jueves, mayo 2

Más que hablar del tan trillado concepto de fin de ciclo, para ejemplificar lo acontecido ayer en el Camp Nou, bien podríamos hablar de end of the saga, como dirían los Leguineche, o incluso final de una dinastía. No son paños calientes, pero el término, tan propio de la NBA, muestra el respeto debido al rival eliminado. Para que una dinastía concluya, ha tenido que reinar. Y, durante seis años, el FCBarcelona ha enseñoreado su fútbol de toque con cuna en la cantera, por todo El Viejo Continente.

No ha sido así, en lo absoluto, durante dos semanas infernales donde el Bayern de Münich de Jupp Heynckes le ha arrollado de una manera incontestable y que ni el mayor detractor de los culés hubiera pronosticado un mes atrás. Hace cuatro años, la escuadra azulgrana se tomaba cumplida revancha del paseillo triunfal del Real Madrid en la Liga 2007/08, para, obtener un histórico 2-6 en el Santiago Bernabéu en uno de los días más simbólicos para la capital española, con la sublevación ante las tropas de Napoleón Bonaparte, comandadas por su cuñado, Murat.
Con mucha elegancia, Iker Casillas, portero madridista y uno de los mejores guardametas de las últimas décadas, admitió que, "Cuando juegas ante un rodillo, poco más puedes hacer", rememorando sus intervenciones y despejes, evitando una goleada aún mayor en un asedio orquestado por los hombres de Pep Guardiola. No fue solamente el Madrid, otros equipos de la Liga y de Europa fueron incapaces de frenar a un Barça que mejoró aún más las prestaciones obtenidas con el gran Fran Rijkaard. Entre ellos, el Bayern de Münich, deslumbrado ante 4 goles en 45 minutos, por una delantera formada por T. Henry, Lionel Messi y Samuel Eto´o. Fue una eliminatoria donde los bávaros, eternos aspirantes a "La Orejuda", hubieron de tomar nota de un modelo que lograría dos Champions (2009 y 2011), además de muchos títulos, nacionales e internacionales.
 De cualquier modo, cual alguien inteligente cae, se pone a pensar. Y, entre otros, el Bayern contaba con figuras como Franz Beckenbauer, "El Káiser", quien de las cenizas de esa derrota empezó a recomendar un cambio de filosofía en su club, para seguir en lo más alto. El Barcelona seguiría arrasando y siendo capaz de proezas tales como endosar un 5-0 por primera a un equipo comandado por José Mourinho o elevar su fútbol de toque a otra escala en Wembley, donde Sir Alex Ferguson reconoció "Nadie nos había dado una paliza así".


Esa reconversión se tradujo en el afinamiento de una plantilla que fuera competitiva y no tuviera esa sensación de impotencia ante un rival (el Barcelona acabó con un global de 5-1 la eliminatoria, convirtiendo práctricamente en trámite la vuelta, pese a las peticiones del veloz extremo Ribery, apelando a la épica). Jupp Heynckes fue añadiendo elementos a su plantilla, como Arjen Robben, el brillante jugador holandés con salud de cristal y que había sido uno de los principales damnificados por el 2-6 protagonizado por el Barcelona, al militar él en el club merengue. La salida fue traumática para el holandés, quien sintonizaba muy bien con la afición de los blancos.
Con el ya citado francés y Robben, los alemanes lograron dos puñales para las alas adversarios, aunque no fue un proceso fácil. Robben sería muy señalado por fallar el penalti decisivo en la final contra el Chelsea del año pasado (donde el Bayern pagó muy cara la presión de de ser locales y el voraz hambre de un Didier Drogba decidido a no despedirse de los blues sin hacerlos campeones), mientras que Ribery, imaginativo atacante, lo pasó mal con las peticiones defensivas de Heynckes. Verle ayer bajar a defender con maestría y poner en tantos aprietos a un Dani Alves que pareció incapaz de encontrarle respuestas, parecía marcar la transición y cambio de tendencia. El descarado brasileó había sido uno de los grandes fichajes del Barça de Guardiola, pero en estos 180 minutos, tanto él como Jordi Alba (el gran as en la manga de Vicente del Bosque para Eurocopa), fueron eclipsados por las dos dagas rojas.




