lunes, mayo 13

 Algunos, inspirados en twitter, hablaron de "garrapatas". Pese a lo que pudiera parecer, igual que acontecía con "El Piojo" López en Valencia, el animal no muy agraciado, no escondía un profundo elogio. Durante este fin de semana, igual que el año anterior, el Olympiacos, bajo el sabio y sobrio liderazgo de Bartzokas ha disfrutado del papel de papito feo que termina convirtiéndose en cisne. Cada uno de los cuatro candidatos de la F4 tenía sus argumentos, pero pocos los han exprimido mejor que estos jugadores, a quienes, lo siento, pese al ingenioso mote, nunca podré considerar otra cosa que... bestias. Las bestias del Pireo. 





El conjunto heleno, acompañado por su ruidosa afición a la capital inglesa, ha vuelto a lograr dominar al todopoderoso CSK de Moscú, volviendo a demostrar que hay cosas que el dinero no puede comprar. E. Messina parecía más preocupado por su posible revancha frente al Real Madrid que en la primera semifinal que les aguardaba. Nunca había perdido el laureado italiano en el primer enfrentamiento de la agónica tetrarquía de partidos. Pero, V. Spanoulis tampoco y, el silencioso y barbudo escolta, curtido en mil victorias y derrotas, callaba, mientras los suyos afilaban armas. 




Fue el opening y el toque de queda de las tropas de Pericles. La maquinaria que había asolado al siempre orgulloso Caja Laboral, estaba siendo desengrasada sin piedad por una defensa al límite (el criterio arbitral este año ha sido muy laxo y nadie lo ha aprovechado más que lo de Bartzokas) que hizo perder  a los hombres de Messina toda esperanza de chance. Ver a un GENIO, con mayúsculas, como Papaloukas, con la mirada resignada, era lo más elocuente de aquel día, donde Teodosic (espléndido jugador con la cabecita algo extraviada), debió volver a recordar su toalla alzada y como el CSK sufrió una de las más dolorosas derrotas de su gloriosa historia ante esos helenos, a los que han subestimado demasiado.


Paralelamente, en el O2 Arena de Londres, el Real Madrid superaba viejos fantasmas y obtenía la más dulce de las victorias ante su Némesis, el Barcelona. Los de Xavi Pascual se ampararon en su sentido de bloque para disimular sus sensibles bajas y en soñar con poder repetir el milagro de la Copa del Rey. Los de Laso, que ya sabía lo que era jugar una F4 contra el Barça, no se desesperaron y, con la mágica conexión de Sergio "El Chacho" Rodríguez y Felipe Reyes, superaron a los blaugranas, en pie hasta el último cuarto, donde le fue imposible seguir el ritmo de una escuadra con legítimos sueños de alzar la Novena Copa de Europa para la entidad. 




Pocas veces había estado tan cerca el sueño en la reciente historia de la entidad merengue. En la anterior ocasión, el talentoso, pero inexperto bloque blanco, había pagado la novatada ante el Maccabi Tel Aviv. En este año, los de Laso lograron barrer a los israelitas por un contundente 3-0 en los cuartos de final, incluyendo una victoria en la prestigiosa "Mano de Elías". El Madrid había hecho sus deberes y, no pocos sectores de la prensa, le veían como el candidato idóneo, el hambriento y fortalecido aspirante al título, frente a un campeón con el estómago lleno y que mucho había hecho al defender su título con honor, 364 días. 





En la previa, el partido más triste, tercer y cuarto puesto. Algún regalo como poder ver alguna asistencia más del mago Jasikevicius, el orgullo de Navarro y la competitividad de los de Messina, que lograron el triunfo del honor. Pero, bajo la atenda mirada de leyendas como Sabonis, el último hombre que les llevó a la gloria continental, con socios como Arlauckas, solamente había ojos para madridistas y atenienses. Era el día D y la hora H, para unos y otros.


Y entonces, en diez mágicos minutos, los de Laso lograron desplegar todo el juego que ha hecho volver a la sección con una fuerza que le desconocíamos desde la época en el banco de Joan Plaza. Felipe Reyes superaría a un icono como Turkan, ya siendo el líder en solitario en rebotes obtenidos. Poco importaba la hazaña a "Espartaco", que diría Andrés Montes, tan hambriento como un Rudy que logró alguna suspensión digna de Kobe Bryant. 17 tantos arriba y el delirio... en 18 años, nunca lo habían tenido tan cerca. 




En el banquillo del Olympiacos, que el año anterior había remontado una distancia mayor, frente a un CSK con un tal Kirilenko, a la par que sobrevivir al último intento de Huertas con el Barcelona, no cundió ningún nervio. Se seguían apoyando unos a otros. Las bestias del Pireo, se volvieron a amparar en que el listón seguía alto para sancionar faltas, coraje, sacrificio... y mucho talento. Antic dio todo lo que pudo, como quien pasa entre silbidos de disimulo, triples, palmeos, faltas inteligentes para cortar el ritmo de los blancos... Todo valía para adormecer el encuentro. 




Ninguno de los dos equipos se desconocía. El Madrid sabía que tenía mejor tiro que los helenos, mientras que éstos pensaban que, ganando la batalla bajo tableros, los blancos adolecen de un 5 comodín, pese a las increíbles prestaciones de Slaughter y el incombustible Reyes. Quizás sea la única asignatura pendiente del serio trabajo realizado en los despachos madridistas para ser nuevamente muy competitivos en Europa. Con antiguos "desechos" de la ACB como Printezis (impresionante F4, jugador inteligentísimo), el Olympiacos, con menos presupuesto de sátrapa que antaño, ha creado un bloque fortísimo en mentalidad, sacrificio y esfuerzo. 


Ese segundo cuarto fue clave. El Madrid iba ganando, pero ya no era la sideral distancia de antaño. Spanoulis, encorsetado a la perfección por Begic y Mirótic en los dos primeros cuartos, se tranquilizó y no se perdió del encuentro. El genial escolta apareció en una jornada dura por su perseverancia, firmando tres triples consecutivos que fueron decisivos. Su grada se levantó y no hubo marcha atrás. Hines y Law trabajaban con firmeza, mientras un mar de manos rodeaban a los exteriores españoles, donde el canario Rodríguez fue la voz más sensata e imaginativa en las horas más duras. 




Fue un combate digno de titanes al comienzo del último cuarto, justo cuando Carroll (quizás infra-utilizado), despertó y se le anuló un triple psicológico por una falta previa a Reyes. El Madrid se fue perdiendo en esas decisiones, así como en una falta muy agresiva e innecesaria sobre Mirótic. Los colegiados no tuvieron una noche brillante, pero, como muy bien apuntó Rudy Fernández, no deben ampararse en ello. El objetivo blanco está muy bien tramado, pero perderse en esas polémicas no es justo con lo visto en la arena londinense. Fue un duelo de dos grandes escuadras donde el Olympiacos brilló con su propia luz en el último cuarto, generalmente el decisivo. 





No se trató de lo que hicieron mal los moscovitas, el Real o el Barça... Simplemente, esos tres grandes equipos se encontraron con algo más que las garrapatas... Se hallaron con criaturas míticas del Párnaso... les temibles bestias del Pireo. 



El Olympiacos. Ese equipo, que fue bicampeón de Europa sin ser favorito en ninguna de sus ediciones.
Publicar un comentario