domingo, junio 23
Era complicado. Dejar el televisor encendido para que se escuchase sin levantar al resto de la casa. Andrés Montes no se caracterizaba por ser poco efusivo cuando alguien anotaba un espectacular triple, emulando los sonidos de una metralleta. Motes, instantes míticos y algunos de los mejores partidos de la auto-proclamada liga de ligas de basket, la NBA... El problema eran las horas, nadie quiere escuchar como el vecino tiene puesta a toda pastilla aquella narración hiperbólica a las cuatro de la mañan. En cambio, Antoni Daimiel, rara vez ahogaría un grito ante un buzzer-beater de Michael Jordan.
Pese a ello, ambos fueron la pareja mejor avenida que Canal + nunca pudo soñar. Con edecanes de la categoría de Santiago Segurola o San Epifanio "Epi", los dos se convirtieron en la voz castellana de una galaxia muy, muy lejana... que empezó a acercarse. Los dos asistieron a la eclosión del fenómeno Pau Gasol. Ahora, el hermano de este mito, el no menos relevante interior Marc Gasol, le dedica un cariñoso prólogo a este reportero vallisoletano que se ha convertido en un cercanísimo desconocido para los amantes de un deporte extraordinario.
El libro El sueño de mi desvelo es una deliciosa recopilación de anécdotas, personales y profesionales, de alguien que sin duda hubiera podido interpretar El Hombre Tranquilo, calmado y pausado, socarrón e irónico. Colchonero irredento, Daimiel sorprende como un escritor agudo, aunque quienes hemos seguido su blog en la red, ya sabíamos de lo que es capaz cuando de aporrear teclado se trata.
No deja de dar cierta sensación de "justicia divina" que, tras tantos años currando a malas horas y en malas cachas con los talentosísimos sospechosos habituales de los Portland Jail Blazers, este pequeño librito haya logrado en España desbancar en pedidos a Amazon al nuevo best-seller casi asegurado que será la última creación de Dan Brown. Todo un terremoto, como el provocado por los Pistons de 2004 al batir a los ultra-favoritos Ángeles Lakers, entrenador por uno de los grandes ídolos del autor, Phil Jackson, El Maestro Zen, aunque no me decido si le tiene en tan alta estima por su forma de gestionar el juego y los egos de sus pupilos, o su forma de "coger cayendo" a J. Buss.
Ameno y ligero, aunque obviamente especialmente recomendado para los seguidores/as de este deporte, se tarda poco menos de un día en gozar de sus páginas, con cariñosos (y no tanto) párrafos a conocidos, en las distancias cortas y la pintura de la zona. Sigue sin mojarse y no le veremos dedicar muchas líneas a los arbirajes de 2002, prudente hasta el final y cómodo en su posición de bizantinado y taimado analista de una NBA que se nota, le sigue gustando, aunque los All Star cada vez le gusten menos y sueñe con que llegue Miami a las Finales, no por Wade o Lebron, sino porque cubrir unas semanas en Florida garantiza buen clima, vistas e idílicas compras.
Como es costumbre en Antoni, nos cuenta lo que está pasando, que le pediría Montes, pero siempre con la sensación de que lo hace con esa mezcla de sapiencia y de tener el freno de mano echado, festina lente, de este cronista deportivo insustituible.
Esperemos que no tardes tanto en hacer el segundo, Daimiel.
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