfavorecido de Houston, Jordan Leslie acogió a aquel chico que parecía haber encontrado en el baloncesto el mejor escudo para no caer en las tentaciones que habían acabado con los sueños de muchos otros jóvenes de su barrio natal.




La familia de Leslie podia brindar todas las cosas que la esforzada madre de Jimmy y el resto de su clan podían. De cualquier modo, al acogerlo, no lo hacían solamente por su talento baloncestístico (especialmente en defensa) sino también a un muchacho que sabía hacerse querer y que se esforzaba de una forma atípica para un chico de su edad. Butler sigue estando muy agradecido a aquella oportunidad que le llevó a una de sus etapas marcadas, la NCAA, su traspaso a Marquette provocó la explosión de un talento exuberante, un dominador de tableros y que avanzó atractivamente asimismo en el juego ofensivo.





Posteriormente, hay que hablar de estar en el momento justo y el lugar indicado. Tras sus sufridos inicios, Jimmy llegó a la batuta de Tom Thibodeau, quien fuera el gurú defensivo de los orgullosos Boston Celtics de Doc Rivers, aquel equipo que pese a tener un "único anillo" de 2008, obtuvieron la definición de Miguel Ángel Paniagua de que habían demostrado como honrar una camiseta de baloncesto. Y ya como entrenador jefe, amparado en el talento de D. Rose, el nuevo técnico necesitaba piezas como Butler para funcionar como un reloj defensivo y convertir a la franquicia de los toros en la maquinaria más efectiva frustrando el ataque de la Conferencia Este. 



Lo que ha ido pasando es historia conocida. Nunca habíamos visto a Kobe Bryant (uno de los mejores atacantes de todos los tiempos), tan limpiamente frustrado por un joven discolo que incluso osó alguna suspensión "jordaniana" para desafiar a un futuro Hall of Fame. De cualquier modo, lo llamativo de aquel marcaje, que no pudo hacerse de mejor manera, fue su pulcra ausencia de faltas personales. Thibodeau hubo de sentirse muy satisfecho... pero, como mi amigo José hubiera dicho, no era el único. 




La debilidad se trasmite entre los jóvenes toros de Chicago. Rose, ese talento cuya lesión cambió la configuración de toda la postemporada, ha dejado claro que el joven Butler es uno de sus requisitos para seguir con el rodaje del que puede ser uno de los futuros conquistadores del anillo. 



Never shall me down también ha caído rendido con esa sensación que tan bien es conocida por los amantes de este juego. Como cuando empezamos a fijarnos en un jugador de tatuajes procedente de Philly y al que apodaban The Answer por su forma de dominar el juego desde menos de un metro ochenta, o la versatilidad de un tal Rasheed que daba siempre la sensación de poder liderar todas las estadísticas de los Blazers sin esforzarse mucho, o un chocolate blanco que usaba los codos sin hacer falta...




Apunten el nombre y el dorsal 21.



Este Jimmy es uno de los nuestros, uno de los jugones... José, llevaba razón, un tipo especial.



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