Paulatinamente, el Barcelona evolucionaba su estilo, aunque también dejaba alguna cosa en el camino. Pep Guardiola se inventó una nueva demarcación para Messi, quien pasó de ser un excelente jugador a un ganador de cuatro Balones de Oro y el mejor falso 9 del mundo. Con unos registros goleadores de ciencia ficción, el experimento Guardiola sorprendió en la propia Argentina y consagró a "La Pulga" como el buque insignia del club. En su empeño, por cuestión de feeling, Guardiola dejó escapar a Eto´o (cuesta imaginar al Inter eliminando a los culés sin contar con el camerunés) y tampoco hizo mucho por retener a Henry.
Mientras la llegada de Ibra como el fichaje más caro del Barcelona se traducía en un fulgurante inicio y un decepcionante final para las expectativas creadas, el Bayern descubría talentos que habían pasado a los ojos de los mejores ojeadores, desapercibidos. Con su colosal presencia y sentido del desmarque, Mario Gómez se destapaba y se iba convirtiendo en la presencia que tanto ha temido el conjunto catalán en los córners, fundamentalmente el partido de ida.



La pasa temporada, el Chelsea fue el verdugo de sendas escuadras. Heynckes tomó buena nota del desgaste que fue la durísima serie contra el Madrid (saldada con las heroicidades de Manuel Neuer incluidas) y que llegar con gasolina al depósito sería decisiva. No le ha sido fácil este curso al técnico de 68 años, antaño, mítico delantero de la mejor versión de Borussia Mönchengladbach, sabiendo que ya tenía sustituto. Efectivamente, los directivos muniqueses (que incluyen a antiguos mitos del equipo como Hoeness, Rummenigge), lograron el sueño de "El Káiser" Beckenbauer y se hicieron con los servicios de Pep Guardiola. Con Heynckes aún activo, no ha sido fácil para ambos estar en esa situación, pero ambos han sabido mantener las formas, mostrar su mutua admiración y, ahora, Heynckes podrá decir que dejó muy alto el listón para el entrenador de moda.





Cuando en 2009, el Barcelona de Guardiola, tras titubeos iniciales, empezó a ganar por 5-0 muchos partidos e incluso golear fuera, no fueron pocos los medios y aficionados que dudaban de que su florido estilo fuera efectivo a la hora de la verdad, incluso cuando el Lyon de Benzema cayó abatido por 5-2 en otra primera parte de fantasía para el respetable de la Ciudad Condal. Lo mismo se pensaba en el mundo ante las exhibiciones del Bayern en la Bundesliga, ganada con una suficiencia que parecía de dibujos animados. Incluso se dudó del legendario Buffon, protector de las redes de la Vecchia Signora, como si los goles de los muniqueses fueran regalos.





Ciertamente, a la cita de la semana anterior, ningún barcelonista (quien escribe, incluido), esperaba que el cártel de favorito estuviera tan decantado para los dueños de Allianz Arena. Heynckes y Guardiola volvieron a eludir con sapiencia las polémicas ante los micrófonos, mientras el depósito del coche del Barça tenía pocas reservas en el tanque y, muy especialmente, su conductor, Lionel Messi, estaba muy tocado. Su mera presencia había bastado ante el París Saint-Germain, que mereció pasar y no pudo con el efecto psicológico de la presencia del 10.





Durante todo el año, la pérdida de dinamita había sido un hecho negado. Tito Vilanova había logrado arrancar la Liga española como una apisonadora, marcando una gran distancia del Real Madrid. Era cierto que David Villa no era el mismo que había marcado el mejor gol en la final de Wembley, pero, nadie esperaba lo que ha pasado con "El Guaje", de más a menos durante su estancia en Can Barça. Bien es cierto que su lesión en el mundialito de Japón marcó un antes y después para el artillero. Álexis Sánchez, que prometió mucho en Italia, no se encontraba desenvueltos en el nuevo sistema y los espectros de Eto´o, Henry, Bojan, Touré Yaya y compañia, iban haciéndose más y más visibles.




Y lo que sucedió quedó claro desde el principio. El Bayern no regaló nada al Barcelona, ni siquiera el favor de subestimarle. Estaban diezmados sin tipos tan discretos pero necesarios como Mascherano, pero los de Münich empezaron a desgastar a los azulgranas sin faltarles al respeto. Llegó el 1-0 y pareció poca recompensa para un primer tiempo donde Ribery ya tuvo un mano a mano con Valdés. Que el húngaro Kassai no tuviera su mejor noche, no fue una excusa, aparte de buen colegiado por norma general, las dos escuadras fueron igualmente perjudicadas (manos de Piqué, gol en fuera de juego del Bayern, etc.). Al descanso, mientras los azulgranas tenían dudas, la Messidependencia se perpetuaba y Heynckes había colocado las suficientes coberturas para no consentir otro milagro como ante el PSG.





Con un dominio insultante en las jugadas de estrategia, Robben y Ribery camparon a su antojo, mientras Thomas Muller era impredecible para los defensas blaugrana, algunos demasiado bisoños y otros, lejos de sus mejores días psíquicos y físicos. El 4-0 era un resultado justímo y Neuer ni siquiera tuvo que parar un disparo entre los tres palos. Ni siquiera ante la prensa se rebajó la presa y Heynckes se negaba a dar por muerto o despreciar a la potencia que seguía siendo el Barcelona. La hegemonía de seis semifinales seguía en el recuerdo agradecido, pero, por primera vez, no eran agoreros quienes intuían que era el ocaso de un estilo que había deslumbrado.






Aunque voces tan cautas como Vicente del Bosque abrían la rendija a la esperanza y que el sistema que tantas alegrías al fútbol español seguía vigente, no era menos cierto que, más allá del resultado, el Bayern se llevó buena parte del aúrea que había acompañado al Barcelona. Ni en el peor de los momentos ante Inter o Chelsea, se les podía acusar de no jugar bien o actuar de manera imprecisa. Por primera vez, pareció que la magia de los incomparables Xavi Hernández y Andrés Iniesta había desaparecido ante el exuberante despliegue teutón, nunca exento de talento. Piqué llamando a la esperanza recordaba al Ribery de 2009, más amparado en el corazón que en la lógica.
Pero aún quedaba otro recital operístico de la plantilla de Heynckes, un engranaje donde los recién llegados como Javi Martínez han sabido adaptarse y crecer de una forma muy visible. Arjen Robben finalizó un drama que la ausencia de Messi solamente agravó, marcando un tanto de bellísima factura. A partir de ahí, sino antes, el equipo que había sido la referencia de todos (y que quizás se lo haya creído este último curso, después de muchos años de prudente mesura y capacidad de generar simpatía), se convirtió en un juguete roto al que el Bayern endosó dos goles más, aunque pudieron ser bastantes más. Las sensaciones eran muy parecidas a las que la Ciudad Condal estaba acostumbrada, aunque andaban más acostumbrados a dar que recibir.
Como de los errores también se aprende, no hubo aspersores. Igual que el Bayern aquel ya casi lejano, 2009, el Barcelona tiene que aprender desde la humildad. La que empezó a entender un tipo tan inteligente como Xavi Hernández cuando se bajó de su pedestal (ganado, por otra parte), para reconocer que al Madrid solamente le faltó un gol para estar en Wembley y que ellos habían sido barridos de forma clara por un rival potente, sólido, serio y con señorío. Peor anduvo Rossell, acordándose de árbitros, algo que solían hacer las víctimas del Barcelona, cuando, nada de lo acontecido en los 180 minutos, indicaba que un criterio distinto en las sanciones, hubiera dado la más mínima opción a los blaugranas, preocupados en perseguir sombras y que quizás en el auto-gol de uno de sus buques insignias, Piqué, resumió muchas de las frustraciones, las mismas que sintió un público educado ante la falta de sangre de algunos elementos de la ecuación.
En Londres, el Bayern tendrá la gran oportunidad de seguir su sueño del triplete, que el Barça coronó en aquella final de Roma. Haría mal en subestimar al Dormundt, pero, desde luego, el juego de los de Heynckes será recordado. Como el del Barcelona de Rijkaard, Guardiola y Vilanova.
Pero, les ha llegado el momento de mirarse al ómbigo, trabajar fuerte en el verano y reconocer que hay un equipo que, como los Bulls de Jordan hicieron con los Lakers de Magic, les ha arrebatado el cetro de referencia...
Y también, con ello han marcado la ruta que deberán seguir los clubes españoles para recuperarlo...
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